La primera de ellas es un “grillete fiscal”. Se trata del recorte o cierre de actividades del Estado que sean responsables de un déficit fiscal recurrente durante un cierto período. Si el Congreso no “corrige” ese déficit, con leyes de ajuste, el Poder Ejecutivo queda facultado a cerrar reparticiones o cancelar partidas de gasto, excluyendo las jubilaciones, la seguridad y la salud (no la educación) y, ‘naturalmente’, a los pagos de la deuda pública. Bien mirada, la primera repartición que se cierra con el “grillete” es el propio Congreso Nacional, pues sus facultades quedan cercenadas para cualquier iniciativa que altere, no ya el Presupuesto que ese mismo Congreso ha votado, sino su ejecución, que el Ejecutivo altera todo el tiempo. El Parlamento sólo podría reunirse para recortar partidas, por caso, si los compromisos de la deuda pública obligan a absorber mayores recursos del Tesoro. El “grillete” consagra un estado de excepción para la gestión económica del Estado, en función de ofrecer garantías a los acreedores de la deuda pública.
El segundo anuncio de Milei apunta a la liberalización del mercado de capitales. Sin mayores detalles, se refirió a los bonos corporativos, es decir, a las obligaciones de renta fija que ofrecen las empresas para financiarse. Milei no dijo que su gobierno ya vivió un auge en la emisión de estas obligaciones; fue a fines de 2024, después que diversas empresas capturaron parte de los fondos del primer blanqueo de capitales de los liberticidas. El boom, sin embargo, se frenó, en medio de varios defolts empresarios, y nada menos que en las actividades “estrella” -es el caso del grupo de energía Albanese, o de la agropecuaria Los Grobo. Ahora, Milei adelanta la posibilidad de emitir estas obligaciones en dólares, sin restricción alguna. Esto significa que empresas ligadas al mercado interno -o sea a ventas en pesos- podrían endeudarse en moneda extranjera. Se trata de un gigantesco salto al vacío, en base a la promesa de un “dólar planchado” que, a su vez, es contradictorio con el pago de una deuda pública que exige “acumular reservas” y, por lo tanto, plantea una mayor devaluación de la moneda – por lo menos para el FMI.
La autorización a la emisión de bonos corporativos parece contradictoria con un mercado interno en estado de derrumbe. Pero los cuervos siempre tienen sus buenas razones: en el horizonte, aparece la posibilidad de financiar un proceso de fusiones y adquisiciones de empresas, afectadas por el colapso industrial generado por el propio gobierno libertario. La periodista Silvia Naishtat, en su columna de Clarín, relata las condiciones de ganga que han permitido la adquisición de Vicentin, por parte de un grupo financiero que colocó 50 millones de dólares por los derechos a negociar un pasivo diez veces superior. El brulote de Milei, en cualquier caso, evita mencionar que la emisión de deuda privada tiene como su principal competencia a la deuda pública, que Milei-Caputo, más tarde que temprano, deberán colocar en el mercado: el FMI ha cerrado la canilla.
Seguros
El último capítulo de la “cadena nacional” de Milei fue dedicada a la desregulación en el mercado de Seguros. El tema parece acotado a un renglón financiero, pero sus consecuencias pueden ser profundas. En principio, la desregulación favorecería la concentración del negocio en las compañías con mayor espalda -aquellas ligadas al capital extranjero. Pero la “ampliación del negocio” se relaciona con la conversión de un conjunto de servicios públicos y sociales en actividades sólo cubiertas por seguros privados. En este rubro se anotan los seguros de salud, donde la desregulación debe tocar un punto muy sensible: no ponerles piso alguno a las prestaciones. Este mercado se encontraría con la competencia de la salud pública y de las obras sociales. Pero para la primera -los hospitales públicos- está la motosierra de Milei; en cuanto a las segundas, la burocracia sindical encontraría una salida a la bancarrota de las actuales obras sociales, bajo la vía de asociarse a los fondos privados de seguros.
El otro filón de esta desregulación es todavía más significativo: ni más ni menos que las jubilaciones. A la par de la reforma previsional ya pactada con el FMI, y que promete miseria jubilatoria a una mayoría, el gobierno ofrecería la salida de los “seguros” -jubilación privada- para los trabajadores de salarios medios o altos. Si la jubilación asistencial pasa a depender de los ingresos corrientes, y otra porción menor queda en manos de los seguros, entonces el Fondo de Garantía del Anses queda “liberado” para pagar la deuda publica, y el régimen laboral queda definitivamente eximido de pagar aportes. Una reestructuración social que cancela un siglo de conquistas de los trabajadores.
El último en cerrar la puerta
El ideólogo de este paquete anunciado en la cadena nacional, es el exterminador Sturzenegger, un experto en ofrecer garantías finales al capital financiero cuando el bote empieza a juntar agua. El ministro de Desregulación de Milei es el que protagonizó, precisamente, los recortes y blindajes que precedieron al estallido financiero y político de 2001. Caminó por la misma senda en 2018, cuando Macri se deslizaba por el tobogán.
En este caso, el paquete de anuncios de Milei ha sido arrojado al ruedo cuando el panorama financiero de la gestión libertaria ni siquiera convence a sus principales beneficiarios y tutores. Georgieva anunció, en su visita, que no tiene previstos nuevos fondos para Argentina, cuando Caputo -dos semanas atrás- contaba con esos recursos en el “plan financiero” que presentó para 2027. El riesgo país no desciende, y el superávit fiscal se ha evaporado. La discusión sobre el “2027 electoral” se ha instalado en los círculos capitalistas a los que Milei y Sturzenegger pretenden blindar con sus anuncios.
Está planteada una enérgica campaña en defensa de las conquistas que Milei pretende arrebatar, desde la educación y la salud hasta las jubilaciones.
Marcelo Ramal
31/07/2026













