martes, 26 de mayo de 2026

La intervención de la UOM convierte a los sindicatos en sucursales del Estado


El fallo judicial de la Cámara Nacional de Apelaciones ha puesto al rojo la injerencia del Estado ´en los sindicatos. 
 La intervención de la UOM da continuidad a una política que inauguró el macrismo: durante su gobierno, intervino 23 sindicatos, entre ellos, el SOMU, USPRA, Canillitas, APDEFA y Judiciales de Mendoza. En ninguna de todas esas intervenciones, la CGT tomó su defensa. 
 La burocracia sindical, en su conjunto, aceptó siempre las normas jurídicas del Estado. Por eso acató todas las intervenciones como acata todas las “conciliaciones obligatorias” de los ministerios de Trabajo. El único caso de desconocimiento no provino de sectores combativos sino de un sector desclasado de la propia burocracia -el “Pata Medina”. Fuera de comunicados, ningún sector de la burocracia está dispuesto a parar un segundo en contra de la intervención del sindicato industrial más importante de la Argentina.

 Prisionero de su propio estatuto 

En la jurisprudencia laboral argentina, la impugnación de una lista minoritaria no ha alterado jamás un resultado general de una elección nacional. Pero en el caso de la UOM, sí es aplicable por su propio estatuto, que eliminó la elección directa de los afiliados suplantándola por un colegio electoral donde los secretarios generales electos de las seccionales eligen al secretario general. Para ser secretario general de la UOM, hay que cumplir más requisitos que para ser Presidente de la Nación. 
 Los argumentos legales de la intervención paradójicamente se apoyan en el propio estatuto cárcel de la UOM, donde las juntas electorales nacionales las elije su propio secretariado y lo mismo ocurre con las juntas electorales seccionales. Además, ha sido práctica común en la UOM la extensión de la elección durante tres días, la ausencia de escrutinio diario, que las urnas se abrieran el último día del comicio, y que permanezcan guardadas en los sindicatos seccionales, a los que nadie tenía acceso y solo se permitía, en algunos casos, la permanencia en custodia de fiscales opositores cuando los había. En resumen, la intervención no obedece a una violación de los términos de un estatuto.
 La intervención no obedece a que Furlán encabece una rebelión popular en los sindicatos. Su actuación al frente de la UOM se ha caracterizado por poner un freno a las resistencias de los metalúrgicos al congelamiento de los salarios. Las cámaras metalúrgicas bajo Furlán han impuesto los salarios por decreto bajo la forma de “aumentos a cuenta" -de una paritaria que nunca llega- en un virtual desconocimiento de la autoridad nacional del sindicato. 
 En líneas generales, la intervención de la UOM parece fogoneada por su propia interna. No es ajeno el desplazamiento de Naldo Brunelli del secretariado nacional. La intervención tiene un plazo de seis meses. En ese lapso estará en juego es un cambio de composición en el secretariado de la UOM, donde Furlán debe resignar posiciones en las seccionales o perder la titularidad en el amañado Colegio Electoral del sindicato. En resumen, hay seis meses de “rosca” por delante para que esto suceda. 
 Para la clase obrera la intervención de un sindicato es algo de máxima gravedad. El sindicato se convierte en una parte del Estado mismo, acompañado por burócratas seccionales, que deben obedecer a la Intervención. Denunciamos esta estatización, en oposición a la misma burocracia que utilizará los seis meses y una prórroga para seguir su política de maniobras.

 Juan Ferro
 26/05/2026

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