miércoles, 29 de julio de 2026

La oligarquía del campo y la propiedad privada


Con un palco abarrotado de funcionarios y legisladores nacionales, el presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, aprovechó el aniversario, las tribunas y las presencias para exigir al gobierno nacional, que elimine de forma definitiva los impuestos a la exportación que todavía existen para los productos agrícolas. Antes de eso, se desarmó en elogios con el liberticida que esperaba exultante su turno para volver a leer -mal- su discurso. 
 Pino celebró la política de confiscación contra la clase obrera en nombre del equilibrio fiscal. Saludó la apertura de mercados internacionales para la carne vacuna, cuando en Argentina el índice de consumo se desplomó un 15%, el más bajo de los últimos 30 años. Equiparó el abaratamiento en los costos de producción, con la ley bases y la contrarreforma laboral, que habilitaron despidos y congelamiento salarial, con los gastos del traslado de sus productos en "rutas destruidas, falta de infraestructura y de seguridad". Pino le exigió al sector público que invierta para que el sector privado maximice sus ganancias.
 Sin ningún eufemismo hizo una defensa doctrinaria del lugar que ocupa el Estado en el marco del régimen capitalista. Defendió el principio de los propietarios a rematar sus tierras por derecho. Hizo propio el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, de Milei y Sturzenegger, que busca avanzar en la más completa privatización de la tierra y de todo lo que hay en ella. "Cada propietario puede decidir el destino y el uso de su tierra" (Pino 25/7). La oligarquía y los capitalistas sólo pueden reivindicar la propiedad privada cuando ésta no le pertenece al trabajador.
 El Estado en el marco del régimen social capitalista es el principal garante de la confiscación sistemática que sufren los trabajadores. Con su andamiaje jurídico y represivo impone la violación permanente del derecho de propiedad privada de la clase obrera, su fuerza de trabajo, es decir el valor de su salario. 
 Al igual que Milei, Pino entiende que no existen los "bienes comunes" en el capitalismo. La tierra y sus recursos son fiscales, o son privados. Si son fiscales no pueden ser un bien común porque el Estado representa a una clase social por sobre otra. Podrán ser "comunes" cuando la clase obrera imponga la socialización de los medios de producción, entre ellos la tierra, mediante una revolución socialista.
 El estatismo dejó de ser un negocio, sobre todo para los nacionalistas que pagaron serialmente los intereses de deuda con el FMI y acreedores internacionales. Por eso, la privatización de las tierras y su entrega a los gigantes de las empresas tecnológicas, hace a un interés "común" de todos los bloques políticos de la burguesía. 
 A pesar de los elogios y las gratitudes, Milei no anunció lo que querían. El campo deberá esperar a que la minería y Vaca Muerta generen dividendos para recién eliminar retenciones. Ninguno tiene la vaca atada. 

Violeta Gil
28/07/2026

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