sábado, 28 de octubre de 2017

Cuando Alfonsín decretó el primer estado de sitio



El 25 de octubre de 1985, el entonces presidente Raúl Alfonsín firmó el Decreto 2.049. Decenas de personas detenidas, conflictos obreros y supuestas amenazas de golpes cívico-militar.

El decreto que estableció el estado de sitio fue justificado como una medida para detener un supuesto golpe cívico-militar que, según el gobierno, se estaba pergeñando. Con la firma de un decreto Alfonsín insinuó que podría parar un golpe militar.
Supuesto golpe, porque a la salida de la dictadura los militares, después de consumar un genocidio y capitular ante las tropas inglesas en la guerra de Malvinas, no contaban ni con el respaldo popular y ni siquiera con sectores de la burguesía.
Lo que en verdad ocurría en aquel año, 1985, fue un ascenso de la conflictividad obrera. Con una creciente inflación los trabajadores perdían el poder adquisitivo de su salario, mientras las patronales aplicaron medidas de ajuste que provocaron una serie de conflictos obreros. El plan Austral del gobierno de Alfonsín provocó más carestía para los asalariados.
En julio de 1985 los trabajadores de la Ford de la planta ubicada en la zona norte del conurbano bonaerense, toman la fábrica durante 18 días, para enfrentar los despidos patronales. Contaron con el apoyo solidario de organismos de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo, partidos de izquierda, así como de centros de estudiantes, comisiones internas combativas, como FATE, Terrabusi, Atlántida, y la UOM de Villa Constitución. Entre los conflictos laborales de aquel año, este fue uno de los mejores ejemplos de resistencia de la clase obrera al ajuste alfonsinista.
Alfonsín, el padre de la democracia, también fue otro ejemplo, burgués, de cómo derrotar las organizaciones obreras que superaban a la burocracia sindical. Ordenó un operativo de desalojo con más de 2000 policías, cientos de patrulleros, helicópteros, carros de asalto y tanquetas con las que rodearon la planta.

Estado de sitio

El 25 de octubre de 1985 el ministro del Interior, Antonio Troccoli, en una breve conferencia de prensa, anunciaba la medida, que se extendería por un lapso de 60 días. El Gobierno se reserva el derecho de arrestar a las personas, trasladarlas dentro del territorio nacional o darles la opción de abandonar por el país.
Habían pasado solo dos años que se derogaba el estado de sitio en el país. El 6 de noviembre de 1974, bajo el Gobierno constitucional de Isabelita Perón, se estableció el estado de sitio que sostuvo el régimen militar hasta poco antes de las elecciones de 1983.
La decisión del Gobierno de la Unión Cívica Radical, presidido por el doctor Raúl Ricardo Alfonsín fue cuestionada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación que declaró inconstitucional el decreto, que ordenó la detención de personas, en razón de no haberse dispuesto antes el estado de sitio, como hecho necesario para el ejercicio de las facultades que se ejercieron al dictarlo. Seis militares y seis civiles, entre ellos el analista Rosendo Fraga y los periodistas Daniel Horacio Rodríguez, del diario La Prensa, y Jorge Vago, director de Prensa Confidencial, a los que se los acusó por las amenazas de bomba en las escuelas porteñas, de los atentados consumados contra la sede del Comando en Jefe del Ejército y de desestabilizar al gobierno constitucional. Algunas versiones apuntan a que los atentados los provocó la coordinadora del Coti Nosiglia para otorgarle vía libre al gobierno de Alfonsín.
Lo cierto es que es que en abril de ese año comenzaron los juicios contra las tres primeras Juntas militares y las Fuerzas Armadas pedían que se cumpla con la Ley de Autoamnistía que en abril de 1983, el entonces presidente de facto Reynaldo Bignone firmó. Pero en 1985 se decide sacar los juicios de los tribunales militares. Lejos de pretender dar un nuevo golpe de Estado, los militares presionaban para conseguir mayor grado de impunidad por sus crímenes cometidos durante la dictadura, incluidos los crímenes de guerra, y por este motivo al año siguiente comenzaron los levantamientos carapintadas.
Aun así no había una amenaza de golpe sino, por el contrario, una utilización política del mismo. El 9 de noviembre de ese mismo año se celebraban elecciones legislativas, que sucedían en un contexto inflacionario y de lucha de clases. El régimen alfonsinista del Nunca Más, forzó la idea de un supuesto golpe que amenazaba a la “democracia” para que el electorado apoyara con su voto al partido gobernante, la UCR. Así logró un respaldo del 43 % en las elecciones.
El 29 de mayo de 1989, luego de varios saqueos en Rosario impulsados por la hiperinflación, Alfonsín vuelve a decretar 30 días de estado de sitio. La consecuencia esta vez serán 14 muertos, cientos de heridos y la entrega adelantada del poder a Carlos Menem.

Rosa D'Alesio

viernes, 27 de octubre de 2017

“La muerte de Maldonado puede provocar un levantamiento del pueblo mapuche”



Entrevista a Diego Ancalao, candidato mapuche al Senado de Chile por el Frente Amplio

Como mapuche dice estar alarmado por la muerte de Santiago Maldonado, un artesano que vivía en una comunidad indígena de la Patagonia argentina y cuyo rastro se perdió durante las protestas comunales contra el saqueo de tierras que practica la multinacional Benetton en esta zona del mundo. Pero como presidente del Instituto del Desarrollo Indígena (ILDI) asegura que no le sorprende su asesinato. “Tanto Argentina como Chile mantienen un conflicto histórico con mi pueblo por la usurpación de tierras que, a menudo, tratan de resolver con métodos violentos”, asegura. Diego Ancalao es maestro de escuela, tiene 36 años y nació en Purén, en pleno corazón de la Araucanía chilena, la referencia territorial para dos millones de mapuches. Inquieto y culto, concurre el próximo 19 de noviembre como candidato a senador por el Frente Amplio, una coalición de partidos de izquierda que se plantea superar la dicotomía tradicional del bipartidismo chileno. La pelea en la que está embarcado es por devolver a su pueblo el reconocimiento como nación que le arrebató la administración criolla. La muerte de Maldonado, presumiblemente a manos de la gendarmería argentina, lo trastoca todo. Los mapuches han vuelto a hacer sonar los tambores de guerra en una vasta región fracturada por dos Estados clave en la prospección de las tinieblas patagónicas, donde tantas atrocidades se han cometido y se siguen cometiendo en nombre de la codicia humana. “Puede producirse un gran levantamiento mapuche a ambos lados de la cordillera”, advierte Diego Ancalao en conversación telefónica sobre un conflicto olvidado pero que ha vuelto súbita y efímeramente a las primeras páginas de la actualidad.
¿Le sorprende que detrás de la muerte de Santiago Maldonado planee la sombra de la gendarmería argentina?
Lamento mucho decirlo pero no me sorprende. Es algo que viene sucediendo desde el siglo XIX con la ocupación de la Araucanía chilena y la guerra del desierto argentina donde el general Julio Roca proclamó aquello de que el único indio bueno es el que está muerto. Puede sonar fuerte dos siglos después pero la cultura de despojo y asesinatos practicada por ambos países contra el pueblo mapuche ha sido una constante desde 1861.
¿Cómo han encajado la muerte de Maldonado?
Con mucha preocupación. Porque lo que le ha sucedido a Santiago también está pasando en Chile, que es un voladero de luces. Es importante que la gente conozca, por ejemplo, que la mayor parte de los desaparecidos mapuches se han producido durante los gobiernos socialistas. En 2005, bajo la presidencia de Ricardo Lagos, desapareció José Huenante, un chico de Puerto Montt de 16 años. Se lo llevaron los carabineros y nunca más se supo de él. Tenemos a 14 mapuches muertos en los últimos años a manos de la policía, unos con tiros por la espalda, otros a golpazos. Es una realidad que nos duele mucho y que nos hace desconfiar bastante sobre la buena intención del Estado en reconocer nuestros derechos como pueblo.
¿Por qué?
Porque estamos convencidos de que los intereses económicos, tanto chilenos como argentinos, están por encima de los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre sus tierras. Aquí se han restituido tierras, mediante una ley diseñada para el desarrollo indígena, que sólo suman alrededor de 900.000 hectáreas, una minucia si se compara con los tres millones de hectáreas apropiadas en Chile por la celulosa Mininco, de la familia Matte, y por la Arauco, de la familia Angelini. O sea, que dos familias poseen tres veces más de territorio que todo el pueblo mapuche desde el río Biobío hacia el sur. Para el Estado chileno son más importantes los derechos económicos de esas dos familias que los derechos políticos de un pueblo.
La situación parece peor en Chile que en Argentina
Así es. Uno de los motivos es que, a diferencia de Chile, Argentina es un Estado federal. Aunque mínimamente, esto ha servido para que se reconozcan algunos derechos a la comunidad de Río Negro, o para que se permita la existencia de un canal televisión mapuche. De hecho, la Constitución argentina permite la reclamación de tierras de los pueblos originarios. Sin embargo, esos derechos tan solemnes han comenzado a ser recortados con la política del actual gobierno que, como el chileno, ha decidido beneficiar a empresas como Benetton. Esta firma compró en 1991 cerca de 900.000 hectáreas de tierra para la explotación ovina en la Patagonia. Además, ha rechazado públicamente el derecho constitucional de los mapuches a reclamarlas porque considera que no son ciudadanos argentinos originarios sino chilenos.
¿Cuál puede ser la reacción del pueblo mapuche al asesinato de Santiago Maldonado?
Si se confirma esa brutalidad, puede producirse un gran levantamiento del pueblo mapuche a ambos lados de la cordillera, en el Puelche chileno y en el Wallmapu argentino. No podemos permitir más que los Estados sigan maltratando y matando a quienes tratan de resistir pacíficamente a la dominación de su territorio. Sería una prueba más de la violación total de los derechos humanos y supondría una transgresión completa de la soberanía de nuestro pueblo. Esto situaría en el centro del debate público y político los derechos que nos han sido arrebatados por estos dos Estados a lo largo de la historia.
¿Cuáles son sus reivindicaciones políticas?
La primera es la devolución del territorio. En segundo lugar, restitución de los derechos políticos para decidir el futuro como nación del pueblo mapuche que vive a ambos de la cordillera. Exigimos una compensación por los tratados que, especialmente el Estado chileno, ha violado con mi pueblo. Reclamamos que los 22 presos políticos mapuches sean liberados y también pedimos la derogación de una ley antiterrorista vigente que niega un proceso judicial justo a nuestros ciudadanos encausados.
¿A qué atribuye esta actitud implacable hacia los mapuches?
Los dueños del territorio que nosotros reclamamos han comprado la voluntad política de la mayoría de los parlamentarios chilenos. Eso está comprobado. Un ejemplo es que algunos de los presos mapuches se encuentran en prisión en función de la ley de pesca. Y otro elemento es que en Chile se ha instaurado lo que llaman en Alemania el derecho penal del enemigo. Es decir, considerar a toda persona que hable otro idioma, tenga otro origen y posea reclamaciones políticas no recogidas en la Constitución como enemigo del Estado. Esta anomalía no sólo justifica la violencia contra los mapuches, sino que nos mantiene en una permanente lucha para demostrar que no somos terroristas. Tanto es así que aprovechando esta batería de medidas, el ministro de Interior implementó la Operación Huracán el pasado mes de septiembre en la Araucanía, un operativo utilizado para allanar viviendas sin orden judicial y para detener a ocho personas acusadas de pertenecer a una supuesta asociación ilícita. Pues bien, todos ellos acaban de ser puestos en libertad por la Corte Suprema por falta de pruebas.
Parece que habla de la época de Pinochet
Es que para nosotros es muy similar. Hay miedo en las comunidades indígenas a la impunidad con la que actúa la policía. Los candidatos conservadores para las elecciones presidenciales de noviembre ya han anunciado que tienen previsto aplicar el estado de sitio en la Araucanía, lo que significará militarizar toda la región. Esa es una amenaza muy grave y dramática.

Gorka Castillo
Ctxt

Una fiscal dictaminó frenar el desalojo de los trabajadores del hotel Bauen

Pidió que se aplique un amparo presentado hace siete meses en favor de quienes trabajan en el hotel recuperado por sus trabajadores luego de que lo vaciaran sus dueños.

La fiscal general ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, Gabriela Boquín, pidió que se declare la inconstitucionalidad del decreto presidencial que vetó la declaración de utilidad pública los inmuebles del Hotel Bauen.
La medida, en base a un amparo presentado el 20 de marzo de este año, lleva a que se promulgue la ley 27.344 en ese sentido. Asimismo, los trabajadores requirieron como medida cautelar de no innovar, con el fin de evitar el desalojo que derivó de la acción de Mauricio Macri.
La fiscal Boquín señaló que es competente “por conexidad” para intervenir en el conflicto el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N°9 y la Sala C de la Cámara Comercial.
El 12 de septiembre pasado la Sala C dispuso en la mencionada quiebra la restitución inmediata del inmueble para el primer lunes del mes de diciembre del corriente año y rechazó las articulaciones de la cooperativa de trabajadores que explota el hotel y logró sacarlo adelante después de muchos años de labor.
El proyecto legislativo que derivó en la ley 27.344 había sido sancionado el 30 de noviembre de 2016 y contempló la declaración de utilidad pública y la expropiación de los inmuebles y todas las instalaciones que componen el edificio del Hotel Bauen, ubicados en Callao 346, 350 y 360 de Buenos Aires, y todos los bienes muebles e inmateriales, incluidos marcas y patentes, que tuvieran relación con la explotación turística, social y comunitaria que se desarrolla en el hotel, según especificó el portal Fiscales.gob.ar
El proyecto establecía la cesión en comodato de los bienes expropiados a la Cooperativa de Trabajo Buenos Aires una Empresa Nacional Limitada para la consecución de su objeto social, con la condición de dar continuidad a las actividades culturales, educativas y sociales que desarrolla, y de mantener su actividad productiva como fuente creadora de trabajo.
También contemplaba que una parte de las instalaciones debía estar destinada para el desarrollo de prácticas educativas laborales y la celebración de convenios con Universidades públicas para realizar prácticas relacionadas con las carreras de Turismo, Gastronomía, Hotelería, Cooperativismo y socioculturales.
Además, la cooperativa del Bauen prevé destinar al menos 30 % del hotel para brindar cobertura a pasajeros del turismo social y para las derivaciones médicas de todo el país efectuadas a través del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados.
“Han transcurrido siete meses y no sólo no se ha dirimido quién es el Juez que resolverá el tema sino que tampoco ha sido tratada la medida cautelar solicitada”, indicó la fiscal.
En ese sentido, Boquín recordó que existe doctrina que sostiene que el principio general indica que los jueces deben abstenerse de dictar medidas precautorias cuando el conocimiento de la causa no fuese de su competencia, pero que “en supuestos de excepción podrán hacerlo”, a condición de que se trate “del dictado de una medida urgente, que no admita demora y como único modo de proteger el derecho involucrado en la pretensión”.
Explicó que en el caso la urgencia se encontraba configurada por la circunstancia relativa a que el desalojo fue establecido para el primer lunes de diciembre del corriente año.

Mario Hernandez

Para que la investigación no quede en la nada



Los familiares de Santiago expresaron sus temores de que la causa no avance y reclamaron a la CIDH que extreme las medidas para garantizar la investigación. Pidieron la participación de un grupo de veedores independientes.

Verónica Heredia abrió la conferencia de prensa. Había terminado la reunión convocada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por Santiago Maldonado, en un escenario de enorme tensión por las presiones del gobierno argentino para que el organismo interamericano retire la medida cautelar. “Este viaje fue porque entendemos que la CIDH debe acompañar a la familia a encontrar la verdad y la justicia. Hoy lo que está en peligro es una investigación imparcial, independiente, pronta. Esta investigación debe llevarse adelante y nosotros tememos que esta investigación no se realice. Por eso venimos a pedirle a la CIDH que ya que el Estado no cumplió con la medida cautelar que era proteger la vida, la integridad y todos los derechos de Santiago, ahora garantice que la investigación pueda llevarse adelante”. En ese contexto, volvieron a pedir “que se conforme un grupo de expertos independientes, que puedan ser veedores y garantizar esta una independencia que hoy entendemos que no está garantizada”. Y frente a las hipótesis o diagnósticos que buscan cerrar la investigación, dijeron: “Hoy no sabemos ni cuando, ni dónde, ni por qué murió Santiago”.
A su lado, estaba sentado Sergio Maldonado y su esposa Andrea Antico. Más de veinte medios de comunicación uruguayos siguieron la conferencia de prensa, representantes de los siete noticieros centrales de Montevideo, agencias internacionales, prensa escrita, radio y televisión. La única audiencia de la CIDH con esa cobertura. Sergio volvió a pedir allí la renuncia de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich “pero no me escuchan”, dijo. La familia volvió a responsabilizar a la Gendarmería por lo que aún después del hallazgo del cuerpo definen como “desaparición forzada ahora seguida de muerte”. Adelantaron que la CIDH puede derivar el caso a la CorteIDH donde el Estado argentino puede recibir una condena y fueron muy críticos con las declaraciones que hizo el juez Gustavo Lleral tras la primera confirmación de la identidad de Santiago el viernes antes de las elecciones. “Digamos que podría haber esperado un poco más y anunciarlo cuando estuviera el resultado final –dijo Sergio–. No apresurar y decir que (el cuerpo) no tenia signos de violencia cuando en realidad no estaba la autopsia terminada”.
De la reunión participó también la organización Naturaleza de Derechos, parte de los peticionantes. Y de parte del Estado argentino estuvo el secretario de derechos humanos Claudio Avruj, que no participó de la reunión del día antes por el caso Milagro Sala. También estuvo Javier Salgado por Cancillería, además de abogados de la secretaría de Derechos Humanos y del ministerio de Seguridad. La reunión se hizo a puertas cerradas.
No fue una audiencia pública sino una reunión de seguimiento convocada por el organismo como sólo hace cuando observa situaciones graves. Verónica Heredia dijo que los comisionados pidieron reserva sobre lo que sucedió. Pero cuando fue consultada específicamente sobre posibles aportes del gobierno argentino en el encuentro, dijo: “Los integrantes del gobierno argentino no aportaron nada”. Este diario supo un día antes que el gobierno está presionando a la organización para que retire la cautelar. Aunque desde la CIDH no lo confirmaron, uno de los participantes explicó que los funcionarios parecieron impulsar esa postura en potencial: dijeron que el caso estaría resuelto. Quienes participaron creen que el gobierno no dijo todo lo que quería decir inhibido por la presencia de la familia y que los pedidos que harán, los presentarán por escrito. También que la reunión fue respetuosa pero con momentos de tensión. Sergio cruzó a Avruj, le reprochó el llamado de Macri. Y que Bullrich haya defendido a la Gendarmería. Que Avruj le pidió disculpas y que ellos no hablaban la ministra.
Y en el encuentro se habló del rol de los medios de comunicación. Ese fue otro punto fundamental de la conferencia de prensa: un planteo sobre los medios en lo que entienden como un nuevo tipo de desaparición en democracia. “Noso- tros seguimos insistiendo que estamos frente a una nueva manera de desaparición forzada que es en democracia y mediatizada. Estamos denunciando cómo hoy los medios de comunicación, reproducen, magnifican un hecho de la gravedad de Santiago. Pareciera que no necesitamos 30 mil desaparecidos, que con uno se disciplina al resto de la sociedad con efectos del terror que genera una desaparición”.
En el comienzo, entonces hablaron del duelo pero también subrayaron que el cuerpo fue encontrado en un lugar que ya había sido investigado en más de cuatro ocasiones. “Vinimos desde Argentina a la audiencia a la que nos convocó la Comisión Interamericana en el marco de la medida cautelar a favor de Santiago. Nosotros vinimos muy doloridos. Estamos de duelo”, dijo Verónica Heredia. “El viernes 20, Sergio y Germán, reconocieron el cuerpo de Santiago que fue encontrado el día 17 de octubre en un lugar donde el Estado ya había ingresado en más de cuatro oportunidades. El lugar a donde se encontró el cuerpo era un lugar totalmente visible. No es que se encontró el cuerpo porque usaron más o menos buzos o perros o gomones. Se encontró el cuerpo porque el cuerpo estaba”. Y agregó: “A partir de ese momento desde el 17 al 20 estuvimos esperando confirmar si el cuerpo era de Santiago, y a partir del 20 estamos de duelo”.
Alguien preguntó a Sergio por un tatuaje en el cuerpo. Sergio dijo que se lo hizo el martes. Es una imagen de su hermano. Les preguntaron por el llamado del presidente Mauricio Macri a la familia. Sergio volvió a decir que “se comunicó inoportunamente el viernes antes de las elecciones para salir a anunciarlo y usarlo como campaña política. Después de 81 días que no se había preocupado por nosotros, llamó a mi mama en el estado que estaba. No le dijo más nada. No terminó ni decirle quién era”. Cuando les preguntaron por la responsabilidad de la Gendarmería, nuevamente fueron contundentes.
“Todas las pruebas que están en los expedientes dan cuenta hoy, una vez mas –dijo Heredia– que gendarmería es la responsable de la muerte de Santiago”. Y explicó que está acreditada el ingreso de la Gendarmería mas de 130 personas de manera violenta, ilegal y brutal “sin orden judicial al lugar donde se encontraba Santiago. Desde ese momento, el Estado negó, ocultó, desvió la investigación. Entonces las pruebas que tenemos de la responsabilidad de Gendarmería son los hechos que están acreditados en el expediente y que además todo el mundo ha visto por televisión”.
Andrea habló de las próxima marcha y del acompañamiento de la gente. Verónica Heredia dijo que aún no hay ningún resultado de la autopsia como respuesta a una de las preguntas pero también a la campañas de difusión de los medios oficialistas que intentan ponerle un punto final a la investigación. “No hay ningún resultado de la autopsia -dijo–. Los resultados en principio fueron un informe, pero faltan los puntos de pericia. Hoy no sabemos ni cuando, ni dónde, ni por qué murió Santiago. No estamos notificados del informe. Si bien participaron peritos de nuestra confianza hasta que no estemos notificados, desconocemos todo lo que están diciendo, quién lo dice y por qué”.
Cerca de las ocho de la noche comenzaron a oírse los primeros cantos frente al Palacio Legislativo y algunas bombas de estruendo, primeras señales dirigidas a acompañar a la entrada de familiares al encuentro. “No hay duda: a Santiago lo mató el Estado”, decía una de las banderas. “La tierra no se vende”, señaló otra en una hilera en la que se habían ubicado también las de la Resistencia Ancestral Mapuche. Entró Sergio, su esposa Andrea Antico, la abogada y el perito Alejandro Incháurregui. Poco mas atrás entraban también los dos abogados de Naturaleza de Derechos con Soraya Maicoño Guitart, vocera de la comunidad mapuche del Pu Lof en Resistencia de Cushamen, y Fernando Joanes Huala.
Qué hará la CIDH con los pedidos no se sabe, pero se espera alguna primera señal hoy al mediodía cuando se haga la conferencia de prensa prevista para el cierre de las audiencias.

Alejandra Dandan
Desde Montevideo

jueves, 26 de octubre de 2017

"Siguen encubriendo a la Gendarmería" // Liliana Alaniz en C5N sobre Santiago Maldonado

"Que De Vido diga qué empresas y cuánto pusieron de sobreprecio" // Pitrola en C5N

Un "gran acuerdo"... contra los trabajadores



El gobierno se ha servido de su victoria electoral para redoblar una escalada contra los trabajadores y la mayoría explotada.
En medio de tarifazos en las naftas, el gas y otros servicios públicos, ha convocado a una gran reunión a las cúpulas empresariales, los gobernadores y la burocracia sindical.
La agenda del acuerdo que pretende bendecir es conocida: reforma laboral precarizadora, aumento de la edad jubilatoria, privatización del hospital público, destrucción de la enseñanza media.
Macri explota las corruptelas kirchneristas para presentar a esta cruzada antiobrera como una “lucha contra las mafias”. Pero en el escenario del “gran acuerdo”, estarán todos los capitalistas que se sirvieron de los De Vido -y también del gabinete actual- para saquear al país y a sus trabajadores.
También estarán los gobernadores del PJ o el FpV, socios del ajuste oficial. Los capos de la CGT, a su turno, onfirmarán su compromiso de fondo con la liquidación de las conquistas laborales. A este acuerdo contra la clase obrera es necesario que le opongamos un programa y una política de lucha: para defender incondicionalmente
los convenios laborales, para luchar por el 82% móvil; para defender el hospital público y las conquistas educativas.
El más de un millón de votos obtenido por el Frente de Izquierda en todo el país es un claro pronunciamiento en ese sentido.

Partido Obrero

Las elecciones del 22 de octubre



La victoria electoral del macrismo ha puesto de manifiesto, por un lado, el férreo respaldo de la clase capitalista al proceso económico y político puesto en marcha en diciembre de 2015 y, del otro, un aval al mismo por parte de un sector importante del electorado. El gobierno se alzó con la victoria en trece provincias, incluidas en ellas a los cinco distritos cruciales de Buenos Aires, Capital, Mendoza, Santa Fe y Córdoba. En Salta, el macrismo venció a Urtubey, un aliado al gobierno y aspirante presidencial de una renovación pejotista. En la Rioja derrotó al propio Menem. En los dos distritos donde aspiraba a una victoria, Buenos Aires y Santa Fe, el kirchnerismo fue derrotado. Al voto al gobierno, que supera el 40% del padrón nacional, hay que sumarle los que recibieron las opciones pejotistas filomacristas, por lo que la victoria del campo del ajuste es contundente. La burguesía saludó con una suba en la bolsa este aval a un proceso de rescate capitalista de la mano del capital internacional, que ha sumado casi 100.000 millones de dólares de deuda en dos años y enormes ganancias al capital financiero.
Semanas atrás, en el Coloquio de Idea, los voceros del gran capital saludaron el rumbo económico y, sobre todo, la agenda de “reformas” antiobreras planteada de aquí en adelante. Es necesario, sin embargo, caracterizar el apoyo que cosechó esta salida en una vasta porción del electorado. El gobierno presentó a su planteamiento económico como el único plan de salida a la crisis que dejó el kirchnerismo, incluso con los agravios que conlleva contra los trabajadores y la población explotada. La salida del cepo y el retorno del financiamiento internacional ha dado lugar a un reendeudamiento potencialmente explosivo, que en lo sustancial recicla la deuda anterior, por un lado, y, por el otro, financia un déficit fiscal que es resultado de un régimen acentuado de incentivos al capital -reducción de impuestos a las exportaciones, exenciones a grupos capitalistas, subsidios a la ‘nueva’ producción gasífera.
En una porción menor, sin embargo, el endeudamiento ha reactivado parcialmente la obra pública y también el crédito privado, incluyendo en esto a un sector de los trabajadores. Este endeudamiento también se produce en condiciones usurarias y potencialmente confiscatorias, como ocurre con el crédito de consumo, donde los trabajadores compensan con deudas la caída de sus salarios, o con las nuevas líneas hipotecarias -UVA, cuyo repago se indexa sin tener en cuenta la evolución de los ingresos del deudor. En otro orden, el macrismo redobló la explotación política de la corrupción kirchnerista, de cuyas causas se pretende valer para envolver en una pátina “moral” la escalada de medidas ajustadoras. Del mismo modo, tomó el eje de las “mafias sindicales” y encarceló al “Pata” Medina, pero sólo para forzar a los otros mafiosos a sentarse a discutir -y entregar- la reforma laboral.

Crisis de dirección

Pero ninguna determinación puramente económica explica esta aceptación electoral. La cuestión central pasa por la crisis de dirección del movimiento obrero. En estos casi dos años de macrismo, la clase obrera desplegó enormes esfuerzos para rechazar la política de cierres fabriles, despidos y paritarias con cepo. En ese derrotero se encuentra la lucha de AGR, de Pepsico y de un importante conjunto de fábricas. Estas luchas, o fueron aisladas por las burocracias de sus gremios en el propio conflicto -como Banghó- o soportaron luego el bloqueo de las centrales obreras. Después del paro del 6 de abril, la CGT no sólo dejó librados a su suerte a los conflictos sino que terminó sumándose abiertamente a la negociación de la reforma laboral con el gobierno. El kirchnerismo jugó un papel crucial en ese proceso: la Corriente Federal de los K no levantó nunca los pies del plato respecto del pacto entre Macri y la CGT. La propia Cristina, incluso, desalentó cualquier tentativa siquiera de movilización de los gremios kirchneristas -ello, en nombre de que “había que asestarle al gobierno un golpe en las urnas” que, finalmente, tampoco pudo concretar. Lo mismo puede decirse de la gran huelga docente, que el yaskismo nunca preparó en la perspectiva de infligirle una derrota al gobierno.
En este balance ocupa un capítulo especial el caso Maldonado y su desenlace sólo provisorio -la aparición e identificación del cuerpo del joven, en las vísperas mismas de las elecciones. Esta desaparición, ocurrida en medio de una represión ordenada desde el mismo Ministerio de Seguridad, provocó una fuerte conmoción popular, que dio lugar a movilizaciones masivas. Esa intervención popular terminó colocando en crisis a las maniobras de encubrimiento del gobierno, que sembró versiones falsas sobre el paradero de Maldonado para proteger a la Gendarmería. La crisis se coló directamente en la campaña electoral, incluso con una directa intervención nuestra: ello ocurrió en el debate de Capital, cuando Ramal emplazó a Carrió a pronunciarse sobre el tema, desatando un desbarranque de provocaciones verbales que obligaron al gobierno a retirarla de la campaña. En un diario oficialista como La Nación, varios columnistas expresaron preocupación sobre una posible caída importante de votos de la candidata oficial. Pero en las horas decisivas, cuando el cuerpo de Maldonado aparece y es identificado, el gobierno logra retomar la iniciativa en base a una furiosa campaña mediática que busca desacreditar al movimiento que luchó por la aparición de Santiago. Cuando el juez de la causa se apresura a anunciar que el cuerpo de Maldonado “no tiene heridas”, apuntando así a una muerte accidental, se imponía una fuerte respuesta popular para rechazar esta operación política y sostener la responsabilidad de fondo del Estado y el gobierno en la desaparición forzada. El kirchnerismo boicoteó la movilización popular y facilitó las manipulaciones oficiales.
Para que una parte del voto popular fuera capturado por el macrismo, debió mediar previamente este trabajo implacable, de la burocracia y de la oposición patronal, contra las reservas de lucha de la clase obrera y, en general, del movimiento popular.

Vuelta de tuerca en el ajuste

El gobierno se valdrá del aval electoral para tentar una vuelta de tuerca drástica en el ajuste, lo cual había sido planteado claramente por los voceros del capital financiero -Morgan Stanley- en el curso de la campaña. El ajustazo es, en primer lugar, una exigencia de los usureros para que la deuda -que ya supera las dos terceras partes del producto- cuente con una garantía de repago. El Coloquio de Idea, en este sentido, operó como un apoyo y, a la vez, como un emplazamiento al gobierno, en la línea de las reformas “en serio”. Este viraje, que fue disimulado durante la campaña electoral, fue el corazón de los anuncios de Macri en la conferencia de prensa de este lunes. La agenda plantea, en primer lugar, la reforma impositiva, que es el corazón del ‘nuevo’ pacto federal con los gobernadores. Se trata de una reducción de los impuestos que gravan a los capitalistas y, como contraparte de ello, un progresivo plan de ajustes en los gastos de las administraciones provinciales, con despidos incluidos y con la modificación de sus regímenes previsionales. En torno de este acuerdo deberá articularse la “gobernabilidad” entre el macrismo y los senadores o gobernadores del Pejota. La agenda oficial incluye, por supuesto, a la reforma laboral, que avanza en los acuerdos gremio por gremio, pero que exigirá también medidas legales de alcance general, a ser debatidas en el Congreso. Es el caso de la nueva reducción de aportes patronales que se discute como contrapartida de un blanqueo laboral. A su turno, esa caída de los ingresos previsionales empujará a la reforma del régimen jubilatorio, con el aumento de la edad para el retiro. El paquete oficial se completa con una reforma educativa que subordine definitivamente a la enseñanza media a las necesidades del capital (en la línea de lo que se implementa en Ciudad de Buenos Aires), con un régimen de “cobertura única de salud”, que comporta un principio de privatización del hospital público y una nueva escalada de tarifazos.
Esta declaración de guerra será fuente de choques y luchas en todos los terrenos del movimiento de las masas, que tendrán que ser preparadas a través de una intensa tarea de propaganda, agitación y organización. Por otra parte, el plan oficial enfrenta los límites más generales que plantea la marcha de la crisis capitalista. La sobreabundancia de liquidez internacional -que ha facilitado la financiación de la bicicleta “macrista”- podría continuar durante todo un período y darle aliento al plan de endeudamiento oficial. Pero no puede excluirse una reversión brusca en el flujo de capitales, como consecuencia de un agravamiento de la crisis mundial. Ello podría conducir a una brusca eclosión del planteamiento económico del gobierno.

Peronismo y kirchnerismo

La elección ha marcado un punto muy alto en la desintegración del peronismo, y, como parte de él, del kirchnerismo. Apenas pasados los comicios, parte de los intendentes que apoyaron a Cristina ya han comenzado a desfilar por el despacho de Vidal, como antes lo habían hecho con Pichetto. En la propia campaña electoral, el kirchnerismo reveló su impotencia para actuar como referencia opositora al macrismo. CFK cuestionó genéricamente al ajuste y al endeudamiento, pero nunca planteó el repudio de la hipoteca usuraria que su propio gobierno contribuyó a consolidar. Después de las Paso, Cristina acentuó un perfil pejotista, en la expectativa de blindar el apoyo de los intendentes del conurbano. Un capítulo especial del desbarranque K han sido las críticas al régimen venezolano, como señal indudable de un alineamiento continental estratégico en torno de una salida de recolonización económica y política de la mano del imperialismo. La decadencia del kirchnerismo plantea el fracaso de una tentativa tardía de rescate del nacionalismo burgués en la Argentina, y le plantea al Partido Obrero una enorme batalla política en el movimiento obrero y la juventud.

El Frente de Izquierda

El Frente de Izquierda obtuvo 1.150.000 votos, lo que implica un crecimiento del 25% respecto de la votación en las Paso y un registro similar al que alcanzamos en 2013. En Buenos Aires, la tentativa de polarización entre las candidaturas de Bullrich y Cristina, que golpearon fuertemente al massismo y al PJ de Randazzo, no afectaron al FIT, que logró 500.000 votos en una votación homogénea entre las candidaturas de senador y diputado. En este cuadro, estamos consiguiendo el ingreso de dos diputados y un legislador provincial. En la Ciudad de Buenos Aires hicimos nuestra mayor votación, quedando a pocas décimas del ingreso del diputado pero conquistando por primera vez dos legisladores. Este progreso en Ciudad y Buenos Aires debe confrontarse con retrocesos en otros distritos donde el FIT había alcanzado grandes votaciones en 2013 y ahora retrocedimos. Es el caso de Salta, Mendoza y Córdoba. Estamos peleando el legislador provincial en Catamarca y, un poco más lejos, en Santiago del Estero, en tanto conquistamos la concejalía de la capital neuquina. La enorme votación alcanzada en Jujuy, con el ingreso de cinco legisladores y una votación a diputado nacional que supera al Pejota en la capital de la provincia, ha tenido lugar en medio de una aguda crisis del PJ. Hemos obtenido casi el 10% en Santa Cruz y crecimos fuertemente en Tucumán, pasando del 3% en elecciones anteriores a casi el 5%.
La campaña electoral ha demostrado, de un modo todavía más agudo que en el pasado, que el Frente de Izquierda, siendo una indudable referencia electoral, está lejos de constituir un polo político capaz de vertebrar cotidianamente a la clase obrera en la lucha contra el Estado y los partidos capitalistas. Pasadas las Paso, el Partido Obrero le propuso al FIT un plan de acción, dirigido principalmente a una acción resuelta para la conquista del voto en la clase obrera y sus sectores más activos. Este planteo, y otras iniciativas de frente único -comenzando por los elementales spots comunes-, fueron rechazados por el PTS. Sin perjuicio de ello, organizamos con IS el plenario obrero en apoyo al FIT en la cancha de Lanús, que agrupó y atrajo a un importante abanico de activistas y dirigentes obreros en torno de la lucha electoral planteada y de iniciativas de lucha contra el ajuste y la reforma laboral. Nuestra campaña levantó con fuerza la denuncia del pacto Macri-CGT, golpeando a todas las alas del PJ que sostienen a la burocracia y al sector de la izquierda que mantiene ilusiones en el moyanismo o en la Corriente Federal.
Nos esforzamos en asociar la campaña del PO a los grandes episodios de la crisis política y de la lucha de las masas, al punto que fuimos acusados de ello en varias oportunidades por los voceros mediáticos de la burguesía. Los voceros del Partido Obrero asumieron un lugar protagónico en la lucha electoral, como resultado de una orientación definida de delimitación y lucha contra el gobierno ajustador y la impotente oposición patronal.

Lo que viene

Para el Partido Obrero, la votación alcanzada es una importante plataforma para el desarrollo de una oposición política al macrismo sobre bases obreras y socialistas, que deberá concentrarse ahora en los sindicatos y en todas los terrenos donde tendrá lugar la deliberación y las luchas respecto de las iniciativas reaccionarias del gobierno. La agenda que el gobierno anunciará en su “gran acuerdo” con los gobernadores, la burocracia sindical y las centrales empresarias debe ser enfrentada con un programa y un plan de acción, que debe desenvolverse en las organizaciones obreras, en la juventud y también en los parlamentos -ese debe ser el contenido de una política de frente único. El balance y las conclusiones de la gigantesca batalla política que dimos en estos meses es la premisa ineludible para conquistar y agrupar a los centenares de compañeros que hemos sumado.

Extractos de una resolución del Comité Nacional del PO (24/10)

Caso Maldonado: Alfredo Olmedo, un derechista en el mundo del revés

En la Cámara de Diputados, el salteño pidió que se condecore al gendarme Echazú, uno de los sospechados por la muerte de Santiago Maldonado.

“Voy a hablar un poquito sobre el caso Maldonado”, anunció vestido con su clásica campera amarilla el diputado salteño Alfredo Olmedo. El legislador se caracteriza por sus posiciones reaccionarias, siempre del lado de los poderosos –responde a una cuestión de clase: su familia es una de las más grandes latifundistas de la provincia salteña y es uno de los grandes beneficiados del meganegocio de la soja–, y por una brutalidad al expresarlas que lo resalta entre los derechistas que tratan de hacerlas pasar desapercibidas. Generalmente, vota emblocado con el oficialismo.
“Si la justicia es justicia, tiene que investigar al ´testigo E´ –dijo el diputado, en referencia al mapuche que habría testificado reservando su identidad ante abogados de la APDH-: primero por falso testimonio y después por abandono de persona, porque declaró que Santiago Maldonado murió ahogado porque lo abandonó”.
En el razonamiento fascistizante de Olmedo, un mapuche perseguido por la represión ilegal de la Gendarmería debería ser castigado por la justicia. “Y al gendarme que está lastimado –concluyó Olmedo, en referencia a Emmanuel Echazú, quien sufrió una fractura de mandíbula, según sus dichos, por un piedrazo durante la represión–, que estaba obedeciendo a su patria y honrando a su patria, lo deberán condecorar”.
Echazú no sólo es uno de los principales sospechosos en lo que respecta a los últimos momentos en que se vio con vida a Santiago Maldonado, sino que además mintió ante la justicia acerca de que no había llegado a la orilla del río, contradiciendo el informe que él mismo redactó de puño y letra luego de que se realizaran los aprestos represivos, incluso a pesar de tener una fractura doble en la mandíbula.
En el mundo de Olmedo la justicia debería funcionar al revés: castigando a las víctimas y premiando a los victimarios. Olmedo lo dice. Es el espíritu que anima a Patricia Bullrich, Pablo Noceti y Elisa Carrió, que encubren a los culpables y apuntan sus dardos contra Santiago Maldonado.
Como para confirmarlo, un diputado de Cambiemos se acercó a felicitarlo por su intervención.

Antonia Torrebruna

Desafuero de De Vido: "Macrismo y kirchnerismo son dos variantes de saqueo al país"

El bloque de diputados del PO-FIT votó por el desafuero del ex ministro. Pablo López denunució que el macrismo "usa el caso de De Vido para tapar el ajuste".

“Acá se dice, y seguramente lo van a colocar mañana en la tapa de los diarios, que esto pone fin a la corrupción y a la impunidad en la Argentina. Es completamente falso: sigue el régimen y los empresarios que se han beneficiado”, sintetizó Pablo López, diputado del Partido Obrero y del Frente de Izquierda, en el debate de la Cámara Baja previo a la aprobación del desafuero de Julio De Vido.
En la sesión, en la que el Frente de Izquierda votó a favor del desafuero solicitado por el poder judicial, el diputado salteño comenzó su intervención señalando que “es claro que Julio De Vido ha sido una pieza fundamental de un régimen de vaciamiento, de un régimen de precarización laboral, de un régimen de desfalco que ha sido pagado crudamente por los trabajadores de este país con la masacre de Once o con el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra hace 7 años”.
En ese marco, López denunció una “maniobra política” del macrismo y los representantes de otras fuerzas presentes en el recinto: “no les interesa el combate contra la corrupción; lo que quieren es apoyarse en el caso De Vido para dejar en pie a todo el régimen empresarial que se benefició con la corrupción” del ex ministro de Planificación bajo el kirchnerismo. Señaló que “se mantiene en pie a toda la patria contratista, a la Cámara Argentina de la Construcción, a los Odebrecht, a Electroingeniería, a las propias empresas de la familia del presidente (como la empresa Iecsa)”; denunció que “la justicia que ha garantizado la impunidad en este país va a seguir; los jueces que hoy se acomodan para un lado y que antes estaban a favor del gobierno anterior” y remarcó que se busca “mantener la corrupción de este gobierno, que ha permitido el blanqueo de capitales a la familia del presidente, que ha querido eximirse de la deuda que tiene con el Correo Argentino, entre tantos otros casos”
A su turno, el diputado afirmó que “quieren apoyarse en una supuesta lucha contra la corrupción para tapar el brutal ajuste que anunció el día lunes el presidente Macri, con la reforma laboral flexibilizadora y la elevación de la edad jubilatoria” y que fue pedida por los empresarios beneficiarios del régimen corrupto en el reciente coloquio de Idea.
“Acá hay un hecho político también importante: la ausencia del bloque del Frente Para la Victoria y el silencio del bloque Justicialista en este debate muestran que no pueden levantar la hipoteca de la gestión vaciadora que hicieron” afirmó López, destacando que tal actuación “muestra su incapacidad para denunciar aquí el ajuste, el endeudamiento, la entrega del país y esta maniobra política. No pueden ser una oposición, no son ni siquiera capaces de denunciar la corrupción macrista”.
Con estos señalamientos, el diputado concluyó que “los trabajadores necesitan construir una alternativa política propia, y en eso están empeñados el Partido Obrero y el Frente de Izquierda. Esa es la lucha que vamos a encarar enfrentando el ajuste, enfrentando la corrupción, y luchando por un gobierno de los trabajadores, que va a ser el único que va a acabar con este régimen de corrupción, de saqueo y de explotación que hoy gobierna la Argentina.”

Prensa Obrera

Macrismo recargado y las tareas que nos esperan

La inobjetable victoria del macrismo a nivel nacional plantea un enorme desafío para el conjunto de fuerzas que bregan por un país justo, democrático y soberano. Hoy, debido al lento pero irresistible –irresistible por ahora, como una vez dijera Hugo Chávez- ascenso de la derecha, la Argentina se ha convertido en un país más injusto, menos democrático y más dependiente. ¿Qué hacer ante tamaña involución? ¿Cómo enfrentar a esta conjura de la plutocracia local, sus mandantes en Washington y su ejército de publicistas y propaladores de eficaces “posverdades” que lograron que un 41.7 % de la población votase alegremente por quienes han demostrado que gobiernan para los ricos y con los ricos y que están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias una suerte de eutanasia de los pobres, los viejos, los jóvenes, los excluidos? Para responder a esta pregunta es preciso primero reconocer exactamente la fortaleza del adversario y, autocrítica mediante, nuestras debilidades. Ambas se combinaron para producir esta nueva derrota del espacio progresista y de izquierda nucleado en torno a la figura de Cristina Fernández de Kirchner.

Una celebración desmesurada

La gritería de la derecha ha incurrido en toda clase de hipérboles para celebrar el triunfo del macrismo. Victoria “enorme”, “histórica”, “¡hazaña histórica!” dijo uno, “arrasadora”, “líder de otra galaxia” según uno de los principales consultores políticos, son algunas de las expresiones utilizadas para caracterizar lo ocurrido el pasado domingo. ¿Cómo calificar entonces la victoria de Raúl Alfonsín en 1983, que consagró la primera derrota presidencial del peronismo a lo largo de su historia? ¿O, sin ir más lejos, el 54% de CFK en el 2011? Es obvio que un desbordante optimismo campea en las filas de la derecha. Sin embargo, el analista no puede dejarse llevar por ninguno de estos excesos, que con signo contrario también se escucharon luego de conocido el veredicto de las urnas en el bunker de CFK en Sarandí. Una actitud más sobria, menos propensa a esa “desmesura” que muchos de los operadores macristas le achacaban con exclusividad al kirchnerismo demuestra que los guarismos obtenidos por Cambiemos son prácticamente idénticos a los que Néstor Kirchner cosechara en su primera elección parlamentaria luego de llegar a la Casa Rosada: 41.7% para el macrismo, 41.6% para el santacruceño en el 2005. En ambos casos, quedan por debajo de lo conseguido por Raúl Alfonsín en las legislativas de1985 cuando se alzó con el 42.3 % de los votos. En ambas ocasiones, 1985 y 2005, el reconocimiento de la victoria oficial ahorró la grandilocuencia imperante en estos días. En suma: muy buena elección del macrismo, pero lejos de ser un triunfo sin precedentes en la política argentina.
Va de suyo que lo anterior no tiene por objeto restar los méritos del adversario sino calibrarlos en su justo término. La subestimación conduce inexorablemente a la derrota, como lo prueba la temeraria ingenuidad del kirchnerismo al “elegir” como un rival fácil de doblegar, aún por Daniel Scioli, al por entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Se lo despreció y ridiculizó durante años –desoyendo a quienes advertíamos el peligro- hasta que se produjo el amargo despertar de Noviembre del 2015 y para sorpresa de propios y ajenos el rival despreciado terminó entronizado en la Casa Rosada. En línea con esta actitud es preciso reconocer que Cambiemos prevaleció en 13 distritos: Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Salta, Santa Cruz, Santa Fe, mientras que el justicialismo –en sus múltiples variantes, algunas más cercanas a Macri que a Cristina- obtenía la victoria en once, una vez establecido el triunfo del kirchnerismo en Tierra del Fuego y, por un puñado de votos, en la provincia de La Pampa, otrora bastión inexpugnable del peronismo. El macrismo mejoró su representación en diputados y senadores nacionales, y si bien no tiene quórum propio en ninguna de ambas cámaras la irresistible atracción de la chequera que maneja la Casa Rosada y la volubilidad de sectores y líderes políticos que se presentan como “oposición” hace prever que a partir del 10 de diciembre Macri contará con mejores chances de aprobar la legislación necesaria para viabilizar la segunda, y más radical, fase del ajuste. A lo anterior súmesele que al día de hoy Cambiemos es la única fuerza de alcance nacional y que triunfó en los cinco distritos (Ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza) donde se concentra el 70% del electorado nacional. Una gran victoria, sin duda, pero que en la historia de nuestra democracia reconoce varios precedentes como para ser calificada como “hazaña histórica”. Raúl Alfonsín y Carlos Menem así lo demuestran.
En una nota publicada en la Revista Anfibia Alejandro Grimson señala tres factores explicativos de la victoria macrista. Uno, la eficacia movilizadora del relato de Cambiemos con el cual la población fue bombardeada día y noche a lo largo de casi dos años gracias a la formidable, diría inédita y profundamente antidemocrática, concentración oligopólica en la prensa, la radio y la televisión que hace que la Argentina viva, mediáticamente hablando, bajo una “cadena nacional permanente”. En los temas fundamentales los dos principales medios gráficos del país tienen tanta diferencia entre sí como la que existía entre el Pravda y el Izvestia en el apogeo de la extinta Unión Soviética, pese a lo cual los exégetas de la derecha siguen diciendo que “antes”, es decir durante el gobierno de CFK, la libertad de prensa estaba amenazada. En este funesto escenario mediático el mensaje transmitido por el relato de la derecha era claro: “el kirchnerismo es el pasado, y fue una perversa combinación de incompetencia y corrupción que creó una falsa ilusión de bienestar que demostró ser insostenible. El país sobrevivió a aquella pesadilla y ahora debe afrontar, con esperanzada resignación, los sacrificios necesarios para retornar a la normalidad”. La interminable repetición de este mensaje, taladrando día y noche el cerebro de los argentinos, más la sistemática supresión de voces disidentes realizada por los autoproclamados custodios de la república –eliminación de Telesur de los canales de cable, purgas en Radio Nacional, “apriete” en emisoras y televisoras privadas para acallar voces molestas, manejo arbitrario de la pauta oficial para perjudicar a los medios disidentes- unido al infame desplome de lo que había sido el aparato mediático del kirchnerismo más la oportuna sucesión de citaciones de la justicia federal a altos personeros del gobierno anterior durante la campaña terminaron por instalar un sentido común ampliamente compartido en la sociedad, no exento de ribetes tragicómicos. Ante la observación de que ahora el salario se deteriora día a día, el desempleo crece inconteniblemente y el país se endeuda de manera exorbitante por varias generaciones la respuesta estandardizada de la víctima suele ser algo así como: “sí, pero se robaron todo”. En otras palabras, la ilusión de un futuro mejor (que no la esperanza) así como la execración del pasado fue hábilmente inoculada en la población por la pléyade de inescrupulosos “marketineros” contratados por aún más inescrupulosos líderes de la derecha. El dato de que hay muchos más miembros del gabinete de Mauricio Macri que de Cristina Fernández procesados por la justicia no hizo mella en aquel sentido común. Tampoco tuvo efecto alguno el conocimiento de que Mauricio Macri llega a la Casa Rosada estando procesado por la justicia; o que se encuentra involucrado en negocios turbios detectados en los Panamá Papers (que originaron la renuncia del Primer Ministro de Islandia), situación compartida por varios miembros de su entorno como Claudio Avruj, Esteban Bullrich, Gustavo Arribas y su primo, Jorge Macri entre otras figuras de Cambiemos. La prensa (dizque) “independiente” se encargó de blindar meticulosamente el tema y la noticia se la tragó la tierra y jamás fue examinada en profundidad por la opinión pública. Lo mismo ocurrió con la escandalosa iniciativa del presidente de perdonar una deuda contraída por su padre, Franco Macri, durante su gestión al frente del Correo Argentino, cosa que ante el clamor de la opinión pública finalmente tuvo que ser revertida y enviada a la justicia en medio de un fuerte escándalo que, sin embargo, no tuvo consecuencias políticas. Lo mismo que una dirigente social, Milagro Sala, fuese enviada a la cárcel y retenida allí por casi dos años sin condena y, cual “Estado canalla”, desoyendo la medida cautelar emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y las recomendaciones de varios comités de Naciones Unidas exigiendo su inmediata liberación. El caso de la desaparición forzada de Santiago Maldonado a manos de la Gendarmería fue tan sólo el último escandaloso eslabón de esta trama de mentiras, ocultamientos y desinformación premeditada. Un proceso en donde la perversidad de una de las “candidatas estrella” del macrismo, Elisa Carrió, llegó a extremos pocas veces vistos en la Argentina al proferir tal cantidad de exabruptos (“20% de posibilidades que esté en Chile”, “como Walt Disney”, etcétera) que no sólo exhiben el lado oculto de sus convicciones supuestamente republicanas y humanitarias y su desenfrenada búsqueda de protagonismo en los medios sino también del triste retroceso cultural de la ciudadanía porteña (que por décadas había sido un baluarte en la exigencia de juicio y castigo para los culpables de la represión de los años setentas) que ahora premia con el 51 % de sus preferencias a un personaje que dijo tales aberraciones.
A lo anterior nuestro autor agrega dos otros factores: por una parte el papel de la ya anotada concentración mediática que impidió que el relato macrista pudiera ser críticamente examinado ante el gran público. Pocas veces en nuestra historia hubo tal nivel de “unanimismo mediático” como el que hoy asfixia a la Argentina. Esto es una nefasta innovación en nuestra vida política, pero hay que recordar que siempre, aquí y por doquier, las fuerzas políticas de izquierda y progresistas debieron luchar contra ese enemigo atrincherado en los medios de comunicación, y a menudo lo hemos derrotado. Y en segundo lugar, la gran fragmentación de la oposición y, sobre todo, la implosión del peronismo en una multiplicidad de organizaciones políticas construidas sobre las frágiles arenas de diversos liderazgos provinciales o locales que impidieron se pudiera enfrentar la ofensiva de la derecha con eficacia. Obviamente, esto remite a la crucial cuestión de lo que es hoy el peronismo. ¿Es Cristina, como lo reafirmó claramente en la reciente campaña senatorial, o es ella junto con todos, o algunos, de los siguientes: Gioja, Insfrán, Pichetto, Verna y Rodríguez Saá junto a los perdidosos Urtubey, Massa, Randazzo, Menem, Alicia Kirchner, Schiaretti y De la Sota ¿Puede este heteróclito conjunto converger en una propuesta común? De hecho no pudo, y esa dispersión llevó aguas al molino del gobierno. Lo más probable es que muchos de estos personajes ya estén en conversaciones con el gobierno nacional para asegurar la “gobernabilidad” en los próximos dos años y “un lugar bajo el sol" del presupuesto nacional en los nuevos tiempos que se avecinan. 



¿Cómo construir una alternativa?

El exitismo oficial encuentra un sorprendente paralelismo en ciertos miembros del entorno del cristinismo. La autoproclamación ser de “la única oposición real”, reiterada en cuanta ocasión se pueda, tropieza con los duros datos de la realidad. Los poco más de cinco millones de votos obtenidos a nivel nacional constituyen sin la menor duda un piso importantísimo para futuras competencias electorales. Pero como lo hemos dicho en múltiples ocasiones, el problema de CFK no es su piso –sólido, confiable, leal- sino su techo, carente de elasticidad para captar nuevas voluntades todo lo cual conspira contra su capacidad para lanzar una propuesta atractiva no sólo para los kirchneristas sino también para quienes no lo son, tanto dentro y especialmente fuera del peronismo. Si algo enseña la historia reciente de la Argentina es que con el peronismo sólo ya no se ganan elecciones a nivel nacional. El triunfazo de Cristina en el 2011 es impensable en nuestros días, porque la trama política y cultural del país cambió en una dirección contraria a la esperada. La Argentina hoy es un país más conservador que antes, más refractario a las interpelaciones progresistas o de izquierda, anatemizadas como un irresponsable “populismo”; además, el ancho y heteróclito campo de la izquierda y el progresismo se encuentra profundamente fracturado. Por ello, sólo una convocatoria amplia que avance por izquierda mucho más allá de los límites del contradictorio universo peronista estará en condiciones de canalizar las “energías nacionales” como decía Antonio Gramsci y derrotar al proyecto macrista. Si esta empresa de creación política no se lleva a cabo la derecha podría llegar a gobernar por largo tiempo en la Argentina. Una banca en el Senado no es precisamente el mejor instrumento para plantear una oposición eficaz al macrismo. En ese ámbito Cristina seguramente terminará conformando un monobloque, porque sus antiguos aliados peronistas no parecen demasiado entusiasmados con su incorporación a la Cámara Alta. Dada esta realidad, su capacidad para inclinar el fiel de la balanza a favor de sus propuestas o de arrastrar tras su liderazgo una mayoría de senadores para poner coto a la virulencia de Cambiemos es por lo menos dudosa. No sólo eso: el Frente para la Victoria que había sido el instrumento político-electoral del kirchnerismo durante doce años fue despachado a mejor vida sin ofrecérsele a sus deudos el beneficio de un modesto funeral para explicarles las razones de tan súbito e inesperado deceso. Lo mismo cabe decir de la creación de la Unidad Ciudadana: ¿qué asamblea de militantes y dirigentes aprobó su creación, con qué fundamentos, cuál es su programa, quiénes son sus autoridades, cuál será su política de alianzas? Nada se sabe al respecto.. Sólo que ambas cosas, la disolución del Frente para la Victoria como la creación de Unidad Ciudadana expresan un estilo de conducción política –desde arriba, vertical, personalista- que la historia demuestra que en la sociedad actual termina en el fracaso. Lamento decirlo porque se trata de una tradición fuertemente arraigada en el movimiento popular y quizás tuvo eficacia en el pasado. Pero hoy ya no funciona. Fracasó en el 2013, en el 2015 y de nueva cuenta el pasado domingo. Nada peor que ocultar lo que hoy es una conclusión irrefutable; ese estilo de conducción es un anacronismo político, seguro padre de nuevas derrotas.
La tarea de derrotar al proyecto de la derecha requerirá de todas nuestras fuerzas y toda nuestra inteligencia. Vuelvo a Gramsci con aquello de pesimismo de la razón pero acompañado por el optimismo de la voluntad. Sin una profunda autocrítica, reclamada insistente pero infructuosamente por muchos sectores dentro y fuera del kirchnerismo desde el 2015, no se podrá encontrar el rumbo para construir un gran frente de liberación nacional y social, claramente anticapitalista y antiimperialista. Las políticas de corrimiento hacia el centro político están condenadas a terminar en una nueva frustración. Hay una ley sociológica que dice que los pueblos prefieren el original a la copia. Si una coalición progresista “suaviza” su discurso (en un país tan flagrantemente injusto y saqueado por la CEOcracia como la Argentina) y adopta uno más centrista lo más probable será que la ciudadanía elija votar por la derecha original y no por un progresismo que modere su discurso y sus propuestas y se vaya pareciendo cada vez más a la derecha. Si de administrar al capitalismo se trata, nadie mejor que la burguesía y sus representantes políticos para hacer esa tarea. No le ayudó a Cristina guardar silencio ante el crimen de Santiago Maldonado; o referirse sólo al pasar al escándalo judicial en torno a la detención de Milagro Sala, equiparar a ésta con un sedicioso como Leopoldo López en Venezuela y decir que en ese país no hay un estado de derecho, o abstenerse de felicitar a Nicolás Maduro por la magnífica victoria cosechada en las elecciones regionales. Todo eso, a la vez que se optó por imitar el estilo de campaña, y la escenografía new age del PRO, lo cual no le agregó un solo voto a CFK. Los que llegaron no procedían de esos territorios sociales donde prevalece el eclecticismo y el nihilismo posmoderno, que es el lugar en el que Cambiemos cosecha sus votos.
La nueva construcción tendrá que trascender el plano electoral e internarse en la creación de un amplio espacio político-cultural. Este deberá ser la culminación de un proceso de diálogos sin exclusiones entre todos quienes saben que al macrismo no se le combatirá con promesas de un “capitalismo serio o racional”. La tercera vía es, digámoslo de una vez, una vía muerta. Sólo podrán librar una efectiva batalla en contra de Cambiemos quienes estén dispuestos también a luchar contra el capitalismo (y no sólo el neoliberalismo) y el imperialismo y puedan comunicarlo socialmente de modo eficaz. En la nueva construcción política que necesitamos las propuestas de los críticos del capitalismo y el imperialismo deberán ser las que le asignen una “tonalidad ideológica” a la nueva propuesta. Para lo otro, para hablar de un capitalismo inclusivo y racional, está Cambiemos. Seamos claros: sólo desde la izquierda se podrá disputar la hegemonía político-cultural del macrismo, de la cual se desprende su preponderancia electoral. Es debido a ello que la elaboración de un programa político con nítidos contenidos democráticos, anticapitalistas y antiimperialistas será indispensable para cimentar la unidad de acción de un amplio conjunto de fuerzas políticas y movimientos sociales procedentes de distintas tradiciones y suficientemente vigoroso como para enfrentar las batallas que se avecinan y derrotar a una derecha organizada como nunca antes en su historia. Si fracasamos en este empeño tendremos macrismo para rato. Es una cuestión que remite tanto a la necesidad de crear una real alternativa que así sea percibida por una ciudadanía castigada por los rigores del ajuste neoliberal como de simple aritmética política. Sin esa gran coalición de signo anticapitalista y antiimperialista no podrá construirse una mayoría electoral.



El papel de Cristina

Tras la ratificación del rumbo actual en las elecciones del pasado domingo el gobierno acelerará la marcha hacia una restructuración regresiva del capitalismo argentino. Será necesario impedir que se consume un proyecto que retrotraería nuestro país a la situación imperante en las vísperas de la aparición del peronismo en 1945. Lo que ocurre en Brasil despierta la admiración de la Casa Rosada. El ataque al salario, a los trabajadores y al sindicalismo combativo será inminente. El endeudamiento tan irresponsable como desenfrenado y el desmantelamiento de la legislación protectiva de los trabajadores y, en general, de los pobres, de los adultos mayores, de los jóvenes será implacable. Los argentinos haríamos bien en mirarnos en el espejo brasileño para advertir lo que nos espera: congelamiento de los gastos en salud y educación, fin de la jornada de ocho horas, derogación de las principales piezas de la legislación laboral y jubilación sólo para el titán que venciendo indecibles contingencias y todo tipo de enfermedades pueda hacer aportes jubilatorios durante 49 años y llegar a su ancianidad con restos como para disfrutar de una modestísima pensión antes de despedirse de este mundo y disfrutar de un módico funeral. Ante ello una construcción debilitada por un arcaico verticalismo sólo serviría para acelerar la destrucción de la ciudadanía económica, social y política que se propone el macrismo y que con tanto esfuerzo fuera conquistada en años pasados. Será necesario crear una suerte de Frente Amplio, como el uruguayo; o un movimiento tan plural y heterogéneo como lo fuera el 26 de Julio en Cuba. Y el liderazgo deberá enriquecerse del diálogo, la discusión, el debate de ideas. Ya no hay lugares privilegiados de conducción porque todos, absolutamente todos, hemos sido derrotados. Eso es precisamente lo que nos une: la derrota.
Y esta nueva construcción tendrá que librar una batalla organizacional, política y cultural. Deberá ser aquel “Príncipe Colectivo” del que hablaba Antonio Gramsci para desde su novedad y frescura llegar a sumar millones de voluntades que, sin duda, cuando se disipe el espejismo hábilmente creado por Cambiemos, estarán a la búsqueda de una ruta de escape que no puede ser volver al pasado. Que quede claro: el liderazgo de Cristina no está en discusión; ningún otro político del campo de la oposición tiene su estatura y sus votos como para disputarle su lugar. Lo que sí está en cuestión es su estrategia de construcción política, como lo demuestran las recientes derrotas electorales, los sonados fracasos del FPV, la Cámpora y Unidos y Organizados y, más recientemente, su empecinamiento en no aceptar ir a las PASO para competir con Florencio Randazzo, que probablemente le hubiera permitido alzarse con la victoria nada menos que en la provincia de Buenos Aires. Una Cristina que escuche (“dicen que Cristina escucha poco”, anotaba Norberto Galasso en una entrevista para Zoom), que confíe menos en su intuición (que la ha traicionado muchas veces), que valore positivamente a quienes disputan sus argumentos con la intención de colaborar en su empeño y no con el ánimo de erigir obstáculos. Una Cristina que descrea de los adulones que le dicen que es infalible y que cuando ven que se encamina al abismo no le dan la voz de alerta. Una Cristina que recuerde el consejo de Evita, cuando le recomendaba a Perón desconfiar de los alcahuetes y gentes de confianza que lo rodeaban. ¿Cuántos de ellos, que parecían kirchneristas “de paladar negro”, no se pasaron al bando contrario ni bien CFK dejó de ser presidenta? ¿Qué lecciones deben extraerse de ello?
Para concluir, sólo con el “vamos a volver” no va a ser suficiente para seducir a esos contingentes sociales agredidos y ofendidos por el macrismo pero atrapados por los traicioneros efluvios de un relato científicamente concebido para desmovilizar y estimular la pasividad y la resignación. Esto es así porque la campaña propagandística del macrismo ha sido muy efectiva y, además, porque las asignaturas pendientes luego de doce años de gobierno kirchnerista son inocultables. Se hizo mucho y bien, pero no lo suficiente; y muchas cosas se hicieron mal y otras ni siquiera se hicieron (por ejemplo: una reforma tributaria, o la nacionalización del comercio exterior). Y, lo que se hizo bien se comunicó mal. Ensimismado en la engañosa seguridad de su indisputada hegemonía el gobierno perdió capacidad de leer lo que estaba ocurriendo en la sociedad, y especialmente lo que le estaba sucediendo a las propias bases sociales del electorado kirchnerista. Tampoco supo entender sus nuevas demandas económicas y sociales y tomar conciencia del vertiginoso cambio cultural que tornaba a las clases y capas populares impermeables a la interpelación del progresismo y críticas de las políticas asistencialistas del gobierno. Fenómeno epocal, no exclusivo de la Argentina. En Bolivia, Ecuador y Venezuela ha ocurrido lo mismo, si bien no tan intensamente como entre nosotros.
Será preciso elaborar un programa político que sistematice las propuestas de transformación social que llevará a cabo la nueva coalición política. Un programa de “desmercantilización” de la salud, la educación y la seguridad social, convertidas por el actual gobierno en infames mercancías cuando en realidad son derechos humanos. Un programa de recuperación de la democracia en el espacio público, hoy férreamente controlada por la oligarquía mediática. De preservación de los bienes comunes; de efectiva reforma del estado, para que pueda regular al mercado y no al revés, como ocurre en estos días. En suma, a partir de esta nueva construcción política realizar efectivamente un tránsito desde el gobierno al poder y, de ese modo, elevar el bienestar material y espiritual de millones de argentinas y argentinos. Un programa, en suma, que sea totalmente ajeno al eclecticismo de la “tercera posición” o la ilusión de un “capitalismo serio”. Un programa, en suma, tendencialmente orientado hacia el socialismo.
Estamos en vísperas de un nuevo comienzo, desde el llano, con aliados titubeantes, o desconfiados, y enemigos envalentonados. Será una marcha cuesta arriba y difícil, pero si tenemos el rumbo claro y la organización adecuada, podríamos evitar lo peor en el 2019. Es más, diría que si actuamos con inteligencia y sin desmayos podríamos revertir el revés del 2015. Para ello será preciso creer en nuestras propias fuerzas y contar con un programa político de avanzada: antioligárquico, anticapitalista y antiimperialista. No hay que olvidar que el gobierno de Macri se enfrenta a un complejo panorama económico que sin un desenlace catastrófico a la vista; es decir, sin un 2001 en el horizonte, igual será muy duro para la gestión. La crisis general del capitalismo y el descrédito del neoliberalismo global, ahora condenado por el amo imperial, serán fuente de innumerables obstáculos para el éxito del proyecto de Cambiemos. Pero dejemos que nuestros enemigos hagan lo suyo, y no soñemos que van a trabajar para nuestra victoria. Somos nosotros quienes debemos aprestarnos adecuadamente para la batalla, y no esperar que ellos se equivoquen o caer nuevamente en el error de subestimar su vocación de dominio. El clima cultural los favorece, pero eso puede cambiar si se actúa con decisión y de cara a la verdad. El programa macrista acarreará enormes sufrimientos a nuestro pueblo. Debemos ser capaces de mostrar que hay otro camino, que otro mundo es posible, y que la nueva construcción política en ciernes podrá ser el instrumento idóneo para construir esa alternativa, superadora de las inexorables lacras del capitalismo en cualquiera de sus versiones.

Atilio A. Boron

miércoles, 25 de octubre de 2017

La gran De Vido: los negocios de los “buenos muchachos” de Cambiemos



Los bolsos de José López expusieron a los ojos de millones el “maravilloso espectáculo” de la corrupción de los gobiernos kirchneristas. Cambiemos no se queda atrás.

Los bolsos de José López expusieron a los ojos de millones el “maravilloso espectáculo” de la corrupción de los gobiernos kirchneristas.
No hay dudas que López no era una patrulla perdida en la galaxia del Ministerio de Planificación. Su jefe político era Julio De Vido.
El sistema de corrupción era extendido. El año pasado, Héctor Méndez, ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), afirmó que entre los empresarios se llamaba a la obra pública "movicom" porque "va con el 15 adelante". La alusión al 15, por si quedan dudas, refería al porcentaje de la coima.
Pero la utilización de los fondos públicos para llenar las cuentas bancarias privadas no es exclusiva del Gobierno anterior. Es inherente al régimen social capitalista. La familia Macri, cuyo grupo económico creció al calor de la obra pública, puede dar fe.
La justicia no busca ninguna justicia. Se mueve con el termómetro del clima político haciendo la vista gorda en unos casos o cayendo con el peso de la ley en otros, en función de las conveniencias del momento.

Descarrió y bajó el tono

El operador financiero Leonardo Meirelles, uno de los testigos centrales en la mega investigación de la corrupción brasilleña denominada Lava Jato, afirmó que en 2013 giró a Gustavo Arribas U$S 850.000 por “propinas” provenientes de las constructoras de Odebrecht.
Arribas, amigo personal de Mauricio Macri y jefe de los espías en la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), en enero de este año fue expuesto, luego de un artículo en La Nación, por Elisa “Lilita” Carrió, quien realizó una presentación frente a la justicia para pedir una investigación por las coimas de Odebrecht.
Presto con los nuevos aires de la política el juez Rodolfo Canicoba Corral sobreseyó a Arribas en tanto el caso no posee “apariencia de delito”. Carrió reclamó al presidente un esclarecimiento, pero conforme se inició la campaña electoral el tema se fue diluyendo en sus intervenciones públicas.
Una de las causas por las que se pide el desafuero de Julio De Vido la lleva el juez federal Claudio Bonadio por el pago de sobrecostos millonarios en la importación de gas natural licuado (GNL).
De Vido se queja porque la multinacional Shell participó en muchas de las licitaciones, ganando alguna. El entonces titular de la petrolera y actual ministro de Energía, Juan José Aranguren, nunca presentó reclamos.
El exministro también dice que las importaciones eran aprobadas por Enarsa, el Ministerio de Economía, la Sigen o la AGN. No sólo eso. Las compras eran auditadas por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Las ramificaciones llegan a varios funcionarios del gobierno kirchnerista y hasta a figuras del radicalismo.
En esa operatoria hubo más continuidad que cambios. El año pasado el ministro Aranguren compró gas a Chile a través de la empresa estatal Enarsa.
El precio que pagó (U$S 6,90 por millón de BTU -MBTU) era 53% más caro que el GNL que se importaba por medio de barcos (U$S 4,5) y 128% superior al que se podía comprar en Bolivia (U$S 3,02).
¿Cuál fue la justificación de esa compra? El fiscal Carlos Stornelli imputó a Aranguren para que lo explique dado que en la operación participó la anglo holandesa Shell a través de su controlada British Gas.
En junio de 2016, Carrió tomó la voz de la reserva moral de la patria: “Alguien que es accionista no puede lanzar una licitación para comprar gas y adjudicárselo a una empresa donde tiene acciones. Eso es conflicto de interés acá y en China”, lanzó Lilita.
El caso Aranguren también fue borrado de su agenda.

Sólo en la China

Los conflictos de intereses parece que rigen en la lejana China. En estas pampas el Gobierno de los CEO quiere transformar en normal la práctica de atender de los dos lados del mostrador.
Al caso de Aranguren es uno más de una larga lista de funcionarios. Miguel Braun es el actual secretario de Comercio. Entre otras funciones, tiene que “controlar” a sus familiares que son dueños de la cadena de supermercados La Anónima.
Luis Caputo fue empleado de la J.P. Morgan y Deutsche Bank. Ambos bancos usufructúan de las colocaciones de deuda externa que autoriza el ministro de Finanzas, no sólo cobrando generosas comisiones, sino también por las diferenciales de tasas que logran como intermediarios.
Caputo además fue imputado debido a que la Anses colocó recursos del Fondo de Garantía y Sustentabilidad por más de $ 500 millones en el fondo de inversión Axis, creado por el Deutsche y gestionado por el actual ministro antes de asumir como funcionario de Cambiemos.
"Reclamamos decisiones políticas transparentes", señaló meses atrás el ministro de la Producción de ​Santa Fe, Luis Contigiani, aludiendo al vicejefe de Gabinete, Gustavo Lopetegui, que participaba en las negociaciones por el futuro de Sancor.
El santafecino se quejaba que Lopetegui no podía “ser juez y parte” en tanto es accionista y miembro fundador de la empresa láctea Pampa Chesse, que opera en la cuenca lechera.
Por donde se busque brota un funcionario con conflicto de intereses.

Bienvenidos al paraíso

“Uno de los discursos que más repite es la transparencia, la honestidad, la ética ¿Cómo explica entonces a los argentinos el hecho que su hermano haya blanqueado millones de pesos gracias a una ley que reformó por Decreto?”, preguntó a Mauricio Macri una periodista mexicana en la conferencia de prensa de este lunes.
“Que mi hermano haya blanqueado era un derecho que le daba la ley”, respondió el presidente sin inmutarse, como si respondiera una pregunta retórica.
El hermano de Macri no fue el único de su “círculo rojo” que aprovechó el blanqueo impulsado por Cambiemos en el Congreso Nacional.
Según el periodista Horacio Verbitsky, además de Gianfranco Macri, entraron al blanqueo un primo de Marcos Peña Braun, el amigo íntimo del presidente Nicky Caputo, Marcelo Mindlin, que compró Iecsa al primo del presidente Ángelo Caltaterra y un cuñado del secretario Legal y Técnico de la presidencia, Pablo Clusellas Zorraquín. Esos cinco personajes blanquearon un total de U$S 132 millones.
ArgenPapers, un libro de reciente publicación bajo la autoría de Santiago O’Donnell y Tomas Lukin, exhibe una detallada investigación sobre las empresas “off shore” develadas en los Panamá Papers.
Los paraísos fiscales son ampliamente utilizados hace décadas por la familia presidencial, pero no sólo por ella: grandes empresarios, futbolistas, políticos de todos los colores (kirchneristas incluidos), aparecen en los archivos develados. Como afirmó O’Donnell: no hay grieta en el paraíso.
Las empresas “off shore” que actúan en los paraísos fiscales son parte de una ingeniería que permite evadir impuestos y fugar capitales. Además son una herramienta para ocultar dinero de la corrupción, del narcotráfico, tráfico de armas, entre otros nobles negocios.
Cambiemos impulsó una ley para blanquear esos fondos colocados en el extranjero: unos U$S 120.000 millones se exteriorizaron. Pero algunas estimaciones indican que hay mucho más: unos U$S 400.000 millones fueron fugados por argentinos hacia el exterior, una cifra aproximada al 80 % del Producto Interno Bruto (PIB).
El capitalismo es el paraíso de la corrupción. El Frente de Izquierda y los Trabajadores votará el desafuero de Julio De Vido poniendo blanco sobre negro cómo funciona este régimen de explotación.

Pablo Anino
@PabloAnino

Myriam Bregman, Marcelo Ramal y Nicolás del Caño en A24 con Mauro Viale

La política más allá de las elecciones y por los derechos

La aparición del cuerpo de Santiago Maldonado en el Río Chubut agregó incertidumbre al análisis político electoral y general.
Fueron meses de conmoción social por la desaparición, lo que profundizó las diferentes lecturas sobre la realidad, con variadas sospechas sobre las responsabilidades y alcances del acontecimiento, centradas en la responsabilidad del Estado y el accionar de la represión.
Sea cual sea el resultado en la elección del 22/10/17 y con el informe de la autopsia se abrirá un debate sobre las responsabilidades en la muerte de Santiago Maldonado.
El resultado electoral desafía a los principales proyectos que disputan institucionalmente la política, sea el macrismo, como coalición o pretendida nueva representación política, como al peronismo, o si se quiere, al kirchnerismo como parte que lo trasciende; pero también a quienes desde otras expresiones por izquierda o derecha disputan representación política.
La realidad es más compleja que el ámbito institucional y afirmamos que el conflicto social ocupa un lugar central. El tema de fondo es la defensa de los derechos en sentido integral, como derechos humanos, económicos, sociales o culturales, algo que trasciende a los poderes constitucionalmente definidos.

Responsabilidad del Estado

Variadas fueron las explicaciones que se difundieron en los 80 días de la desaparición de Santiago Maldonado, lo que generó una demanda social extendida por la verdad y el esclarecimiento.
Algo que debiera consolidar una posición masivamente sustentada en el esclarecimiento de todos los casos de desapariciones en tiempo constitucional y obvio, de la irresuelta situación de los desaparecidos en tiempos de la dictadura genocida y el previo periodo constitucional signado por la presencia de grupos parapoliciales y paramilitares.
La responsabilidad es del Estado, que se dice de Derecho, mucho más en el caso Maldonado, con participación de fuerzas de seguridad dirigidas por el poder judicial y el ejecutivo en el desalojo de la ruta el 1/8, seguido de persecución a los manifestantes.
Bajo la defensa de los derechos humanos se constituyó un nuevo sujeto socio político en tiempos de dictadura, ampliado en los turnos constitucionales desde 1983, habilitando con acuerdo de gobiernos de turno los juicios, a las juntas y a responsables directos de la represión, sin agotar a todos los involucrados, algo que se mantiene vigente gracias a la anulación de las leyes de la impunidad.
Vale resaltar el tema porque no alcanza con el accionar de las instituciones y sus leyes, los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales. El poder popular es lo que constituye ese accionar y legitima o deslegitima las disposiciones del poder relativo de las instituciones.
La dictadura ejerció el poder indiscriminado y combatió derechos, especialmente a la vida. El límite provino de la lucha social y en forma destacada por el movimiento sindical y el de los derechos humanos. La razón se explica en la agresión a los derechos de las trabajadoras y trabajadores, a quienes se pretendió disciplinar con prohibiciones y restricciones a sus derechos esenciales.
Así, la lucha por los derechos humanos, sociales, económicos y sindicales apareció en la constitución de un contrapoder que habilitó las bases para un nueve tiempo desde fines del 83.
El Estado es un ámbito de relaciones sociales sujeto a la disputa, sobre el que actúa el poder con todas sus formas, incluida el poder de la violencia y la represión, en tiempos de dictadura o de vigencia constitucional; pero es también espacio de disputa para la satisfacción de la demanda social extendida y organizada.
No decimos nada nuevo y así como hace 100 años la lucha universitaria habilitó una reforma progresista de la Universidad, las luchas en torno al 2001 gestaron una legislación favorable a las empresas recuperadas y especialmente la inimaginable nulidad de las leyes de la impunidad.

Hegemonía en el Estado y disputa del poder

Está claro que en la coyuntura actúa más el proyecto del poder sobre el Estado y por eso crece la represión y la demanda de los sectores hegemónicos para instalar el orden necesario para la reproducción normal de la lógica del capital. Ello está presidido por las condiciones necesarias para el ingreso de capitales externos: reformas regresivas contra los derechos adquiridos.
Insistamos que la realidad no es solo la hegemonía transitoria en las instituciones, sino que la realidad se establece en disputa entre las iniciativas contradictorias en uno u otro sentido.
Por eso, desde el gobierno se intentará empujar las políticas de ajuste y reforma laboral, previsional, educativa, de salud y penal sustentadas en un resultado electoral que imaginan favorable.
La discusión se instala en el ámbito del conflicto social, por esclarecer el caso Maldonado y contra el ajuste en las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Es una disputa por los derechos. De un lado el derecho a la explotación, la ganancia y la acumulación, propias del desarrollo capitalista. Por el otro, el derecho a sostener históricas conquistas del movimiento obrero y social y expandir la demanda social para satisfacer necesidades, incluso una perspectiva alternativa contra el modelo productivo y de desarrollo.
Resulta estratégico discutir el Estado y la disputa de la hegemonía en su interior, lo que puede permitir el debate sobre el rumbo de la política estatal, para consolidar el orden capitalista, que puede ser restringido a reformas progresistas, o para construir una sociedad en contra y más allá del régimen del capital.

Julio C. Gambina

Gran elección del Frente de Izquierda // Marcelo Ramal

Soledad Sosa sobre el pedido de desafuero a Julio De Vido

Pablo López sobre el pedido de desafuero a Julio De Vido

¿Por qué la derecha triunfa en las elecciones?

Las elecciones ¡no son la revolución!

En Argentina, en las recientes elecciones parlamentarias, la derecha gana dando una paliza. La opción electoral por posiciones de derecha se sucede por doquier: en Estados Unidos la población vota por el representante más troglodita, en Europa avanzan las propuestas con sabor xenofóbico y conservador, en general se ve que los electorados optan por partidos que no son de izquierda precisamente. ¿Por qué la derecha triunfa en las elecciones? Así formulada, la pregunta daría a entender una honda preocupación, pues supone que eso es algo así como un error inesperado, una aberración. ¡La derecha no debería ganar!
Ahora bien: si se profundiza un poco, allí puede encontrarse, más que nada: ingenuidad. ¿Quién dijo que los votantes irían a votar por la izquierda? ¿Acaso la izquierda tenía garantizado el triunfo en algún lugar?
Todo eso lleva a pensar en lo que ha venido sucediendo en estas tres o cuatro últimas décadas en todo el mundo a nivel político-ideológico. El avance de distintos movimientos populares contestatarios para los años 60 y 70 del pasado siglo (guerrillas de izquierda, avance sindical, movimientos campesinos, procesos de liberación nacional, Teología de la Liberación, movimientos antiguerra y anticonsumismo, poderosos movimientos estudiantiles inconformes, revolución sexual, reivindicaciones de las mujeres, etc.) trajeron como respuesta del sistema un golpe tremendo. En Latinoamérica, las montañas de cadáveres y los ríos de sangre -enmarcados en la Doctrina de Seguridad Nacional y combate al comunismo internacional- signaron la época. El miedo y el silencio se adueñaron de las sociedades. Protestar (por cualquier tema, no importa) pasó a ser mala palabra, peligroso, algo a desechar. De esa forma pudo declararse con ampulosidad que “la historia había terminado”, lo que marcaba el “fin de las ideologías”.
Habría que aclarar, rápidamente: de la ideología de izquierda (al menos esa era la pretensión del sistema, obviamente de derecha). Lo que se acalló -sangrientamente- fue cualquier intento de modificación, de protesta con sabor a cambio. Las sociedades, y no solo las latinoamericanas, sino que el fenómeno es mundial- entraron en un letargo: levantar la voz salió de la agenda. Mucho más aún, ciertos términos como socialismo, lucha de clases, revolución, explotación. “No meterse en nada y cuidar el sacrosanto puesto de trabajo” se impuso como la consigna básica, a seguirse con respeto (y temor) reverencial.
En ese marco, acallándose las luchas, con el agravante de la caída de las primeras experiencias socialistas (Unión Soviética, China), el campo popular en su conjunto sufrió un severo retroceso. ¿Quién trabaja hoy solo 8 horas diarias? ¿Cuánta gente trabaja con todas las prestaciones laborales de antaño? ¿Qué trabajador está sindicalizado? ¿A quién defiende hoy un sindicato? Los avances conquistados históricamente en años de lucha se fueron perdiendo. Así las cosas, lo que para décadas atrás en las izquierdas era visto como algo despreciable, las elecciones burguesas pasaron a ser un nuevo campo de acción política. Las izquierdas (golpeadas, diezmadas, casi en shock), pasaron a la arena de la hasta entonces desprestigiada política parlamentaria.
Esto lleva a preguntarnos si efectivamente ese marco de ejercicio político -siempre en el ámbito del capitalismo, incluso más feroz que antaño, con las nuevas estrategias neoliberales, planes de ajuste estructural y precarización constante de las condiciones de vida de las grandes mayorías- puede permitir efectivamente una transformación real para esas mayorías populares. ¿Son las elecciones un campo de cambio profundo?
La experiencia demuestra fehacientemente que no. El camino de la democracia (burguesa) al socialismo (el caso de Chile con Salvador Allende es el más emblemático) muestra los límites. Los cambios revolucionarios no van de la mano de las elecciones llamadas democráticas. El poder (la clase dominante) se resiste a cambiar pacíficamente. Nunca en la historia, nunca jamás, un cambio económico-político-social efectivo pudo hacerse sin violencia. “La violencia es la partera de la historia”, enseñaba Marx con un hálito hegeliano, y sin duda no se equivocaba. La actual clase dirigente, los capitalistas, se hacen del poder cortándole sangrientamente la cabeza a los reyes. La democracia que se desprende de ese hecho inaugural del mundo moderno no es más que “una ficción estadística”, como dijera Jorge Luis Borges. Sigue mandando el poder económico, sostenido (sangrientamente cuando es necesario) en las bayonetas.
¿Por qué reivindicar hoy ese tipo de elecciones desde la izquierda? Porque el campo de acción se ha reducido tanto que es lo poco en lo que se puede mover. O, al menos, golpeada y restringida como ha estado estos años, es el único espacio que le ha ido quedando dentro de los límites que le impone el sistema. Y ante tanta desesperanza, el hecho de llegar a la casa de gobierno se puede sentir ya como un triunfo (aclarando rápida y enfáticamente que la silla presidencial es apenas un pequeño, muy pequeño eslabón en la real cadena de mando del sistema).
Pero ¡cuidado! ¡¡Las elecciones están muy lejos de ser una revolución!! Si podemos contentarnos con el triunfo en las urnas de una propuesta progresista (lo que ha estado sucediendo estos últimos años en Latinoamérica, propuesta que sin dudas debemos apoyar con toda la fuerza, porque al menos son una espina para el sistema -Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina, el Partido de los Trabajadores en Brasil, Mujica en Uruguay, Ortega en Nicaragua) eso muestra, ante todo, la debacle real de una propuesta de cambio radical. “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”, afirmaba con la mayor energía Marx en su programa político. Reformar el capitalismo, darle un rostro humano, redistribuir un poco más equitativamente la riqueza sin tocar los resortes de fondo, todo eso es lo que ha venido pasando con proyectos políticos populares en estos años. Es “políticamente correcto” apoyarlos; es una obligación ética auparlos para quienes siguen pensando en otro mundo más justo, más equitativo. Pero no hay que olvidar que no son proyectos que cuestionen al sistema capitalista en su raíz: “capitalismo serio”, por ejemplo, dijo la ex presidenta argentina. Economía mixta, capitalismo nacional… En otros términos: una izquierda “domesticada”, acorde a los tiempos que corren, con saco y corbata (versión masculina) o tacones y bien maquillada (versión femenina). ¿El poder popular es ir a elecciones? ¿Así se puede construye un auténtico cambio revolucionario?
Sin ningún lugar a dudas, son proyectos importantes, avances en relación a las peores y más antipopulares recetas neoliberales que se impusieron años atrás. Por eso las poblaciones las eligen en elecciones libres cuando se va a procesos electorales. Pero procesos que tienen las patas cortas, que no transforman nada sustancialmente. Y por eso mismo, proyectos que pueden sucumbir.
Los proyectos de capitalismo nacional y antiimperialista con talante popular que marcaron varias experiencias latinoamericanas en el siglo XX (el peronismo en Argentina, Vargas en Brasil, Torrijos en Panamá, Velazco Alvarado en Perú, la Primavera Democrática en Guatemala) dejaron algunas marcas y buenos recuerdos, pero no lograron transformar nada de raíz en sus sociedades.
La población vota siguiendo cada vez más las técnicas de mercadeo que les imponen los partidos políticos (siempre de derecha). Esos partidos son los gestores del sistema, sus buenos administradores bien presentados, y nada más, ¡absolutamente nada más! Con buenas campañas de marketing imponen candidatos, más como actores de película que como estadistas. La izquierda, con propuestas que no pueden rebasar los límites del sistema capitalista (véase el caso de la guerrilla salvadoreña convertida en partido político formal, o lo que le espera a las fuerzas guerrilleras en Colombia, o lo que le sucede hoy al Frente Sandinista en Nicaragua, o la misma Revolución Bolivariana, más allá de las pasiones que pueda despertar como fuente de esperanza -con un camino al socialismo que nunca se termina de recorrer realmente-) poco o nada puede hacer en esta competencia con la derecha. Aunque gane las elecciones (porque, repitámoslo: la revolución es más que ocupar la casa de gobierno. ¡La revolución es genuino poder popular, democracia de base!)
Las poblaciones están monumentalmente manipuladas para desinteresarse de lo político. “La democracia es un sistema donde se le hace creer a la gente que decide algo en los asuntos de su incumbencia sin que, en realidad, decida nada”, dijo Paul Valéry. La democracia formal y su parafernalia electoral no pasa de ser un espectáculo mediático cada vez mejor montado, pero no más que eso. De ahí al auténtico poder popular, dista bastante. Las elecciones no tienen nada que ver con la transformación real de una sociedad, aunque hoy día la prédica del sistema nos haya casi obligado a “disciplinarnos” y entrar en ese juego de los tacones y el maquillaje o el saco y la corbata.
Ahora bien: el triunfo de una propuesta claramente de derecha, neoliberal a ultranza como la reciente de Mauricio Macri puede hacer pensar que el electorado involuciona. Pero, ¿acaso se puede esperar algo realmente distinto de este sistema electoral? ¿Puede haber cambios profundos y sostenibles verídicos en el medio de este marco “democrático”? ¿O habrá que pensar en democracias directas, de base, populares, sin representantes bien vestidos y con guardaespaldas?

Marcelo Colussi

martes, 24 de octubre de 2017

¿Son neutrales las redes sociales?



En una conferencia dada en 1981, Ayn Rand, la autora de cabecera del actual presidente de la cámara de representantes de Estados Unidos, Paul Ryan, y de los conservadores cristianos, leyó: “Ningún poder externo puede destruir al capitalismo y sus empresarios. Solo un poder interno: la moral. Más concretamente, el poder de una idea depravada, aceptada como principio moral: el altruismo. Esa teoría moral según la cual un hombre debe sacrificarse por otros. El altruismo es una teoría de profundo odio, contra el hombre, contra el éxito. El altruismo es enemigo del capitalismo”.
La idea del egoísmo como el motor de los negocios es razonable, pero no es, como la ideología capitalista quiso establecerlo, necesariamente el motor del bienestar de las sociedades. Los mismos economistas capitalistas han estudiado desde hace décadas los efectos de las “externalidades” por el cual un excelente negocio puede ser realizado no solo en detrimento del resto sino de los mismos beneficiados a largo plazo.
Para bien y para mal, el beneficio propio sigue siendo el corazón ideológico y práctico de los dueños de mega compañías como Google, Facebook, etc. Con una diferencia: ya no se trata de mentir para vender Coca Cola o McDonald’s sino de formas más extendidas y profundas de pensar y de sentir.
Las tecnologías digitales, que pueden servir para democratizar la información (Wikipedia es un ejemplo), para denunciar injusticias o hacerle la tarea difícil a un dictador al viejo estilo del siglo XX, también sirven para lo contrario: para manipular, todo debajo del manto de la pretendida neutralidad tecnológica.
El caso de las redes sociales es uno de esos ejemplos, probablemente el más significativo. No basta con demostrar que el gobierno ruso manipuló la opinión de los votantes estadounidenses valiéndose de estos instrumentos. Es necesario preguntarse, además, ¿cuál es la razón existencial de los dueños y administradores de esas mega sociedades en cuyas redes vive, literalmente, la mitad de la población mundial?
Es uno, básicamente: las ganancias. Es un negocio y funciona como tal.
Pero ¿no son los negocios una actividad pragmática, sin ideología? Tal vez los negocios sí, pero no los mega negocios.
Cuando uno habla con individuos que formaron parte de grandes compañías trasnacionales y conoce sus familias, no queda otra posibilidad que reconocer que son buenos padres, buenos esposos, buenos hijos, donantes regulares para causas nobles. Los individuos suelen ser muy buenos, pero cuando son gerentes de poderosas compañías de sodas, de tabaco, o de fast foods, cumplen una función, y su primer objetivo es que dicha compañía no quiebre. Es más: el objetivo es que el volumen de ganancias crezca sin parar, más allá de si el tabaco, el azúcar y las grasas recicladas matan a cientos de miles de personas por año. La moral individual casi no importa; los individuos no explican la realidad. Es el sistema para el cual trabajan.
Lo mismo compañías como Facebook, Twitter o Instagram. Zuckerberg es un buen muchacho, realiza donaciones millonarias (que en muchos casos es como si un obrero donase diez dólares a los afectados por un huracán). No obstante, su equipo de ingenieros y psicólogos trabaja día y noche para maximizar las ganancias maximizando el número de los nuevos clientes sin importar que para ello deban desarrollar estrategias de dependencia psicológica, sin importar que varios estudios insistan que Facebook produce depresión, sin importar que varias investigaciones hayan mostrado el carácter adictivo de esta actividad. Como la nicotina o el azúcar, las que fueron camufladas por las tabacaleras y todavía lo son por las gaseosas carbonatadas. Como el alcohol, el consumidor compulsivo satisface una necesidad creada mientras niega el problema y presume de su libertad.
Como en la economía actual, la clave del éxito de las megaempresas no radica, como se repite hasta el hastío, en satisfacer una demanda existente sino en crearla, ya que las demandas suelen no existir antes del producto.
Miles de millones de usuarios de las redes sociales han sido atrapados por unos muchachos de California, también por otra razón. Desde vendedores de lapiceras hasta actrices y vendedores de libros casi nadie puede prescindir de ellas porque es allí a donde se han mudado los consumidores. Un diario que no tenga una página en FB o en Twitter para distribuir sus noticias y artículos prácticamente no existe o existe a medias. Es decir, para los amantes de las redes y para quienes las detestan, son imprescindibles. Incluso para hacer conocer un artículo crítico de ellas mismas, como lo puede ser este. Por no entrar a hablar de las infraestructuras, como los cableados internacionales, que dependen cada vez más de estas paraestatales.
Las redes sociales son un medio y una tecnología que no tienen nada de neutral. Poseen su propia lógica, sus propios valores y su propia ideología.
Deberíamos preguntarnos, cómo y cuáles son los posibles efectos de estas súper concentradas redes y negocios en la realidad social y psicológica. Aparte de la adicción y las depresiones individuales, podemos sospechar efectos sociales. Cuando en los 90s veíamos a Internet como el principal instrumento para una Democracia directa en algún futuro por venir, no previmos los efectos negativos. ¿Son la creación de burbujas sociales uno de esos efectos? Los usuarios (¿individuos?) suelen eliminar con un solo click un “amigo” molesto. Esto, que parce muchas veces lo mejor, tiene un efecto acumulativo: hace que los individuos se rodeen de gente que piensa como ellos. Así se crean sectas, burbujas, mientras el individuo se vuelve intolerante ante la discrepancia o la opinión ajena. El producto, el nuevo pseudo-individuo, no sabe debatir. El insulto y el odio afloran a la velocidad de la luz. Así, las redes se convierten en fábricas de odio y de seudo amistades. La probabilidad de que viejos amigos terminen por insultarse por meras cuestiones de opinión es muy alta a medida que progresa cualquier conversación y degenera en discusión. El diálogo, antes probable cuando se estaba cara a cara con un café mediante, desaparece y aflora el amor propio, el Ego herido por cualquier punto y coma de más.
Claro que el odio y el egoísmo es tan antiguo como andar a pie, pero es probable que esté potenciado hoy con las redes antisociales. A partir de estas coordenadas mentales, quizás podríamos comprender mejor la ola fascista en los países donde surgieron y predominan estas redes y no reducirlo todo a una reacción contra la antigua inmigración. Tal vez no es casualidad que el surgimiento del nazismo en la Alemania de los ‘30 coincida con la explosión de la radio y la propaganda en los cines.
Las actuales redes antisociales, instrumentos democráticos (de solidaridad y altruismo) son hoy los transmisores favoritos del odio. Que estén gobernadas por mega sectas multibillonarias, cuyo objetivo central son las ganancias económicas, no debe ser casualidad.
Hay que tomarse en serio la confesión de Ayn Rand.

Jorge Majfud

Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.​