martes, 30 de mayo de 2023

Censura a Roger Waters: un ladrillo más en el muro del capitalismo


La presentación de Roger Waters, ex líder de la icónica banda Pink Floyd, en Alemania, en el marco de su gira internacional “This Is Not a Drill”, desde el primer momento, se supo que no iba a pasar inadvertida. 
 Varios estados federales buscaron prohibir los shows del consagrado bajista y vocalista británico, acusado de “antisemitismo” por su apoyo público a la causa palestina. Fue el caso del municipio de Frankfurt, donde se iba a realizar el concierto en el Festhalle el 28 de mayo. Tras los primeros recitales en tierras teutónicas, la policía federal investiga a Waters por “incitación al odio” y al “desorden público”. 
 Esto es debido a que Waters apareció vestido como Pink, el protagonista de la película de 1982 basada en el álbum The Wall. Metáfora de la alienación del star system rockero y de una generación criada al calor de los bombardeos de la II Guerra Mundial, Pink se asemeja a un desquiciado líder de masas frente a su público. 
 Waters lució entonces un brazalete con un símbolo similar al de las SS alemanas. Con esta representación, Waters buscaba denunciar los peligros del totalitarismo, la manipulación mediática y la pérdida de la identidad y humanidad en una sociedad opresora. Al contrario de lo que los creadores del film dirigido por Alan Parker quisieron denunciar, el Estado alemán tomó el atuendo del músico como una banalización del Holocausto y una exaltación al nacionalsocialismo. Irónicamente, los que señalan a Waters de nazi son los mismos que en sus entrañas cobijan a las células neonazis que pululan, al día de hoy, por toda Alemania. Sin ir más lejos, en el nonato golpe de Estado neonazi del año pasado, en Alemania, fueron detenidos varios oficiales policiales y un número importante de miembros antiguos y activos del ejército, incluso varios oficiales del Comando de las Fuerzas Especiales. 
 La campaña de supuesta lucha contra el antisemitismo tiene un objetivo claro: censurar a Roger Waters y las denuncias políticas que realiza en cada presentación. Lo que tiene de especial esta gira es que se da en medio de una guerra imperialista feroz, donde Alemania apoya al campo de la OTAN decididamente con armamento y dinero. Justamente lo que busca tapar el Estado alemán es la responsabilidad del militarismo germánico en las masacres imperialistas. Roger Waters es un activo militante contra la guerra, crítico de la OTAN como de Putin. Esto le ha valido numerosos ataques, incluso de sus ex compañeros de banda. 
 La música de Waters, en sus presentaciones, es acompañada con grandes mensajes en las pantallas de video donde se podían ver algunos mensajes como: “Rechazar todos los imperios”, “Rechazar los drones”, “Rechazar los bombardeos en sus casas”, “Rechazar la ocupación” y “Libertad a Julián Assange”, entre otros. (Idem) Otro punto fuerte de la noche es cuando pone imágenes de los presidentes norteamericanos Ronald Reagan, George Bush, Barack Obama y Donald Trump con la frase: “Criminales de guerra”. Todos estos momentos acompañados por los aplausos cerrados del público de todas las generaciones. Como podemos observar, los shows de Waters son una poderosa denuncia al imperialismo, del cual Alemania es parte de su columna vertebral.
 En conclusión, la censura a Waters no es más que un intento de silenciar una voz crítica y disidente que denuncia las atrocidades del imperialismo y el fascismo. La censura es uno de los ladrillos con los que el capitalismo construye un muro de alienación y opresión sobre los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo. Un muro que debemos derribar con la lucha de nuestra clase contra el régimen social y la solidaridad internacionalista. Como dice la canción: “All in all it’s just another brick in the wall” (Después de todo es solo otro ladrillo en el muro). 

 Mauri Colón 
 29/05/2023

Larreta despliega las pistolas Taser

Como parte de su campaña electoral, Larreta ofreció una conferencia de prensa para presentar las 60 pistolas Taser que el ministerio de Seguridad de la ciudad pondrá en manos de la policía porteña a partir del mes que viene. En octubre del año pasado Aníbal Fernández había confirmado que Larreta podría disponer de las Taser que el propio gobierno nacional había adquirido. Lo que se pondrá en marcha, por lo pronto, es una prueba piloto para un despliegue más amplio de estas armas. 
 Larreta reivindicó el uso de estas picanas portátiles en 107 países y las describió como armas no letales, que “salvan vidas” y son capaces de reducir a delincuentes en situaciones donde las armas de fuego podrían poner en riesgo la vida de terceros. 
 Sin embargo, los informes de Amnesty Internacional, por el contrario, indican que el uso de estas armas no es inofensivo, sino que son potencialmente letales, sobre todo en personas con vulnerabilidades de salud cardiaca. Por su parte, el Instituto Latino Americano de Seguridad y Democracia, que dirige el ex funcionario nacional de seguridad Mariano Siafardini, plantea que, en aquellos países donde se usan las Taser, se han incrementado no solo los casos de tortura, si no tambien las muertes en casos de personas desarmadas. 
 La ONU las declaró instrumento de tortura y Amnesty Internacional especifica que, en EEUU, en el 90% de los casos donde se han usado fue sobre personas desarmadas de piel negra. Un caso resonante fue el del profesor Keenan Anderson, primo de la fundadora de Black Lives Matter en EEUU, que fue asesinado en Los Ángeles el 3 de enero producto de las descargas eléctricas que le aplicó la policía con las Taser. 
 Larreta celebró la autorización del gobierno nacional quien finalmente liberó la distribución de las pistolas a través de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMAC). Ya en 2019 el gobierno del Frente de Todos había aprobado el llamado a licitación y poco después, en 2020, la compra. "Después de tanto tiempo en el que hubo hechos lamentables, que podríamos haber evitado, el gobierno nacional finalmente se dignó a habilitarnos las importaciones" reprochó Larreta. En 2019, Santilli y Larreta habían intentado implementarlas, pero no prosperó. Con el gobierno de Alberto Fernández, en 2019, la ex ministra de Seguridad Sabina Federic aprobó la utilización de las Taser para cuerpos especiales (de élite). En sintonía con la línea de “la seguridad democrática” de Frederic-Verbitsky-Garré -impulsores del ´armamento no letal´ para los cuerpos represivos del Estado- el CELS expresó reservas: "Antes de ampliar su uso es preciso generar evaluaciones, regulaciones estrictas, capacitaciones para las policías y sistemas de control". 
 “Son útiles sobre todo en grandes concentraciones sociales”, planteó el candidato larretista. Quizás tuviera en mente al gobernador Sáenz de Salta, quien reprimió y montó una deliberada cacería de docentes para desarmar las enormes movilizaciones autoconvocadas. Dicho sea de paso, no se ha expresado respecto de la represión a los docentes ni el CELS, Wado de Pedro ni nadie del elenco K.
 Larreta reivindicó el uso de las Taser en un cuadro de crecimiento imparable de la pobreza, y mayor desempleo. La contracara es el descomunal enriquecimiento de la clase capitalista. 
 Larreta no tiene una solución para la inseguridad que la política capitalista fomenta y la descomposición de su Estado. 

 Maxi S. Cortés 
 30/05/2023

Erdogan se impone en segunda vuelta


La victoria de Erdogan en la segunda vuelta ha confirmado las previsiones de la prensa internacional. El apoyo al ultraderechista Onan, que había obtenido el 5 % de los votos, se repartió entre el oficialismo y la oposición. El candidato opositor Kemal Kilicdaroglu había logrado unificar al grueso de la oposición, pero esto no alcanzó para evitar sus sucesivas derrrotas. Erdogan necesita ahora un triunfo adicional en las elecciones municipales próximas. 
 Erdogan ha logrado controlar momentáneamente mediante la compra de gas y granos rusos a precio preferencia. En las zonas arrasadas por los terribles terremotos que causaron más de 50.000 muertes en el sur del país, obtuvo guarismos cercanos al 85 %. La oposición, por su parte, ha logrado hacer de las ciudades y la costa del Egeo su bastión. En las zonas afectadas por los terremotos existe la expectativa de que Erdogan movilice a los pulpos de la construcción de su entorno para el enorme desafío de reconstrucción. 
 La victoria de Erdogan ocurre en medio de una crisis inflacionaria, que está acompañada con una actividad económica de signo positivo. Las reservas del banco central se encuentran en rojo. Lo que The Economist (28/05) define como el intento por frenar una corrida contra la lira ha terminado en una fuga de divisas extraordinaria, la banca y la bolsa -asociadas a la oposición- han bajado el pulgar a la reelección. 
 La victoria de Erdogan en un mar de crisis inflacionaria debería alentar las expectativas de Massa. Con, además, un déficit enorme de cuentas con el exterior y reservas netas escasas, se espera ahora una megadevaluación insoslayable de la lira. Otra lección para Argentina será ver como enfrentarán las masas estos golpes próximos y cómo reaccionará el sultán otomano: Erdogan juega su destino político en la guerra OTAN-Rusia; ha provisto de drones a Ucrania y ha comprado misiles antiaéreos a Rusia, además de arbitrar la venta de cereales a través del turbulento Mar Negro. Erdogan seguirá explotando sus oportunidades geopolíticas para evitar que la crisis económica se lo lleve puesto. 

 Joaquín Antúnez 
 29/05/2023

Trabajar 5 días, 6 horas | Entrevista a Martín Paredes, trabajador del Subte afectado por asbesto

Jorge Altamira en Futurock

lunes, 29 de mayo de 2023

El programa económico de Javier Milei

La política económica de Patricia Bullrich

Lo que el Estado transfiere a la Iglesia Católica


La publicidad misógina, antiobrera y homofóbica de la Iglesia Católica es subsidiada, en la Ciudad y en el país, en gran parte por el Estado. Además de que la Constitución dice en el artículo 2 que “el Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”, existen seis decretos de la dictadura militar que obligan a pagar hasta los sueldos de los curas. Llevan la firma de Videla pero ningún “restaurador democrático” se animó a derogarlos. Por el contrario, un enjambre de resoluciones, decretos y leyes locales han ampliado los aportes del Estado. 
 Solo en salarios cobran del Estado, según las Organizaciones Laicistas Argentinas, 153 obispos y arzobispos, 640 sacerdotes y 1.100 seminaristas, por un total de 202.072.246 pesos estipulados en el Presupuesto 2023. Los obispos y arzobispos cobran el 70% del sueldo de un juez, 578.000 pesos. En el otro extremo, cada seminarista cobra un subsidio “equivalente al sueldo de la categoría 10 de la administración pública nacional”. 
 Los curas tienen pasajes gratuitos tanto al interior como al exterior del país. El mayor aporte a la Iglesia tiene, sin embargo, carácter indirecto y muy difícil de cuantificar: exenciones impositivas (ingresos brutos, ganancias, etc.), financiamiento, “puesta en valor” de sus propiedades -por ejemplo la multimillonaria restauración de la Basílica de Luján-, subsidios a los institutos educativos de todos los niveles, cesión de terrenos y edificios públicos sin que deba pagar ningún impuesto. 
 Los subsidios a escuelas religiosas son imposibles de calcular porque no hay una discriminación en el Presupuesto y es una información que tienen los Ministerios de Educación de cada provincia y no es pública, según explica la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). 

 Olga Cristóbal 
 28/05/2023

Nuevo arzobispo porteño: un excura villero, amigo de Massa y enemigo de las huelgas


El papa Francisco designó arzobispo de la arquidiócesis de Buenos Aires a Jorge Ignacio García Cuerva, de 55 años, desde 2019 obispo de Río Gallegos pero excura villero. Bergoglio lo considera propia tropa, con muñeca política y capaz de dirigir la intervención de la Iglesia en un contexto de enorme inestabilidad política y de dramática pobreza de las mayorías, afirma Sergio Rubin, especialista en temas del clero en Clarín (27/5). Es una decisión de largo alcance. Por su edad, García Cuerva podría tener un mandato de 20 años. Los arzobispos porteños suelen ser también designados cardenales, la autoridad máxima de la Iglesia Católica. 
 Para medir la importancia política del cargo que ocupará García Cuerva se puede tener en cuenta que la arquidiócesis porteña cuenta con 186 parroquias, 188 iglesias y capillas, un total de 764 sacerdotes, 1.430 religiosas y 663 centros educativos. Una potente red de centros de difusión y de militantes clericales que se extiende por toda la ciudad, subsidiada en gran parte por el Estado. 
 García Cuerva, hijo de un comodoro de la Fuerza Aérea, es teólogo y abogado. Tiempo Argentino afirma que militó en la Juventud Peronista durante los primeros años de restauración democrática. No pertenece al poderoso clero porteño: fue ordenado sacerdote en 1997 por el obispo Jorge Cassaretto, que condujo Cáritas por casi una década. 
 El flamante arzobispo vivió y fue vicario parroquial de la villa La Cava, en San Isidro, durante más de 15 años. Creó numerosos centros barriales que pusieron énfasis en la captación de la juventud. En 2017 se convirtió en obispo auxiliar de Lomas de Zamora y después partió a la tierra de los Kirchner. Pertenece a la Pastoral Carcelaria y se lo considera experto en drogadependencia. 
 García Cuerva ganó notoriedad como gay friendly cuando, a diferencia de muchos colegas, aceptó bautizar a los hijos de Flor de la V. Suele decir que uno de los actos más difíciles de su vida fue firmar la expulsión de la vida clerical de tres curas abusadores sexuales de Río Gallegos en el marco de la consigna “tolerancia cero”.
 A diferencia de Bergoglio, García Cuerva mantiene de sus años en la zona norte bonaerense una sólida relación con Sergio Massa y Malena Galmarini. Cuando asumió como obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, el propio Massa viajó a la capital santacruceña. También con los Cafiero.
 Esto no le impidió distanciarse del gobierno de los Fernández. Alguna vez los acusó de “falta de humildad y escucha”. Y no se priva de recordar que durante la pandemia: “Cuando no podíamos reunirnos, ni vacunar a nuestros abuelos, ellos se vacunaban y se reunían”. 

 Con los pobres pero contra las huelgas 

Simultáneamente, el papa aceptó la renuncia al cardenal conservador Mario Aurelio Poli, que la presentó en 2022 cuando cumplió 75 años. No le extendió su mandato, como sí hizo con su amigo Ojea de la Conferencia Episcopal y otros. Sin embargo, a Poli le concedió varios meses para “cubrir las vacantes de parroquias y otros nombramientos” (Ámbito 25-5). También para dirigir el Tedeum del 25 de Mayo cuando, en línea con la prédica del embajador de Estados Unidos, Poli reclamó un gesto de “unidad” política –“que todos sean uno”- en la cara del presidente, el pleno del fernandismo, Massa, De Pedro, Rodríguez Larreta, Quirós y Jorge Macri (Ámbito, 25/5). 
 En Río Gallegos, el flamante arzobispo también dio su propia homilía: “La inflación es el impuesto a los pobres”, dijo, y lamentó que, aunque se ofreció no lo aceptaron como mediador en el conflicto docente y por eso no logró “abrir el diálogo entre los docentes y el gobierno de Alicia Kirchner”. El curita villero mostró clarita la hilacha antiobrera cuando se refirió a los 40 días de huelga de la docencia santacruceña: “Desgraciadamente, todavía no hay solución y no hemos encontrado una manera más creativa de hacer protestas que la de dejar a los chicos sin clases”.
 Quedó todo dicho. 

 Olga Cristóbal 
 28/05/2023

Lomas de Zamora: vecinos movilizaron en defensa de la Reserva de Santa Catalina


Reclaman la expropiación provincial, que incluya los terrenos “cedidos” a Covelia. 

 El pasado martes 23, en horas de la mañana, vecinos y organizaciones ambientalistas, sociales y políticas de Lomas de Zamora realizaron una actividad con movilización al frente e interior de la Reserva Nacional de Santa Catalina, contra el intento de enajenación de 15 hectáreas por parte de la Universidad Nacional de La Plata y por la devolución de las 300 ha cedidas a Covelia. 
 En el día de la acción estaba prevista una recorrida convocada por la Unlp a los fines de “exhibir” los terrenos puestos a la venta por medio de una licitación publicada recientemente. Proceso que ha sido suspendido por una medida cautelar por tres meses, que aún no resuelve la cuestión de fondo. 
 Desde la Multisectorial Santa Catalina, espacio donde se discuten las medidas y acciones en defensa de la reserva natural, reclaman la reglamentación de la ley provincial 14.294/11 en defensa de los espacios verdes y la salida de Covelia del humedal que ocupa hasta la actualidad. 
 El oficialismo lomense y de la provincia de Buenos Aires hacen campaña con el proyecto de expropiación de los terrenos de la reserva presentado en la legislatura bonaerense, sin embargo el mismo omite la recuperación de las 300 ha que actualmente ocupa Covelia. 
 El Partido Obrero, Tribuna Ambiental y el Polo Obrero participaron de la medida de acción del pasado 23 y se han puesto a disposición de esta lucha con todos sus recursos militantes y políticos, para defender la Reserva Natural de Santa Catalina de los especuladores privados y los negocios capitalistas. 
 Sigamos la lucha en defensa de ella reserva natural, por la expropiación de los terrenos y el cumplimiento de la ley 14.294 y la devolución de las tierras ocupadas por Covelia.

 Marcelo Mache

“Misántropo”: un thriller en épocas de mass shootings


Se estrenó el film de Damián Szifron. El director de "Relatos Salvajes" incursiona en el género policial.

 “En estos relatos el detective (cuando existe) no descifra solamente los misterios de la trama, sino que encuentra y descubre a cada paso la determinación de las relaciones sociales. El crimen es el espejo de la sociedad, esto es, la sociedad es vista desde el crimen: en ella (…) se ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones personales hasta reducirlas a simples relaciones de interés, convirtiendo a la moral y a la dignidad en un simple valor de cambio” 
 Ricardo Piglia, “Lo negro del policial” 

 El policial en sus distintos subgéneros (claśico, negro o suspenso/thriller) es quizás el género más representativo de la sociedad burguesa. Bien temprano desde su surgimiento y durante todo el siglo XX, distintos teóricos culturales han buscado explicar su popularidad, sus preceptos y la relación que establece con la “verdad”, desde el citado Ricardo Piglia, pasando por Tzvetan Todorov, Bertold Brecht o el trotskista belga, Ernest Mandel, que en su libro “Crimen Delicioso” reflexionaba sobre las razones detrás de este entrelazamiento de la sociedad burguesa con el género policial, afirmando que “la sociedad burguesa en y por sí misma engendra el crimen, se origina en el crimen y lleva al crimen”.
 Género literario moderno si los hay, no pasaron demasiados años hasta que fue representado en el cine por primera vez, en “Histoire d’un crime”, de Ferdinand Zecca, en 1901, abriendo así un largo y prolífico derrotero hasta la actualidad. Haciendo uso de dispositivos propios (traducción del melodrama tras la movilización total; por ende, la última forma de conservar la representación trágica, en palabras de Angel Faretta) el séptimo arte ha sido un fiel y gran exponente del policial. “Zodiac” (Fincher, 2007) inclusive es considerada por muchos, como la “última película” de Hollywood, antes del surgimiento y copamiento de la industria por parte de las películas de superhéroes. 
 Sin embargo, no toda historia llega a su fin y no necesariamente la última palabra ha sido dicha. Generaciones de nuevos realizadores surgen recogiendo el guante y la reciente estrenada “Misántropo” (To Catch a Killer, 2023), del director argentino Damián Szifron, arremete sin previo aviso para ser un fiel exponente de su época. 
 El director de “El fondo del mar” y “Relatos Salvajes” nos trae su primera película de producción norteamericana, ambientada en la ciudad de Baltimore en las vísperas de las fiestas de año nuevo. Un comienzo espectacular (con fotografía nocturna de Javier Juliá) nos desvela un asesinato en masa en vivo y directo por parte de un tirador oculto que no duda en disparar a un sinfín de ciudadanos en terrazas, ascensores y en las calles, acabando con la vida de niños, mujeres y hombres sin importar etnia, credo o clase. 
 “Misántropo” no es un policial tradicional porque tampoco lo es su temática. En lugar del crimen sigiloso y acotado, el objeto del film es uno de los espectaculares tiroteos masivos que se han puesto de moda en las últimas décadas y que ponen de relieve la alienación y el nivel de violencia que atraviesa a la principal sociedad capitalista del mundo, con 256 asesinatos en masa en lo que va del 2023 (según el sitio de Gun Violence Archive) y un Estado policial que, en paralelo a su guerra contra los pueblos del mundo, aplica el gatillo fácil y el crimen racista (George Floyd) dentro de su propio territorio. 
 A lo largo del film, brillantemente filmado y con un ritmo que no da respiro, la cabo Eleanor Falco (Sailene Woodley), junto con el agente Geoffrey Lammark (Ben Mendelsohn) tratarán de dar caza al asesino incógnito, que curiosamente no muestra ninguno de los rasgos característicos de los asesinos en masa yankees (quizás solo comparable al caso real de Theodore “Ted” Kaczynski, el “unabomber”).
 “Misántropo” logra salirse del canon clásico del policial para abrir el paraguas e involucrar el interjuego con la política y la inoperancia de los altos mandos, representado, por ejemplo, en una de las escenas entre Lamarck y uno de los asesores del alcalde en pos de levantar las restricciones en la ciudad a pesar de que el asesino sigue suelto, con lindos guiños a “Tiburón”, de Steven Spielberg. Debates como el compromiso con el poder, los problemas raciales, la portación de armas y los grupos de ultraderecha, están todos representados genialmente por el director de “Los Simuladores”, sin perder la sutileza y el hilo de la trama.
 Sin menospreciar un film muy sólido y contundente, los límites del género están presentes. Así vemos dispositivos para justificar y acercar al espectador al accionar de las fuerzas represivas, o la necesidad de mostrar una policía buena en contraposición a una corrupta. 
 Los tiroteos masivos, muchas veces de connotaciones racistas y xenófobas, que se extienden incluso a escuelas y supermercados, son un indicio de descomposición social en la principal potencia capitalista del mundo. Como no podía ser de otra manera, el arte se hace eco de esto y “Misántropo” nos los trae a la pantalla grande.

 Pedro Cataldi

domingo, 28 de mayo de 2023

Néstor Kirchner, el salvador… de los fondos buitre


Algunas consideraciones sobre el rescate de la deuda fraudulenta, en el marco del vigésimo aniversario de la asunción de Kirchner como presidente de Argentina.

 Este 25 de mayo se cumplirá el vigésimo aniversario de la asunción de Néstor Kirchner como presidente de Argentina. El Frente de Todos organizó un acto en Plaza de Mayo, que tendrá a Cristina Kirchner como única oradora, tanto para conmemorar el aniversario como para montar un show político, en el marco de un derrumbe económico-social y de la bancarrota del elenco oficial. La experiencia del otrora mandatario, con sus particularidades, fue un episodio más de la historia del nacionalismo burgués argentino en el poder. Y un aspecto fundamental de ese capítulo fue la renegociación de la deuda externa que Kirchner llevó a cabo en 2005, de la que el actual presidente Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete, y Roberto Lavagna, que fungía como ministro de Economía, fueron partícipes. 
 Al llegar al sillón de Rivadavia, Kirchner se encontró con una deuda pública de 181.000 millones de dólares, heredada del gobierno de Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo. De ese total, el mandatario terminó por reestructurar unos 81.800 millones, logrando una quita de aproximadamente 40.000 millones. A ese canje ingresó el 76% de los acreedores. Cabe destacar que los acreedores que ingresaron al canje habían comprado los bonos cuando valían apenas unos pocos centavos. La reestructuración de la deuda externa significó el rescate de distintos grupos burgueses y sectores del capital financiero internacional. Para los capitalistas que adquirieron los bonos a precios de remate significó un negoción; obtuvieron ganancias del 100%.
 La renegociación K garantizó a los bonistas una tasa de interés del 10-11% anual en dólares, la cual estaba por encima de la tasa internacional media de la época. La deuda quedó configurada de la siguiente manera: una porción de ella (más del 40%) correspondía a títulos emitidos en pesos argentinos que tenían una tasa de interés fija del 2% y cuyo capital se encontraba indexado a la evolución de la inflación; otra parte de los bonos quedó nominada en moneda extranjera, con intereses atados al crecimiento de la economía nacional (cupón PBI), la cual se había hundido con la crisis de 2001-2002. La quita fue compensada mediante estos beneficios. Para honrarlos, Kirchner se comprometió a sostener un superávit fiscal. 
 Se trató de una política de expropiación de los ingresos futuros de los trabajadores en beneficio del capital. Por los términos del canje, la deuda aumentó en 600 millones de dólares por cada punto adicional de inflación y se debieron pagar 1.200 millones al año en concepto de intereses por los bonos en dólares ajustados al incremento del PBI (esto, tomando como parámetro que Argentina, hasta 2008, tuvo tasas de crecimiento superiores al 8% en el marco de una bonanza económica mundial y gracias a que se partía de una base de comparación bajísima). 
 Por otro lado, los créditos que Argentina mantenía con organismos como el FMI, el Banco Mundial y el BID (los cuales poseían más de la mitad de la deuda) se pagaron sin “quita” alguna. Al Fondo se le entregaron unos 10.000 millones de dólares cash, y al BID otro tanto, también en efectivo. En diciembre de 2005, el monto de dinero otorgado al FMI equivalía a cinco años del presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires y a doce años del presupuesto de Salta. Además, los dólares que “devolvió” Kirchner se habían utilizado para financiar una fuga de capitales en 2001. 
 El canje de Néstor Kirchner le permitió a la burguesía reconstituir sus lazos con el capital financiero internacional y volver a acceder al mercado de créditos. Fue parte de una política estratégica del expresidente, a saber, avanzar en la reconstrucción de la burguesía nacional, la cual se vio afectada por la catástrofe del 2001. Esta “reconstrucción” se desarrolló, entre otras cosas, sobre la base de una desvalorización del precio de la fuerza de trabajo producto de la devaluación del 200% que aplicaron el antaño presidente Eduardo Duhalde y su ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, tras la salida de la convertibilidad. 
 Este proceso, asimismo, tuvo lugar en un escenario económico internacional favorable, caracterizado por el acople chino-norteamericano, en el que una reactivación de la demanda mundial de mercancías produjo que los precios de las materias primas que exportaba Argentina subieran. Kirchner también benefició a la clase capitalista manteniendo un dólar “recontra alto”. El gobierno procedió a comprar los dólares que ingresaban (había superávit comercial) con el objetivo de evitar una apreciación del peso y mantener artificialmente alto el precio de la divisa norteamericana, lo que le permitió al capital agrario obtener rentas extraordinarias y a la burguesía industrial nativa protegerse de la competencia foránea, pagando salarios devaluados. Para comprar esas divisas que ingresaban se emitió una gran cantidad de pesos, con su consecuente efecto inflacionario.
 Néstor Kirchner nunca defendió la soberanía nacional, como dicen los cuentos fantásticos del peronismo. Después de él, CFK mantuvo en pie este esquema de exacción de la riqueza nacional. Cuando asumió la presidencia del país en diciembre de 2007, la deuda pública se ubicaba en 144.700 millones de dólares; concluyó su segundo mandato con una deuda pública de 240.665 millones. En el medio, pagó alrededor de 200.000 millones. Para estos menesteres llegó a estatizar las AFJP; a noviembre de 2010 se habían pagado 20.000 millones de dólares con plata de los jubilados. En diciembre de 2015, el 69% de la deuda pública estaba nominada en dólares. Los Kirchner, al igual que la derecha, han reconocido y pagado deudas ilegítimas y fraudulentas (Ciadi, Club de París, etcétera).
 Entretanto, la fuga de capitales persistió: en la actualidad, la burguesía argentina tiene 400.000 millones de dólares (más de un PBI anual) en el exterior. Es decir que de la mano de la burguesía nacional que se propuso “reconstruir”, el kirchnerismo desfalcó el país. No utilizó los dólares que obtuvo para desarrollar las fuerzas productivas. En cambio, sí los usó para pagar deuda externa y garantizar la fuga de capitales. Además, contribuyó a profundizar el carácter primarizado de la economía nacional.

 Antisoberanía 

El pago de la deuda externa usuraria, fraudulenta e impagable es una política reaccionaria. Es un instrumento de las principales potencias capitalistas para oprimir y saquear a los países semicoloniales. Asimismo, es un fenómeno en extremo parasitario, ya que no se realizan inversiones para generar nuevo valor sino que se rescatan viejos pasivos que a su vez vienen de rescates anteriores; una bola de nieve que se sigue agrandando. Así, el capital financiero se apropia de una parte de la plusvalía producida por los trabajadores. A través de esto, las naciones más ricas condicionan la política interna de los países oprimidos, con la complicidad de las burguesías nativas (esto lo demuestra que la clase capitalista argentina es acreedora del país). 
 Este sometimiento del país a los dictados del capital internacional tuvo su traducción, en el plano político, en un alineamiento mayor del entonces gobierno K a la política exterior del imperialismo. Néstor Kirchner, al igual que sus pares “nac&pop” de América Latina (Lula, Evo Morales, Mujica), envió tropas militares a Haití para sostener un golpe pro-yanqui. Además, se plegó a la política antiiraní de George W. Bush. Kirchner siguió los pasos de su compañero Carlos Menem, quien envió efectivos castrenses a la Guerra del Golfo para respaldar a la coalición imperialista integrada por Estados Unidos, Francia, Reino Unido, entre otros. 
 Kirchner, del mismo modo que CFK y la oposición patronal, ha pagado la deuda externa confiscando a los trabajadores y a los jubilados. Actualmente, Argentina está endeudada hasta los tuétanos y podría irse al default. Y la economía mundial, cuya crisis se ha agravado por la guerra, se dirige hacia una depresión.

 Nazareno Suozzi

Los cuatro jinetes del FMI

Cristina-Máximo-Wado-Massa, un plan entreguista para llegar a diciembre. 

 La presencia de Máximo Kirchner en el avión que lleva a Massa y a sus funcionarios a China no deja dudas: las actuales tentativas de Massa por rescatar al exhausto “plan Aguante” tienen todo el aval del kirchnerismo. En las horas previas al viaje, Massa se reunió también con Kicillof y Wado de Pedro. Se ha establecido un cuarteto o quinteto del aguante, dirigido a sostener al gobierno del FdT cuando el agotamiento de las reservas internacionales, la inflación galopante y la crisis social han dejado a la transición electoral pendiendo de un hilo. El “cuarteto” es una especie de gobierno de emergencia no declarado, cuando el presidente formal electo por el FdT se ha convertido en un espectro.
 La primera parada de este tándem, en China, ofrece más traslados y gastos que resultados a la vista. La ampliación del swap concedido por ese país a la Argentina no representará más de 3.000 millones de dólares adicionales, engrosando una deuda externa sobre la cual China no admite ni quitas ni refinanciaciones. China está debiendo, además, fondos para la construcción de la represa de Santa Cruz –una parte de los dólares “liberados”, por lo tanto, serán consumidos con ese objetivo. La agenda “geopolítica” de las reuniones en China no es conocida. En el paquete litigioso, están las tareas de investigación aeroespacial en Neuquén, objetadas por Estados Unidos. Lo mismo ocurre con la eventual venta de aviones caza a la Argentina. 
 El otro propósito anunciado para la gira es la obtención de un auxilio financiero del Banco de los BRICS. Pero ese préstamo exigiría una reforma de su estatuto, que sólo prevé esas ayudas para los países miembros. La reticencia para cambiar la norma y favorecer a la Argentina tiene un fundamento: detrás de Massa y su gobierno, vendría un lote de países “amigos” en situación de default, a pedir el mismo tratamiento. El primero en la fila sería la atribulada Bangla Desh. El plan precario del cuarteto oficial choca con los límites de una bancarrota financiera global en ciernes, junto a los choques crecientes de la guerra internacional. 
 El kirchnerismo ha publicitado la visita de Máximo-Massa a China como señal de autonomía ante el departamento de Estado y el FMI. Es probable que el superministro esté pergeñando lo contrario: servirse del fracaso relativo o absoluto de las gestiones en China para precipitar luego al recauchutaje del acuerdo con el Fondo, en los términos que todos conocen. El FMI podría aceptar un adelanto de desembolsos a cambio de una devaluación del dólar oficial y/o de un desdoblamiento cambiario. En ese caso, el cuarteto pilotearía la transición electoral con la carga inmensa de ese cimbronazo, que intentaría controlar con algún remedo de consenso de precios y salarios, en yunta con otro participante crucial de la orquesta –la burocracia de los sindicatos. 
 Los cuatro jinetes cabalgan demasiado cerca del apocalipsis. A sabiendas de ello, ha cobrado una fuerza inusitada la discusión por las listas municipales en la provincia de Buenos Aires. Si el cuarteto´ sólo puede administrar una derrota, que sea asegurándole a lajuventud maravillosa` una generosa continuidad en la burocracia del Estado. En el caso de Cristina Kirchner, a esa pretensión se suma la posibilidad de un tránsito más benigno por las sedes judiciales. 
 En verdad, el debut del tándem Wado-Massa y cía ha tenido otro episodio, que nadie ha destacado: el muchacho de la “generación diezmada” se calló la boca rigurosamente frente a la represión a los docentes salteños, perpetrada por el massista Sáenz. Una poderosa señal en favor de los devaluadores y acreedores: como lo prometió su jefa, el reciclado “frente nacional y popular” que nació bajo la lluvia del pasado 25 pagará la deuda con los usureros a como dé lugar. 

 Marcelo Ramal 
 28/05/2023

Washington, hablemos de reparaciones

Kissinger, un genocida cumple cien años


El 27 de mayo Henry Kissinger cumple un siglo de vida, cuando se cumple medio siglo de algunos de los crímenes más infames en distintas partes del mundo, los cuales llevan su firma. Momento para recordar algunos de los impresionantes logros de una mente psicópata. 
 Kissinger no inventó nada en materia de manipulación mediática y de masacres preventivas en nombre de la libertad y en procura de más poder. No lo distingue nada de otros psicópatas que actuaron en el silgo XIX y antes de la Guerra Fría, sino su longevidad. De hecho, repitió hasta el hastío, por todo el mundo, el modelo aplicado a Guatemala en 1954. 
 En su penúltimo mensaje radial, Árbenz había declarado: “Nuestro único delito ha sido el darnos nuestras propias leyes; nuestro crimen ha sido el aplicarlas a la United Fruit… No es verdad que los comunistas están tomando el poder en nuestro gobierno… No hemos impuesto ningún régimen del terror; por el contrario, los amigos guatemaltecos del Sr. John Foster Dulles son quienes desean imponer el terror entre los guatemaltecos atacando a niños y mujeres desde aviones piratas”. 
 Cuando Guatemala solicitó una comisión investigadora de la ONU, el embajador de Estados Unidos, Henry Cabot Lodge, vetó la resolución. La CIA continuó bombardeando por tres días los abastecimientos de petróleo y arrojando bombas NTN sobre Chiquimula, Gavilán y Zacapa. El 27 de junio, Árbenz leyó su último mensaje por la radio pública: “Les digo adiós, amigos míos, con amargo dolor, pero manteniendo firme mis convicciones. Cuiden lo que tanto ha costado. Diez años de lucha, de lágrimas, de sacrificios y de conquistas democráticas”. 
 Estas palabras de despedida de Árbenz se repetirán casi veinte años después cuando en Chile, 1973, Salvador Allende deba hacer lo mismo. De la misma forma, la declaración de inocencia de los secretarios John Foster Dulles en 1954 y la de Henry Kissinger en 1973 se repetirán como si fuesen escritas en papel calco, como otra prueba de la paranoia sistemática de quienes necesitan controlar el mundo. 
 También como lo hizo Kissinger horas después del golpe de Estado en Chile en 1973, en 1954 el Secretario de Estado, John Foster Dulles informó que “el Departamento de Estado no tiene ni el más mínimo indicio de que se haya tratado de otra cosa que de una rebelión de los guatemaltecos contra su gobierno”. Una vez consumado el golpe, el mismo Dulles, el fanático religioso que se guiaba por la rectitud moral de las Escrituras, después de organizar el complot en base a repetidas mentiras, anunció en cadena de radio: “El gobierno de Guatemala y sus agentes comunistas de todo el mundo han insistido en oscurecer la verdad —la del imperialismo comunista— denunciando que el interés de Estados Unidos era proteger los intereses económicos de las empresas estadounidenses… Liderados por el coronel Castillo Armas, el pueblo guatemalteco ha decidido derrocar al gobierno comunista. Ha sido un asunto interno de los guatemaltecos”.
 Con el golpe de Estado de 1954, la UFCo no sólo recuperó sus tierras nacionalizadas sino que se privatizaron varias áreas de propiedad pública. Los generales del ejército participantes del golpe también recibieron tierras, una especie de reforma agraria inversa. Washington invirtió millones de dólares en Guatemala bajo dictadura para demostrarle al mundo la eficacia de la obediencia a la que llamará, por alguna misteriosa razón, democracia. 
 Miles de campesinos que se negaron a abandonar las tierras otorgadas por Árbenz fueron desplazados por la fuerza o, simplemente, ejecutados. Otros 200.000 guatemaltecos serán asesinados o masacrados por las dictaduras militares que seguirán hasta los años 90. El presidente Ronald Reagan las llamará “dictaduras amigas” y las pondrá como modelos de libertad y democracia. 
 El 11 de mayo de 1967, Richard Nixon repitió su tour latinoamericano de una década atrás. Esta vez no encontró ni críticas, ni manifestaciones de estudiantes ni escupitajos como en 1958. Claro, tampoco tantas democracias. Desde el golpe contra Rómulo Gallegos en Venezuela en 1948, América latina perdió una decena de democracias, gracias a la ayuda económica, estratégica y moral de Washington. 
 Al día siguiente, el New York Times reprodujo un cable de UPI con las declaraciones de Nixon en Buenos Aires: el general Onganía “es uno de los mejores líderes que conocí en mi vida”. Al igual que su amigo Henry Kissinger, sabe y dice la verdad: nada importante ocurre en América del Sur o a nadie en el norte debe importarle. 
 El 8 de setiembre de 1970, en una reunión secreta de la Comisión 40 para impedir que Allende asuma como presidente electo en Chile, se encontraban presentes el Asesor de Seguridad nacional, Henry Kissinger, el fiscal general John Newton Mitchell y el director de la CIA Richard Helms, entre otros. Según Henry Kissinger, Allende, como Árbenz en Guatemala dos décadas atrás, era un peligro mayor que Fidel Castro por haber llegado a la presidencia a través del voto, lo cual serviría no sólo como ejemplo para otros países de la región sino, incluso, para Europa, como era el caso inminente de Italia.
 El 12 de setiembre, Kissinger le comunicó a Richard Helms la decisión de impedir que Allende tome posesión del cargo a cualquier precio. Más tarde, con su arrogancia clásica, confirmó la filosofía fundacional del proyecto: “No veo por qué razón deberíamos limitarnos a ver cómo un país se convierte en comunista por la irresponsabilidad de su propia gente”. El director de la CIA, Richard Helms, le escribió a Kissinger con la solución, por cierto, nada creativa: “Un repentino desastre económico será el pretexto lógico para justificar una acción militar”. 
 Tres días después, el martes 15, en reunión secreta con Kissinger, Helms tomó nota de las palabras del presidente Nixon. Con letra apurada, escribió en forma de verso: “cualquier gasto vale la pena / ningún riesgo que pueda preocuparnos / mantener la embajada por fuera / diez millones de dólares o más si es necesario / haremos que la economía chilena grite de dolor”. El 25 de noviembre, Henry Kissinger le envió un memorándum al presidente Nixon para la actuación en Chile con el título “Acción encubierta en Chile”, en la cual resume la estrategia a seguir: 
 “1) Fracturar la coalición de Allende; 
 2) Mantener y extender los contactos con el ejército chileno;
 3) Proveer de ayuda a los grupos no marxistas; 
 4) Darle visibilidad a los diarios y los medios contrarios a Allende; 
 5) Apoyar a los medios como [censurado] para que inventen que Cuba y los soviéticos están detrás de su gobierno. 
 El Comité ha aprobado las medidas de actuación de la CIA y el presupuesto necesario”. 
 Nixon reemplazó al embajador Korry por Nathaniel Davis y al director de la CIA, Richard Helms, por James Schlesinger en procura de una mayor agresividad en la ejecución del plan. La CIA canalizó millones de dólares, esta vez no para los políticos amigos sino para crear rabia e insatisfacción popular contra el gobierno que apenas había asumido y para torcer el ejército chileno en contra del orden constitucional, alegando razones morales y patrióticas. El Plan B funcionó a la perfección. La estrategia fue efectiva: continuar la guerra económica y psicológica antes de la solución final. El 21 de setiembre, el embajador Edward Korry le envió a Kissinger un reporte oficial : “No permitiremos que ni una tuerca ni un tornillo llegue a Chile mientras Allende sea presidente. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para condenar a Chile y a todos los chilenos a la mayor miseria que sea posible”. 
 Para facilitar el plan, Kissinger solicitó colaboración a su viejo amigo, David Rockefeller, director general del banco de la familia, el Chase Manhattan Bank (luego JPMorgan Chase), y uno de los principales bancos en Chile. Nixon cortó los créditos de aquel país, pero no las ayudas millonarias a la oposición. El gerente de ITT en Chile, John McCone (ex director de la CIA, dueño del 70 por ciento de las telefónicas en ese país y distinguido en 1987 por Ronald Reagan con la Medalla Presidencial de la Libertad) ya había informado de su disposición de poner un millón de dólares para desestabilizar a Allende. Su primera donación había sido de 350.000 dólares para la campaña política del rival de Allende, Jorge Alessandri, la cual había sido igualada por múltiples donaciones de otras grandes corporaciones estadounidenses en Chile. 
 Aunque el 3 de julio de 1972 el New York Times había publicado el informe de uno de sus enviados identificado como Mr. Merriam filtrando los sobornos de ITT en Chile, ni a Nixon ni a Kissinger les importó, como alguna vez les importó a sus predecesores. Años antes, el Pentágono había financiado y organizado diferentes infiltraciones en la academia sudamericana con programas como el Proyecto Camelot en Chile, el que debió ser suspendido por el Secretario de Defensa de entonces, Robert McNamara, el 8 de julio de 1965 “debido a la mala publicidad de la que ha sido objeto”. 
 En Washington, Henry Kissinger dio una conferencia de prensa y, como copia del discurso exculpatorio del Secretario de Estado John Foster Dulles luego de destruir la democracia en Guatemala en 1954, negó cualquier participación del gobierno de Estados Unidos en el golpe militar de Chile. Kissinger sigue, letra por letra, el manual de la CIA que, por décadas, exige que todo lo que sea hecho debe ser hecho “permitiendo una negación plausible” y, bajo cualquier circunstancia, “nunca se debe admitir alguna participación en ningún hecho, aunque todas las pruebas indiquen lo contrario”. 
 El 6 de julio de 1971, Kissinger informó al mismo comité que la Casa Blanca le ha encomendado eliminar al nuevo gobierno de Bolivia, liderado por un militar con tendencias izquierdistas llamado Juan José Torres. Kissinger considera que la nueva Asamblea del Pueblo donde obreros, mineros, campesinos y universitarios participan por igual, es una de las mayores amenazas inspiradas por los soviéticos, por lo cual era necesario ayudar a la oposición con dinero y propaganda. En el comité se concluye que antes “teníamos un líder a quien apoyar [general René Barrientos] y ahora tenemos un auto en marcha y estamos en la búsqueda del conductor”. 
 Casi al mismo tiempo, el secretario ejecutivo del Departamento de Estado Theodore Eliot comunicaba de forma confidencial que Washington estaba preocupado por la posibilidad de que el nuevo partido de izquierda, el Frente Amplio, pueda ganar la intendencia de Montevideo y no quería un nuevo Allende, aunque sea en una alcaldía. Echando recurso a una estrategia más indirecta que la usada en Chile, Washington intervino en el proceso electoral, como lo hizo a lo largo de las décadas anteriores, propagando información conveniente, plantando editoriales en “diarios prestigiosos” e infiltrando las fuerzas de represión locales. Aunque lejos de la violencia desatada por generaciones en las repúblicas tropicales, en Uruguay también se contaba con la excusa perfecta del combate a un grupo subversivo llamado Tupamaros, surgido años después de la intervención de la CIA en uno de los países más independientes y democráticos del continente. El memorándum a Henry Kissinger informaba sobre las buenas posibilidades de su candidato preferido, Juan María Bordaberry, aunque también advertía que en Uruguay “el fenómeno de los Tupamaros es básicamente una revolución de la clase media en contra de un sistema que no ofrece oportunidades de participación”. 
 Para las cruciales elecciones de 1971, Washington y Brasilia ya se habían encargado de que el Frente Amplio obtenga una mala votación y que el Partido Blanco (el partido de Nardone, ayudado por la CIA una década atrás, pero ahora posicionado unos pasos hacia la izquierda con su candidato Wilson Ferreira Aldunate) pierda las elecciones. Luego de meses de recuento y de denuncias de fraude, el candidato del Partido Colorado, ahora en manos de la derecha militarista, resultará vencedor. Juan María Bordaberry obtendrá unos pocos miles de votos más que Wilson Ferreira y se encargará de entregar el país a la dictadura militar dos meses antes del golpe en Chile. Este mismo año, en la Casa Blanca, Richard Nixon, Henry Kissinger, Vernon Walters y otros funcionarios de Washington le agradecen personalmente al dictador brasileño Emílio Garrastazu Médici por su intervención en las elecciones en Uruguay, por su liderazgo en la represión de los movimientos sociales de América Latina y por el bloqueo de Cuba como miembro de la OEA. 
 También de forma simultánea, entre 1969 y 1973, caían sobre Camboya más bombas (500.000 toneladas) que las que cayeron sobre Alemania y Japón durante la Segunda Guerra. Lo mismo les ocurrió a Corea del Norte y a Laos. En 1972, el presidente Nixon preguntó: “¿Cuántos matamos en Laos?” a lo que su Secretario de Estado, Ron Ziegler, contestó: “Como unos diez mil, o tal vez quince mil”. Henry Kissinger agregó: “en Laos también matamos unos diez mil, tal vez quince mil”. En realidad, estas cifras son apenas la sombra del genocidio perpetrado en la región. 
 Luego de que la Comisión Church del senado revelara varias operaciones de la CIA, como la manipulación de la prensa y la cultura en decenas de países, el apoyo con dinero y logística a políticos obedientes en múltiples elecciones, la organización de golpes de Estado y el asesinato de líderes populares por todo el mundo, Henry Kissinger propuso radicalizar las medidas que impidieron futuras acusaciones bajo nuevos estándares de “secreto incondicional”. Las estrategias fueron y son infinitas. Según el National Security Archive, el mismo Kissinger había filtrado documentos secretos por lo cual se intentaba castigar a las comisiones investigadoras y, según uno de los periodistas que destaparon el escándalo que terminó con la renuncia de Nixon, Carl Bernstein, la misma comisión Church omitió información más comprometedora. 
 En 1976, Henry Kissinger llegó a Santiago y le entregó al general Pinochet el discurso que pensaba leer al día siguiente, asegurándole que no habría ninguna mención a los Derechos Humanos referidos a Chile sino a los regímenes comunistas. “Usted es una víctima de la izquierda internacional”, dice el poderoso Kissinger, como forma de consuelo. Luego agrega: “Queremos ayudarlo. Usted ha hecho un gran servicio a Occidente derrocando a Allende”. Chile fue el primer laboratorio del neoliberalismo diseñado por Friedrich von Hayek y Milton Friedman y, como siempre, impuesto a fuerza de sangre y acoso. 
 Poco después Kissinger aterrizó en Argentina para ayudar a otro de sus regímenes favoritos. Aunque la Junta militar justificaba el golpe en la violencia de los grupos subversivos de izquierda, los registros de la Embajada de Estados Unidos muestran que la violencia del terrorismo paramilitar era muy superior. Sólo durante el primer año del gobierno de Isabel Perón, los asesinatos de la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A creada por José López Rega, la mano derecha de la presidenta) sumaron 503 víctimas, más que todas las víctimas de los atentados de los grupos de izquierda. El mismo embajador Robert Charles Hill, el 24 de marzo de 1975 había reportado al secretario de Estado, Henry Kissinger, sobre 25 ejecuciones políticas en solo 48 horas, de las cuales dos tercios eran víctimas del paramilitarismo de extrema derecha. “El mayor incidente —escribió el embajador en un memorándum— ocurrió el pasado viernes cuando 15 terroristas (de la Triple A) secuestraron a jóvenes de la izquierda peronista en ocho Ford Falcon. Una mujer fue asesinada cuando intentaba evitar que se llevasen a su esposo. Más tarde, aparecieron otros seis cuerpos… En Mar del Plata, como represalia por la muerte de un abogado de la derecha peronista a manos de un grupo de montoneros, otros cinco izquierdistas fueron asesinados, los que suman más de cien asesinatos políticos en lo que va del año”. 
 Apenas un año después, el desprecio del embajador Robert Hill se proyectó sobre Kissinger. Poco antes de dejar este mundo, como una reacción moral al final de su larga carrera imperialista, el embajador intentó resistir la aprobación de Kissinger a la dictadura argentina debido a las obvias violaciones a los derechos humanos. En la reunión de la OEA en Santiago de Chile de junio en el Hotel Carrera, Hill intentó revertir sin éxito la poderosa diplomacia por entocnes no oficial del todopoderoso Kissinger. Uno de los hechos que precipitaron la crisis moral del embajador Hill poco antes de su muerte fue cuando el hijo de treinta años de uno de los empleados de su embajadora, Juan de Onis, fue secuestrado y desaparecido por el gobierno de Videla. Cuando en octubre de 1987 The Nation informó sobre este caso, Kissinger se burló de las excesivas preocupaciones del fallecido embajador Hill sobre los derechos humanos. 
 Kissinger siempre fue intocable y sus objetivos por demás claros. El 25 de marzo de 1976, en el telegrama 72468 del Departamento de Estado, había enviado a la Casa Blanca una copia de la conclusión del Bureau of Intelligence and Research, confirmando los beneficios del nuevo golpe en América Latina, razones que sólo repiten otros argumentos usados en el siglo XIX: “Los tres líderes de la Junta son conocidos por sus posiciones en favor de Estados Unidos… y por sus preferencias por las inversiones de los capitales extranjeros. Además, el nuevo gobierno buscará la ayuda de asistencia financiera de Estados Unidos, sea moral o en dólares”. Como es costumbre, la nueva dictadura argentina no fue bloqueada sino lo contrario. El FMI aprobó, en cuestión de pocas horas, un préstamo de 127 millones de dólares (575 millones al valor de 2020) para asegurar el éxito del nuevo régimen terrorista, de la misma forma que habían hecho con Chile y otras dictaduras militares―préstamo que, como fue el caso de otras dictaduras amigas, saltará por las nubes poco después debido a las nuevas tasas de interés de la FED. 
 El 7 de octubre 1976, luego del golpe, Henry Kissinger, en una reunión en la que se encontraba el subsecretario de Estado de Estados Unidos Philip Habib, le dirá personalmente al ministro argentino de Relaciones Exteriores, el almirante César Guzzetti: “Nuestro interés es que tengan éxito. Tengo una visión pasada de moda según la cual a los amigos hay que defenderlos. En Estados Unidos la gente no entiende que ustedes tienen una Guerra civil aquí. Leen sobre la necesidad de los Derechos Humanos pero no entienden el contexto… Así que cuanto antes lo hagan, mejor”. 
 Un par de años antes, el 24 de marzo de 1977, el nuevo consejero de Seguridad nacional del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, pecando de un exceso de optimismo, había declarado que la doctrina Monroe “ya no es válida; representa un legado imperialista que ha destruido nuestras relaciones internacionales” y que lo que corresponde es tener una relación más igualitaria con los vecinos del sur. Los idealistas no durarán muchos años. Ni siquiera podrán gobernar cuando les toque gobernar. En un memorando secreto dirigido al mismo Brzezinski con fecha del 11 de julio de 1978, Robert Pastor le informará sobre la visita de Kissinger a la Argentina con motivo de la Copa Mundial de Fútbol. Refiriéndose a la Junta militar, Pastor informará que las palabras de reconocimiento del ex secretario de Estado Henry Kissinger “por los logros del gobierno en su lucha contra el terrorismo fueron música para sus oídos, algo que habían estado esperando por mucho tiempo”. Luego: “sus declaraciones sobre la amenaza soviético-cubana me parecieron desactualizadas, con un retraso de quince o veinte años… Lo que me preocupa es su deseo de atacar las nuevas políticas de la administración Carter sobre los derechos humanos en América Latina. Por otra parte, no queremos una discusión pública sobre esto, sobre todo porque necesitamos su ayuda para el SALT”. 
 En julio de 1978, el Buenos Aires Herald publicó declaraciones de Henry Kissinger que se parecen a su respuesta ante las cámaras de televisión sobre el desconocimiento del golpe de Estado en Chile cuatro años atrás. Ahora, el intocable Kissinger (su apellido significa “más que un beso”) vuelve a hacer uso de su clásica hipocresía. “Se supone que soy un experto en asuntos internacionales, pero no he tenido mucha información sobre lo que ha ocurrido en Argentina en los últimos diez años”, declara. El embajador Robert Hill, en un momento de crisis de fe, toma un bolígrafo y subraya estas palabras. Al margen del diario, escribe: “perfecta mierda”. 
 El poder de Kissinger fue más allá de lo razonable, aún sin un cargo oficial. Poco después, Robert Pastor le solicitó a Brzezinski que trate de preguntarle a Kissinger si no le importaría el hecho de que un miembro de su staff (“yo mismo”) pudiese cuestionar los objetivos de su viaje a Argentina. Con cierta ambigüedad o ingenuidad, Pastor concluye: “Eso podría darme un indicio sobre si a él realmente le interesa algo sobre nuestras políticas de derechos humanos para promover una campaña y darle alguna información sobre la efectividad de nuestra política de derechos humanos para América Latina”. 
 Cuarenta años después, aparte de la sistemática y masiva violación de los derechos humanos en Argentina, los documentos desclasificados en Washington abundarán en menudencias como la costumbre de las fiestas, los conciertos y las cenas de rigor a los que estaban expuestos los diplomáticos en Argentina; la reunión de Henry Kissinger en abril con Jorge Luis Borges, con Martínez de Hoz (el representante del proyecto neoliberal en ese país) y con el ministro de exteriores, Cesar Augusto Guzzetti, a quien Kissinger autorizó (“[gave] explicit permission”) para actuar de la forma que fuese necesario para “reprimir el terrorismo”.
 Desde principio de los años 60, como en cualquier otro país de la frontera sur, en África y en Asia, la CIA arma y financia grupos paramilitares que se hacen célebres en la historiografía por sus matanzas y sadismo sin límites contra cualquier indio o pobre que resista los abusos y desalojos de sus tierras apetecidas por las corporaciones. En América central las dictaduras apoyadas por Washington, por empresarios y pastores como Pat Robertson, dejan cientos de miles de muertos y se las llama “Guerra civil”. Desde 1971, Israel también abasteció de armas a las dictaduras centroamericanas, entre otras, pero de 1977 a 1980 (debido al recorte de ayuda militar del presidente Jimmy Carter) se convierte en el principal proveedor junto con el régimen de apartheid de África del Sur. Durante diversos gobiernos militares de la región, y con la venia de Henry Kissinger, Israel también proveyó ayuda técnica y logística en control interno y según la doctrina de la Seguridad Nacional. Como en casi todos los otros casos, la razón de esta doctrina (la existencia de grupos subversivos) es una consecuencia de la misma doctrina. Incluso cuando la resistencia armada existe es, en proporción, irrelevante. La Corte Interamericana de Derechos Humanos insiste que los grupos guerrilleros carecen del armamento y de las fuerzas necesarias para convertirse en una amenaza para el gobierno de Guatemala. Pero el terrorismo de Estado necesita una razón para existir. El ejército y los paramilitares se encargan de casi todas las matanzas y a eso se le llama “Guerra Civil”. Ametralladoras importadas y penes nacionales son las principales armas del genocidio y la humillación sistemática.
 El 21 de julio de 2020, el gobierno de Trump emitirá orden de captura y una recompensa de cinco millones de dólares por el presidente del Tribunal Supremo de Venezuela, Maikel Moreno, acusado de corrupción. El secretario de Estado Mike Pompeo explicó la decisión: Moreno “aceptó sobornos para influir en los resultados de algunos casos criminales en Venezuela; con este anuncio estamos enviando un mensaje claro: Estados Unidos está en contra de la corrupción”. 
 Casi veinte años antes, en agosto de 2001, como respuesta al requerimiento del juez español Baltasar Garzón para que el exsecretario de Estado Henry Kissinger declare ante los tribunales internacionales por su participación en las dictaduras latinoamericanas, el gobierno de George W. Bush emitió un comunicado protestando: “Es injusto y ridículo que un distinguido servidor de este país sea acosado por cortes extranjeras. El peligro de la Corte Penal Internacional es que un día los ciudadanos estadounidenses puedan ser arrestados en el extranjero por motivaciones políticas, como en este caso”.
 En 1968, cuando aún era un desconocido profesor de Harvard, Kissinger, sobreviviente de la persecución nazi en Alemania, había resumido toda la filosofía imperialista con su clásico cinismo: “Existen dos tipos de realistas: aquellos que manipulan los hechos y aquellos que los crean; Occidente necesita hombres capaces de crear su propia realidad”.
 Hace cincuenta años, dos meses después del golpe de Estado en Chile, Kissinger fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos por la paz en Vietnam. Kissinger declaró que recibía el premio “con humildad” y donó el dinero del premio a los niños huérfanos de los soldados estadounidenses caídos en Vietnam, Laos y Camboya. 
 Dicen que corrieron lágrimas de emoción por tan noble gesto.

 Jorge Majfud. Extractos del libro La frontera salvaje.

sábado, 27 de mayo de 2023

Kirchnerismo en la Plaza, ¿un nuevo amanecer o el ocaso?


CFK expuso un programa electoral para Sergio Massa.

 A pesar de la lluvia Cristina Kirchner reunió una multitud en la Plaza, que de todos modos no hubiera alcanzado para llenar la 9 de Julio como se había conjeturado en un principio. La cohorte de intendentes del conurbano intervino para agrandar la concentración. La pregunta del caso es si el acto (“una más y no jodemos más”) representa un nuevo amanecer o el canto del cisne. El 27 de septiembre de 1945, la Unión Democrática protagonizó la mayor movilización que hubiera visto la ciudad de Buenos Aires, a excepción, claro, de la Semana Trágica de enero de 1919, que fue de otra naturaleza – una huelga general que puso a la Capital en manos de clase obrera. Menos de un mes después de aquel septiembre, el 17 de Octubre le quitó relevancia a la UD hasta en los libros de historia. 
 En la cita kirchnerista hubo deserciones, por ejemplo, la de la mayoría de la burocracia de la CGT o Daniel Scioli. Este último, pre-candidato en unas eventuales Paso del Frente de Todos, tenía un compromiso harto más importante en Brasil, donde Techint se encuentra inhibido de recibir créditos del Banco de Desarrollo por su responsabilidad legal en un siniestro en la refinería de Abreu. La inhibición le imposibilitaría construir el tramo a San Pablo de los gasoductos que parten de Vaca Muerta. Jorge Argüello, el embajador en Washington, no la tiene mejor, porque el “amigo americano” ha decido mantener los fuertes aranceles que aplica a la importación de tubos de Techint. El régimen social “que mejor funciona”, al menos para CFK, el capitalismo, crea un constante excedente de mercancías, que enseguida debe bloquear o destruir. Techint, no olvidemos, es un de “los cinco o veinte vivos” a los que CFK denuncia por la pauperización de las masas. Con lo cual volvemos al acto en la Plaza, porque CFK declaró en su discurso que había recuperado la cuenca petrolera neuquina para el país. De modo que Scioli no estuvo en la Plaza para cumplir con un objetivo estratégico de la ex Presidenta; Argüello lo mismo. Kicillof y la Vice firmaron, en 2014, un acuerdo secreto con Chevron para explotar esos yacimientos, con una cláusula que autoriza a la norteamericana a reportar sus dividendos a un “paraíso fiscal” para eludir el cepo que, por aquellos años, había establecido el actual gobernador bonaerense. Tecpetrol, de Techint, es otro de los beneficiarios. Cristina Fernández puede manipular su discurso con estas contradicciones, tergiversaciones y furcios debido, probablemente, según lo dice ella misma, a la falta de “contexto” de su audiencia.
 La ausencia de Alberto Fernández ya es otra cosa. Un cartel imaginario con tinta invisible decía: ´prohibido el ingreso del presidente de la Nación´. Un dirigente sindical, Victorio Pirillo, de los Municipales de Vicente López, calificó, en Twitter, a ese veto no escrito como “un golpe de estado”. Se trata claro de una simplificación, pero señala un cambio en la conformación del poder: AF se convierte en un funcionario ceremonial, que da paso a un eje CFK-Sergio Massa. El ministro de Economía plantó a sus colegas paraguayos para estar presente en el acto lluvioso, y el lunes se lleva al hijo de la oradora a Pekín, en prenda de una unidad reforzada. No fue el único paso de minué de la Vice, en una jornada de locro y chocolate espeso. El gobierno enfrenta una crisis de conjunto inédita sin Poder Ejecutivo. En un discurso de una hora, el planteo más importante que hizo CFK, fuera de la reivindicación de Vaca Muerta, es que cumplir con el programa del FMI hace “imposible” pagarle al FMI. La ex Presidenta reclama otro programa que sí permita pagarle al Fondo. La observancia de la ley por parte de CFK es tan principista, que se atiene al hecho de que el FMI no admite la reestructuración de sus créditos, como ocurre con los privados. 
En un discurso anterior, por ejemplo, propuso pagar al FMI un porcentaje de las exportaciones, con independencia de que haya un superávit exterior que facilite las divisas para ello. No sólo la Vice piensa eso – lo piensa el propio FMI. Al final, los acreedores son muy ambiciosos, pero no boludos – para usar un lenguaje político de moda. En la época de la comunicación digital y del ChatGpt, no carecen de alguna calculadora para hacer cuentas. Sergio Massa, que es el personaje que importa en esta historia, piensa lo mismo. Aquí ya tenemos un acuerdo programático entre la ex Presi y un aspirante a ese lugar. Ese acuerdo se manifiesta en otras cosas, tanto o más importantes: Massa acaba de eximir de impuestos a los importadores de autopartes de motos, que son armadurías con presencia de capital extranjero, como Volkswagen, a pesar de que el Central carece de divisas. Esto viola el acuerdo con el FMI. El pretexto para esta generosidad es impulsar el crecimiento – lo mismo que planteó CFK en su alocución de masas. En la misma onda habrá créditos subsidiados para ¡las mineras! Y disminución de retenciones para las automotrices. “Una más…” exigen los sojeros, que quieren un ‘dólar-soja’ a 350 pesos. Pero los sojeros ya recibieron a cuenta – tendrán créditos bancarios aunque retengan en los silos parte de la cosecha. 
 Desde diciembre de 2019 hasta principios de 2021, sin embargo, el gobierno de quien prefirió Chapadmal a Plaza de Mayo, vino ejecutando ese programa de desafecto con el FMI. Martín Guzmán, el ex ministro, innovó los procedimientos de reestructuración de deuda, al empezar con los acreedores privados con contratos ley Nueva York. ¡Lo mismo hizo el preferido Kicillof con la deuda bonaerense! Máximo K, en aquel tiempo, reclamaba refinanciaciones de vencimientos, a partir de un plazo de veinte años. La posibilidad de una decisión unilateral de Argentina no pasó por la cabeza nacional y popular. Vieron, por el contrario, en ese impasse, un pretexto para financiar al Estado por medio de deuda en pesos. Así, Argentina llegó a los 16 billones de pesos de Leliq, al equivalente de 150 mil millones de dólares de deuda pública en pesos, a plazos de cuatro meses en lugar de dos décadas y a la inflación del 120% anual, que hace las delicias de los bancos e industrias, que han batido récords de ganancias en los dos últimos años. En estas condiciones, AF, Guzmán, el bloque del FdT y la misma CFK terminaron recalando en el FMI. La Vice le puso el otro día el etiquetado frontal a este paquete – “una papa caliente”. Algo muy lejos de un disgusto, más bien “un desafío”, por el cual elogió a Sergio Massa. Con su discurso, Cristina Fernández ha esbozado un borrador del discurso de campaña de Sergio Massa, que buscará poner en baño maría a la papa caliente.
 Massa, por su lado, confía en su buena estrella. Le habría comentado su optimismo a su compinche, el represor de los docentes de Salta, Gustavo Sáenz, con la certeza de que “Juntos se está cayendo como un plano”. Es lo que debe opinar también el FMI, que por eso discute como rescatar del abismo al plan ‘aguante’ del ministro de Economía. Entre el FMI y CFK hay un acuerdo tentativo a favor de la candidatura de Massa; el FMI ganaría un armado político y el apoyo de un electorado carente de contexto, mientras que CFK buscaría pasar, con esa candidatura, del tercio a la segunda posición y entrar en el ballotage. Todavía hace falta doblegar a algunos rivales, una tarea que deberán ejecutar los “poderes fácticos”.
 La exhibición de Cristina Kirchner el 25 de Mayo apuntó a sostener esta política: la papa caliente, la negociación con el FMI y la candidatura del alfil de los capitanes de la industria, de la banca y de los acreedores internacionales. 

 Jorge Altamira 
 26/05/2023

Migrantes en el desierto de Atacama: la crisis humanitaria de Boric y Boluarte


Cuatro marinos chilenos están presos por asesinar, golpeándolo con sus propias muletas, a Milton Domínguez, un migrante colombiano de 61 años, especialista en paneles solares, que vivía en las calles de Iquique. Una enfermedad contraída en el “refugio para migrantes” local había obligado a amputarle una pierna.
 Iquique queda en el desierto de Atacama, inhóspito, árido, que tiene altas temperaturas de día y un sol feroz, y es muy frío de noche. Miles de migrantes acampan hace meses en esa zona fronteriza entre Chile, Perú y Bolivia, paso habitual de quienes entran o salen de Chile por el llamado Norte Grande. Como los gobiernos cerraron las entradas y las custodian cientos de militares a cada lado, lo que se produjo es un limbo, una encerrona, en la que esperan miles de personas.
 Muchos son venezolanos que quieren volver a su país, huyendo no solo de la crisis económica en Chile sino de la política xenófoba del gobierno de Boric. Como la desesperación y la miseria no tienen bandera, también hay haitianos, ecuatorianos, salvadoreños, colombianos. En dirección contraria, venezolanos y peruanos atascados en Tacna, Perú, intentan regresar a sus trabajos y familias en Chile. No dejan cruzar ni a unos ni a otros. Según medios locales, en los últimos días llegaron unas 300 personas más al punto fronterizo. 
 Los migrantes están a la intemperie, sin agua, alimentos ni servicios sanitarios. Del lado chileno hay un hostigamiento constante de las fuerzas de seguridad y de parte de la población, azuzada por grupos ultraderechistas. Del lado peruano se han denunciado violaciones y que están operando redes de trata. Son frecuentes los enfrentamientos entre policías, soldados y las familias que acampan a la intemperie. Se trata de un lugar que “está extremadamente sucio, con mucha basura y moscas. No hay baños o puntos de hidratación. Muchos niños están enfermando del estómago”, explica uno de los informes elaborados por la Asamblea Abierta de Migrantes y Promigrantes. 
 El 7 de mayo partió el primer vuelo humanitario que trasladó a un centenar de venezolanos desde Chile. Forma parte del programa del gobierno de Maduro “Vuelta a la Patria”, que ya repatrió 30.000 venezolanos de los 7 millones que abandonaron al país en los últimos años y están dispersos en 25 países distintos. 
 En Chile son por lo menos medio millón de venezolanos, un tercio del total de la inmigración. En febrero, Boric se unió a la derecha xenófoba que agita la expulsión de los inmigrantes. Los responsabilizó de la inseguridad, militarizó la frontera Norte del país y suspendió en la frontera los derechos constitucionales por 90 días. Un trato similar al que reciben los mapuches en la Araucanía. Antes hizo votar un puñado de leyes que prácticamente convierten en delincuente pasible de expulsión a cualquier extranjero sin papeles. Ahora el Congreso chileno debate un proyecto de ley que convertiría la migración irregular en un delito con penas de cárcel de hasta 541 días.
 La presencia de migrantes en la frontera generó una crisis con Perú pero no porque tengan estrategias distintas. El gobierno golpista de Dina Boluarte decretó la semana pasada el estado de emergencia por 60 días en sus fronteras y ordenó el envío de militares. “Quienes cometen a diario asaltos, robos y demás actos delincuenciales son extranjeros”, dijo la presidenta Diana Boularte, que envió al Congreso un proyecto de ley que condena a más de 500 días de prisión a los extranjeros que no tengan documentos en regla.
 No hay grietas entre progresistas o golpistas en la xenofobia y la política de expulsión a los trabajadores extranjeros que huyen de sus países para tratar de sobrevivir a la miseria o a la violencia. 

 Olga Cristóbal 
 26/05/2023

Ucrania: después de la batalla de Bajmut


Después de 224 días de los combates más brutales que se hayan visto hasta ahora en la guerra de Ucrania, los rusos han conquistado la totalidad de la ciudad de Bajmut. Puede compararse, salvando la escala, con la Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial: el atacante decidió avanzar sobre un punto que los defensores no podían ceder sin importar el precio a pagar. No obstante, como en el caso de Bajmut no ha habido una Batalla del Somme -una de las batallas más largas y sangrientas de la Primera Guerra Mundial, donde murieron un millón de hombres-, los atacantes han tenido éxito. El grueso de las fuerzas rusas consistió en unidades de mercenarios de Wagner y su CEO, Yevgenny Prigozhin, comandó a todo el grupo desde muy cerca del frente. En los próximos días, Wagner en su totalidad va a ser retirada del frente y reemplazada por unidades regulares rusas. Prigozhin emerge de esta batalla como un actor de peso en la política rusa. Mediante la crítica feroz al Ministerio de Defensa encabezado por Shoigu, ha iniciado una campaña política para empujar a Putin a otro nivel de escalada en la guerra. 
 La Batalla de Bajmut es significativa por tres aspectos. Primero, porque ha sido por lejos la batalla más grande y brutal en lo que va, no sólo de la guerra de la OTAN y Putin en Ucrania, sino de todo el siglo XXI. Segundo, porque los ucranianos, aun habiéndose propuesto frenar a los rusos y dedicado enormes recursos humanos y materiales a ello, han sido derrotados decisivamente. Tercero, porque es la primera vez en la historia contemporánea en la que un ejército mercenario derrota a un ejército regular, lo que representa un nuevo hito en el proceso de progresiva privatización de la guerra iniciado desde la desintegración de la URSS. 
 En esta batalla tomaron parte más de 30 brigadas ucranianas más otra gran cantidad de regimientos y batallones independientes. De acuerdo a Prigozhin, en todo momento, el grupo de fuerzas ucranianas en la ciudad y sus alrededores contó con alrededor de 80 mil hombres. Desde diciembre, Ucrania tuvo que rotar las unidades en la ciudad y sus alrededores al menos cinco veces debido al desgaste acelerado que sufrían. Un oficial del ejército de Australia, agregado al comando de la 24ta Brigada Mecanizada ucraniana, reportó que esta unidad había perdido el 80 por ciento de su personal antes de ser retirada para reconstituirse. El mismo oficial también aseguró que las pérdidas de Wagner, aunque significativas, fueron bastante inferiores a las ucranianas. Algo muy similar ocurrió con la 28va Brigada Mecanizada, ya desgastada por participar en la ofensiva sobre Jersón el año pasado, fue transferida al frente de Bajmut en enero donde fue “aplastada” por unidades de Wagner en su marcha desde el sur hacia la ciudad. La brigada tuvo que reemplazar el 80 por ciento de su personal, compuesto de voluntarios y veteranos, por ciudadanos recientemente movilizados, menos motivados y peor entrenados (New Yorker, 29/5). Por lo menos desde febrero, la prensa occidental comenzó a publicar notas alertando sobre el ritmo de desgaste de fuerzas ucranianas en Bajmut, poniendo en duda la capacidad de acumular tropa y material para contraatacar durante la primavera en Zaporiyia, por lo cual estratégicamente recomendaban a la dirigencia ucraniana retirarse de la ciudad y cederla a los rusos. Kiev decidió luchar por la ciudad hasta la última cuadra. 
 Se llegó a una situación tan desesperada que, para preservar a sus unidades mejor entrenadas allí desplegadas, el ejército ucraniano envió a conscriptos con escasos días de entrenamiento como reemplazo. El Wall Street Journal, a modo de ejemplo, relata la historia de un grupo de 16 conscriptos enviados a la ciudad a los pocos días de ser reclutados. Cuando protestaron contra su comandante planteándole por qué enviarlos sin entrenamiento, su respuesta fue “Bajmut los entrenará”. Antes de cumplir dos días en la ciudad, 11 de los 16 ya habían muerto o caído como prisioneros (The Wall Street Journal, 25/5). En los últimos días, antes de que Wagner tomara el control de las últimas cuadras de la ciudad, los ucranianos atacaron los flancos norte y sur de los alrededores, ocupados por tropas regulares rusas, logrando reabrir los caminos entre Bajmut y Chasov Yar para evacuar lo que quedaba de las unidades dentro de la ciudad asediada. En el balance general, Prigozhin reconoció que Wagner perdió el 40 por ciento de su fuerza de hasta 50 mil hombres y aseguró haberle infringido a los ucranianos 50 mil muertos y 70 mil heridos. Por su parte, Mediazona (medio asociado a la BBC) pudo constatar solamente 5.500 mercenarios de Wagner muertos (1). 
 Como Prigozhin ya había declarado varias veces, la finalidad estratégica no era la toma de la ciudad en sí, sino desgastar a los ucranianos al punto de reducir sus capacidades de contraatacar en otros sectores. El desgaste de las fuerzas ucranianas, si bien fue más intenso en la batalla por Bajmut, es una realidad en todos los frentes. De acuerdo a estimaciones francesas, entre el 40 y 60 por ciento de las tropas ucranianas entrenadas por ellos el año pasado ha muerto en combate (Valeurs Actuelles, 21/5). En el resto de los frentes, Rusia avanza con las mismas metodologías sobre las ciudades de Avdiivka, en Donetsk, y Kupiansk, en Járkov. La caída de Bajmut posibilita lanzar acciones ofensivas sobre el conglomerado de Slaviansk-Kramatorsk al noroeste y Siversk al noreste. Donde no hay avances, los rusos continúan con el lento desgaste por efecto de artillería y bombardeos aéreos. Se verá en las próximas semanas el desarrollo de los hechos. 
 Los rusos no cesan en preparar sus nuevas fuerzas para el combate. Putin declaró recientemente que al menos la mitad de los 300 mil reservistas convocados todavía no ha sido desplegado en el campo de batalla y sigue entrenando. Asimismo, Medvedev afirmó que, hasta mayo, un contingente adicional de 117 mil hombres se había alistado en unidades voluntarias. Incluso asumiendo como techo 50 mil muertes, que es lo que aseguran los estadounidenses y como piso el conteo llevado adelante por Mediazona, que tiene nombre y apellido de 23 mil soldados rusos muertos, la movilización ha reducido o incluso eliminado la ventaja numérica ucraniana. No obstante, el ala dura rusa -de la cual forma parte Prigozhin- insiste en la necesidad de enviar nuevas oleadas de movilización adicionales. 

 Producción armamentística

 Por otro lado, Rusia efectivamente logró movilizar su industria militar. Bloomberg reporta un incremento en la producción industrial general, motorizado fundamentalmente por la producción de material bélico (Bloomberg, 26/4). Si esto es sostenible en el tiempo es algo que nadie puede responder, excepto los mismos mandos rusos. El Ministro de Industria y Comercio, Denis Manturov (quien también está involucrado en la organización de la producción militar), declaró que el volumen total de producción de armas aumentó entre 7 y 8 veces. En la famosa fábrica de tanques Uralvagonzavod, en el primer cuatrimestre del año, se produjeron más tanques que durante todo 2022. Así mismo, durante 2022 se habían producido más del doble de tanques del modelo más avanzado disponible (T-90M) que los producidos antes de la guerra. En Kurganmazhavod, donde se producen vehículos de combate de infantería, se produjeron 100 BMP-3 durante el primer cuatrimestre, más que en 2019 y 2020. Hay que tener en cuenta que, en la producción de este tipo de blindados, durante los años recientes se producía por debajo de la capacidad instalada. De acuerdo al ministro, la expectativa es multiplicar por 4 estos outputs para fin de año. 
 Entre las nuevas armas que se empezaron a ver de manera masiva en la guerra (y en cantidades aún crecientes) están las bombas para aviones con kits UMPK, que son los análogos rusos a los JDAM estadounidenses. Se trata de kits que se pueden agregar a todos los millones de bombas “tontas” para lanzar en aviones en caída libre, acumuladas desde la Guerra Fría. Estos kits consisten en alas desplegables y una unidad de guía, transforman a las bombas “tontas “en bombas planeadoras guiadas satelitalmente (por GLONASS, equivalente del GPS) y/o de manera inercial. De esta manera una bomba -cargada con entre media y dos toneladas de explosivos- puede ser soltada por un avión a una distancia de 70 km del objetivo (mucho más lejos de lo que alcanzan la mayoría de los sistemas antiaéreos ucranianos) e impactar en un radio de pocos metros. La producción de estos kits es sumamente rápida y relativamente barata. Estas bombas tienen un impacto muy importante en el campo de batalla, se usan para destruir depósitos de municiones, puestos de mando y fortificaciones. Al igual que los drones kamikaze Geran-2, alivian enormemente el uso de misiles y armamentos más sofisticados y lentos de producir.
 En suma, la cantidad y tipo de armamento que se ve cada vez con mayor frecuencia en la guerra revela, sin el menor atisbo de duda, que la política de sanciones y guerra económica de la OTAN, cuyo objetivo explícito era detener la industria militar rusa, fracasó rotundamente. La guerra de desgaste, con el balance actual de fuerzas y la capacidad de generar nuevas por el momento está favoreciendo a los rusos.

 La ´contraofensiva´ demora 

Además de movilizar a la industria y reservistas, desde septiembre del año pasado, los rusos se han dedicado también a fortificar la línea de frente. Diferentes sistemas defensivos recorren los aproximadamente 1.500 km de línea de contacto, desde Jersón hasta Belgorod. Estas fortificaciones defensivas tienen diferentes profundidades y densidades dependiendo de cada frente. Esto es en anticipación a la tan anunciada ´contraofensiva´ ucraniana, supuestamente inminente (desde hace ya varias semanas). No hay certeza de hacia dónde atacarán los ucranianos específicamente, pero una ofensiva de norte a sur en el frente de Zaporiyia hacia las costas del Mar de Azov, lo cual implica tomar ciudades como Tokmak, Melitopol, Berdyansk o incluso Mariupol, sigue siendo la hipótesis más probable como esfuerzo principal, apoyado de operaciones secundarias o de distracción en los otros frentes.
 En el corredor ruso en Zaporiyia, que corre de Este a Oeste conectando Crimea con Donetsk, los rusos prepararon un denso esquema de defensa en profundidad, o sea, múltiples líneas defensivas que corren paralelamente una detrás de otra. Una defensa en profundidad no tiene como objetivo primario evitar que el enemigo atraviese la primera línea defensiva sino retrasarlo e infligirle la mayor cantidad de bajas mientras que las fuerzas defensivas retroceden a líneas posteriores. En otras palabras, hacerle pagar el mayor precio posible al intentar atravesar cada línea y agotar su potencial ofensivo al menos antes de atravesar la línea final. Este corredor de Zaporiyia tiene unos 100 km de profundidad. Solamente en los 20 km que separan la ciudad de Tokmak con la línea del frente, hay tres grandes líneas defensivas, cada una compuesta por múltiples capas de obstáculos, campos de minas, trincheras, sistemas de fortificaciones, etc. (y cada línea más densa y compleja que la que tiene delante). Diferentes estimaciones calculan que hay unos 150 mil soldados rusos en el frente de Zaporiyia. La fuerza de ataque ucraniana formada especialmente para la gran contraofensiva se compone de 12 brigadas (9 de ellas equipadas por la OTAN), cada una de ellas debería tener al menos en el papel hasta 4-5 mil soldados, totalizando unos 50 mil, que contarán con el apoyo de las unidades ya desplegadas en el frente en donde vayan a atacar. La inferioridad numérica y las posiciones defensivas podrían compensarse con artillería o con fuerzas aéreas, pero son áreas donde los ucranianos están en desventaja mucho mayor. El contraste con la situación de los rusos en la orilla occidental de Jersón y Járkov del año pasado, en oportunidad de los contraataques ucranianos, no podría ser mayor: esta vez los ucranianos se plantean atacar posiciones defensivas fortificadas durante meses, ocupadas por decenas de miles de rusos y con la industria militar rusa funcionando a pleno. 
 El éxito de la ´gran contraofensiva´ en Zaporiyia, de todos modos, no es imposible. No se conocen aún los planes de Kiev, pero por lo menos desde febrero, en la prensa pro ucraniana se vienen bajando las expectativas sobre las posibilidades de un éxito arrollador que expulse a los rusos por fuera de las fronteras establecidas en 1991. Las declaraciones de las propias autoridades ucranianas, cuando se les pregunta por qué no comenzó todavía la ´contraofensiva de primavera´ (ya está por comenzar el verano), contestan contradictoriamente. Algunos aseveran que todavía están esperando que lleguen armas occidentales mientras que otros aseguran que la contraofensiva “ya está sucediendo”, en forma de múltiples operaciones de pequeña escala a lo largo del frente. En los últimos días, las pequeñas formaciones de rusos proucranianas organizadas por Kiev realizaron un par de asaltos terrestres en la región de Belgorod (frente a Járkov), avanzaron unos 10 kilómetros tomando pueblos fronterizos antes de tener que huir a territorio ucraniano después de sufrir cuantiosas pérdidas. Estas formaciones, en las cuales participan neonazis rusos, tienen la finalidad declarada de tumbar a Putin y proceder a una abolición de la Federación Rusa y su división en una treintena de nuevos estados (el ´modelo yugoslavo´ a mayor escala), que es la política estratégica de EEUU hacia Rusia, a la que se refieren con el eufemismo hipócrita de “descolonizar Rusia”. Este tipo de pequeñas operaciones, espectaculares para los titulares, pero militarmente insignificantes, tienen el objetivo de crear en la opinión pública occidental la sensación de que Ucrania tiene posibilidades de ganar la guerra, y que solamente necesitaría tal o cual superarma que todavía no le fue concedida. 

 La OTAN arma a Ucrania 

La última ´súperarma´ suministrada a Kiev son los cazas F-16 de producción estadounidense. Se agrega a los NLAW, Javelins, HIMARS, Patriot y cuánto sistema haya sido promovido hasta el hartazgo, suministrado a cuentagotas (porque no hay suficiente capacidad productiva) y al cual tarde o temprano los rusos se terminaron adaptando y encontrando cómo contrarrestar. Ya hace varios meses que no escuchamos noticias espectaculares de los Javelins o el HIMARS. Los rusos han podido afinar sus sistemas de guerra electrónica para interferir en los sistemas de guía satelital de los misiles guiados del HIMARS y al mismo tiempo las unidades de defensa aérea se han acostumbrado a interceptarlos en vuelo (CNN, 6/5). Es cuestión de tiempo hasta que se adapten de la misma manera a los misiles crucero de largo alcance lanzados desde aviones Storm Shadow, provisionados a Kiev por Gran Bretaña. La campaña ucraniana para conseguir F-16 tiene dos motivos. El primero y más obvio es que Kiev se está quedando nuevamente sin aviones caza. Su flota original de MiG-29 fue prácticamente agotada durante los largos meses de combate y fue reconstituida con repuestos y aviones enteros del mismo modelo suministrados por los ex miembros del Pacto de Varsovia incorporados a la OTAN. Ahora, de nuevo, Ucrania enfrenta una escasez alarmante de cazas, pero ya quedan muy pocos MiG-29, por lo tanto los reemplazos no podrán ser equipos soviéticos. En segundo lugar, Ucrania tiene en paralelo una crisis de disponibilidad de sistemas de defensa aérea, especialmente de los que son móviles. En otras palabras, con pocos cazas y sistemas antiaéreos, Ucrania no tiene manera de proteger a las unidades terrestres que haga avanzar en ofensivas de los bombardeos de la fuerza aérea rusa. 
Si bien contar con F-16 va a simplificar el uso de armamento y misiles sofisticados (aún no se sabe con cuántos contará), este avión presenta nuevos desafíos para los ucranianos. Primero, el entrenamiento de pilotos y equipos de mantenimiento tomará meses. Se trata de un sistema mucho más sofisticado y necesitado de mantenimiento constante que los aviones soviéticos. Segundo, es un avión mucho más restringido en su uso de pistas de aterrizaje. A diferencia del MiG-29, que puede despegar de pistas improvisadas en rutas o incluso desde campos no asfaltados, el F-16 requiere de pistas absolutamente limpias y bien mantenidas, ya que cualquier daño en su motor garantiza un accidente catastrófico. Si bien Ucrania puede mejorar una cantidad de pistas de aterrizaje, los rusos podrán identificarlas y destruirlas de manera regular. El más mínimo daño en el asfalto debería dejar a los F-16 incapaces de despegar, de acuerdo a los estándares de seguridad de los estadounidenses. Dicho esto, un caza poco adecuado, por supuesto, es infinitamente mejor que no contar con aviones caza en absoluto. Su provisión significa otra escalada de parte de la OTAN en lo que va de la guerra, anunciada no por coincidencia el mismo día de la caída de Bajmut. No obstante, EEUU casi ha agotado el monto autorizado de 40 mil millones de dólares en armas para Ucrania aprobado por el Congreso el año. De llegar a tal límite, el Ejecutivo tendrá que pedir autorizaciones por montos extra, que tendrán que volver a ser discutidos en el Congreso con el agregado de la proximidad del año electoral. Trump, que se ha catapultado como favorito en la interna republicana, ha criticado la estrategia de la Casa Blanca de cara a la guerra, proponiendo reemplazar el envío de armas por negociaciones entre las partes. 

Leib Erlej
 26/05/2023

 Notas: 1 Mediazona publica actualizaciones mensuales de su conteo de bajas rusas. Se puede consultar en https://en.zona.media/article/2022/05/20/casualties_eng