El lunes 11 de septiembre, a los 97 años, falleció el dibujante, pintor y grabador, que puso en papel y lienzo las atrocidades del terrorismo de Estado, como así también la pobreza, las desigualdades sociales y las luchas sociales y populares.
Nacido el 4 de febrero de 1929, en Tunuyán, Mendoza. A los quince años dio sus primeros pasos artísticos, en la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo, compartiendo experiencias y aulas con Sergio Sergí, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se incorpora al grupo de Spilimbergo.
Fiel exponente del expresionismo en nuestro país. Nutriéndose de la experiencia europea, de inicios del siglo XX. Una representación muy subjetiva, con una gran carga emotiva, de la realidad social.
Fundamentalista de la línea, como medio para poder desarrollar su bello arte. Tomando el concepto de Wassily Kandinsky, y su teoría del punto y la línea. Donde el primero es el elemento mínimo de la comunicación visual. Y la segunda, el resultante de la sumatoria y sucesión de puntos. Su interacción, produce y genera imágenes.
Para los movilizados fines de la década de los sesenta, presenta una obra que se transformó en emblemática, La Lección de Anatomía (1969). Tomando como base a la creación del neerlandés del siglo XVII, Harmenszoon Van Rijn Rembrandt. Primera obra de Alonso con fuerte carga política. Jugando con la Lección del Doctor Nicolás Tulp (1632) desarrolla la imagen del muestrario del cuerpo sin vida de Ernesto “Che” Guevara, sobre una mesada, en una precaria casilla de la Higuera, Bolivia (9/10/1967).
Gran parte de su carrera la vivió sufriendo la censura. Pero no solo del Estado. Muchos de los grandes museos nacionales e internacionales, dirigidos por importantes familias adineradas integrantes de la patronal local, lo rechazaron en varias ocasiones.
El golpe de estado del 24 de marzo de 1976 significó, por tres motivos, un hecho altamente doloroso, pero transformado en una de las expresiones pictóricas más fuertes, en la lucha por los derechos humanos.
A muy pocos días de cumplirse el primer mes del proceso, presenta la exposición El Ganado y Lo Perdido. Entre reses bovinas, entremezcladas con figuras humanas de alto porte, denuncia el hambre en el país, como así también la mercantilización de todo, hasta de las vidas humanas. Y comienza a denunciar la represión. Inclusive antes del 76. No es casual que este conjunto de realizaciones sea iniciado en 1972, y se desarrollen en plena Triple A, de Perón y López Rega.
En 1977 su hija de 21 años, Paloma Alonso Fauvety, fue secuestrada en su hogar de San Telmo. A casi cincuenta años, continúa desaparecida. A este duro suceso se le suma la prohibición por parte de la censura del Estado. Y se le agrega la persecución, integrando listas negras, que lo obliga, a él y su familia, a exiliarse en Europa. Primero viaja a Italia y luego se instala en España.
Desde el viejo continente centró su obra en denunciar los atropellos a los derechos básicos, la represión y la muerte. Bajo la serie Manos Anónimas, desarrolla treinta y un dibujos y pinturas, con una altísima carga de crudeza y dureza. Herramienta para descargar dolor y grito.
“Esta exposición es inédita porque es un material que hice en silencio durante treinta años. Varios de esos años estuve sin trabajar, recuperándome de las pérdidas, la de mi hija Paloma, la del país, de la de mis afectos, y todo lo que tiene que ver con el exilio. Estoy muy contento que se haya podido recuperar la instalación y que sea parte de la colección del Bellas Artes. No lo creía posible”.
En los últimos años, desde su atelier, entrevistado por varios medios de periodísticos, haciendo memoria de su extensa obra, expresa “Mis imágenes vienen de la pintura y de la poesía. La poesía me marcó y se quedó conmigo para siempre, es mi horizonte. La obra de Pasolini me impactó mucho. Encontré un sentido del arte en su poesía y en su combate contra el fascismo y las mafias”.
Alonso brindó su arte a la lucha contra un régimen político, económico y cultural, que mediante el abuso (en todos los sentidos de la palabra), la represión y muerte, desarrolla sus planes de ajuste y miseria.
En un contexto nacional e internacional, de gobiernos facho libertarios y negacionistas, recuperar sus realizaciones, debe ser todas como herramientas de visualización, concientización y movilización del pueblo trabajador. Tanto para viejas generaciones, como nuevas. Para no olvidar, no perdonar y no reconciliar, con las manos asesinas, ni sus cómplices. Y así mantener vigente la lucha por memoria, verdad y justicia.
Maxi Robes













