miércoles, 23 de noviembre de 2022

En cuatro meses, Massa ajustó un 16,2% a costa de los trabajadores


Con el apoyo del kirchnerismo.

 La profundización del ajuste comprendida en el plan Massa se hizo sentir en los últimos cuatro meses, donde el gasto primario se redujo un 16,2% real en términos interanuales. Un rumbo que tiene por objetivo arribar a la meta fiscal del FMI a costa de las necesidades sociales y que es respaldado por todas las fracciones del Frente de Todos.
 Los datos se desprenden del último informe de ejecución presupuestaria elaborado por la Oficina de Presupuesto del Congreso. Allí también se registra que el gasto corriente en los primeros diez meses acumuló una caída real del 1,2% respecto al mismo período del año anterior. Como vemos, mientras el gobierno refrita medidas inocuas para controlar los precios, se vale de la escalada inflacionaria a la hora de licuar el gasto y consagrar el ajuste fondomonetarista.
 Entre enero y octubre, lo devengado para el pago de la Asignación Universal por Hijo retrocedió 12,4% interanual en términos reales. Por su parte, entre octubre 2021 y octubre 2022, la ejecución presupuestaria para jubilaciones cayó 0,8% real y se derrumbó hasta un 59,8% en el caso de las políticas alimentarias. A todas luces, Massa afila sus tijeras contra los sectores más vulnerables, cuyos ingresos ya estaban sumamente deteriorados. En ese sentido, el aumento del 40% en el monto de la Tarjeta Alimentar y el acotado “refuerzo alimentario” son aspirinas que no lograrán ocultar esta política hambreadora. 
 Como no bastaba con aumentar las partidas por debajo de la inflación, el oficialismo recortó nominalmente el dinero destinado a políticas alimentarias en octubre, en un 24,4% interanual. Esto, cuando crece el número de personas que no llegan a cubrir la canasta básica alimentaria (CBA) y su costo trepa por encima de la inflación; sin ir más lejos, en el mismo mes que se podó la asistencia alimentaria, la CBA aumentó 9,5%. En definitiva, el gobierno es absolutamente responsable de engrosar los índices de indigencia en el país. 
 Cabe destacar que en los primeros diez meses del año también perdió contra la inflación el presupuesto ejecutado para inversión real directa (obra pública fundamentalmente) en un 4,1%, lo cual acicatea la recesión económica y va a contramano de la necesidad de crear puestos de trabajo genuino. Por otro lado, en octubre, las trasferencias a las universidades retrocedieron un 6% real de una año a otro, configurando un verdadero golpe a la educación pública. En dicho mes, las transferencias a las provincias se desplomaron 33,6% real en relación a octubre del año pasado, reducción que los gobernadores compensarán aplicando impuestazos sobre el bolsillo popular, tal como lo habilita el nuevo Consenso Fiscal aprobado en el Congreso. 
 Se trata de una orientación que cuenta con el apoyo de todas las vertientes de la coalición oficial, incluida el kirchnerismo, que no solo no denuncia semejante ataque a la población trabajadora, sino además, la propia Cristina Kirchner se encarga de elogiar, en cada aparición pública, la gestión de Massa en Economía, quien ha actuado como catalizador del ajuste del Fondo. Lo anterior ilustra a un peronismo completamente alejado de las aspiraciones del pueblo, empeñado en hundirlo en la pobreza en función de complacer al capital financiero. 
 Por eso, debemos enfrentar en las calles este programa ajustador y construir un movimiento popular que, en lugar de exhibir las banderas de sus verdugos, levante las del socialismo, las de su propia clase.

 Sofía Hart

Pablo Milanés, un indispensable de la canción latinoamericana


El cantautor cubano tenía 79 años y murió este martes en Madrid Autor de clásicos como “Yolanda”, “Yo no te pido” y “Yo pisaré las calles nuevamente”, fue una de las voces más profundas de la Nueva Trova, el movimiento que fundó junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola en los ’60. En el amor o en la lucha, la coherencia de Milanés siempre estuvo al frente de sus obras y si bien nunca renegó de la Revolución, de la que se consideraba “abanderado”, supo criticar sus estancamientos con lucidez y sensibilidad. 

 El martes de madrugada, en Madrid, murió Pablo Milanés. Tenía 79 años. Las complicaciones de una enfermedad oncohematológica que sufría desde hacía varios años y que lo obligó a instalarse con su familia en Madrid a finales de 2017 para recibir tratamiento, fueron la causa del deceso. Con Milanés se va una de las voces más profundas de la Nueva Trova cubana, el movimiento del que fue fundador junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola en los ’60 y una de las influencias más poderosas para la moderna canción en castellano. “Agradecemos profundamente todas las muestras de cariño y apoyo, a toda su familia y amigos, en estos momentos tan difíciles. Que descanse en el amor y en la paz que siempre ha transmitido. Permanecerá eternamente en nuestra memoria”, se lee en el comunicado con el que la oficina del artista publicó la noticia en las redes sociales. 
 Pablo, así sin apellido como afectuosamente se lo reconocía, fue autor de temas que lo trascendieron para hacerse parte del cancionero multitudinario de Latinoamérica. Canciones de amor como “Yolanda”, “El breve espacio en que no estás” o “Yo no te pido”, por nombrar algunas, complementaban el fervoroso compromiso político de una época que se refleja en “Yo pisaré las calles nuevamente”, “La vida no vale nada” o “Yo me quedo”. En el amor o en la lucha, la coherencia del cantautor siempre estuvo al frente de sus obras y si bien nunca renegó de la Revolución, de la que se consideraba “abanderado”, supo criticar sus estancamientos con lucidez y sensibilidad. Así, en los ’90 cantó su dolor profundo con temas como “Días de gloria (“Vivo con fantasmas / Que alimentan sueños y falsas promesas / Que no me devuelven / Los días de gloria que tuve una vez”); "Éxodo" (“¿Dónde están los amigos que tuve ayer? ¿Qué les pasó? ¿Qué sucedió? ¿A dónde fueron? Qué triste estoy”) o "La libertad" (“A qué seguir respirando / Si no estás tú, libertad”). 
 En Argentina, sus canciones circulan desde hace mucho por los lugares privilegiados del gusto popular. En ese intercambio que el tiempo, “el implacable”, no deterioró, hay un primer momento que tiene mucho de épico y que marcó para siempre la calidad de su recepción. Fue cuando tener ciertos discos era un acto de insurrección y escucharlos un ejercicio de esperanza. Por estas playas a Pablo se lo comenzó a escuchar a mediados de los ‘70, con esa mezcla de cuidado y devoción que imponen los tiempos de intrigas y represión. En 1976, el editor Rafael Cedeño publicó un casette con licencia de Egrem Cuba. Ahí estaban “Para vivir”, “A Salvador Allende en su combate por la vida”, “Llegaste a mi cuerpo abierto” y “El tiempo, el Implacable, el que pasó”, entre otros temas que serían revelaciones.
 Cantándole al amor o a la guerra, a lo frecuente o lo excepcional, a lo perdido o lo por recuperar, Pablo ponía una impronta personal para el regocijo colectivo. Como todo lo que por entonces se filtraba de Cuba, para muchos una isla de esperanzas y reivindicaciones, esas canciones bellísimas en su forma, bien acabadas en su factura, y perfectas en el sentimiento, se convirtieron en el santo y seña de una manera de estar en el mundo. Poco después, cuando Mercedes Sosa regresó a la Argentina, en febrero de 1982, lo hizo cantando “Años”, otra canción perfecta, que solo un joven podía escribir con semejante arrebato. 
 En abril de 1984 Pablo llegó a la Argentina por primera vez, junto a Silvio Rodríguez. En el país que fatigosamente reconstruía su democracia, se los recibió como a viejos amigos. Dieron catorce conciertos en Obras. De esas noches quedó un registro: En vivo en Argentina, un álbum doble del que participaron además León Gieco, Víctor Heredia, Cuarteto Zupay, Cesar Isella, Piero y Antonio Tarragó Ros. Desde entonces, Pablo regresó una innumerable cantidad de veces y en distintas circunstancias, incluso para cantar en la 50º edición del Festival de Cosquín, en enero de 2010, en una madrugada para el olvido. No obstante, su relación con el público argentino fue inquebrantable, hasta su última visita en 2019. Milanés en el Festival de Cosquín, en enero de 2010 (foto: Dafne Gentinetta) 
Pablo había nacido el 24 de febrero de 1943 en Bayamo, que por entonces era la provincia de Oriente y tras la Revolución sería la de Granma. Se formó, más allá de algunos años en el conservatorio, con los sones de los viejos trovadores y los clásicos del filin, la apropiación cubana del jazz que renovó la canción entre los cincuenta y sesenta. Bajo esta influencia, que nunca dejó de cultivar, compuso “Mis 22 años”, para muchos el germen de lo que sería la Nueva Trova. En ese contexto representó un puente entre géneros y generaciones. Al filin, siendo ya un cantautor consagrado, volvió con un trabajo de seis volúmenes en los que interpreta a José Antonio Méndez, a Marta Valdés y a César Portillo de la Luz, entre otros. Hizo lo mismo con la trova tradicional, con la música de Sindo Garay, Compay, Miguelito Cuní y Cotán, a quienes dedicó un álbum triple que significativamente llamó Años.
 Después de su paso en 1968 por el Centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas, entre 1969 y 1974 Pablo fue parte del Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, bajo la dirección de Leo Brouwer. Ahí se encontró con Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Eduardo Ramos, Sergio Vitier, Emiliano Salvador y Sara González. De ese taller creativo, que cambió las bases y los modos de entender la música cubana, surgió el movimiento de la Nueva Trova, una manera de entender la canción popular, con contenidos políticos y sociales pero sin renunciar al lirismo, sobre el modelo que a principios de los ’60 había planteado el Manifiesto del Nuevo Cancionero en Argentina. Antes, por indisciplina en el servicio militar, el joven rebelde pasó a un campo de trabajo en Camagüey, del que escapó. Terminó en la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, donde había religiosos, homosexuales y todos aquellos que no cuadraban con los “parámetros revolucionarios”. 
 Todo eso se refleja en sus canciones, corajudas y bellas, distribuidas en alrededor de sesenta discos editados en distintos lugares del mundo, trabajos que lo colocan entre los indispensables y de la música iberoamericana. Fue cantado por muchos y muy distintos y escuchado por las mayorías, por varias generaciones. Por eso, hablar de Pablo Milanés en términos de canciones políticas, de amor, o de aquellas más críticas en su desencanto, no es suficiente para comprender la dimensión real del hombre que inseparable del artista transitó con lucidez su tiempo, desde las luchas colectivas de la juventud hasta la personal contra una enfermedad que a pesar de condicionar sus últimos años de vida, no llegó a alejarlo de los escenarios. 
 Aunque cualquier frase de cualquiera de sus canciones mantiene fresco y latente su sentido, será imposible olvidar al que cantó con voz cristalina y sentimental: “La vida no vale nada si escucho un grito mortal/ y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga”. 

 Santiago Giordano
23 de noviembre de 2022 - 00:01

Economía argentina, entre números macro y duras realidades cotidianas


En estos tiempos, cuando hablamos de economía es imposible no hacer referencia a dos manifestaciones de este tema. Por un lado, los grandes números de la economía macro y su evolución. Por el otro, la realidad cotidiana de una gran parte del pueblo argentino y se prevé que al ritmo actual, cerrará 2022 superando el simbólico 100% de inflación anual. 
 Veamos algunos datos sobre crecimiento, inflación y pobreza. Los datos de la economía son bastante elocuentes. El tercer trimestre del año marcó el fin del crecimiento que la economía había tenido en el primer semestre. La continuidad de ese crecimiento alentaba las expresiones oficiales en el sentido de un incremento anual que estaría entre el 4 y 5%. 
 Pero en ese tercer trimestre se verificó un estancamiento, con el detalle de un decaimiento del 0,1%, respecto del trimestre anterior. De continuarse esa tendencia, en el último trimestre del año, estaríamos –técnicamente- en el inicio de un proceso recesivo y con una previsión anual donde el crecimiento rondaría el 2%, lejos de las expectativas iniciales que superaban el 4%. 
 Estas tendencias indican que las expectativas sobre el año 2023 también se han reducido. Las estimaciones actuales indican que el oficialismo estaría satisfecho con un crecimiento entre 1 y 2%, aunque ello suponga estar al mismo nivel que el incremento poblacional. Una de las causas principales de este enfriamiento de la economía es la restricción de divisas que nos viene ahogando. El nuevo swap con China, por otros 5 mil millones de dólares, recién hará sentir sus efectos en el próximo año. 
 En lo que respecta a la inflación, las cifras oficiales de octubre indican un crecimiento para ese mes del 6,3%, pero las canastas básicas –usadas para medir pobreza e indigencia- se incrementaron en un 9 y 9,5%.
 Argentina marcha a la cabeza, en materia inflacionaria, entre el conjunto de países que forman parte del G 20. En la escala mundial solo registraron niveles más altos, para el mes de octubre: Zimbabue, Líbano y Sudán. En octubre, el 6,3% de inflación en Argentina superó –luego de largo tiempo- al registro de Venezuela que alcanzó el 6,2%.
 En relación con los indicadores de pobreza la situación está desmejorando notoriamente. Para fines del primer semestre del año en curso la pobreza había disminuido al 36,5%. Al final del tercer trimestre ella se incrementó al 39,4% y –si no hay cambios en las tendencias en desarrollo- el año cerraría con un índice de pobreza del 43,4%. Para ese momento habría 28,9 millones de argentinos pobres. 
 Este aumento de la pobreza encuentra su mayor explicación con lo que está ocurriendo con los ingresos informales, su incremento es muy inferior al de la inflación medida en los productos de las canastas básica y alimentaria. 
 Como siempre, los sectores más pobres son el “pato de la boda” y sobre su indefensión recaen los peores efectos de la crisis que estamos atravesando. Ellos son la realidad que se esconde detrás de los números mencionados y de los programas de ajuste que impone el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que cumple a pie juntillas el gobierno de Alberto Fernández.

 Juan Guahán. Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

martes, 22 de noviembre de 2022

Consejo de la Magistratura: choque de poderes en puerta


Minutos después del debut mundialista de la Selección argentina, se realizará la jura de 11 de los 20 miembros del Consejo de la Magistratura, correspondientes al periodo 2022-2026. Ellos son los representantes de los jueces, académicos y abogados, además del representante del Poder Ejecutivo. El número 12 es el propio Horacio Rosatti, juez de la Corte Suprema y presidente del Consejo y los 8 restantes son los correspondientes al Parlamento, 4 para diputados y 4 para senadores. Es en este punto, en la designación del cuarto representante por el Senado, donde se expondrá a qué nivel ha llegado la crisis política y el enfrentamiento entre los poderes. El gobierno sostiene la designación de Claudio Doñate, mientras hay un precedente y sentencia de la Corte de rechazo al mismo y favorable a su sustitución por Luis Juez, del PRO.
 Este ´contrapunto´ se remonta a la declaración de inconstitucionalidad, en diciembre del 2021, de la propia ley que rige el Consejo de la Magistratura, sancionada en 2006 y que establecía su integración por 13 miembros. Una década y media después la Corte sanciona su vuelta a la composición de 20 miembros, asume ella misma la presidencia del Consejo y le quita al gobierno la posibilidad de trabar una mayoría. Además 'exhorta' al Congreso para que en "un plazo razonable" dicte una nueva ley. En abril de este año se completó con 7 miembros el Consejo, entre los cuales le correspondía al Senado un representante por una segunda minoría. 
Frente a esto el oficialismo del Frente de Todos dividió su bloque y desplazó al PRO. La maniobra legislativa fue judicializada y la Corte falló, 10 días antes de que venciera el mandato, en contra de la designación de Doñate, calificando a la acción como un "ardid de mala fe". Frente al nuevo periodo del Consejo de la Magistratura el oficialismo colocó en consideración del pleno del Senado las nuevas designaciones que insistían con asumir para sí la segunda minoría y por lo tanto la representación de Doñate. Juntos por el Cambio no participó de la sesión pero esto no le impidió al oficialismo alcanzar el quorum y enviar las designaciones, lo que fue vuelto a judicializar por el propio Luis Juez. La expectativa frente a este conflicto es quien cederá o, por el contrario, hasta qué punto alcanzará la disputa. 
 En primer lugar la Corte podría aceptar el juramento de Doñate con la aclaración de que existe una causa en curso. Así lo hizo este año en abril. Lo más probable, sin embargo, es que se tenga en cuenta su propio fallo reciente. El oficialismo no lo desconoció, aunque lo interpreta válido únicamente para el anterior Consejo. Al ser la división de los bloques posterior al fallo de la Corte, pero anterior al nuevo periodo del Consejo, no habría inconveniente para sostener a Doñate. Luis Juez y la Corte Suprema pueden tener otra interpretación, debido a que el "ardid" de la maniobra continúa. Todavía más sugerente es uno de los considerandos del fallo anterior, donde se sostiene que "la fecha de notificación es el momento que el Congreso debe tener en cuenta para determinar cuál es el bloque de cada cámara, toda vez que no ha habido una nueva elección legislativa". Es decir, hasta diciembre de 2023 no pueden existir divisiones de bloques, al menos en lo referido al Consejo de la Magistratura. 
 Si ninguno de los dos bandos en disputa cede, asistiríamos a un eventual choque de poderes. En pocos días se conocerá, por ejemplo, la sentencia a Cristina por la causa Vialidad. Frente a la insistencia de sostener a Doñate, voces "constitucionalistas" (Sabsay, Gargarella) han reclamdo que se denuncie penalmente a la vicepresidenta. Sabsay añadió que, de ser necesario, la policía interrumpa los juramentos o disuelva la sesión en el Senado. "Que los K hagan marchas", los desafió. Por su parte, Espert denunció penalmente al conjunto de senadores que asistieron a la sesión que votó a Doñate. La insistencia de las instituciones empresarias y los medios de comunicación acerca de que Argentina necesita “superar la grieta”, deja rendijas para dilaciones y medias salidas, como ocurre con las medidas económicas de Massa, que terminarían en una crisis generalizada. 

 Fede Fernández 
 22/11/2022

El debut de Argentina en Qatar, un análisis político


En otras épocas era habitual que los papás advirtieran a sus hijos que los resultados, en el fútbol, no debían darse por descontados. Les enseñaban, pedagógicamente, que la disputa en el césped era de once contra once, habituados a manejar la pelota. La cofradía del fútbol, en Argentina, no tuvo acceso a esta enseñanza, probablemente, y menos la de la publicidad y los medios de comunicación –ni los dormilones que prefirieron disfrutar de algún ‘replay’. Mientras Arabia Saudita ‘rankeaba’ en el lugar 51 entre los mundialistas, Argentina llevaba 36 partidos sin perder y es candidata a ganar la Copa. En las apuestas, la selección nacional pagaba 1.6, en tanto que los saudíes 18. Quien haya apostado por la selección del Reino se aseguró no solamente la gratuidad del viaje y de la estadía en Qatar.
 La derrota de Argentina en el estadio que debe acoger también a la final, el Lusail, tenía sin embargo algunos antecedentes. Francia había sido derrotada por Senegal, en la clasificatoria, en 2002; Italia por Corea del Norte en 1966; e Inglaterra por un debutante Estados Unidos, en 1950. Rusia empató con la ‘pequeña’ Islandia, en 2018. Claro que en ninguna de estas selecciones jugaba un Messi, que hoy a la mañana pareció más un zombie que un armador, a pesar de que había embocado un penal en los primeros minutos. Varios goles anulados por fuera de juego provocaron un entusiasmo engañoso en las hinchadas y los relatores, que quisieron ver que la defensa rival era un queso gruyere. No era la primera vez, sin embargo, que el técnico francés de los saudíes, Hervé Rénard, apelaba a la estratagema ‘off side’ en su carrera y como entrenador de Arabia Sauidta. Scaloni debía saberlo, pero no instruyó a los jugadores argentinos a desbaratarlo, al punto que cayeron tres veces en la zancadilla franco-saudita.
 Arabia Saudita no sólo “nocauteou”, como dijo un brasileño, a nuestra selección en seis minutos; es el equipo con mayor representación de su Liga, o sea con menos saudíes en el extranjero, entre todos los mundialistas. No hace falta, entonces, pasar por el Milán, el Barcelona, el PSG o el Bayern para defender el propio arco y acosar al arco rival. Esto no será desmentido si, como imaginan todos y todas, el equipo del Reino sale con una adelante y otra atrás frente a México y Polonia. 
 El debut de Argentina frente a Arabia Saudita trae a la superficie algo poco comentado, si es que algo. El contrato de publicidad firmado por Messi con el ahora primer ministro saudí, Mohamed Bin Salman. El hombre que degolló y descuartizó a un periodista connacional en el consulado de Estambul, se hizo designar jefe de gobierno para ganar la impunidad de Joseph Biden, el presidente de Estados Unidos, que anuló la orden de arresto en su contra. Bin Salman es un asistente a las reuniones del G-20 y en ese carácter disfrutó del teatro Colón en la reunión en Buenos Aires, bajo Macri. La publicidad protagonizada por Messi es una operación de lavaje de la criminalidad del régimen saudita. Invitado, en una ocasión anterior, el portugués Cristiano Ronaldo rechazó la oferta que Messi aceptó, renunciando al cobro de seis millones de dólares. Con la inflación y la guerra de por medio, se podría estimar que Messi embolsó cerca de diez millones de la misma moneda. La AFA y la FIFA deben estar al tanto de estas ocurrencias. 
 Es claro, sin embargo, que un contrato de semejante envergadura, vinculado con el Mundial, con el gobierno de una de las selecciones participantes, constituye un conflicto de intereses. Arabia Saudita debería ser expulsada del Mundial por mucho más que la grave falta a la ética olímpica. Bin Salman se valió del contrato para una operación de lavado de sus crímenes. La derrota de Argentina por la selección saudita añade un trofeo enorme a esa operación. Messi y la AFA deberían dar explicaciones. La Argentina del macrismo y del kirchnerismo añade un nuevo fraude al fraude de la deuda pública impagable, al fraude del Presupuesto, al fraude patagónico de Berni, al espionaje de Macri, al fraude de la inflación (que enriquece a los ricos y empobrece a los pobres). Lo que se pone en discusión no es la posición que los jugadores argentinos deben ocupar en la cancha, sino los extremos que ha alcanzado la podredumbre del régimen político de la Argentina capitalista. Entre la explotación de miles de inmigrantes, sacrificados en la construcción de fastuosos estadios, clubes, hoteles y residencias, por parte del emir de Qatar, y los sobornos de Bin Salman para lavar sus crímenes y la benevolencia de Estados Unidos, el Mundial 2022 guarda una marcada similitud con el de 1978, que Argentina tuvo el agravio de hospedar. 
 Aún así, la selección iraní se abstuvo de cantar el himno nacional en repudio a la represión de la teocracia de su país y en apoyo a la rebelión nacional. Mucho, poco o algo de esto tiene un tinte ‘occidental’, en el sentido de un apoyo al boicot de EEUU, la UE y Japón a Irán, pero tiene también algo, poco o mucho de apoyo genuino a una lucha de emancipación social. Las delimitaciones, entre unos y otros, deben ser establecidas. La selección inglesa, por su lado, tampoco cantó himnos y repitió el gesto de arrodillarse en repudio al asesinato de George Floyd, que desató la rebelión contra la brutalidad policial en Estados Unidos, en 2020. 
 El espíritu de confraternidad de los Juegos y las Olimpíadas cobrará toda su entidad superadora bajo una sociedad sin explotadores ni explotados, sin la destrucción del clima y sin imperialistas. 

 Jorge Altamira 
 22/11/2022

lunes, 21 de noviembre de 2022

Cierre del Congreso Nacional del Polo Obrero // Saludos de la Unidad Piquetera

Debate entre Marcelo Ramal y Diego Giacomini. "Socialismo revolucionario vs. Libertarianismo"

Falleció Hebe de Bonafini


La referente de Madres de Plaza de Mayo tenía 93 años. 

 Falleció Hebe de Bonafini, a sus 93 años de edad. Una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo que enfrentaron la represión de la dictadura. Más tarde su figura se vería opacada con su integración al Estado bajo los gobiernos kirchneristas. Hebe fue una destacada impulsora de la lucha de las Madres, organización que presidió por primera vez ya en 1979. Para entonces habían sido secuestrados y desaparecidos sus hijos Jorge Omar y Raúl Alfredo, y más tarde también su nuera, María Elena Bugnone Cepeda, esposa del primero.
 Fue parte de las mujeres que enfrentaron al gobierno genocida, y luego se opondría a la política de reconciliación con las fuerzas armadas promovida desde el retorno a la democracia, primero con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final del radical Alfonsín y después con los indultos del peronista Menem. Entonces se solidarizaba también con las luchas populares que marcaron el período. 
 Con la llegada de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner esto cambió. Hebe fue uno de los principales exponentes de la cooptación estatal del movimiento de lucha por los derechos humanos y contra la impunidad de los represores, una política definida del kirchnerismo. Esto la llevó a una integración al Estado que tuvo sus peores caras en la defensa del genocida César Milani al frente del Ejército o las causas por corrupción con el fraude de Sueños Compartidos, con que el empresario Sergio Shoklender hacia negocios gracias a programas de viviendas a cargo de la Fundación Madres. 
 El 20 de noviembre de 2022 falleció en La Plata. Fue una destacada luchadora contra la represión y la impunidad, pero también un ejemplo de a dónde lleva la cooptación estatal. 

 Prensa Obrera

Despedir a la Hebe que conocí


Dolor y sentimientos contradictorios provoca la muerte de una luchadora como Hebe de Bonafini. 

 En los años 1986 y 1987 Hebe de Bonafini y las organizaciones que mantenían cierta independencia política respecto del gobierno de Alfonsín estaban concentradas en defender la consigna de “aparición con vida” y denunciando el esfuerzo alfonsinista de mantener los juicios en la esfera de unos pocos cabecillas, lo que se iba a coronar con las leyes de punto final y de obediencia debida. 
 En Río Gallegos, el movimiento de derechos humanos fundado al principio como filial de la Asamblea Permanente, se había mantenido independiente del poder, esto en parte por la influencia que fue ganando en el mismo el Partido Obrero. 
 En esos años nos visitó Hebe un par de veces y recuerdo una de esas visitas en compañía de Nora Cortiñas en la cual pararon en casa y nos hicieron el honor de entregarnos un pañuelo bordado. Las actividades tuvieron una importante repercusión, una vez se congregó para escucharlas una gran cantidad de público en el Gimnasio del Colegio Ladvocat frente a la plaza San Martín. 
 Recuerdo una charla en casa, en que Hebe le explicaba a Nora la traición que preparaba el alfonsinismo.
 Era el periodo en que Néstor Kirchner luego de fracasar en su candidatura a gobernador se refugiaba en la intendencia de Río Gallegos que iba a ganar por escasa diferencia en 1987. En esas campañas políticas no había mención alguna sobre los derechos humanos, el castigo a los genocidas o cosas por el estilo. Naturalmente los kirchneristas de la época nunca asistieron a estos eventos con presencia de Hebe y otras dirigentes como Cata Guagnini. 
 Esa conducta se mantuvo toda la década del ’90. Es conocida la colaboración activa con las privatizaciones y los elogios de Néstor a Menem y Cavallo, pero no se ha comentado otro aspecto de esta colaboración como es el apoyo de Néstor Kirchner al indulto menemista en favor de las Juntas y militares condenados por sus crímenes. Kirchner era intendente en ese momento y no dijo una palabra. 
 El viraje del kirchnerismo en relación a este tema, después de dos décadas de silencio al respecto, entre 1983 y 2003, tuvo un fuerte contenido oportunista. Se explica en primer lugar por el peso de la cuestión en las movilizaciones que culminaron la rebelión de 2001. En segundo lugar, hubo una presión internacional para retomar los juicios producto de los pedidos de extradición a España. El kirchnerismo buscó impedir las extradiciones. Fue en ese cuadro que fueron derogadas las leyes de obediencia debida y punto final. El avance de los juicios bajo el kirchnerismo fue tortuoso y lleno de trabas, y gran parte de los militares quedaron impunes. 
 El apoyo de Hebe y la mayoría de los movimientos de derechos humanos al gobierno les permitió a los K encubrir su pasado. Esta asimilación llegó al extremo de apoyar por parte de Hebe a un represor como Milani al frente del ejército. 
 En el último periodo Hebe había roto con Alberto, luego con Massa. Siempre mantuvo el apoyo a Cristina, a pesar, por ejemplo de su defensa de Berni. 
 Despidamos a una luchadora que hizo historia en la lucha contra la dictadura y contra la impunidad. 

 Miguel Del Plá

Hebe de Bonafini


En el día de hoy, las redes sociales y los medios se van a poblar de decenas de pésames y homenajes a Hebe de Bonafini. Muchos de ellos provendrán de los personeros de partidos, coaliciones y bloques que fueron cómplices silenciosos de la dictadura militar cuando no colaboraron directamente con ella, con centenares de intendentes y funcionarios. Son los mismos que, para excusar su conducta bajo Videla y el resto, afirman que “todos se callaron, menos las Madres”. La verdad fue otra: Hebe de Bonafini, y todas las madres y familiares de desaparecidos fueron parte de una resistencia al genocidio dictatorial de miles de delegados obreros, estudiantes y luchadores barriales. La lucha contra la dictadura se palpitaba en las fábricas y en las facultades, y muchos lo pagaron con su secuestro y su muerte. La dictadura no solamente torturó y asesinó a quienes lucharon antes de ella, sino a quienes lucharon contra ella, mantuvieron el fuego de la resistencia y fueron el factor consciente que acabó por derrocarla. 
 Hebe tuvo el liderazgo de uno de los movimientos que signó ese período. De un lado, estaban los movimientos de Madres y Familiares, como expresión auténtica de confrontación con los genocidas. Del otro, los movimientos “institucionales” de derechos humanos, influidos o dirigidos por los partidos del régimen, que intentaban convencer a la dictadura a que reprimiera “con ajuste a la ley” (ver, por ejemplo, el film “Argentina, 1985”). Para ellos, se trataba de lograr una salida “ordenada” al régimen genocida, a cambio de autoamnistías personales y políticas. Un aspecto central del planteo era que “se sepa la verdad”. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Liga por los Derechos Humanos, controlada ésta última por el stalinismo, eran la mayor expresión de esa orientación política. En permanente choque con estos “organismos”, los Familiares y las Madres sostuvieron una política de confrontación y movilización. Hebe fue, en Madres, un pilar de esta orientación. 
 Las Madres, con Hebe a la cabeza, enfrentaban a los enjuagues de los partidos del régimen desde un planteo apolítico – “no queremos a los partidos” (ni a los que combaten junto a nosotras). En Familiares de Desaparecidos, en cambio, se libraba una lucha por la independencia del movimiento respecto de los partidos ´del Estado´, o sea, de los partidos capitalistas que congeniaban con el videlismo. Por un lado, el estalinismo luchaba por arrimar a los Familiares a la política de “la verdad”. Del otro lado, un grupo de familiares, encabezado por Cata Guagnini y orientado por Política Obrera, desarrollaba una oposición consciente a la política de compromiso con el régimen dictatorial. Con estos límites, las Madres de Hebe y los Familiares de Cata confluyeron en innumerables movilizaciones, así como Política Obrera. El 5 de agosto de 1981, organizamos con Madres, en forma clandestina, una movilización, desde la 9 de Julio, que llegó a las puertas mismas de la Rosada, sobre la vereda de Balcarce. 

 Democracia

 Hebe de Bonafini mantuvo siempre una desconfianza profunda y un distanciamiento organizativo respecto del proceso político postdictatorial. Lejos de sumarse a un coro laudatorio hacia el Juicio a las Juntas, Hebe fue duramente crítica. Esa conducta se acentuó en otros episodios cruciales: fue el caso de la masacre de Tablada, que tuvo a toda la izquierda -con excepción del Partido Obrero- en defensa de los perpetradores de la ejecución de decenas de militantes del MTP. Una movilización de las Madres que repudió esa represión sólo fue acompañada por el Partido Obrero. Lo mismo había ocurrido con el punto final y la obediencia debida de Alfonsín, primero, y los indultos de Menem, más tarde. Hebe de Bonafini, sin embargo, nunca logró elaborar una caracterización política de la absolución a los genocidas. Se oponía a ella desde el lugar elemental de la confrontación con “los políticos”. 
 Como ha ocurrido en forma repetida en la historia de estos casos, basta una maniobra oportuna o un demagogo para torcer el rumbo de una historia consecuente. Después del argentinazo, Hebe de Bonafini prestó una colaboración inestimable de blanqueo a esos mismos políticos. Fue lo que ocurrió con Kirchner, un producto de la cepa menemista, con una conducta dudosa bajo el régimen militar. Un par de “gestos” cosméticos le bastaron a Hebe para justificar el apoyo incondicional a los Kirchner. Los K derogaron las leyes de impunidad que habían apoyado cuando un juez español reclamó, todavía durante el gobierno de De la Rúa, la deportación de los genocidas a los tribunales de Madrid. Si las condenas llegaron al final, siguen siendo escasas y retaceadas. 
 La cooptación al Estado inició la descomposición del movimiento de Bonafini. Las dudosas aventuras económicas con los Shocklender y el respaldo sin condiciones al kirchnerismo, significó también su silencio ante los episodios represivos más graves que tuvieron lugar entre 2003 y 2015.
 La clase obrera, los luchadores sociales y democráticos retendrán a otra Hebe: la de la foto “en blanco y negro”, desafiando a Videla en la ronda de la Plaza. Siempre es mejor, sin embargo, asimilar y sacar conclusiones de la ´película completa´. El material capaz de acabar con gobiernos reaccionarios, golpistas, promotores de guerra y democracias de explotadores, es y seguirá siendo desarrollar un partido revolucionario. 

 Marcelo Ramal
 20/11/2022

domingo, 20 de noviembre de 2022

La “esperanza” está en los que salen a la cancha contra el ajuste


Panorama político de la semana.

 El antagonismo entre el peronismo y los intereses populares.

 El lema del acto de La Cámpora, “la fuerza de la esperanza”, mal se compatibilizó con un discurso en que la vicepresidenta apenas planteó que la tarea es explicar “con claridad” que no queda otra que seguir este rumbo de ajuste, porque hay que pagar la deuda que dejó el macrismo especialmente con el FMI. Dicho de otra forma, no hay esperanzas. Es que por fuera del folclore peronista y el clamor por la candidatura de Cristina Kirchner, nadie pudo compartir la “alegría” de los residentes porteños por arrancar una paritaria formidable, peleando desde abajo contra Larreta y la burocracia sindical de Sutecba y la AMM. Es un retrato del antagonismo al que ha llegado el peronismo respecto de los intereses populares. 
 Sin ir más lejos, ese mismo día la Plaza de Mayo había sido ganada por los trabajadores de la salud de hospitales bonaerenses y de la Ciudad de Buenos Aires, en un cuadro de paros y movilizaciones también en Córdoba, Tucumán, Río Negro. Confluyeron allí con los huelguistas docentes de los Suteba Multicolor, Ademys y AGD-UBA, y con la jornada de lucha de los jubilados. Es ahí donde está “la fuerza de la esperanza”… para derrotar el ajuste. 24 horas después comenzaba en Ezeiza un congreso con 2.500 delegados del Polo Obrero electos en 1.500 asambleas organizadas por toda la Argentina, en una instancia de profundos debates políticos entre los luchadores que protagonizan las enormes movilizaciones piqueteras contra el hambre y la desocupación, preparándose de cara a un 2023 “de mayor ajuste”. 
 En contraste, los militantes kirchneristas que el jueves asistieron el Estadio Diego Maradona en La Plata esperando “que Cristina ofreciera una salida frente a la gravedad de la situación del país, del derrumbe del gobierno del Frente de Todos, se fueron con las manos vacías”, como sentencia nuestro editor Eduardo Salas. La conclusión implícita es que no hay más camino que bancar el plan Massa. Por eso al margen de la centralidad que ocupa la vice en el escenario político, no puede ocultar la impotencia de su propia política, circunscrita a intentar darle oxígeno al gobierno. Como dijo Eduardo Belliboni en la apertura del congreso del Polo Obrero: “El peronismo hoy en la Argentina es la correa de transmisión de los grandes intereses capitalistas y del Fondo Monetario”. 
 Claro que ese rumbo requiere cruzar los dedos para sortear el verano sin que la zozobra de los mercados de convierta en una corrida que imponga por las malas una devaluación. Es el punto al que llegamos promediando el primer año de un programa fondomonetarista que agravó el desquicio económico, como señala el editorial semanal de Vanina Biasi. Las reservas del Banco Central volvieron a caer en picada tras el fin del dólar soja, desde cuando el capital agrario volvió a acopiar los granos a la espera de una nueva temporada de este beneficio multimillonario. La sequía que azota las cosechas, la crisis de las importaciones que está derivando en parates de fábricas, y la desconfianza de la banca que se rehúsa a renovar sus títulos de deuda pública hasta más allá de las elecciones próximas, forman un combo que puede terminar convirtiéndose en la tormenta perfecta. Un salto en el tipo de cambio, cuando la inflación siguió altísima en octubre, podría ciertamente detonar una híper.
 Por todo esto, el margen de maniobra del gobierno es muy angosto. Para que no haya dudas, Kristalina Georgieva declaró después de reunirse con Alberto Fernández y Sergio Massa en Bali que, en vistas del proceso electoral que se aproxima, deben mantener la “disciplina” del ajuste fiscal. Este es el contexto en el que el segundo del Ministerio de Economía, Gabriel Rubinstein, asegura que podemos terminar en un Rodrigazo, es decir en un shock devaluatorio preñado de tarifazos y salto inflacionario. El paralelismo es ilustrativo de quiénes son los que pagan los platos rotos de la depreciación del peso, porque semejante mazazo a los salarios beneficia a los capitalistas, mientras los exportadores mantienen sus negocios en dólares y los industriales ganan competitividad frente al encarecimiento de los productos importados. 
 Casualmente, ese fue el punto de llegada del tercer gobierno peronista, ese que vendría luego del retorno de Perón tras 17 años de exilio, efeméride que precisamente vino a reivindicar el acto de Cristina. Si el camporismo puede hacerse el distraído de este derrotero -que incluyó el boleo al propio Cámpora y el copamiento de la derecha peronista de la mano de López Rega y las AAA-, no zafó de escuchar a su jefa reclamando la militarización de las barriadas del Conurbano con la Gendarmería.
 Lo hizo responsabilizando a los pobres por la inseguridad, apenas horas después de que el Indec publicara que la canasta de pobreza se encareció en octubre nada menos que un 9%, y la canasta básica alimentaria (la línea de indigencia) un 9,5%, pasando a costar el doble que un año atrás. Es que los alimentos vienen siendo el vector de mayor incidencia en la escalada inflacionaria. Así, es evidente también quiénes son los que pierden con la inflación, porque los trabajadores son quienes destinan sus ingresos al consumo de estos rubros, mientras que los capitalistas invierten, especulan y remarcan precios. La responsabilidad oficial, con todo, quedó expuesta por el propio organismo de estadística, que reveló que la suba del IPC fue lideraba por los tarifazos de la segmentación y el aumento concedido a las prepagas. No requieren mayor explicación las razones de la Unidad Piquetera para volver a concentrarse frente al Ministerio de Trabajo el martes 22, después del debut de Argentina en el Mundial, ante un Consejo del Salario Mínimo que condena a millones a la indigencia. 
 Como sea, la mayor impostura de la vice fue jactarse que el kirchnerismo es “lo nuevo” en la política Argentina, más aún por contraste con Milei y su reivindicación del menemismo. Una estafa por partida doble: porque el gobierno de Menem tuvo en Néstor y Cristina a fieles exponentes en la provincia de Santa Cruz, especialmente ante la emblemática privatización de YPF -a cuyos obreros despedidos reprimieron usando a la misma Gendarmería que hoy quieren desplegar por el Conurbano-; y porque desde entonces han sido la fuerza política que gobernó el mayor período de tiempo. 
 Por esto, decir que el kichnerismo terminó ahora “adoptando los dogmas neoliberales”, como hizo Miryam Bregman en un acto del PTS, es una concesión gratuita, que solamente sirve a los fines de tender un puente con el discurso de La Cámpora. Es lo que se ve en el lema “combatir a la derecha y la resignación”. Este seguidismo de un nacionalismo devenido en fondomonetarista es un callejón sin salida para la izquierda. La única perspectiva pasa por contribuir, interviniendo en cada una de las luchas obreras y con una agitación política socialista, a que los trabajadores dejen atrás al peronismo como referencia política. Los multitudinarios actos que hizo el Partido Obrero a lo largo y ancho del país trazaron ese rumbo planteando ir por un nuevo “que se vayan todos”, construyendo un movimiento popular que se lleve puestos a todos los políticos capitalistas.
 Es la clase obrera la única que puede inclinar la cancha para el lado contrario. Vale esto a nivel mundial, cuando la cumbre del G20 fracasó ruinosamente en explorar una tregua de la guerra en Ucrania, y el encuentro entre Biden y Xi Jinping no despejó ninguno de los frentes de conflicto entre el imperialismo yanqui y el gigante asiático. Es la expresión de un capitalismo que no puede ofrecer más que choques militares, crisis y hambrunas. Este es el marco en que empezará a rodar la pelota en el Mundial de Qatar, que si puso de relieve la superexplotación laboral y los negocios que rodean la organización de estos megaeventos deportivos, también dejó en off side la impostura imperialista de los guerreristas de la Otan que hablan de democracia mientras oprimen a los pueblos del mundo, afuera y adentro de sus fronteras.
 Las posiciones están definidas. ¡A la cancha! 
 Buen domingo.

 Iván Hirsch

¿Para qué quiere militarizar los barrios Cristina Kirchner?

En el acto que encabezó, la vice planteó reforzar la presencia de la Gendarmería en el conurbano. 

 En el acto que encabezó en el Estadio Único de La Plata, Cristina Fernández pidió un reforzamiento de la presencia de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) en el conurbano bonaerense. Quienes esperaban encontrarse a la vice ofreciendo un discurso impregnado de “justicia social”, se toparon con una defensa y promoción de la militarización de los barrios. 
 El tópico seguridad fue uno de los tantos que abordó CFK en su alocución. Cristina afirmó que, en el seno de las fuerzas de seguridad, se está desarrollando un proceso de autonomización que las estaría emancipando del “poder civil”. Aníbal Fernández no tardó mucho en cruzarla, indicando que no existe tal autonomización, puesto que él dio la orden para reprimir a los mapuches con tropas federales.
 Cristina reivindicó el “Operativo Centinela”, implementado bajo su segundo gobierno, con el cual se desplegaron miles de gendarmes en la provincia de Buenos Aires, y llamó a que vuelva a aplicarse. De lo que se olvida la vice es que la GNA se encuentra actualmente instalada en los barrios, trabajando mancomunadamente con la policía. CFK está pidiendo, en realidad, un reforzamiento del carácter represivo del Estado, algo que no debería sorprender a nadie. 
 El kirchnerismo, que suele autodefinirse como defensor a ultranza de los derechos humanos, ha sido siempre un promotor de la represión policial, y la Gendarmería fue (y es) una de sus fuerzas preferidas para ello. Los gobiernos nacional y provincial de Néstor Kirchner hicieron de esto último una política de Estado, que Cristina defendió. Con el Plan Centinela, se profundizó esta orientación; unos 6.000 gendarmes desembarcaron en los barrios del conurbano y de CABA. El balance es lapidario, el delito continuó creciendo y la pobreza de los trabajadores también. 
 La GNA siempre fue utilizada por el kirchnerismo para atacar las luchas obreras y defender los negocios capitalistas. El gobierno santacruceño de Néstor Kirchner, a fines de 1998, reprimió mediante el uso de esa fuerza a la Coordinadora de desocupados de Caleta, que estaba compuesta, por ejemplo, por trabajadores petroleros despedidos producto de la política privatista de Carlos Menem, al cual el matrimonio Kirchner apoyó fervientemente. 
 El mismo Kirchner, en 2005, reprimió con la Gendarmería a trabajadores estatales y municipales santacruceños que reclamaban por aumentos salariales. En 2008, Néstor llamaría “cobardes patoteros” a los docentes que en Santa Cruz protestaban contra el ajuste, y les mandó a la Gendarmería para que escarmienten. Cristina, desde su lugar como presidenta, en 2014, reprimió brutalmente a los trabajadores de Lear, con el uso de la GNA, a la vez que la utilizó para realizar tareas de inteligencia en el marco del “Proyecto X”, para lo que también contó con la participación del genocida César Milani y de la exministra de Seguridad Nilda Garré. Patricia Bullrich, la jefa del PRO, parece haber aprendido a tener mano dura gracias a las lecciones que brindaran los nacionales y populares. Ella utilizó a la GNA para defender los intereses de los grandes terratenientes del país; por ejemplo, en 2017 llevó adelante una cacería contra la comunidad mapuche de Pu Lof Cushamen, que terminó con la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado. 
 Por otro lado, en esa misma línea derechista, Cristina dijo que no hay orden que garantice más la seguridad que el hecho de que “la familia argentina vuelva a comer en su casa y no en un comedor”, estigmatizando a los pobres, diciéndoles delincuentes. Es un gran acto de hipocresía decir que la inseguridad es un producto de la pobreza… que ella misma genera con el programa de ajuste que está aplicando su gobierno. A la vez, buscó reforzar la idea de que el gatillo fácil es una consecuencia del “exceso” de ciertos efectivos policiales, deslindando de su responsabilidad a los personeros del Estado. 
 El gatillo fácil, por el contrario, es promovido desde el propio poder político, así como la inseguridad es un producto del entrelazamiento del Estado con el delito. Sergio Berni, el ministro de Seguridad bonaerense bancado por Cristina y Axel Kicillof, ha llegado a decir que “no le asusta” discutir la pena de muerte. Las fuerzas de seguridad son educadas en el desprecio contra los trabajadores, en una disciplina de hierro para defender al capital. 
El gatillo fácil es la expresión más extrema de una política de regimentación de la juventud, alimentada por una arenga represiva (que también encuentra su divulgación en personajes como Espert, Milei, Bullrich, etcétera). Asimismo, Argentina no podría haberse convertido nunca en una suerte de paraíso narco sin la complicidad de los capitalistas y su Estado, que deja que ingrese la droga a través de los puertos privados, para alimentar negocios turbios en las barriadas a costa de la destrucción material y espiritual de la juventud. Las fuerzas de seguridad, por su parte, defienden los superbeneficios que obtiene el capital con el narcotráfico. 

 Nazareno Kotzev

Confirmado, el acuerdo con el FMI solo trajo más desquicio económico


El triunfazo de residentes continuó la ruta del Sutna.
 El gobierno con el FMI. 

La crisis económica en curso se agrava a pasos agigantados. Los dólares alternativos y el “blue” duplican al oficial, una realidad insostenible para la economía. El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, salió a blanquear la devaluación e incluso alertó sobre que una “mal hecha” nos puede llevar al Rodrigazo. Las reservas caen, el campo anticipa fuertes caídas de exportaciones para el 2023 y no aparecen variables en el horizonte que vayan a cambiar esta perspectiva. 
 Por lo pronto la medida más consecuente en materia de ajuste, junto a la rebaja salarial, ha sido la de la reducción de los ingresos jubilatorios, tema que ameritaría un paro nacional si no fuera porque la CGT y la CTA están en manos de dirigentes traidores. Con los nuevos aumentos, las y los jubilados perderán nuevamente 27,5 puntos frente a la inflación, situación que no se combate con bonos extraordinarios.
 El fracaso de quienes aseguraron que cerrando el acuerdo con el FMI íbamos a recuperar la estabilidad económica es total. La estafa política que supone ese discurso, también. Cabe mencionar que parte del agravamiento de la situación se producirá como consecuencia del cambio climático y de los desórdenes que traen sequías y heladas tardías que tienen efectos en las cosechas de todo tipo en nuestro país. 
 El gobierno calculaba ahorrar 2.700 millones de dólares con la creación del gasoducto “Néstor Kirchner”, monto que se verá superado por el lado de la reducción de las cosechas dañadas por los fenómenos climáticos. Es la danza de la imprevisibilidad económica que se funda en una estructura económica atrasada y primarizada. No hay salida a esta situación en términos capitalistas.

 ¡¡Salud!! a la lucha de la salud

 En este escenario de golpes sistemáticos contra los salarios a través de la inflación y del cierre de paritarias a la baja, el triunfazo de la lucha de residentes y concurrentes de los hospitales públicos de CABA, de la enorme Marea Blanca, vuelve a colocar a la organización de lxs trabajadorxs y las luchas como únicos medios para arrancar nuestras demandas. El triunfo es contra el gobierno de Larreta y Quirós y también contra las burocracias sindicales inscriptas en el Frente de Todos, que conducen Sutecba y la Asociación de Médicos Municipales. 
 El camino abierto por el Sutna, el sindicato industrial de los trabajadores del neumático, tiene su continuidad en este triunfo y en las luchas de trabajadores de la salud de diferentes provincias que se suman al reclamo de aumento salarial. Estas peleas ponen en evidencia la hipocresía de quienes gobiernan que bajo la pandemia pedían aplausos para las y los trabajadores solo para ocultar que estaban operando el vaciamiento de la salud pública en favor del negocio de la salud privada. Esta política tuvo y tiene un carácter internacional y es la que explica que también en Madrid miles de trabajadores y trabajadoras de la salud estén movilizados y con paros por salario y condiciones de trabajo. 
 En la educación también hay vientos de rebelión. Los Sutebas Combativos y la Multicolor vuelven a parar en la provincia de Buenos Aires el 17 de noviembre, coincidiendo con la jornada nacional de la salud, después de los importantes paros docentes en CABA. 
 El próximo 22 de noviembre, frente al debate del salario mínimo vital y móvil, el movimiento piquetero vuelve a las calles. La Coordinadora Sindical Clasista llama a movilizar acompañando a la Unidad Piquetera, al igual que el Plenario del Sindicalismo Combativo. Esta acción será precedida por un Congreso Nacional del Polo Obrero que representará a más de 70 mil compañeros y compañeras en todo el país que luchan por parar la olla, combaten la estigmatización que de derecha a izquierda se desata sobre ellxs y, desde esa acción de lucha, se acercan a las ideas y al programa socialista que representa el Partido Obrero, el gran impulsor de la organización independiente de lxs más precarizadxs y desocupadxs. 
 Más de 2.000 delegadas y delegados, desocupadxs que cobran algún plan social, trabajadoras de casas particulares, cosecheros de diferentes puntos del país, obrerxs rurales de la fruta, trabajadores precarizados de la industria del pescado, obreros rurales estacionales, municipales, cartoneros, tareferxs y cientos de otros sectores explotados y mal remunerados, cuyos ingresos no alcanzan para mantener un hogar, serán los protagonistas. También miles de jóvenes que al organizarse con el Polo Obrero combaten el acercamiento al narco y otros sectores lumpenizados que acechan a nuestra juventud en cada barrio. Esto es dar una batalla política en concreto para combatir al régimen social del hambre y la miseria. Lo demás es puro verso.
 La pandemia resultó ser una oportunidad para embolsar jugosas ganancias para sectores privados de la salud, uno de los rubros que más incrementó sus precios. También para el Estado y su política de “recorte del gasto público” que comparten macristas y peronistas de todo tipo, incluido el kirchnerismo que se volvió massista sin vueltas y que decidió olvidar su oposición a la reducción del déficit fiscal, entre otros tópicos que sostenía discursivamente. Ahora en boca de Cristina Kirchner y en boca de su hijo Máximo, todo son elogios para el exenemigo número uno, Sergio Massa, pieza clave para que bajo el gobierno de Macri se votaran 120 leyes de ajuste y ataques al pueblo, entre otras joyas de su prontuario. 
 Los servicios médicos del Estado son menores que en el pasado. A este cuadro se suma el de los aumentos de medicamentos que se encuentran en un punto de inflexión en medio de la renovación del acuerdo con el gobierno y de la intención de los laboratorios de terminar con un sistema de descuentos que las farmacias denuncian que afectarían sus ganancias. En el mismo comunicado de las patronales farmacéuticas (15/11) amenazan con no pagar aumentos salariales para amortiguar el impacto de estas medidas. Los platos rotos los pagamos siempre los mismos. 

 Los beneficios de la inflación alta

 Las medidas gubernamentales, inspiradas en la hoja de ruta comprometida con el FMI, no han hecho más que sumar leña al fuego de la inflación, como advertimos desde el primer momento. De la mano de la inflación se pulverizan los salarios, un objetivo fundamental para los capitalistas. Por su parte, el propio Estado encuentra beneficios con la inflación porque recauda por encima de ella y gasta por detrás (en realidad hay un proceso de indexación de deuda en pesos explosivo, incluso con bonos duales que contemplan también la evolución del dólar pagando lo que resulte más alto). 
 La inflación de octubre trepó al 6,3% y muestra que no hay tendencia a la baja. El gobierno fracasó en todos los esquemas de control de precios que precedieron al flamante “Precios Justos”, mostrando en definitiva que son medidas inocuas. No hay posibilidad de que la inflación se retraiga si el gobierno autoriza el quinto aumento de la nafta y el sexto del gasoil en el año y si impulsa tarifazos en los servicios de agua, luz y gas o si habilita aumentos por encima de la inflación a las empresas de medicina prepaga, desdobla y acelera el tipo cambiario y al mismo tiempo establece tasas altísimas de interés. Todas las medidas que se toman impulsan la inflación, sin resolver la crisis de reservas que puede determinar que “el mercado” imponga una devaluación generalizada con las consecuencias hiperinflacionarias previsibles.
 En este escenario el kirchnerismo larga su campaña electoral, cerca de Massa y por lo tanto del imperialismo, y forzando peleas con el eslabón más débil de la coalición gobernante, el presidente Alberto Fernández. Por su parte la coalición opositora también exhibe todo tipo de fisuras internas, en todos los casos en la carrera por seducir más y mejor al capital y así convertirse en “el niño mimado” de quienes ponen y sacan gobiernos en nuestro país: los capitalistas. Por ahora ningún opositor hace olas por el rumbo económico ya que está directamente digitado por Washington. Solo miran con buenos ojos que este gobierno apriete el acelerador todo lo que sea necesario para que haga el trabajo sucio antes de que les toque, como piensan que ocurrirá, volver a dirigir el país. 
 En medio de este escenario el liberfacho Milei teje sus alianzas a nivel de las provincias y en algunas encuestas hasta lo colocan por encima del peronismo a nivel nacional. Esta derecha gana sobre la base de un discurso de fuerte desprecio hacia los políticos gobernantes que, como vimos más arriba, le han dejado el terreno allanado a fuerza de traiciones y de postrarse frente al FMI.
 El caldo de cultivo de ese crecimiento está signado por el fracaso de los partidos “tradicionales” y en un cuadro tan disgregado, es lógico que también crezcan las posibilidades electorales de la izquierda. 
 Arrebatarle a esa derecha el ascendente que ganaron sobre los sectores populares y conquistar a quienes aún se encuentran mirando las alternativas políticas del capital de la mano del peronismo o del macrismo, es una tarea de la izquierda y, antes que en el plano electoral, deberemos hacerlo en el terreno directo de la lucha de clases. Para eso la izquierda deberá estar presente de manera directa en cada sector de la sociedad para librar esa disputa, algo que el Partido Obrero se toma muy en serio cuando organiza a miles de precarizados y desocupados y cuando protagonizan las luchas más importantes del momento, como la piquetera, la del neumático o la de la salud. Para arrebatar a los sectores populares de las garras de los partidos tradicionales que responden al capital y ganarlos a un programa socialista, hay que protagonizar la lucha contra el ajuste. 

 Vanina Biasi

sábado, 19 de noviembre de 2022

Cristina y su “amnesia” noventista


Un hilo conductor, de ajuste, entre el menemismo y la actualidad. 

 La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner dedicó parte de su discurso en el acto del pasado jueves 17 en La Plata para intentar diferenciarse del espacio derechista que conduce Javier Milei, polemizando con las reivindicaciones al menemismo y a la gestión del exministro menemista Domingo Cavallo y señalando que el kirchnerismo es lo “único nuevo” en política. Se trata de un intento de borrar las huellas del pasado y la actualidad kirchnerista, con elogios a los liberales y mucho de lo viejo en lo “nuevo”. 
 Cristina parte de considerar un punto de inflexión en el 2001, como si se tratara de un borrón y cuenta nueva o de dos políticas antagónicas y no complementarias, manifestando que “acá lo único nuevo que hay somos nosotros, el cambio, los que cambiamos la Argentina después de la crisis del 2001”.
 El kirchnerismo hunde sus orígenes en los noventa menemistas, con la privatización de YPF –con giro de 1.200 millones de dólares al exterior- y el traspaso de la propiedad del subsuelo a las provincias, el apoyo al negocio de las AFJP y la entrega del Banco de Santa Cruz como alguno de sus principales hitos privatistas.

 Cavallistas fueron todos

 “Dicen que tenemos que volver a la década del 90, otra fuerza política muy novedosa, no tan novedosa porque dice que el gobierno de los 90 fue el mejor de la historia, y el ministro de la convertibilidad el mejor de la historia”, manifestó Cristina.
 Durante los noventa Cristina tuvo varias ocasiones y situaciones de elogio al exministro de Economía menemista, Domingo Cavallo, a quien llegó a definir como el “cuadro más lúcido que ha generado el capital en la Argentina” y hasta exculparlo de toda responsabilidad negativa en el gobierno de Carlos Menem. 
 Otro cavallista de origen es el propio presidente Alberto Fernández, quien supo ser funcionario del exministro de Menem y que asumiría en el año 2000 como legislador porteño dentro de la lista liberal encabezada por Cavallo. Alberto Fernández detrás de Domingo Cavallo. 

Un hilo conductor

 La arenga antagónica con las políticas de los 90, de las cuales el matrimonio Kirchner fue participe, es una de las mayores estafas del último tiempo: la política de reconstrucción de la burguesía nacional emprendida por Néstor Kirchner en 2003 supo ser una medida de rescate al capital privado luego de la salida de la convertibilidad. 
 La nacionalización de Aguas Argentinas implicó la salida airosa del Grupo Suez, con casi nula inversión en el servicio; la estatización de Aerolíneas Argentinas, con la cómoda salida del grupo Marsans, tras años de desinversión y con balances truchos; la nacionalización de las quebradas AFJP, con tenencias por los pisos y tras 15 años de acumular ganancias y eludiendo el pago del sistema de capitalización comprometido; e, incluso, la propia nacionalización parcial de YPF, con una suntuosa indemnización al Grupo Repsol, subordinandola al capital internacional privado.
 De la mano de la estatización paga de todos los negocios convertidos en poco redituables, el kirchnerismo convino el rescate de otro sector de las privatizadas de los 90: las patronales parasitarias al frente de las concesiones privadas. Esto a partir de los crecientes subsidios a los capitalistas del transporte, distribuidoras y productoras energéticas, que incluso llevaron al asesinato de Mariano Ferreyra como extremo para defender el negocio privado entre el Estado, la burocracia sindical y los capitalistas.

 No son lo nuevo

 El kirchnerismo de “nuevo” no tiene nada, sino que es el plato refrito del nacionalismo burgués decadente que se encuentra sometido a la égida del capital financiero y el FMI, con un personal político reclutado en las filas del liberalismo más ortodoxo. 
 Tampoco el liberfacho de Javier Milei, quien explota el desgaste y la crisis de las principales coaliciones patronales pero repitiendo el recetario de medidas de ajuste de los 90 y de liberalismo económico. 
 La única fuerza política que se propone un nuevo camino para el país es la izquierda, y este fue el mensaje del reciente y masivo acto del Partido Obrero en la Plaza de Mayo, para poner en pie un movimiento popular con banderas socialista que barra con los políticos capitalistas y de curso a un gobierno de trabajadores. 

 Marcelo Mache

La Canasta Básica Alimentaria cuesta el doble que hace un año

La línea de pobreza llegó a $139.938 en octubre y la de indigencia a $62.106. En octubre, según los datos del Indec, una familia de cuatro integrantes necesitó $139.938 para no ser pobre y $62.106 para no caer en la indigencia. Tanto la Canasta Básica Total (CBT) como la Canasta Básica Alimentaria (CBA) treparon por encima de la inflación general, perjudicando particularmente a los sectores populares, quienes destinan la mayor parte de sus ingresos en la compra de alimentos y artículos de primera necesidad. 
 En octubre, la CBT (que define la línea de la pobreza) aumentó un 9% y la CBA (que determina el umbral de la indigencia lo hizo en un 9,5%. A su vez, la primera acumuló un incremento del 83,5% en los primeros diez meses del año y del 93,1% en términos interanuales, mientras la segunda trepó 88.4% y 100,8% respectivamente. Todos índices que superaron a la inflación general, ya que esta varió 6,3% en octubre, 76,6% en el acumulado 2022 y 88% interanual. 
En ese sentido, que el precio de la canasta de alimentos se haya duplicado de un año a otro habla un régimen que gobierna al servicio del agronegocio y la industria alimentaria, a costa del plato de comida de las mayorías. 
 Así las cosas, se acentúa la distancia entre el incremento del costo de vida y el de los ingresos de los trabajadores. Ya en septiembre, el índice salarial había variado un 7,2% menos que la CBT y 10,9% menos que la CBA. A su turno, el índice salarial en el sector no registrado aumentó en los primeros nueve meses del año un 49,9%, cuando la canasta de pobreza lo hizo en un 68,4% y la de indigencia en un 72,1%. 
 Un deterioro del bolsillo popular, resultado del reguero de paritarias a la baja y extensión del trabajo informal que han consagrado las patronales, con la anuencia del gobierno y la burocracia sindical. Este mismo pacto antiobrero se evidencia en las cifras irrisorias del salario mínimo, que hoy se halla en $57.900, por debajo de la línea de indigencia de octubre, al igual que lo estará la jubilación mínima en el mes de diciembre, con aumento y bono incluido. 
 A su vez, el gobierno deja que los montos de las prestaciones y programas sociales pierdan constantemente contra la inflación, con lo cual cada vez sirven menos a la hora de paliar el hambre de los sectores más vulnerables. En octubre 2021, el programa Potenciar Trabajo cubría el 51% de la canasta alimentaria, mientras que en octubre 2022 representa un 25% de la misma. En cuanto a la Tarjeta Alimentar (para familias con dos hijos), en octubre del año pasado se podía comprar con ella el 29% de los productos de la canasta alimentaria, y, al cabo de un año, solo alcanza para pagar el 21% de estos. Por su parte, la Asignación Universal por Hijo general equivalía al 16% de la canasta alimentaria de octubre 2021 y ahora solo abarca el 11%. Esta pérdida del poder de compra de la asistencia estatal da la pauta de hasta qué punto el oficialismo se vale de la escalada inflacionaria para licuar el gasto público y perseguir las metas de ajuste del FMI.
 Quienes nos gobiernan imparten la doctrina del hambre, en beneficio de los capitalistas y el Fondo Monetario. Debemos ganar las calles para recomponer nuestros ingresos, reclamando un sueldo inicial de $190 mil, aumentos salariales indexados a la inflación y trabajo bajo convenio para todos. Sobran los motivos para que irrumpa un paro nacional y un plan de lucha en Argentina. 

 Sofía Hart

viernes, 18 de noviembre de 2022

Una Jefa de espaldas al derrumbe de su Gobierno


Acerca del “retorno” de CFK en La Plata. El acto de Cristina Fernández en La Plata, en un Estadio lleno, fue movilizado casi en su totalidad por los aparatos de las organizaciones convocantes. La consigna elegida, "La fuerza de la esperanza", es un plagio de la campaña de Lula, con la diferencia de que éste enfrentaba a Bolsonaro y CFK al gobierno que construyó ella misma. En el aniversario del regreso de Perón, esta nueva operación retorno es una suerte de fraude, porque implica el apoyo a Massa y al FMI. La posibilidad de que sea lo contrario -una arremetida contra el ‘plan aguante’- es una ilusión de incautos. Bastaría una corrida cambiaria, que sería acompañada por una bancaria y financiera, y no quedarían ni los incautos. Como la de Perón hace 50 años, aunque en otras circunstancias nacionales e internacionales, esta salida es una trampa política para los trabajadores, o sea reaccionaria. El acompañamiento del aparato de una fracción de la burocracia sindical no le otorga por eso mejores perspectivas. 
 Fuera de las tribunas del estadio único se oyó el coro repetitivo a favor de "Cristina Presidenta". CFK le esquivó el bulto con el latiguillo frenador de Perón – "todo en su medida y armoniosamente". Hace medio siglo sirvió para que las fuerzas armadas se fueran intactas, luego de dos décadas de golpes y dictaduras, para volver poco tiempo después de la mano de los Videla y Suárez Mason. CFK insistió en la propuesta de un "pacto democrático" y un "consenso económico", como lo planteó, en 1972, el bloque multipartidos que pretendió inaugurar la Hora de los Pueblos. La expresidenta no disipó la sospecha de que su candidato fuera Massa, el superministro de la Tesorería de EEUU, Techint y los pulpos mineros. En esa variante ella se refugiaría en la gobernación de la Provincia o en una senaduría, dos barricadas contra el embate de la camarilla judicial. La pulseada que ha quedado planteada entre el Congreso y la Corte por las designaciones para el Consejo de la Magistratura, se suma a una crisis de poderes en el año electoral. 
 El dato político principal del acto fue que Cristina eligió no referirse a la inflación ni a la corrida de la deuda pública que podría llevase puesto a su gobierno. Prefirió convocar a la Gendarmería al conurbano con el pretexto de la ‘seguridad’, cuando lo que prima en ese territorio es el descontento y la desesperación social. CFK quiere acordonar el conurbano con las fuerzas represivas, en un cuadro de rebelión potencial. Aníbal Fernández, el ministro de la cartera nacional de Seguridad, disintió con el panorama descripto por quien habría dejado de ser su jefa política. 
 Además de encuadrar el acto en el aniversario del retorno de Perón, CFK reivindicó el carácter ‘nacional y popular’ de los gobiernos de Irigoyen – un guiño burdo a los radicales, al menos si se trata de que apoyen su candidatura. Otra cosa es que quiera ofrecer su ‘renunciamiento’ como prenda de una coalición política, que separe a una parte gruesa del radicalismo de JxC, para apoyar a Massa. Para el registro, es necesario aclarar que el rechazo a los golpes de lo que llamó “el partido militar”, no incluye el de 1943, ni el de 1966, cuando Perón y el peronismo apoyaron el golpe de Onganía. Ahora mismo, la presidenta del Senado ha armado una crisis con motivo de los ascensos y retiros en la FFAA, con la renovada intención de formar un partido militar propio, el “nacional y popular”, bajo la batuta del retirado oficial de Inteligencia, César Milani, un uniformado de la última dictadura.
 Para la expresidenta, la democracia (burguesa) protege la vida -algo que es una completa grosería. Ignora el gatillo fácil y la guerra de las democracias de la OTAN. La cantinela de Alfonsín había sido más generosa –“se come, se educa”- aunque igualmente hipócrita. La vida es otra cosa, es la realización humana (“transmutarse en la propia esencia de la naturaleza” (Leonardo da Vinci), o sea la abolición de la explotación social. Como Alberto, Cristina Fernández, en cambio, no ha cesado ni una sola vez de apoyar el sistema capitalista, el “más eficiente”, según ella, o sea el que más exprime a la fuerza de trabajo. Se contradijo enseguida, ante la evidencia, al afirmar que la democracia no ha mostrado la capacidad para alimentar, educar y cuidar. Argentina está cubierta de manifestaciones de los trabajadores de la Salud, para mostrar precisamente eso. La pandemia fue la ocasión, no para cuidar vidas, sino para emitir dinero sin límite para subsidiar al capital. 
 Reivindicó el acuerdo de salida de la dictadura como un pacto democrático, a sabiendas de que dejó en pie la legislación y las instituciones de la dictadura y la impunidad de los crímenes de una mayoría de milicos. Luego de enunciar que ese pacto democrático se quebró con el intento de atentado contra ella el 1 de septiembre pasado, planteó la necesidad de reconstruirlo, claro que separando a los violentos que desean la muerte a los adversarios. La admisión al pacto la decidiría ella misma. En caída política vertiginosa, Cristina Kirchner no renuncia a su deseo de ser árbitra. Este llamado la expone a espaldas a la realidad. 
 Para CFK, la “seguridad” es una tensión "entre los garantistas y los mano dura". Llamó a debatir el tema de la “seguridad” en nombre de las víctimas y de sus familiares – un latiguillo del macrismo. Llamó a la subordinación de las fuerzas de seguridad al poder civil – después de cuarenta años de “pacto democrático”. El atentado del 1 de setiembre puso de manifiesto que las fuerzas de seguridad y de los servicios de Inteligencia están fuera de cualquier control democrático y ha sido un servicio de espionaje para el kirchnerismo y el macrismo. 
 Señaló que el "partido judicial", a través de golpes, incide en la política económica de los países latinoamericanos. Es una verdad a medias – el poder judicial de Brasil le devolvió el lugar político a Lula, luego de haber fraguado su prisión durante año y medio. Reclamó contra los cargos eternos de los jueces como una "rémora monárquica", aunque fue establecida por la Constituyente del 94 que ella y su marido celebraron desde el primer día. Lo que es auténticamente monárquico es el derecho del Ejecutivo a sustituir el proceso legislativo por los decretos de necesidad y urgencia, del que ha hecho una norma de gobierno – no sólo ella. CFK disimuló la guerra como un “problema geopolítico”, no un crimen del imperialismo, y terminó metiendo en la misma bolsa la entrega del litio y Vaca Muerta, que apoya con furia, de la Hidrovía y el agua, donde pretende arbitrar entre el capital ‘occidental’ y China.
 La vigencia política de una corriente o de un caudillo o caudilla no se prueba en la ocupación de un estadio – menos aun cuando cuenta con los aparatos de intendentes y sindicatos. El peronismo y el FdT han sido arrasados por la debacle capitalista y la tutela del FMI. No tienen nada para ofrecer salvo el ajuste y una mayor inflación, la deuda pública se ha convertido en un “esquema Ponzi” – para mantenerla viva hay que subir la tasa de interés cada semana, para engatusar a los ´inversores´ y que no salgan en estampida, como ocurre con las finanzas privadas que llegan a la quiebra. La expresidenta usó la tribuna para evadir su responsabilidad política en el derrumbe, y negar el propio derrumbe. Es una suma cero.

 Jorge Altamira y Pablo Busch 
 18/11/2022

La III° Cumbre Latinoamericana por el Agua para los Pueblos en Rio Negro

“Uniendo luchas en defensa del agua, el territorio y la vida. ¡No hay planeta B!”. Con esta consigna sesionará durante los días 19, 20 y 21 de noviembre, en Allen, Rio Negro, la Tercera Cumbre Latinoamericana por el Agua para los Pueblos, convocada por organizaciones ambientalistas, entre ellas la Asamblea permanente de Allen y la seccional local de Unter (sindicato docente).
 La sede del encuentro es parte del yacimiento Estación Fernández Oro, en el sector rionegrino de Vaca Muerta y la localidad del Alto Valle de Río Negro, donde la producción frutícola convive con el fracking. La explotación petrolera por fracking se instaló allí hace más de diez años. Sin ningún tipo de consenso social ni evaluación de riesgos fue modificada la matriz productiva de la zona y grandes torres petroleras fueron instaladas en medio de las chacras productoras de pera, con las consecuencias ambientales que rápidamente se registraron -temblores, filtración de hidrocarburos- y pusieron en alerta a distintos sectores sociales. En agosto de 2012 se formó la “Asamblea permanente del Comahue por el agua Allen” cuando comenzó el movimiento de vehículos de gran porte en las calles rurales del lugar y se tomó conocimiento de que la zona había sido declarada “zona de sacrificio”, es decir sujeta de manera permanente a daño ambiental.
 En 2018 se realizó la primera “Cumbre” en Andalgalá, Catamarca, cuya población fue pionera en la lucha ambiental. La segunda se hizo en Hachal, San Juan, en 2019, allí se resolvió que Allen (Río Negro) sería la siguiente sede. La pandemia retrasó los tiempos hasta hoy. 
 “Recurrir a la justicia requiere siempre dinero y no somos escuchados”, dicen los organizadores de esta tercera cumbre. Las empresas tienen grupos de abogados muy fuertes que cuentan con el aval de los gobiernos nacionales y provinciales de turno que les abren las puertas para ocupar cualquier territorio que les sea útil para desarrollar la explotación que se propongan a cambio un puñado de puestos de trabajo, la modificación absoluta de los modos de vida del lugar y una serie de consecuencias nefastas sobre la salud. 
 Desde uno de los barrios afectados por la instalación de equipos petroleros a metros de las casas, existen desde 2014 denuncian a la empresa y han presentado un amparo colectivo que se encuentra en la justicia federal, en etapa de investigación. Familiares de embarazadas y niños afectados reclaman historias clínicas por enfermedades “raras” que no obtienen diagnósticos, pero le son sistemáticamente negadas. 
 Ruidos permanentes, humo, olor a azufre, vibraciones de tierra, derrames de las “aguas de retorno” que llegan hasta el río Negro a través de las compuertas y canales de riego, son el paisaje cotidiano de las otrora chacras productoras de frutas y hortalizas. 
 Los vecinos han realizado bloqueos en las entradas de los sitios de producción y como respuesta recibieron denuncias de YPF, que amenaza con iniciarles causas judiciales en caso de nuevos cortes. La fiscal les ha recomendado enfáticamente que no realicen protestas, según denuncia el observatorio Petrolero Sur en marzo del 2021. Desde el Observatorio Petrolero Sur, precisamente, armaron una línea de tiempo de los accidentes solo en Allen. En 2014 explotaron dos pozos y otro se incendió y provocó llamas de hasta 15 metros de altura. El 2015 fue el año de los derrames – fueron cuatro. La empresa Yacimientos del Sur (YSUR, subsidiaria de YPF) les ofreció a una veintena de vecinos una compensación de 44 mil pesos al año, pero les exigió a cambio una cláusula de confidencialidad, la colaboración con la empresa en caso de protestas y la renuncia a nuevos reclamos.
 Esta tercera Cumbre Latinoamericana por el agua para los pueblos debatirá sobre estos temas y todos los que atraviesan una provincia en la que la explotación minera y petrolera tiene el primer lugar en la agenda del gobierno. Contará con la presencia de exponentes sobre consecuencias similares por actividad petrolera en el mar, las consecuencias destructivas para los territorios de pueblos originarios, el agua y la destrucción ambiental a manos de las corporaciones extractivistas (hidrógeno verde, hidrofractura, uranio, mega minería, agro tóxicos, incendios forestales, litio). 
 La destrucción del medio ambiente es la consecuencia directa de la rapiña capitalista. No serán los gobiernos de la burguesía quienes pongan fin a esa destrucción. El capitalismo, en definitiva, es un predador voraz de su principal recurso ´natural´ - la fuerza de trabajo de la clase obrera. 
 Cambiar el mundo requiere, inevitablemente, el cambio del sistema social.

 Mali Quintillán 
 18/11/2022

Mundial de Qatar 2022: los jeques lo lograron, comienza la función


En uno de sus últimos actos públicos como presidente de la FIFA, el 2 de diciembre de 2010, Joseph Blatter leyó cinco letras que causaron asombro en el mundo del fútbol: Qatar, un territorio de apenas 11.571 kilómetros cuadrados -la mitad de la superficie de la provincia de Tucumán- sería la sede del mundial 2022. Si bien la lengua oficial es el árabe, el idioma inglés domina pues es el lugar del mundo que alberga más extranjeros en su suelo. 
 En la cuarta ronda de las votaciones, cuando los otros candidatos -Corea del Sur, Japón y Australia- ya habían quedado en el camino, Qatar venció por 14 a 8 nada menos que a los Estados Unidos. 
 La noticia fue el principio del fin de una era en la FIFA, la mayor multinacional del deporte y de los grandes negocios del fútbol, y la cuenta regresiva del poder de Blatter. Lo que siguió a aquella decisión de la FIFA fue polémica y escándalo. El “FIFA Gate” se destapó porque, en los Estados Unidos -que estaba deseoso de organizar su segunda Copa del Mundo, tras la de 1994- comenzó una investigación sobre "soborno, fraude y corrupción" en la FIFA y, sobre todo, sobre las elecciones para las Copas del Mundo de 2018 y 2022. De la investigación casi no quedaron sobrevivientes. Cayeron casi todos los dirigentes involucrados. 
 A pesar de estos antecedentes, el mundial de Qatar se transformó en una realidad y se pusieron en marcha todos los mecanismos económicos para la realización del mismo. Se realizaron gigantescas inversiones en infraestructura que, como ya ocurrió en otros países del mundo, sólo cumplirán funciones durante el desarrollo del propio mundial. Se estima que las inversiones fueron aun superiores a las que se realizaron en el mundial del 2018 en Rusia, pero con la particularidad de que, como ocurrió en África 2010, los estadios creados para ese evento ni siquiera serán utilizados en lo sucesivo para albergar fútbol. Se ha creado un inmenso escenario futbolístico en un país donde el fútbol es una cuestión minoritaria y secundaria entre sus propios habitantes, pero allí, durante 30 días, se realizarán negocios multimillonarios, donde todas las multinacionales del deporte y de las redes televisivas han de tomar parte.
 Muchas organizaciones de derechos humanos denunciaron la gran cantidad de muertos en accidentes de trabajo y la utilización de mano de obra precarizada proveniente de Nepal, India y Bangladesh para las obras. Aunque el ingreso en dólares “per cápita” de Qatar es uno de los más altos del mundo, se puede decir junto a ello que es la capital mundial de la precarización laboral, de donde son deportados todos los trabajadores que inicien la organización de reclamos pues rige una “ley de residencia” similar a la que existió en Argentina a principios del siglo XX para los inmigrantes.
 Este será el mundial más “internacionalista”. Además de los 32 países participantes, distribuidos en 8 grupos que disputarán 64 partidos, será seguido por más espectadores que todos los mundiales anteriores. Además contará con los máximos adelantos tecnológicos, con la inclusión, por primera vez en un Mundial, del VAR . 

 ¿Y por casa cómo andamos?

Argentina llega al mundial en “estado de gracia”, a diferencia del mundial de Rusia, cuando cambió tres veces de técnico, la AFA casi no existía y se vivía como un síndrome salir siempre segundos. Ahora, en cambio, la selección nacional llega invicta en varias decenas de partidos, con el triunfo de la Copa América y con una conformidad absoluta con su técnico y sus jugadores, lo que ha despertado una gran expectativa. 
 Vamos a vivir, durante 30 días, dos sensaciones cruzadas. El 18 de noviembre, fecha de inicio del torneo, habrá sido precedido por la inmensa lucha del neumático, la de los docentes santafesinos, la de los médicos residentes y las de los desocupados. Esto muestra una enorme tendencia a profundizar las luchas de la clase obrera frente a un gobierno en crisis y con una inflación imparable: nadie postergará por el mundial las reivindicaciones pendientes, aunque “Kelly” Olmos se ilusione con ello. 
 Por otro lado, como en todos los mundiales, como millones de trabajadores quieren que gane el equipo argentino, desde el mismo gobierno se alentará un fuerte chauvinismo y una defensa de la marca “Argentina”. Pero como decía un gran creador de la música uruguaya, refiriéndose al carnaval, “El tamboril se olvida y la miseria no”. Sepa el gobierno que lo mismo ocurrirá con este mundial de Qatar.
 Hasta la próxima. 

 Juan Ferro 
 16/11/2022

miércoles, 16 de noviembre de 2022

50 años de la vuelta de Perón, para un “acuerdo nacional” contra el movimiento obrero


“El Día de la Militancia” que va a celebrar Cristina en La Plata. 

Este 17 de noviembre, en el Estadio Único de La Plata, Cristina Fernández encabezará un acto por el aniversario número 50 de la vuelta de Perón, que fue en el año 1972 y luego de 17 años de exilio. Formarán parte de la convocatoria las dos CTA, el moyanismo y la Corriente Federal de Sergio Palazzo, así como una tropa de intendentes peronistas y grupos empresariales pyme. 
 El encuentro por venir tendrá lugar en un país signado por una bancarrota económica y social sin parangón, y por un tutelaje cada vez mayor del FMI, aspectos que explican en buena medida la crisis que pende hace tiempo sobre el Frente de Todos, cuyas facciones constituyentes se encuentran prácticamente en guerra. Ninguna conmemoración o celebración militante oficial puede ocultar este cuadro. 

 La vuelta 

Detrás de los móviles que empujaron a Perón a regresar al país, en 1972, se escondían los intereses de la clase capitalista, cuestionada por un ascenso muy marcado de la lucha de clases. 
 La dictadura de Juan Carlos Onganía, al cual Perón llegó a calificar como “soldado de la patria” y apoyó llamando a “desensillar hasta que aclare”, quedó herida de muerte en 1969, como producto de un auge de la lucha obrera y popular, cuyo momento cumbre fue el Cordobazo. Esto se desarrolló al compás de un derrumbe en todos los planos de la política económica del onganiato. Argentina asistió a un cuadro revolucionario, en el cual el proletariado encabezaba movilizaciones y batallas superando la contención de la burocracia sindical. 
 En ese marco, la burguesía, el clero y el alto mando militar, temerosos de la actividad álgida de la clase obrera, delinearon el operativo de regreso del político capitalista con más autoridad frente a las masas. Perón era líder del mayor movimiento popular dirigido por la burguesía nacional. El Gran Acuerdo Nacional (GAN), del que participaron los principales partidos burgueses, y Lanusse, que llegó al poder por medio de un golpe contra el milico Levingston, ha sido una pieza fundamental de esa empresa, cuyo intelecto rector fue el propio Perón. 
 Se trató de la tentativa de encapsular ese ascenso revolucionario de la clase obrera en un proceso de características constitucionales, y posteriormente con el desarrollo de elecciones. El GAN fue precedido por la formación de “La Hora del Pueblo”, un agrupamiento de partidos burgueses que pedía la dimisión de Levingston. El retorno fue el mecanismo de la clase capitalista y del imperialismo para reconstituir, a través de Perón, la autoridad del Estado burgués. La vuelta del régimen democrático se iba a convertir en la negación de los intereses históricos de los obreros movilizados. A esta orientación se habían sumado hasta Montoneros y la Juventud Peronista. 
 Perón, como parte del GAN, le ordenó a la burocracia sindical ruccista que desactive los procesos de lucha que se desenvolvían, mientras Lanusse ratificaba la no convocatoria a paritarias. Preparaba, así, el terreno para la consumación del Pacto Social de 1973, que el peronismo en el gobierno selló con la CGT y las patronales nucleadas en la CGE con el objetivo de congelar los salarios.
 Lanusse proscribió en los hechos la candidatura de Perón, con la exigencia de que este debía estar en el país antes del 25 de agosto del ‘72. Perón retorna casi 3 meses después, pero termina aceptando las condiciones puestas por la dictadura y decide que su “delegado” Héctor Cámpora sea el candidato del Frejuli, acompañado por el conservador Vicente Solano Lima. El Frejuli tuvo la banca de la Unión Industrial Argentina y la Bolsa de Comercio. 
 Con Cámpora en el gobierno, asociado en parte a la izquierda del peronismo, Perón preparó su desembarco definitivo. Las Fuerzas Armadas reclamaron la presencia directa de Perón en el poder, lo que fue apoyado incluso por el imperialismo. Perón asumió el desafío, y una vez en el sillón de Rivadavia, desarrolló una política para doblegar al movimiento obrero, que venía de protagonizar otras luchas como el Viborazo, el Mendozazo, el Rocazo, el Rosariazo o el Correntinazo; para lo que reforzó el poder de la burocracia sindical y colocó a elementos fascistas al interior de la maquinaria estatal, como José López Rega. 
 Perón creó la Triple A, junto a López Rega, un grupo terrorista de choque diseñado para exterminar físicamente a la vanguardia proletaria. La Triple A se enfrentó a la movilización popular, que siguió latente a pesar del operativo retorno. Arremetió, por ejemplo, contra el Villazo de los obreros de Acindar, Marathon y Metcon, que tuvo lugar en la santafesina Villa Constitución, en marzo de 1974. El somatén continuó operando bajo el gobierno de Isabel Perón, el cual ejecutó el Rodrigazo, un plan de ajuste en beneficio de la clase capitalista cuyas consecuencias terminaron por detonar las huelgas de junio y julio de 1975 y diversos procesos de lucha, que derrotaron al gobierno terrorista de Isabel.
 La burguesía y el imperialismo se encontraron nuevamente frente a un ascenso de la lucha de masas. El recurso que utilizaron para detener eso fue la dictadura de Videla, que llevó el terrorismo de Estado al paroxismo. 

 Por un movimiento popular con banderas socialistas

 La descomposición y el agotamiento histórico del peronismo como movimiento popular alcanzaron grados altísimos. El peronismo, como expresión del nacionalismo burgués, se terminó convirtiendo en un instrumento del imperialismo funcional a la expoliación y el sometimiento de Argentina por parte de las grandes potencias capitalistas. Su política de integración de las masas al Estado, de ubicarlas bajo su ala a través de la regimentación, la cooptación y el rol contenedor de la burocracia de los sindicatos, siempre ha sido en aras de reforzar la dominación del capital. El peronismo no representa bajo ningún punto de vista una tentativa de emancipación nacional y de transformación social del país. 
 El peronismo es una tendencia política que ha encarnado las necesidades de la burguesía en distintas etapas históricas. Esto explica su carácter camaleónico, ha sido “neoliberal” con el gobierno de Carlos Menem, y “nacional y popular” con los gobiernos de Néstor Kirchner y CFK. Actualmente, en el poder, se encuentra desarrollando un ajustazo contra los trabajadores, al servicio del FMI. La orientación fondomonetarista del gobierno de los Fernández y Massa ha llevado a que más de la mitad de los niños del país sean pobres y a que una porción gigantesca de trabajadores labore en la informalidad. Asimismo, el peronismo se halla rematando los recursos del país, en función de los intereses del capital financiero; y en el marco de la guerra en Europa, se ha alineado con la Otan contra Rusia. No se puede separar la decadencia en la que ha ingresado Argentina de la política reaccionaria, proburguesa y proimperialista del peronismo y de todas sus alas, incluido el kirchnerismo. 
 Por esto es que desde el Partido Obrero queremos que el movimiento popular adopte otras banderas; no de contenido burgués, sino socialista, que luche por un gobierno de los trabajadores, por la dirección del país, y que rompa con el imperialismo y las patronales explotadoras. Este es el desafío de la etapa. 

 Nazareno Kotzev