Kristalina Georgieva, la directora general del FMI, no ha venido a hacer su primera visita a Argentina para celebrar, como pretenden los titulares de prensa, el ‘éxito’ de la política de Milei. La realidad no solamente no es la única verdad, sino que con frecuencia se presenta invertida. Con vencimientos de deuda hasta 2027 de casi 40.000 millones de dólares, el propósito de la búlgara es apaciguar la inquietud de los acreedores nacionales e internacionales de que Argentina vuelva a ingresar a un ciclo de default. Es lo que ha ocurrido varias veces en los últimos dos años y medio con diversas ‘corridas’ cambiarias. En la última, en octubre pasado, el FMI las vio pasar impotente, para dejar que el trabajo de salvataje lo hiciera el Tesoro de Bessent y Trump; incluso la Reserva Federal de Estados Unidos quedó fuera del juego. Georgieva ha viajado a Buenos Aires a sustentar la tesis de Caputo, el tío, de que de aquí a las elecciones del año que viene Argentina podría arreglarse sola.
Pero las flores fueron para la tribuna. La directora del Fondo reclamó seguir “comprando’ reservas monetarias internacionales, es decir no depender del ingreso capitales golondrinas atraídos por la alta tasa de interés que rige en Argentina, como hace Caputo, porque los dólares del comercio exterior se van en pagos de servicios, intereses y turismo exterior. La mujer sabe que ‘comprar’ reservas es por lo menos improbable, porque Milei y Caputo han desarrollado un “esquema Ponzi”, donde las deudas se cancelan o reciclan con un endeudamiento mayor. La ‘sutil’ advertencia de Kristalina fue discutida entre bambalinas, no en el espacio público. Con fineza ‘florentina’, la directora pidió que le expliquen, como si ella no las supiera, las causas del hundimiento de la convertibilidad en 2001. La razón fue el esquema Ponzi de Domingo Cavallo, que se vino abajo como consecuencia del aumento de las tasas de interés internacionales, que derribó primero a la moneda brasileña debido a la fuga de capitales, y luego al peso argentino. Ahora mismo, el dólar está subiendo por los enormes gastos de las empresas de semiconductores y de IA, y ya ha provocado el mayor desplome del yen japonés en dos décadas. Cuidado, advirtió Georgieva, lo mismo va a ocurrir con ‘vosotros’, argentinos. ‘Insinuaciones’ de este tipo ‘mata' elogios a ‘libertarios’. Ya han pasado diez años desde que el tío Caputo endeudó a la Tesorería con el Fondo por 42 mil millones de dólares, y lejos de bajar la hipoteca ha subido a 57.200 millones verdes.
En lo que Kristalina no hizo ninguna reserva es en la continuidad del endeudamiento del Tesoro con los bancos locales (compra de títulos públicos ajustados al dólar o en dólares), y a la inflación. O sea que el “esquema Ponzi” se ha infiltrado en el sistema bancario. La directora instó a que la banca local siga comprando bonos del Tesoro argentino, lo que viene ocurriendo mediante los depósitos que los bancos están obligados a mantener encajados en el Banco Central (un 41%). Pero estos mismos bancos atraviesan una crisis de impagos de consumidores e inversores, por el monto restante de depósitos. En definitiva, Argentina corre el peligro de que el gobierno de Milei desate una hiperinflación que emule a la sufrida en los últimos cien años. Los banqueros que se reunieron con Kristalina, como los pasajeros de primera clase del Titanic, celebraron con ella estos negocios, por los rendimientos que reportan.
La muy católica Kristalina no se conmovió por los trabajadores desocupados, alegando que el porcentaje estaba dentro de las tasas internacionales. Tampoco por los jubilados, a quienes el FMI y todos los gobiernos capitalistas hacen responsables por los déficits fiscales. Pero sí lo hizo con la baja tasa de crecimiento de la industria y el trabajo en negro. Más allá de una cínica preocupación por lo que esto provoca en la recaudación fiscal, que viene cayendo como tendencia, la directora dejó ver su temor por una rebelión popular que desataría esta situación; algo que comparten muchos empresarios. El “peligro kuka” ha sido sustituido, en las pesadillas patronales, por el “socialismo” y el “comunismo”. Al default se añade, entonces, el cuco de un “argentinazo”, en especial cuando la ‘calma social’ se parece a la que antecedió al verano del 2001. Kristalina pidió “perseverancia” para evitar el estallido de una olla a presión.
Lo que queda de la oposición política, fundamentalmente el peronismo, que ya votó por el acuerdo con el FMI en 2021, bajo el gobierno de los Fernández, no hizo ninguna manifestación de repudio al FMI –el mismo que hizo su gobierno (los Fernández) o el de las provincias peronistas, en la actualidad. Es sencillo: todos los partidos patronales apoyan a muerte el reconocimiento de la deuda usurera, en la que la burguesía local tiene un 63% de participación. En cuanto a la izquierda de “los bienes comunes” (monopolizados por el capital) y de la resurrección nacional (capitalista), promete, en el caso, todavía remoto, de llegar al gobierno por la vía tradicional, convocar a un referendo. Si Perón aconsejaba reunir una comisión para dilatar las soluciones a las controversias, el izquierdismo 3D prefiere los plebiscitos.
El “equilibrio macroeconómico” que justifican el FMI y sus secuaces es no solamente una torpeza intelectual y una capitulación ante el fetichismo capitalista. Los Estados nacionales, en el marco de un desarrollo internacional sin precedentes de las fuerzas productivas, tienden a lo contrario: al desequilibrio macroeconómico y político, por un lado, catastrófico, y a la agudización de la opresión de las naciones más débiles (al punto de sembrar protectorados) y a la guerra mundial entre los más poderosos, por el otro.
Jorge Altamira
28/07/2026

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