miércoles, 25 de febrero de 2026

Los obreros de Fate marcan el camino


Pongamos en pie las luchas fabriles contra la reforma esclavista y en defensa de los puestos de trabajo y el salario

 En el mismo momento que el gobierno liberfacho se apresta a festejar la aprobación de la reforma laboral en el Senado, los medios de comunicación, incluso los vinculados estrechamente al oficialismo, no pueden dejar de mostrar el tendal de cierres de empresas y despidos que crecen en toda la Argentina como hongos después de la lluvia. El cierre de Fate, que amenaza dejar a casi 1.000 trabajadores sin su fuente de trabajo, ha catalizado esta situación ante el conjunto de la población. Quienes sacaron las cuentas con precisión concluyeron que por día cierran 30 empresas y pierden el empleo 730 trabajadores registrados. Los que logran conservarlo se ven sometidos a una desvalorización creciente de su salario. Al menos desde hace ocho meses los salarios caen mes a mes contra una inflación que no ha dejado de crecer en el mismo lapso. 
 Es esclarecedor que la aprobación de la reforma sea precedida por un reguero de despidos masivos. Esto porque refuta la especie en boga de que si los trabajadores acceden a la pérdida de sus derechos entonces podrán conservar su empleo. Detrás de este relato patronal se esconde la idea falsa de que en Argentina el problema es el alto costo laboral. Como ya señalamos, los salarios no solo vienen perdiendo contra la inflación, sino que lo hacen desde niveles bajísimos. La caída del salario directo también se traduce en la caída del salario diferido e indirecto (jubilación, obra social), pues ambos son porcentajes del primero. Los apologistas a sueldo del capital se quejan sin embargo de que medido en dólares el salario en Argentina es de los más altos de la región, pero omiten, claro, que la inflación en dólares en Argentina ha sido aún más alta que en esos países. Por lo tanto, para el trabajador ese salario equivale a consumir menos que en el pasado.
 De fondo, la causa radica en que la revalorización del peso no ha sido el resultado de un fortalecimiento de la economía y de un incremento de la productividad del trabajo, sino de un proceso especulativo impulsado por el gobierno, en el cual juega un papel central la suba de la tasa de interés para rearmar el carry trade, evitar una disparada del dólar y un mayor salto de la inflación. 
 Los capitalistas, incluidos los que integran el lote de la burguesía nacional, se quejan del alto costo financiero, pero simultáneamente se aprovechan de este proceso especulativo para conseguir ganancias cuantiosas. Es muy probable que una apertura general de cuentas de las empresas ante sus propios trabajadores exponga que las ganancias conseguidas mediante la especulación financiera compensan total o parcialmente lo perdido por la recesión. ¡La consultora 1816 estima que las ganancias por carry trade en dos años fueron del 88% en dólares! Estamos ante ganancias únicas a nivel mundial, que en última instancia son bancadas por la expoliación directa de los trabajadores y de los gastos sociales del Estado. 
 Los despidos y la reforma laboral son parte inseparables de la ofensiva del capital sobre el trabajo. Por la dinámica misma de la economía capitalista, la aplicación de la reforma laboral debe abarcar al conjunto de los trabajadores. El debate legal sobre si la ley se aplica de modo retroactivo o no para los trabajadores actuales no se resolverá en los tribunales, como promete la CGT, sino en las fábricas, las escuelas, los comercios y las fincas. 
Los capitalistas alegarán que no pueden competir si sus trabajadores mantienen derechos que no tienen los de la competencia, por el simple motivo que ésta los contrató luego de la aprobación de la ley. De acá se deduce una conclusión muy simple: el primer acto de los capitalistas luego de la aprobación de la reforma laboral será aplicar despidos masivos, valiéndose de las indemnizaciones más bajas, con el propósito de contratar nuevos trabajadores con convenios flexibles por empresa. 
 Es lo que sospechan con razón los compañeros de Fate respecto del cierre. ¿O alguien puede asegurar que Madanes Quintanilla no abrirá nuevamente su empresa de neumáticos cuando cambien “las condiciones de mercado”, pero contratando nuevos trabajadores con menos derechos y especialmente con menos organización sindical? Terminar con la vanguardia de la clase obrera en Fate y en todas las empresas donde existe un activismo que lucha es un objetivo que une al gobierno de Milei, a las patronales y, aún más, a la burocracia sindical de todo pelaje. 
 El triunvirato de la CGT no se hizo el tiempo de acercarse hasta San Fernando para darle al menos un apoyo formal a los trabajadores de Fate. Aunque se acercaron decenas de delegaciones encuadradas en la CGT y la CTA, producto del brutal impacto nacional del conflicto. La CTA, por su lado, mantiene en sus filas a Pedro Wasiejko, el burócrata expulsado de la dirección del Sutna y repudiado por los trabajadores, que se pasea por los medios acusando a la dirección clasista del sindicato de ser responsable de la crisis de las empresas por no haber aceptado salarios a la baja y los despidos masivos. 
 Aunque la UIA llore en sus comunicados por el crecimiento de las importaciones, lo cierto es que los grupos empresariales nacionales también se valen de las compras al exterior para extorsionar a sus propios trabajadores, sea para imponerles rebajas salariales o convenios flexibles. En última instancia la burguesía puede reciclarse en importadora y obtener su plusvalía que se le asigna al capital comercial. Los Paolo Roca ya cerraron nuevos contratos con el Estado y los Madanes Quintanilla prometen poner en San Fernando una empresa de energía. Pero para los trabajadores la reconversión tiene otro carácter: es perder su trabajo actual y reciclarse en una empresa de aplicación o en un nuevo empleo con un convenio flexible. Es decir que la reconversión equivale a un retroceso de su condición material y la pérdida de su organización de clase.
 El impacto desigual que genera el crecimiento de las importaciones en las distintas clases sociales que componen la sociedad argentina debe ser tenido en cuenta para combatir la idea peregrina de un frente de los trabajadores con sus patrones nacionales. Esto plantea, desde ya, una cuestión de programa. Los trabajadores enfrentan las importaciones masivas a partir de un programa de defensa de sus puestos de trabajo, del salario y de las condiciones de empleo conquistadas. Por eso como planteo transicional es necesario luchar por el control obrero de las importaciones, para determinar qué debe ingresar y qué no, y por la apertura de las cuentas de las empresas para poder combatir los beneficios extraordinarios de la burguesía instalada en el país, que aprovecha las medidas proteccionistas para vender por encima del precio de producción -es decir, por encima de la ganancia media.
 La aprobación de la reforma laboral no cierra un proceso, sino que abre un período de grandes confrontaciones de clase. Por eso los que se apresuran a sentenciar una derrota histórica de la clase obrera argentina exponen no solo su desmoralización irreversible, sino un desconocimiento de la crisis de conjunto del régimen económico y político. El ataque a los convenios, la fragmentación de las vacaciones o la reducción y el pago en cuotas de las indemnizaciones no alcanzan para sacar a la Argentina de su condición de país en bancarrota. Se pasa por alto que Milei necesitó no uno sino dos salvatajes el año pasado para poder zafar de un estallido financiero y monetario, y que debió apelar otra vez al Tesoro yanqui para pagar los vencimientos de deuda de enero. 
 El cuadro de estabilidad relativa puede caerse como un castillo de naipes por múltiples motivos, sea una crisis financiera, mayores choques internacionales que golpeen los puntos de apoyo del gobierno (¡Trump!) o un número creciente de luchas obreras y populares. La historia de nuestra clase obrera muestra que este ascenso de luchas puede tener como detonante una gran gesta obrera que, recogiendo el apoyo creciente del pueblo, pueda transformarse en el principio de un ascenso popular más amplio y extendido. Ni que decir que la lucha de los obreros de Fate con el Sutna a la cabeza va reuniendo esa condición. Por lo pronto, los trabajadores judiciales resolvieron la ocupación del edificio del fuero laboral en rechazo al traspaso a la Ciudad de Buenos Aires, acarreando despidos de trabajadores y el alineamiento judicial para aplicar la reforma, así como también lo hicieron los metalúrgicos de Aires del Sur en Tierra del Fuego. 
 La perspectiva de enfrentar la reforma esclavista con un reguero de luchas fabriles está fuera del radar de todas las fuerzas patronales que se declaran opositoras, y de la burocracia sindical que derrama derrotismo mientras llama a prepararse para las elecciones del 2027. Para el peronismo el “industricidio” no es un arma del capital contra la clase obrera, sino una consigna para subordinar a la clase obrera a los intereses de los patrones nacionales, defensores a morir de la reforma laboral laboral libertaria. De acá se deriva otra conclusión: la lucha por enfrentar la reforma laboral con la movilización de los trabajadores es inseparable de la lucha por superar al peronismo en todos los planos de la política nacional. 
 Es la hora de luchar en serio. Los capitalistas tomarán la aprobación en el Senado de la reforma laboral como una señal de largada contra sus trabajadores. Ante esto llamamos a defender a los compañeros de Fate y su permanencia por la defensa de los puestos de trabajo. La exigencia al Estado nacional y provincial para que aseguren la continuidad laboral de todos los trabajadores ocupa hoy el puesto N° 1 en un programa de emergencia de la clase obrera. El método Fate debemos extenderlo a todas las fábricas que cierren o apliquen despidos masivos. La burguesía teme como a la peste las ocupaciones de fábrica porque cuestionan el sacrosanto derecho de propiedad.
 Se presenta, también, una lucha de fondo por el salario. La aceleración de la inflación ha venido para quedarse mientras las paritarias se ajustan penosamente al 1% mensual. El lanzamiento de paros por el salario ocupa un lugar central, porque la clase capitalista se vale de la recesión y la amenaza de despidos para imponer reducciones salariales. 
 Para esto el activismo debe organizarse en los lugares de trabajo y regionalmente para incrementar su capacidad de acción. Las luchas en las fábricas y lugares de trabajo para derrotar la reforma laboral esclavista no la harán la burocracia sino el activismo obrero y popular. 

 Gabriel Solano

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