miércoles, 12 de octubre de 2022

El estallido financiero de Gran Bretaña alcanza a Estados Unidos


El paquete de rescate de la deuda pública británica establecido, hace dos semanas, por el Banco de Inglaterra, ha fracasado. Los 65 mil millones de libras esterlinas no han logrado detener la venta masiva de títulos del Estado, luego de que la primera ministra Liz Truss anunciara una reducción de impuestos a las ganancias y a los ingresos, cuya recaudación debía cubrirse con un mayor endeudamiento. Luego de una tumultuosa conferencia del partido conservador, en la que Truss pareció conceder un retiro del programa, su ministro del Tesoro ratificó esas reducciones, anunciando que el déficit fiscal que generaría sería compensado con mayores recortes en el gasto público social. Esto acentuó la estampida de capitales de la Bolsa y llevó a mínimos la cotización de la deuda pública y de la libra.
 Como ocurriera en Argentina en 2002, esta desvalorización tuvo su principal impacto sobre los Fondos de Pensión, sólo que enésimamente mayor en este caso. Es que esos Fondos tienen invertidos los ahorros de los aportistas en títulos públicos, pero con yapa. Además de sufrir el impacto de la caída de los títulos de la deuda, se han visto forzados a reforzar esa caída mediante la venta de los que tiene en su cartera, agravando el derrumbe. El motivo de esa venta es que esos títulos fueron entregados en garantía para obtener préstamos que a su vez fueron reinvertidos para maximizar el rendimiento. Los fondos deben, ahora, subir el valor de la garantía que ha quedado depreciada, lo cual hacen vendiendo los que tienen en su poder. Como la Bolsa de Londres es la más importante en términos internacionales, el impacto del desplome se va difundiendo en el resto del mundo. El Banco de Inglaterra, aunque ha declarado que reforzaría la compra de títulos públicos para bloquear colapso, al mismo tiempo intenta restringirlo porque implica emisión de moneda en gran escala, mayor inflación y una mayor desvalorización de la libra.
 En cierto modo, esta sacudida ha afectado a todos los mercados, con independencia del desplome londinense, como consecuencia de la suba de las tasas de interés que han aplicado el 90% de los países con el argumento de frenar la inflación. Esta suba devalúa a los bonos en circulación que fueron emitidos y comprados con una tasa de interés inferior. Se ha desatado, en principio, una corrida contra la deuda pública, y por lo tanto la moneda. La depreciación del euro, la libra y el yen -frente al dólar- ha sido enorme, y lo mismo ocurre con el oro y los salarios El dólar se deprecia, a su vez, frente a los productos o mercancías en circulación. Las garantías ofrecidas para respaldar préstamos y operaciones financieras se han devaluado. Ha crecido la deuda en garantía y ha caído el valor de los activos y por lo tanto la suba del riesgo de quiebra. El FMI ha advertido que se encuentra en marcha “un remate desordenado”.
 La desvalorización de los Fondos de Pensiones británicos han afectado los mercados en Estados Unidos. Tanto ellos como las compañías de seguros han obtenido préstamos contra la garantía de sus activos. El mercado de obligaciones colaterales supera el billón de dólares. Ahora están obligados a cubrir la devaluación de esas garantías vendiendo otros activos y perjudicando su valor. Este derrumbe ha sido aprovechado por los grandes fondos de inversión para comprar los valores en venta a precios de ganga.
 Los Fondos de Pensiones y otros agentes financieros han incurrido en inversiones financiadas por préstamos por el valor de 1.8 billones de dólares, unas seis veces el aporte para las futuras jubilaciones. Entre esas inversiones se encuentran las llamadas ‘yunk bonds’, bonos basura, porque rinden intereses superiores al promedio e incluso pagos que superan su flujo de fondos. Este mercado “de riesgo” es el candidato a desmoronarse como consecuencia de las subas de intereses. De otro lado, se ha paralizado el mercado de fusiones empresarias, que florece en un período de recesión, como consecuencia de la retracción de la financiación de bancos y fondos. Para algunos la situación es peor a la crisis de 2007/8, entre otras cosas porque se desarrolla en un cuadro inflacionario, y porque sigue la pandemia y se extiende una guerra mundial. Los rescates de compañías y bancos, en la actualidad, podría desatar una espiral inflacionaria –incluso hiperinflaciones.
 El impacto en otros países ya es enorme. La fuga de capitales de los mercados asiáticos se estima en 600 mil millones de dólares, para el año corriente. Las reservas internacionales de China y Japón han tenido caídas importantes. En China, esta salida afecta las operaciones de rescate de los gigantes inmobiliarios que se encuentran en default. Las autoridades aplican el ‘cepo’ para reservar la liquidez al mercado habitacional. En Japón, el primer ministro sorprendió con una advertencia contra la desvalorización del yen, porque para eso debería subir las tasas de interés internas. Tal medida sería una bomba atómica para un país que tiene una deuda pública equivalente al 400% del PBI, hasta ahora a tasas negativas, o sea alrededor de 20 billones de dólares.
 Este cuadro describe la tensión subyacente que incrementa la guerra mundial en curso. El capital advierte que camina por una cuerda floja. Pero la academia de ciencias de Suecia no encontró mejor forma de celebrar esta agonía que entregando el Nobel de Economía a Ben Bernanke, el ex presidente de la Reserva Federal que armó esta salida a la crisis de hace una década y media. 

 Jorge Altamira

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