En los años 60 del siglo pasado, Charles Keeling, pionero en la medición sistemática del CO2 por el uso y costo de energía que se emite con exceso en partes por millón generando el efecto invernadero, demostró de manera irrefutable, que los niveles de dióxido de carbono aumentarían año tras año. Del análisis de este nivel descontrolado del crecimiento de contaminación, surgieron líneas de soluciones, entre las cuales se encuentra el modelo de transición energética. El aumento poblacional del mundo, y el consumo de energías renovables y no renovables, trajo emparejado demandas de soluciones simples a problemas complejos. Entonces el modelo transicional no es ir del punto A al B, tomado como sinónimo de sustitución a corto plazo, sino que es más bien un problema sistémico donde está en juego un modelo de vida, demográfico, energético y de producción. La transición sería revertir el 80 % de combustibles fósiles por el 20 % de energías limpias con algo de combustibles fósiles. Pero, a la par que una baja, la otra sube, y hay un momento impreciso, donde coexisten los dos mundos y ahí se genera un conflicto. Y este es que, si no se calculan bien las inversiones y el tiempo, las soluciones van a ser insuficientes y se va a exacerbar la forma de control del suministro, a través de soluciones bélicas.
Hasta acá se estaría bajo el espectro burgués y pequeñoburgués progresista. Entonces ¿qué otra transición hay? La revolucionaria, la que nos dejó en herencia Trotsky. Primero, para darle una solución a la humanidad de esta barbarie, los medios de producción los debe controlar la clase obrera. Si bien el concepto de que se necesita de lo viejo para construir lo nuevo tiene un carácter dialéctico. La clase obrera construirá la transición, a través de la revolución permanente con alcance mundial. En este camino se dislocará el régimen burgués, llevando a su máxima expresión la democracia, concediendo derechos, repartiendo la tierra y proponiendo la eliminación de aquellas que la contradicen como el monopolio, la especulación financiera y el estado organizado en la usura y explotación capitalista. También proponiendo cambios en las formas inter e intra sociales de relacionarse del humano con la naturaleza y la producción, que hoy es abordado desde el consumo desmedido e irresponsable presionado por la sobreproducción de mercancías a través del marketing y la manipulación de los sentidos. En las condiciones de crisis, abierta por el aumento de deuda de los estados imperialistas sobre su capacidad de los PBI, las situaciones revolucionarias se ponen al orden del día.
Para este cambio es fundamental el rol de las instituciones públicas dedicadas a la ciencia, como son en nuestro país el CONICET y el INTI entre otras, donde el estudio de estas problemáticas ha sido fundamental para el desarrollo científico, tecnológico e industrial. Vemos con preocupación, la incidencia de las políticas internacionales en el destino de las becas de investigación que se están orientando a la industria bélica y extractivista. Si queremos cambiar la matriz productiva, necesitamos la recuperación y el financiamiento de estos organismos en base a nuevas lógicas productivas.
Con este panorama lo más importante es seguir sosteniendo los principios de transición revolucionaria; superar la crisis de poder político del imperialismo de EEUU y construir la salida a la barbarie capitalista, que nos pone a los obreros a abordar las problemáticas climáticas, poblacional, de manejo eficiente y calidad de los recursos renovables y no renovables, calculando y trabajando bajo la planificación que ayuda a asumir las soluciones que nos saquen del desastre burgués y de sus lacayos.
Patricia Poblete y Luis Pincheira
24/07/2026

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