domingo, 9 de noviembre de 2014

El día que Carlotto se arrodilló en el Vaticano



Carlotto- ¿Cómo anda, Fracisco?... El Papa argentino… ¡Qué felicidad!
Bergoglio- Adelante
Carlotto- Gracias… Mi nieto, Guido
Bergoglio- Un gusto
Guido- El gusto es mío
Carlotto- Qué placer…

Hasta hace algunos años, si una Madre o Abuela de Plaza de Mayo tenía la extraña oportunidad de encontrarse con algún jerarca de la Iglesia Católica mundial lo primero que hacía era exigirle que esa institución religiosa (tan íntimamente ligada a la dictadura militar) pidiera perdón y dijera todo lo que sabe sobre los desaparecidos.
Ayer la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, recorrió las salas del Vaticano junto al Papa. Pero no pidió ni que abran los archivos sobre la dictadura que habitan bajo siete llaves en Roma desde hace cuarenta años, ni que Francisco diga lo que sabe sobre las desapariciones y la apropiación de niños cuando él era el jefe de los jesuitas en Argentina. Ni siquiera le pidió a Jorge Bergoglio que como máxima autoridad de la institución excomulgue de una buena vez por todas al cura Christian Von Wernich, condenado a prisión perpetua por genocida.
No pidió nada de eso. Al contrario. Paradógicamente, fue ella la que le pidió perdón al Papa.
Le pidió cristiano perdón a Bergoglio por haberlo acusado “injustamente” de haber colaborado con el genocidio. Se disculpó por haber acompañado las investigaciones y denuncias que lo involucran en la desaparición de personas y la apropiación de criaturas. Es más, se distanció de ellas al punto de considerarlas falsas y malintencionadas provenientes de sectores que ella “creía que eran serios” y terminaron siendo “mala gente”.
El gesto y las palabras de Carlotto echan por tierra con el relato de otras víctimas y familiares, tan trágico y pesado como el que nos mostró ella, que denuncian con pruebas y documentos a Jorge Bergoglio por haber sabido y no haber hablado, por haber sabido y no haber actuado. Por encubrir, en definitiva, a la maquinaria de terror genocida.
Hasta hace poco más de un año ella salía por los medios diciendo que las mismas Abuelas tenían “una historia referida a una familia platense, cuya hija embarazada desapareció. Hubo noticias de que tuvo una niña en la comisaría 5° de La Plata; y bueno, se fue a consultar con Bergoglio, él mandó la consulta a un tercero y la respuesta que se les dio a la familia fue que no buscaran más porque la niña ‘estaba en buenas manos’”.
La pregunta es, entonces, ¿qué hizo que Estela de Carlotto se pusiera de rodillas ante Jorge Bergoglio y, enterrando años de lucha consecuente, exculpara a quien realmente tiene mucho para decir sobre su rol en la dictadura?
Y como para confirmar que el cambio rotundo de parecer es irreversible, lo hizo delante de Guido, su propio nieto recuperado después de años de impunidad y silencio.
¿Cómo sabe Carlotto que realmente Bergoglio no tuvo nada que ver en los hechos que rodean a la desaparición de Elena de La Cuadra y Héctor Baratti y a la apropiación de Ana Libertad, la hija de ambos que aún estaba en el vientre de su madre y que terminaría naciendo en la comisaría 5°? ¿Cuáles son los elementos de prueba que conoce como para decirle públicamente que está equivocada a esa otra Estela, la hermana de “Elenita”, que hasta el día de hoy muestra documentos y cuenta la historia fehaciente del Bergoglio íntimamente relacionado con la maquinaria del terror?
El pasado l9 de septiembre La Izquierda Diario publicó una extensa entrevista a Estela de La Cuadra, quien junto a su madre Licha fueron durante años referentes de la lucha de las Abuelas. Estela es quien acusa con nombre y apellido a Jorge Bergoglio como responsable de proteger a los ejecutores de la dictadura. Sin concesiones ni ambigüedades, y tras largos años de investigación, la tía de la hoy recuperada Ana Libertad acusa al jesuita de aportar a oscurecer todo. “Se encargó de ocultar sistemáticamente y de ser parte de ese manto que intentaron poner los militares”, sentencia y concluye en que tiene “muy cerca la rabia respecto al trato a mis viejos y por eso digo que tiene una responsabilidad tremenda Bergoglio”.
Pero además del relato de Estela, que no tiene fisuras y consta en varias actas judiciales, está la carta de puño y letra que Bergoglio le dio en mano a su padre y que estaba dirigida a miembros de la jerarquía eclesiástica de La Plata, comprobada partícipe del genocidio al servicio de la policía de Camps y Etchecolatz. Esa carta, que este diario ya había publicado el 20 de septiembre pasado, compromete directamente a Bergoglio con la maquinaria asesina, cumpliendo un rol importantísimo al momento de encubrir a los torturadores y a los ladrones de bebés.
Y justamente por eso Estela de La Cuadra, paralelamente a las investigaciones de Horacio Verbytski sobre la relación Iglesia-dictadura en las que también Bergoglio es denunciado, sale tan decidida a exigir el acceso “a los archivos del Episcopado, del Vicariato Castrense y de todas y cada una de las instancias a las que podamos llegar” porque sabe que allí hay muchas pruebas del genocidio.
Semejante convicción es la que parece haber abandonado para siempre Estela de Carlotto, quien ahora en cambio culpa a sectores que ella “creía serios” pero que la "estaban informando mal”. Por eso el pedido de perdón a un Bergoglio que, probablemente, no esperara tanto regalo.
Carlotto, como cualquier mortal, puede tener las convicciones religiosas que guste. Pero lo que resulta inquietante es la forma en que tan livianamente se bastardean años de búsqueda incansable de la Memoria, la Verdad y la Justicia en pos de mantener unas relaciones de poder a cualquier costo. Sin dudas la titular de Abuelas de Plaza de Mayo ayer se comportó como una ejemplar embajadora del gobierno kirchnerista, más embarcado en profundizar su giro conservador y derechista que en seguir mostrándose como “defensor de los derechos humanos”.
Nadie le puede quitar a Bergoglio esa mancha atroz que nunca se propuso limpiar. Por el contrario, hasta pareciera que el propio Francisco se siente aliviado con las palabras de Carlotto. “Eso ya pasó, miremos para adelante” le respondió a su interlocutora entre sonrisas cómplices.
Ayer, la abuela de Guido, la misma que sigue buscando a los 400 niños apropiados que faltan, dio incluso un paso más en su compromiso con Bergoglio y todo lo que representa. Aunque la escena que se ve en un video tenga reminiscencias de película de Fellini, el hecho real es que Carlotto llevó al Vaticano a toda su familia. Con sus hijos y todos sus nietos le rindió homenaje al mismo sacerdote que durante décadas figuraba del lado enemigo.
Lo felinesco es que ante las cámaras Estela le informó a Bergoglio que en otra sala lo esperaban para saludarlo sus otros nietos y familiares. “Todos arregladitos y bien adoctrinados para que se porten bien”, le aclaró Carlotto. Bergoglio, ya en la culminación del encuentro que tanto había anhelado, reconoció ese arreglo y adoctrinamiento. Tanto que cuando los vio a todos formados frente a él ironizó con un “les falta el moñito nomás”…
Ayer fue día de perdón, a pedido de Estela de Carlotto. Un perdón católico, apostólico, romano, occidental y cristiano.

Daniel Satur
@saturnetroc

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