miércoles, 26 de agosto de 2020

Duhalde y su nueva anarquía del año ’20



Cuando el dantesco escenario de la crisis capitalista sacude al mundo, con la emergencia de nuevas revueltas en EE.UU. contra la barbarie policial, cuando estalla una rebelión popular contra el gobierno fraudulento en Bielorrusia, tras la caída del gobierno libanés como resultado de un levantamiento popular, cuando se suceden huelgas y cortes de ruta de la clase obrera y el campesinado boliviano contra el gobierno golpista de Bolivia, Duhalde ha venido a sorprender con su descripción de una nueva «anarquía» en desarrollo. Justo 200 años después de la famosa «anarquía del año ’20» en la naciente Argentina del Siglo XIX.
Lousteau, que horas antes fue a Olivos a exhortar a Alberto Fernández a poner paños fríos al debate político retirando la reforma judicial para mejores épocas, dijo sobre las declaraciones de Duhalde «escuchemos a los que tuvieron que enfrentar una crisis como esta…». Conviene que nosotros, desde el campo de la clase obrera, miremos bien lo que ha dicho el responsable de la operación masacre que terminó con la vida de Kosteki y Santillán, justamente, en un intento de giro represivo de su régimen de emergencia cuando el movimiento piquetero daba forma organizada al reclamo de millones de trabajadores desocupados después del Argentinazo.
El expresidente no electo pronosticó que «la gente se va a rebelar… en un escenario como el del 2001, (donde) se puede generar un clima peor al ‘que se vayan todos'». Algo nada ajeno a la América Latina de 2019 con su cadena de rebeliones populares y grandes huelgas con cabeza en el Chile mimado del imperialismo. Por otro lado dijo que «es ridículo pensar que va a haber elecciones el año que viene», «todos sabemos la historia de dictaduras que tenemos». Claramente ha meneado que Argentina puede ser escenario de la tendencia a la intervención militar en América Latina cuando tenemos un gobierno golpista en Bolivia, en un Brasil donde Bolsonaro ha llevado al ejército a un gobierno cívico-militar, con Piñera gobernando asentado en el ejército y los carabineros –con el apoyo «democrático» de la Concertación. Y, del lado de la decadencia de los nacionalismos, con Maduro que gobierna contra los trabajadores con el ejército enlazado a los negocios de la boliburguesía mientras se le quiebra el partido de gobierno.
Desde ese lugar llamó a la «unidad nacional». Van Der Kooy, desde la inefable columna de Clarín, ha dicho que usó un modo «inapropiado» para plantear una causa justa. Y, nada menos que el jefe de Gabinete, ha coincidido en el carácter «inapropiado» de la expresión de este viejo puntero del peronismo. Notable coincidencia semántica que revela la potencialidad de la crisis política que empieza a recorrer al gobierno de los Fernández y Massa. No se trata de la «escalada de la grieta» sino de la escalada de la crisis económica y social y del impacto del empantanamiento del gobierno tras la volatilización del «gran logro» de la agachada ante los bonistas. Con el condimento dramático de haber pasado los 350 mil contagios y las 7.500 muertes por coronavirus, lo que sepulta las clases profesorales acerca de las ventajas de la cuarentena argentina. «Se agravó la crisis» después del arreglo de la deuda, señalamos desde Prensa Obrera.
Digamos a esta altura que no hay ningún golpe en marcha, la burguesía gobierna por intermedio de este gobierno, el mejor disponible para golpear a las masas con «contención social» de las burocracias sindicales y piqueteras. Lo que ha venido a marcar Duhalde, en definitiva, es que la burguesía tiene que unir fuerzas para afrontar la agenda del FMI contra la mayoría laboriosa argentina. Los trabajadores tenemos que sacar las conclusiones para actuar, de tal manera que nuestra clase intervenga en la situación política para volcarla en nuestra dirección.

Presionan por otra devaluación

El síntoma del hundimiento del peso, clásico argentino de las grandes crisis, se presenta de cuerpo entero con un dólar paralelo 80% arriba del oficial. La lupa del mundo económico capitalista está puesta en las reservas del Banco Central a las que se diferencia no solo entre brutas y netas, sino entre netas y líquidas, que son las que realmente sirven para el movimiento económico y para atender la demanda de «verdes» de todo tipo. Esas, las líquidas, están en menos de U$S4.000 millones, un cuadro parecido al triste final del cepo de Kicillof en 2014/15.
La pulseada devaluacionista es intensa. El poderoso fondo de inversión Pimco anunció que venderá los bonos del canje y se retirará de todos los emergentes para aminorar pérdidas. El capital agrario empuja una devaluación reteniendo más de 30 millones de toneladas de granos entre soja y maíz, equivalentes a U$S12.200 millones (ámbito, 26/8). Por otro lado funcionan a full la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones. Los grupos económicos no se privan de sacar sus capitales vía el dólar bolsa y el chiquitaje desesperado compra dólares «ahorro» para venderlos en el blue y sacar unos pesos para comer, al mismo tiempo que una clase media se cubre como puede en el dólar –que se desvaloriza en el mundo- para preservar cierto ahorro forzoso por una cuarentena en la que no hay cómo gastar.
Semejante tormenta cambiaria perfecta hunde sus raíces en la crisis económica mundial y nacional y la impotencia del gobierno nac&pop para afrontarla. Si bien la balanza comercial está positiva por la caída brutal de las importaciones como consecuencia de la recesión económica y el derrumbe industrial, las exportaciones no levantan vuelo y se prevé una caída interanual respecto del 2019. El mercado mundial está «vendedor» y no «comprador» como gustan decir los capitalistas. El presidente del Banco Central Miguel Pesce ha dicho que si no alcanzamos los U$S90.000 millones de dólares de exportaciones no tenemos arreglo, abriendo el paraguas para el fracaso de su tenida con los mercados; a los cuales igualmente satisface liquidando reservas a mansalva.
En resumen nos asomamos al abismo de otra devaluación, en medio de la depresión económica con inflación.

Los límites mortales del gobierno

En todos los planos el «bonapartismo bicéfalo en tiempos de default», no solo muestra sus contradicciones internas sino su permanente recule ante el capital financiero, los grupos económicos y la derecha que se expresa por afuera y por adentro de la coalición de gobierno. En este cuadro el gobierno Fernández permanentemente oscila entre el choque y el compromiso con la oposición y con sus fracciones internas para ser el representante de los intereses generales de la burguesía y no perder la capacidad de control y cooptación de las organizaciones sindicales y populares que es su rasgo diferenciador. Pero la magnitud de la crisis lo coloca todo el tiempo en una montaña rusa como consecuencia de sus propios límites. Sociales y políticos. Ahora mismo está considerando propuestas del capital agrario como descontar retenciones de ganancias y otras, que afectarían la recaudación tan preciada por los bonistas y el FMI. Lo mismo pasa con los reclamos de subsidios de la UIA.
Ya son conocidos los retrocesos en chancletas con Vicentin, con el impuesto a las fortunas, con la capitalización accionaria de las ATP e incluso con el aborto legal prometido como gran prenda de progresismo 18 días antes de la cuarentena. Pero no parece tener mejor destino la mentada reforma judicial que ya Cristina crucificó diciendo que «no es la que necesitamos los argentinos». Efectivamente, el «fuego amigo» la está esmerilando y lo más probable es que el «centro político» de la falsa grieta logre una postergación tal cual pidió Larreta, Lavagna y hasta el propio Massa que se pronunció por un debate «profundo». Por lo pronto los gobernadores, negociando sus votos en diputados ya arrancaron tribunales federales que podrán controlar como botín de la guerra interna del gobierno. En definitiva, lo que tenemos que mirar es que además de las maniobras de impunidad, todo el reforzamiento de la intervención del gobierno en el poder judicial mediante el nombramiento de nuevos jueces estará al servicio de garantizar una Justicia que respalde las reformas fondomonetaristas. Por eso nadie escuchó debatir a nadie sobre el rol de preservación de los derechos de los jubilados y de los trabajadores ante las reformas previsional y laboral que afectan y afectarán derechos adquiridos fundamentales. Al contrario, buscarán que la Justicia sirva al arbitraje contra las masas en la crisis capitalista que llevará a choques interiores entre los capitalistas y a choques con los trabajadores como los que pronostica Duhalde.
Otro tanto pasa con el decreto declarando servicio público las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), algo que jamás podría estar en debate, porque son un servicio público de acá a la China. Se les vino otro aluvión ante un tibio avance «regulacionista» que solo posterga un tarifazo de setiembre hasta fin de año por parte de las grandes ganadoras de la cuarentena donde se fue a las nubes la demanda con tarifas que ya habían aumentado un 15% antes del 20 de marzo. Pero que no cuestiona quién define las tarifas y mucho menos a los monopolios que controlan el negocio. Ni hablar de abrir los libros para ver costos y precios. Otra vez el privatismo de este cambalache nacionaloide del siglo XXI transforma en un relato el arbitraje del gobierno en la crisis.

Organicemos la lucha y debatamos la salida de los trabajadores a la crisis

La completa cobardía del nacionalismo de contenido capitalista es puesta a prueba. Tenemos un gobierno «nacionalista» incapaz de nacionalizar nada. Sea para controlar el tipo de cambio, para terminar con la fuga de capitales, para disponer de los recursos petroleros y energéticos, como de las telecomunicaciones o para volcar al ahorro nacional a la inversión productiva. Con el agregado de que se viene a todo galope la intervención del FMI, al punto que muchos creen que no solo será imprescindible acordar la ruta del ajuste, sino pedir nuevos créditos al gendarme financiero mundial.
Es claro que sin el control monopólico del comercio exterior, de la banca y de los recursos estratégicos, así como sin el no pago soberano de la deuda es imposible siquiera hablar de afrontar la crisis sin catastróficas consecuencias económicas y sociales. Tareas que solo podría afrontar la clase obrera en el poder.
En estos días se conoció que en julio el gasto público primario bajó en términos constantes un 2,5% respecto de julio 2019 en pleno ajuste macrista si descontamos los gastos -momentáneos- por Covid 19. ¿Cómo se logró semejante ajuste que hace las delicias del FMI? Mediante el cañazo a la movilidad de los jubilados, la liquidación de las paritarias y el total parate de la obra pública.
Efectivamente, solo un 19% de los trabajadores registrados ha tenido paritarias, mediante 23 convenios que abarcan a un millón de trabajadores de los 20 millones de la fuerza laboral y que promedian entre un 20/30% de aumento anual frente a una inflación prevista del 45%. Los trabajadores del Indec acaban de calcular la verdadera canasta familiar en $70.616, lo cual pinta la magnitud de la ofensiva capitalista contra los trabajadores. A ello hay que sumar las rebajas salariales por suspensión de 750.000 trabajadores, y el medio millón de despidos en la primera mitad del año que tiende a reproducirse en la segunda mitad por este camino, porque el rebote post cuarentena no tiene ni de cerca la magnitud de la caída.
Es claro el carácter convulsivo de la etapa que describimos en el inicio de esta nota. El punto es organizar la reacción obrera y popular en todos los terrenos, desde la ocupación de las fábricas que cierran, hasta las paritarias bajo control de asambleas por un salario equivalente a la canasta familiar. Desde los protocolos obreros y los paros para garantizarlos en protección de la salud a la defensa de los jubilados, de su aumentos de emergencia, su movilidad, las cajas provinciales, el Anses y los regímenes especiales. Desde la defensa de los convenios a la organización de los precarizados y los desocupados por los $30.000 de seguro al parado.
El Plenario Sindical Combativo ha resuelto una jornada nacional para la primera quincena de setiembre, hay que concretarla mediante el debate con el activismo como ya hizo el Suteba Matanza. Mediante la unidad de los sindicatos combativos y el frente de lucha piquetero que integra el Polo Obrero que viene de ganar la calle. Se trata de colocar un programa y una política de frente único para contribuir a la victoria las luchas como Latam, las ocupaciones de tierras por viviendas que se extienden en todo el país, la lucha ambiental en Santa Fe y Entre Ríos, de la lucha de la mujer por el aborto legal y por todas sus demandas, de la juventud ante el fracaso de la virtualización educativa que deja miles de estudiantes en la banquina. Masificando el Fuera Berni y las movilizaciones por Facundo y contra el gatillo fácil y la represión, para asestar un golpe a la preparación represiva del Estado ante la crisis.
Desde esta comprensión hemos propuesto a la mesa del Frente de Izquierda una gran acción política en todo el país. Para contribuir a poner en pie a los trabajadores como alternativa política.

Néstor Pitrola

No hay comentarios:

Publicar un comentario