sábado, 26 de marzo de 2022

La “receta” antiinflacionaria del Instituto Patria, un saludo a la bandera


El kirchnerismo no tiene un planteo alternativo al FMI y a sus políticas inflacionarias. 

 El Instituto Patria, centro de investigación y usina del pensamiento K fundado y presidido por Cristina Kirchner, acaba de publicar un paper titulado “Precio de los Alimentos e Intervención Directa del Estado Nacional, Análisis y recomendaciones preliminares”, el cual contiene una serie de prescripciones para bajar la inflación en alimentos de aquí a 2023. El reporte no solo plantea medidas de dudosa aplicación ya que van en sentido contrario a la orientación del gobierno, sino que además, la receta que brinda es limitada puesto que no sale de los márgenes del programa impuesto por el FMI, con lo que tampoco significaría una solución al alza inflacionaria. 
 Una cuestión llamativa del informe es que los autores no ocultan los apetitos electorales que motivaron su elaboración, al afirmar que “consideramos que el control de la inflación de los alimentos y otros productos que integran la canasta básica será una de las variables principales que definirá el resultado de las elecciones 2023”. El kirchnerismo es consciente que la disparada en los alimentos funciona como catalizador del descontento popular, y, por lo tanto, omitiendo que son corresponsables de los altos índices de pobreza, buscan mostrarse como los portadores de la solución a la carestía acuciante y como un factor de presión al interior del gobierno para que este tome medidas más “radicalizadas”. Toda una maniobra en pos de desligarse de los costos políticos del ajuste dictado por el FMI, pero sin presentar un programa alternativo. Al punto tal, que este paper lo dan a conocer un día después del 24 de Marzo, donde el sector kirchnerista dejó de lado sus supuestas recriminaciones a la gestión presidencial para confluir en el acto oficialista donde cualquier crítica al acuerdo arribado con el Fondo estuvo completamente ausente. 
 En ese sentido el texto comienza diciendo que “a las múltiples causas que dan origen al proceso inflacionario para el conjunto de los bienes transables (déficit fiscal, emisión monetaria, cotización del dólar, expectativas económicas, entre las principales)”, en el caso de los alimentos se sumaría “la existencia de mercados internacionales de futuro para todos y cada uno de las commodities de origen agropecuaria, la estructura monopólica que caracteriza tanto a los exportadores de esos commodities, como a los productores de alimentos” y factores ligados a la estacionalidad y eventos climáticos. Sin embargo, en ningún momento se cuestiona que, mientras el FMI promueve “bajar” la inflación disminuyendo la emisión monetaria a partir de ajustar el gasto público, propicia la suba del dólar sin reparar en sus efectos inflacionarios. Por otra parte, el paper lejos está de proponer terminar con el control privado del comercio exterior o avanzar en la apertura de los libros de los pulpos alimenticios, en función de combatir el impacto que tiene el precio de las commodities en los precios internos y la concentración económica mencionada. 
 Entonces, en lugar de abordar esos aspectos que están en el corazón del espiral inflacionario, el informe se va por la tangente, centrándose en cuestiones laterales para evitar ir al hueso del problema, lo que significaría una confrontación a fondo con el gran capital y el FMI, algo que el kirchnerismo no está dispuesto a hacer. En el camino, cae en el ridículo de proponer el reforzamiento de iniciativas que ya están vigentes, como la Ley de Góndolas, Precios Cuidados y los fideicomisos, y que han dado sobradas muestras de su fracaso a la hora de controlar los precios. 
 Por otra parte, el Instituto Patria plantea dejar intacto el secreto comercial de los capitalistas formadores de precios que intervienen en toda la cadena de valor, y, en lugar de abrir sus libros a fin de evaluar los costos reales, pretende reducir costos de logística e intermediación a partir de montar “canales cortos de comercialización”, léase, ferias en los barrios que vendan alimentos más baratos. Una reedición del anodino Mercado Federal Ambulante, que, a la luz de la experiencia, no evitó ningún aumento. 
 Luego, el documento esboza un plan de incentivos a los pequeños productores en función de aumentar la oferta de alimentos, y, al mismo tiempo, “defender la competencia”. Por otro lado, defiende la suba de retenciones a los granos como mecanismo para desacoplar los precios internos de los internacionales. Sin embargo, son dos cuestiones que están completamente por fuera de la agenda gubernamental, orientada a congraciarse con el capital agrario, fuente de divisas para pagarle al FMI. A su turno, el kirchnerismo no explica de dónde provendrán los recursos para llevar adelante esas políticas pretendidamente “keynesianas” sin romper con el Fondo, teniendo en cuenta que el rescate de esa deuda impagable no hará más que acentuar la quiebra del Estado, sin embargo, el ala cristinista se propone pagarla en su totalidad. Con lo que la simple mención de esas medidas resulta poco serio, reduciéndose a un mero “saludo a la bandera”.
 Es tan inconsistente la “receta antiinflacionaria” del kirchnerismo, que en un momento desestima la posibilidad de crear una Empresa Nacional de Alimentos (ENA) -pensada en contraposición a la estructura monopólica imperante en la industria alimenticia- dado que “que generaría una enorme burocracia, requeriría una inversión difícil de financiar y no llegaría a materializarse para 2023”, reconociendo que para que dicha empresa tenga alguna incidencia debería acaparar una porción importante del mercado y eso requiere un nivel de financiamiento estatal que es incompatible con el ajuste que el exige el FMI. A su vez, el texto afirma de manera bochornosa que la existencia de una ENA “no garantiza en modo alguno el control de los precios al consumidor final de sus productos. YPF es un ejemplo, tanto de eficiencia empresaria, como de la inutilidad de ese objetivo”, refiriéndose a que la petrolera “de bandera” se encuentra a la cabeza de los naftazos. Una confesión verdaderamente autoincriminatoria por parte de quienes presentaban la mayoría estatal de YPF como un acto de soberanía nacional al servicio del pueblo. Más aún considerando que el presidente de YPF Pablo González, autor de los sucesivos aumentos del combustible, pertenece a la fracción kirchnerista de la coalición gobernante, al igual que los escribientes del Instituto Patria.
 Como si esto fuera poco, luego de admitir que la creación de una Empresa Nacional de Alimentos en realidad no servía para nada y que ni siquiera hay condiciones para financiarla, los autores recomiendan “replicar la experiencia de pequeñas empresas estatales provinciales que producen o comercializan alimentos” sabiendo de antemano que no serán efectivas para bajar los pecios y que quedarán condenadas a la marginalidad ante la falta de recursos. A todas luces, el nivel de improvisación y “sarasa” no podría ser mayor.
 Como vemos, la mentada “Intervención Directa del Estado Nacional” que propone el Instituto Patria para reducir la inflación en alimentos es lisa y llanamente una estafa a los fines de disimular que el kirchnerismo no deja de ser una corriente subordinada al FMI, y, por consiguiente, es incapaz de oponerse de manera consecuente a la hoja de ruta trazada por el organismo, la cual está repleta de políticas inflacionarias. A pesar de que busquen diferenciarse, la “guerra” contra la inflación del riñón cristinista es igual de falaz que la anunciada por Alberto Fernández. 
 Solo será antiinflacionario un programa que incluya la nacionalización del comercio exterior y la banca bajo control obrero para, entre otras cosas, desacoplar los precios internos de los internacionales y frenar la fuga de capitales, y la apertura de los libros de la cadena comercial a fin de evitar sobreprecios. Es decir, un programa de los trabajadores orientado a reorganizar económicamente el país sobre nuevas bases, contemplando la ruptura con el FMI y el repudio de la deuda. Esos mismos trabajadores que deben ganar las calles de inmediato en defensa de sus ingresos, por un salario mínimo de $130 mil, paritarias sin techo con aumentos indexados a la inflación y la abolición de impuestos al consumo como el IVA. Un planteamiento ajeno al kirchnerismo y a todas las fuerzas políticas del régimen que empobrecen a la población.

 Sofía Hart

Biden en Europa y la guerra que se extiende


Biden participó en cumbre de la Otan

 La presencia del presidente norteamericano en Europa tiene un significado muy especial que es necesario seguir con atención. La decisión de Joe Biden de desembarcar en el viejo continente en las puertas de la guerra forma parte de los planes de la Casa Blanca por redoblar la apuesta y avanzar en una escalada de mayor alcance contra Rusia y, de un modo más general, en los objetivos estratégicos del imperialismo. Esta decisión de Washington se alimentaría en la evidencia que el despliegue bélico de las fuerzas rusas está revelando un déficit de potencial militar que deja expuesta la debilidad del ejército putiniano. 
 Aunque los aterradores bombardeos contra las ciudades ucranianas aparezcan ante una primera mirada como la muestra del poderío de Rusia, millones de refugiados y desplazados, y edificios reducidos a escombros, están indicando, transcurrido un mes del inicio de la guerra, las sensibles falencias de la capacidad bélica rusa. El operativo relámpago que permitiera adueñarse rápidamente del país, que era el plan inicial ideado por Putin, fracasó y el conflicto se prolonga en el tiempo, y las fuerzas rusas se encuentran empantanadas en territorio ucraniano sin que se avizore un desenlace inmediato. Rusia no cuenta con la logística necesaria ni se preparó para un conflicto de larga duración. Las municiones y armamentos de precisión parecen escasear. El arsenal supermoderno del que se jacta Putin es acotado y lo que abunda es material bélico pero de tecnología más anticuada. Las bombas inteligentes, ya sean teleguiadas por láser o por GPS, que son moneda corriente hasta en los ejércitos occidentales más pequeños, escasean en las tropas rusas. Lo que predominan son las llamadas bombas tontas que son las que Putin viene lanzando contra Ucrania. Ante la escasez de armas guiadas de precisión, para sus ataques contra las ciudades ucranianas Rusia depende de cazabombarderos de vuelo relativamente bajo y piezas de artillería terrestre, que son blancos mucho más fáciles para la resistencia ucraniana, con las consecuentes bajas rusas. 
 Moscú, como lo han destacado diferentes analistas militares, está tropezando incluso con límites insalvables para usufructuar su superioridad aérea. El entrenamiento de los pilotos rusos deja mucho que desear, los cuales apenas “cumplen unas 100 horas de vuelo por año. Es lo que puede permitirse una economía de segunda, como la rusa. Cien horas de vuelo al año equivalen a un promedio de menos de 20 minutos por día (…) A pesar del inmenso gasto en aviones modernos, los generales rusos preferirían dejarlos como amenaza en tierra que mandarlos a la batalla piloteados por incompetentes” (La Nación, 22/3). 
 Pero, además, el entusiasmo de la Casa Blanca se apoya en que la gira de Biden ocurre justo cuando las tropas ucranianas, fuertemente asistidas por Occidente, han logrado no solo impedir que las tropas de Putin tomen las principales ciudades del país sino recuperar territorios en algunos lugares puntuales. En el análisis no se puede soslayar la resistencia que viene abriéndose paso en el campo ucraniano que no estaba en los cálculos del Kremlin y que ha logrado involucrar a la población civil y cuya moral ha ido creciendo con el correr de las semanas.
 En definitiva, la invasión de Rusia se ha visto obstaculizada desde el principio por problemas logísticos, fallas de estrategia, baja moral de las tropas y una incapacidad para articular de manera efectiva las campañas terrestres, marítimas y aéreas. A la par de ello, asistimos a una reacción ascendente del lado ucraniano. Los límites en el campo militar no pueden sustraerse al hecho del retroceso económico de Rusia que ha pasado a ser una potencia de segunda orden, con un PBI menor que el de Brasil. El presupuesto militar ruso, a pesar del empeño puesto por el mandatario ruso en los últimos años, es apenas la duodécima parte del que invierte Estados Unidos. La vulnerabilidad militar ha puesto más al descubierto la vulnerabilidad económica. 

 Los planes del imperialismo 

En este contexto hay que ubicar la opción que se está barajando en Washington de acentuar aún más la contienda bélica. De modo tal que la hipótesis de una prolongación de las hostilidades no proviene solo del lado ruso sino del lado occidental y en particular del norteamericano. “A partir de los intereses geopolíticos occidentales” que apuntan a “encapsular a Rusia y de modo esencial complicar o aún detener el desarrollo e influencia competitiva de China. Desde el fin de la Guerra Fría esta es la mayor oportunidad que le ha surgido a Estados Unidos para regresar a la cabecera de la mesa e imponer su liderazgo económico y comercial y por lo tanto político al resto del mundo” (Clarín, 22/3). 
 Obviamente, el gran pato de la boda serían las masas ucranianas, que están llamadas a soportar un baño de sangre y sufrimientos aún mayores. Están a la vista las atrocidades que viene llevando adelante el ejército ruso. A Putin no le tiemblan las manos en estos ataques despiadados, como lo ha probado la carnicería contra el pueblo checheno o, más recientemente, su intervención contra la rebelión en Kazajistán. Pero, al mismo tiempo, el agravamiento y prolongación de la guerra ucraniana que se vislumbra terminará de sacarle la careta al imperialismo y echar luz frente a la opinión pública ucraniana y mundial de la hipocresía y el cinismo de las principales metrópolis capitalistas que les interesa un bledo la suerte y el destino del pueblo ucraniano que viene siendo utilizado como carne de cañón -al igual que el resto de los pueblos de Europa del Este- para un avance económico, diplomático y militar imperialista en la región, que ha ido de la mano de la expansión de la Otan. Zelenski viene utilizando el sentimiento de defensa nacional que despierta la agresión militar rusa en el pueblo ucraniano para reforzar este alineamiento con las potencias occidentales, o sea, una manipulación política de la población de carácter proimperialista.
 La agresión rusa, que responde a los apetitos e intereses de una oligarquía y camarilla restauracionista y debe ser condenada sin vacilaciones, no nos debe hacer olvidar la responsabilidad primordial del imperialismo mundial, empezando por EE.UU. y la Unión Europea en este conflicto y que se expresa en una colonización del exespacio soviético en todo los planos y que apunta sus cañones contra Rusia. En las grandes catástrofes humanitarias -como la sufrida en Irak, Siria, Libia o la del pueblo palestino, solo para enumerar algunas de la últimas-, está la mano del imperialismo. En el concierto mundial, Rusia hoy ha quedado reducida a un papel de segundo violín que, por supuesto, no se priva de oprimir brutalmente a las naciones que han quedado bajo su tutela y ejercer una represión despiadada dentro de sus propias fronteras.
 Biden viaja a Europa para alinear a sus aliados en la perspectiva de un golpe de mayor envergadura contra Rusia. Entre las medidas que contempla figuraría interrumpir las importaciones del gas ruso a Europa, un reforzamiento de la asistencia militar y mayores represalias económicas. No hay antecedentes de sanciones económicas de estas dimensiones en el mundo como las que ha adoptado la coalición de la Otan, salvo sobre países más marginales. Las sanciones económicas con motivo de la ocupación de Crimea dispuestas desde 2014 tuvieron su impacto que se arrastra hasta el día de hoy, provocando un retroceso económico de Rusia. El erario público ruso tuvo que soportar una sangría de varios miles de millones de dólares cuya contrapartida fue un recorte en el gasto público y en primer lugar en las jubilaciones. Las sanciones actuales ya se calcula que podrían provocar una retracción del PBI del 10 y hasta el 15%. La decisión de excluir a Rusia del sistema de pagos internacionales (Swift) trae aparejado un bloqueo al sistema bancario y de un modo general de todas las transacciones económicas y comerciales. El rublo se devaluó más de un 30% y se ha dispuesto un virtual corralito que se desarrolla en medio de una fuga de capitales, corrida cambiaria y un derrumbe accionario. La población rusa, cuyos ingresos mayoritarios son en moneda local, está sufriendo un serio golpe a su bolsillo, al que se une la amenaza de cierre de las filiales de compañías extranjeras que han decidido cesar sus operaciones en territorio ruso. 
 ¿Hasta qué punto puede Putin resistir este asedio? Hay quienes señalan que el Kremlin tiene una margen de maniobra -entre ellos un caudal de reservas, aunque parte de ellas han quedado bloqueadas- para hacer frente a las represalias. Pero todo esto se complica a medida que pasan las semanas. Sostener económica y militarmente la guerra e incluso una ocupación representan cifras siderales que no tienen comparación con lo de Crimea, que ya provocó un agujero. 
 Si el Kremlin logra dividir el país y colocar un gobierno títere en lo que quede de Ucrania, en la parte occidental, eso no podría funcionar sin una fuerte presencia militar permanente. Moscú carece de esas posibilidades, incluso económicas. Menos ahora que su PBI se ha derrumbado. 
 En un reciente informe, citado por The Economist, la Otan concluyó que los ocupantes necesitarían de 20 a 25 soldados cada mil ucranianos. Pero Rusia apenas superaría los cuatro. Este panorama está llamado a tener una traducción en el plano social y político. La recesión unida a la inflación se va a empezar a sentir con virulencia, pasado el primer mes y proporcionalmente a ello, a que crezca el descontento en la población. 
 La oposición en Rusia, que hoy se circunscribe más a un círculo intelectual y de clase media, puede extenderse a las capas más pobres, en las filas de los trabajadores. Por más que pretenda ser silenciado por las autoridades, los ataúdes de millares de soldados rusos que han perdido sus vidas que ya se constatan y que está creciendo van a hacer sentir y conmover la opinión pública. Por otra parte, las sanciones ya han metido su cuña entre los oligarcas rusos, que quieren que la guerra termine por poner en peligro sus negocios y sus patrimonios. Esta oligarquía nativa que se ha ido conformando desde la disolución de la URSS es la principal base de sustentación del gobierno ruso. La reciente diatriba de Putin contra los “traidores” es una señal que esa base se está erosionando. 

 Perspectivas 

Washington está cada vez más tentado a no desperdiciar esta chance en la actual coyuntura. Infligirle un golpe e incluso forzar una alteración política en Rusia sería un antecedente muy importante para luego ir por China. Por lo pronto, EE.UU. ha redoblado sus presiones sobre el gigante asiático para que no otorgue ayuda militar al Kremlin. Pekín hasta ahora se ha abstenido en ese sentido. Ni que hablar que eso permitiría restablecer un liderazgo en Occidente que ha perdido y, a caballo de ello, darle un nuevo aliento al gobierno de Biden que viene a los tumbos y está muy devaluado. 
 Pero la movida que estaría pergeñando no significa que el imperialismo yanqui tenga la vaca atada ni mucho menos. Hay que ver cuál es la disposición de los países europeos, en primer lugar de Alemania, para embarcarse en una profundización de la escalada. Hasta ahora, las importaciones del gas ruso en el viejo continente se mantienen normalmente. Los bancos asociados al pago de estas operaciones han quedado excluidos de las sanciones. Esto le otorga a Moscú divisas que permiten atenuar la asfixia económica y su disponibilidad de moneda fuerte. Pero, por sobre todas las cosas, colocar un pie en el acelerador de la guerra choca con los peligros y condicionamientos que impone la crisis mundial capitalista. La guerra de Ucrania ya ha acelerado las tendencias inflacionarias y ha puesto en jaque el repunte económico de 2021 posterior a la pandemia; con más razón, un escenario de conflicto bélico extendido y agravado en el tiempo puede provocar una situación ingobernable y la perspectiva de una crisis financiera, derrumbe bursátil y hundimiento y dislocación de la economía mundial. Esta amenaza está presente en el debate en las esferas del poder económico y político, empezando por los gobiernos y las autoridades de los bancos centrales. 
 Con independencia de la variante más inmediata que prevalezca, lo cierto es que el escenario bélico mundial se ha agravado. No estamos simplemente ante una réplica de lo ocurrido con los conflictos anteriores, que si bien tenían una proyección internacional todavía asumían un carácter regional. La guerra ahora tiene como teatro de operaciones a la propia Europa. El choque es directo entre Rusia y la Otan. En este caso, Zelenski opera como un brazo de esta última. Estamos ante un salto en la situación internacional que nos acerca a un escenario de guerra mundial. Ucrania es simplemente un botín de guerra y prenda de negociación entre los actores principales del conflicto. La autodeterminación nacional de Ucrania es sacrificada en el altar de los intereses geopolíticos de la Otan y Moscú. La guerra y la catástrofe humanitaria que traerá aparejada plantea en forma más perentoria que antes la necesidad de una acción común de los trabajadores de Ucrania, Rusia y de todo el mundo. Es necesaria la unidad de los trabajadores ucranianos del este y el oeste junto a los trabajadores rusos para poner fin a este baño de sangre. Llamamos a oponerle a la lucha fratricida la solidaridad y confraternización de los pueblos de ambos bandos y extender esta prédica en todos los terrenos y también en los campos de batalla. El enemigo no es el pueblo vecino sino los regímenes y gobiernos y sus agentes locales artífices y responsables de esta guerra. Fuera la Otan. Abajo Putin. Cese de los bombardeos y de la invasión militar rusa. Por gobiernos de trabajadores. Por una Ucrania independiente, unida y socialista, en el marco de los Estados unidos socialistas de Europa, incluyendo Rusia. 

 Pablo Heller

viernes, 25 de marzo de 2022

¿Cómo planificó la burguesía el golpe de 1976? - Gonzalo Sanz Cerbino

#24M | Voces de la marcha por les 30.000 y contra el FMI

"Máximo Kirchner ataca a los porteños mientras defiende a Berni y Milani" // Gabriel Solano en LN+

La Cámpora: un 24 de marzo “con el pueblo” y el FMI “adentro”

Este 24 de marzo, detrás de los redoblantes y los dedos en “V”, quedó en claro que el ‘desacuerdo’ kirchnerista con el acuerdo con el FMI es sólo para las tribunas. 
 Esta caracterización vale particularmente para la larga marcha de la Cámpora. La frase del día de Máximo Kirchner, “el gobierno debe ser con la gente adentro”, fue traducida enseguida por Wado de Pedro, quien señaló que “no nos vamos a ir del gobierno que conquistamos”. Como ese gobierno levantó un nuevo pasajero en estos días -el FMI- el “pueblo adentro” deberá aceptar compañía – y por más de una década.
 El cristinismo aprovechó la jornada del 24 para mostrarle al país entero su empeño en no sacar los pies del plato. Para subrayarlo, Máximo y Kicillof se movilizaron junto a una parte de los barones del conurbano, con Insaurralde a la cabeza, aunque el matancero Espinosa se quedó en Matanza. MK es, hasta nuevo aviso, el presidente del PJ bonaerense. Poco antes del 23, los intendentes se habían reunido para refrendar el arreglo fondomonetarista. Los herederos del duhaldismo y sus nietos recientes están en la vereda de los fondos internacionales. 
 Así las cosas, la marcha de la Cámpora fue caracterizada por propios y ajenos como una “demostración de fuerza”, es decir, doce kilómetros al hilo para disputar posiciones al interior del Estado. 

 Marcelo Ramal 
 25/03/2022

Azor: la dictadura desde la mirada de la banca imperialista, en un gran film


Con fecha de estreno para el 24 de marzo, “Azor” es una película -de origen suizo con participación argentina- que muestra a la dictadura con un lente pocas veces visto y que potencia de manera clara los alcances del film: el protagonista es Yvan, banquero e hijo de banqueros en su natal, europea y "neutral" Suiza que llega a la Argentina en 1980 para reencaminar los negocios de la empresa familiar.
 El gobierno masacrador de las tres armas no aparece abiertamente, sino que son sus rastros los que lo definen a través de la acción cinematográfica. 
 Yvan debe reemplazar en la Argentina al antiguo representante del banco en el país, el legendario Keys, quien según los testimonios poseía un salvajismo que lo llevó a introducirse en los círculos más oscuros has 10 claves para entender el conflicto entre Rusia y Ucraniata que se le perdió todo rastro, ya no estuvo más. Para cumplir ese reemplazo, Yvan debe introducirse en los círculos de la alta burguesía, sus mesas en los bares de hoteles tradicionales (con piano man incluido), invitaciones a sus fiestas, o al exclusivo Círculo Militar – aquí su interlocutor más descarnado, en cuanto a la necesidad de hacer negocios en el estado de excepción impuesto en la Argentina, es un cura. En todo lugar está el rastro de Keys y la idiosincrasia de una clase que se sabe criminal, pero que intenta soliviantar ese espejo. La palabra "desaparecida" aparecerá en la boca de un empresario agrario que le muestra a Yvan las fotos de una adolescente que había elegido militar. Su familia no reclama en Plaza de Mayo, conserva el rol que su rango le impone. 
 Mientras, Yvan, sobrepasado por el recuerdo elogioso de Keys, intenta llegar a él. Sabe su condición y objetivos. A la pregunta de cómo se siente, contestará: "Hernán Cortés también se habría sentido atareado al llegar a América". El banco familiar es una pieza del mecanismo imperialista de la nación europea. 
 El film podría mostrar un viaje similar al que se produce en “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad, transformada en film en la gran película “Apocalypse Now!”. Yvan es protagonista de un viaje de iniciación, pero al revés de aquella literatura que muestra a un joven que llega a héroe a ser consiente de sí y su alrededor; el final del viaje transformará al protagonista de Azor en lo que, quizás, siempre fue, pero no conocía acabadamente. En Buenos Aires. 1980. 

 Diego Rojas 
 25/03/2022

10 claves para entender el conflicto entre Rusia y Ucrania


Tras la pandemia, el mundo cambia ante nuestros ojos a velocidades aceleradas. La guerra entre Rusia por un lado, y Estados Unidos y la OTAN por otro, con Ucrania como teatro de operaciones, y expresada de manera distorsionada en los medios tradicionales, pero sobre todo, en las redes sociales, anuncia la consolidación de un nuevo orden geopolítico global. 

 Hoy, la comunidad internacional (es decir, la triada conformada por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón) condena los bombardeos rusos como nunca antes condenó las “intervenciones humanitarias” en Kosovo, Afganistán, Libia, Yemen, Sahara o Palestina. Al mismo tiempo que seguimos en tiempo real las muertes en Ucrania, se producen las mismas muertes o más en Irak, Yemen, Siria, Mali, Nigeria, República Democrática del Congo, Somalia o Burkina Faso, asesinatos que al parecer, por no compartir el mismo color de piel o religión, al “mundo libre” parecen no importarle.
 Quizás también tenga algo que ver el hecho de que entre Rusia y Ucrania suman el 80% del comercio mundial de aceite de girasol, y son el primer y tercer exportador mundial de trigo, especialmente una Rusia que es la primera exportadora de gas y paladio, metal clave para la industria automovilística, además de la segunda en petróleo, carbón o potosa, un fertilizante clave para la (agro)industria global. 
 Y sin embargo, lo que está sucediendo era algo previsible desde que tras la desintegración de la Unión Soviética, Boris Yeltsin, quien no era precisamente un enemigo de Estados Unidos, predijo una “paz fría” para Europa si continuaba la expansión hacia el este de la OTAN.
 Lo paradójico, o no, es que la comentocracia que hoy ataca a Rusia es la misma que en su momento defendió el accionar de Estados Unidos ante la “crisis de los misiles” en Cuba, o justificaba la invasión de Irak por la existencia de armadas de destrucción masiva que nunca pudieron ser encontradas. Más recientemente, tampoco recuerdo columnas de preocupación por los Derechos Humanos cuando Estados Unidos, que nunca firmó el Estado de Roma (precursor de la Corte Penal Internacional) quiso sancionar la CPI por atreverse a investigar los crímenes de guerra cometidos en Afganistán. 
 Esta columna no pretende justificar ninguna invasión, pero sí explicar por qué suceden las cosas que suceden en un mundo distorsionado por los intereses mediáticos de las élites políticas y económicas. Van por tanto 10 claves para entender el conflicto actual: 
 1. La historia. Cuatro de las principales ciudades soviéticas que combatieron, y derrotaron al ejército nazi, están en Ucrania: Kiev, Sebastopol, Odesa y Kerch. Hoy, Ucrania es el segundo país de la ex Unión Soviética, tras Rusia, en población, y ocupa una posición geopolítica clave en el Mar Negro. La población de origen ruso es la minoría étnica más grande de Ucrania y la diáspora más grande fuera de Rusia, siendo mayoría en la península de Crimea y el Dombás (Donetsk y Lugansk), que representa alrededor del 10% de la población y el 20% del PIB de Ucrania. 
 2. Recursos naturales y energía nuclear. Ucrania es la séptima potencia mundial nuclear con 15 reactores y 13GW de potencia y atraviesan por su territorio 3 grandes gasoductos (Brotherhod, Soyuz y Yamal) que alimentan de gas a todo el este de Europa. Es importante señalar que el 40% del gas que importa la Unión Europea es ruso, y que el Ministro de Economía alemán ha señalado que podrían terminar con la dependencia alemana del carbón ruso a finales de 2022, y la del petróleo en 2023, pero que es imposible dejar de depender del gas ruso. 
 3. De la Revolución Naranja (2004) al Euromaidan (2013). Marx decía que la historia siempre se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. En dos momentos de la reciente historia política ucraniana se ha puesto en marcha la estrategia de golpe blando teorizada por Gene Sharp, con el apoyo de los servicios de inteligencia occidentales, para derrocar gobiernos pro rusos e instalar gobiernos proclives al ingreso de Ucrania en la OTAN, lo que ampliaría las bases militares hasta uno de los corazones de la frontera rusa. No hubo protestas “espontaneas”, como no fueron espontáneos los conflictos que desangraron Libia o Siria en fechas recientes. Más aún, a partir del Euromaidan, se consolidó la presencia de grupos neonazis paramilitares. 
4.  Zelensky. El cómico devenido en político ha venido construyendo una narrativa donde se convierte en el héroe que enfrenta al malvado Putin. Pero no debemos olvidar que en un país donde ya el Partido Comunista de Ucrania estaba ilegalizado, y donde el propio Zelensky había ordenado en 2021 arrestar a Medvedchuk, líder de la principal oposición parlamentaria, pro rusa, se acaban de proscribir once (11) partidos políticos Partido Sharia, Nuestro, Oposición de Izquierda, Unión de Fuerzas de Izquierda, Estado, Partido Socialista Progresista de Ucrania, Partido Socialista de Ucrania, Socialistas, Bloque de Vladimir Saldo, o Plataforma de Oposición – Por la Vida, un partido socialdemócrata que con 44 parlamentarios, era el más grande de la oposición.
 5. Putin. El Presidente de Rusia es caricaturizado en los medios occidentales como un ex espía malvado que se ha equivocado en su estrategia con Ucrania, imagen de manual en cualquier conflicto armado. Pero antes de criticar su estrategia de Si vis pacen parabellum (en latín, si quieres la paz, prepárate para la guerra), deberíamos repasar la historia reciente y sus victorias militares en Chechenia, Georgia, Crimea y Siria. Todo parece indicar que esta guerra también la va a ganar, y su victoria no sería solo la derrota de Zelensky, sino de Estados Unidos, la OTAN, y la Unión Europea. 
 6. Crimea y Dombás. Ya decían en la antigua Grecia que la primera víctima de la guerra, es la verdad. Es por eso que nunca vimos en los medios de comunicación masivos el genocidio cometido por el ejército ucraniano y diferentes grupos paramilitares neonazis contra la población civil pro rusa en Donetsk y Lugansk. Según diversas fuentes, al menos 14.000 civiles habrían sido asesinados en el Dombás durante la última década.
 7. Unión Europea. Y si la verdad ha sido la primera víctima de esta guerra, la Unión Europea ha sido la primera derrotada en el conflicto de Ucrania. Su hipocresía ha quedado al desnudo. Abren las puertas con promesa de regularización a los migrantes ucranianos, blancos y de ojos azules, mientras se las cierran a los migrantes africanos o de Medio Oriente. En la Europa de las libertades no está permitido protestar por el encarcelamiento de Julian Assange, mientras censuran y sacan del aire a las agencias de noticias rusas como Russia Today o Sputnik; en pleno 2022 nos dictan a la ciudadanía cómo y a través de quien debemos informarnos. Por no hablar de la hipocresía que supone “sancionar” a Rusia pero excluyendo de las sanciones la energía rusa o los productos de lujo europeos. Eso sí, Alemania aprovecha el conflicto para invertir 100.000 millones de euros en potenciar su propio complejo industrial-militar.
 8. China. Agazapado, el gigante asiático no olvida que en 1999 su Embajada en Belgrado, la antigua Yugoslavia, fue atacada “por error” con misiles de la OTAN, con un saldo de 3 periodistas chinos asesinados. No olvida tampoco que Occidente pudiera aprovechar este conflicto para avanzar en el reconocimiento de la soberanía de Taiwán, ni que por Rusia pasan las nuevas rutas de la seda. Si ya Kissinger y Brzezinski, el principal geopolítologo de quienes gobiernan en Estados Unidos, es decir, Wall Street y el complejo industrial-militar, avisaron de que el principal peligro para la hegemonía estadounidense era una unión entre Rusia, China e Irán, no cabe duda de que ahora serán los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) quienes rescatarán a Rusia de las sanciones impuestas por la autodenominada comunidad internacional. 
 9. Negociaciones de paz. Parece, por lo que se filtra de las negociaciones en Turquía, que estamos cerca de un alto el fuego bilateral, que podría llevar en el futuro a un acuerdo sobre el estatus de neutralidad para Ucrania y el compromiso de no adhesión a la OTAN. En realidad, la ofensiva militar de Rusia y la ocupación del territorio nunca han tenido la voluntad de ser permanentes, sino de garantizar que la retirada será a cambio de cerrar el debate sobre la OTAN en Ucrania. Encima de la mesa también, el reconocimiento de Crimea y Dombás, pero se podría encontrar un punto de acuerdo intermedio en la desmilitarización de Ucrania para impedir que se repita lo sucedido entre 2014 y 2022, 8 años en los que Estados Unidos ha financiado el bombardeo de civiles en Donetsk y Lugansk, mediante la inversión de 5.000 millones de dólares en armamento, equipo e instrucción militar. 
 10. Es la geopolítica, estúpido. En un momento en que parecía que nos iba a matar el cambio climático y no una guerra mundial nuclear, es necesario recordar la resolución de la CELAC (La Habana, 2014) declarando a América Latina zona de paz. Pero tampoco se nos puede olvidar que en un momento de inflación global de la economía, un conflicto armado que va a elevar los precios de todos los productos, desde el níquel al pan, pasando por el petróleo, solo le beneficia al complejo militar estadounidense, que ahora ya no considera que Venezuela sea un “peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos” como declaran las ordenes ejecutivas de Obama primero, y Trump después, por puro interés de un petróleo que tiene a 3 días de sus costas atravesando el Caribe en lugar de a mes y medio de negación desde el Golfo Pérsico. 
 Volviendo a Brezinski: “El despertar político global es históricamente anti imperial, políticamente antioccidental y emocionalmente antinorteamericano en dosis crecientes. Este proceso está originando un gran desplazamiento del centro de gravedad mundial, lo que, a su vez, está alterando la distribución global de poder con implicaciones muy importantes de cara al papel de EEUU en el mundo”. A pesar del bombardeo mediático anti ruso de los medios pro occidentales, en este conflicto puede terminar de sepultarse la hegemonía militar y geopolítica de Estados Unidos y la OTAN. 

 Katu Arkonada | 24/03/2022

jueves, 24 de marzo de 2022

Guevara: instantáneas, flashes, momentos | con Paco Ignacio Taibo II

24M: Acto del Encuentro Memoria Verdad y Justicia // Plaza de Mayo

"A 46 años, vamos a la plaza con independencia del gobierno y del FMI" // Romina Del Plá en DTV

Jorge Altamira en Lo Mejor de la Mañana - 23/3/2022

Javier Milei propone el mismo plan Menem – Cavallo que nos llevó a la quiebra


Milei propone la dolarización de la economía 

Una reedición de las recetas ajustadoras que llevaron a la Argentina a la quiebra. 

 En medio de la escalada inflacionaria de las últimas semanas y el inicio de una “guerra” por parte del Gobierno para combatirla, el diputado libertario Javier Milei aseguró que lo mejor para contrarrestar la suba de precios es dolarizar la economía. 
 Estas declaraciones reafirman que el referente de La Libertad Avanza, lejos de ser un enemigo de la “casta política”, remueve los elementos de las viejas recetas ajustadoras, y de remate de las riquezas del país, que llevaron a la Argentina a la quiebra y a los máximos niveles de pobreza y desocupación alguna vez alcanzados. 
 La llamada “dolarización” es un recurso de emergencia, dictado por la agudización de la crisis e impuesto por el capital financiero. Significa que un país adopta oficialmente la moneda de Estados Unidos como de curso legal en su territorio para todo tipo de funciones y transacciones económicas. Una dolarización en Argentina no sólo acarrearía una sustitución de moneda sino de sistema financiero. Ni el Estado ni los bancos tendrían la posibilidad de financiarse en el banco central norteamericano, deberían hacerlo por intermedio de los bancos internacionales, como ocurre en la actualidad, a las mismas tasas de interés que lo están haciendo ahora. En lugar de los planes del FMI, la cantidad y la calidad de los préstamos a la Argentina pasarían a ser supervisada directamente por el banco central norteamericano. Dolarizar la economía significa, por lo tanto, declarar formalmente la bancarrota y autorizar a los acreedores a rematar los bienes del quebrado. 
 Lo que propone Milei es una versión empeorada de dolarización de Cavallo, basada en la Ley de Convertibilidad (el famoso “uno a uno” que establecía la paridad entre el peso y el dólar), que implicaba restringir la emisión monetaria a las divisas que ingresaban a las reservas del Banco Central, para lo cual emprendió un plan de equilibrio fiscal con un brutal ajuste en salud y educación y el despido de miles de empleados públicos. Pese a ello, y a los dólares que ingresaron por las privatizaciones, para el final del mandato de Menem en 1999 la deuda externa había aumentado más de un 250%, alcanzando 164 mil millones de dólares. 
 También en Ecuador, el gobierno de Jamil Mahuad dolarizó la economía en el 2000, en el marco de una aguda crisis económica (el país venía de un feriado bancario y un congelamiento de los depósitos). Hubo una caída de la inflación, pero se acentuó la desindustrialización del país, haciéndolo aún más dependiente de los precios del petróleo. Y, cuando estos cayeron, el Estado debió recurrir al endeudamiento externo para hacerse de divisas, incrementando en forma notoria el alcance de la deuda como porcentaje del PBI. En este marco, el gobierno de Lenín Moreno, antes de finalizar su mandato, anudó un acuerdo con el FMI por 6.500 millones de dólares, condicionado a todo tipo de medidas de ajuste. Todos estos caminos conducen a Roma. 
 Si Argentina se apegara al dólar, la baja productividad interna quedaría todavía más expuesta y con pocas probabilidades de mejorar. La necesidad de obtener dólares por la cuenta corriente conduciría, nuevamente, a un ajuste por cantidades, es decir, caída de la actividad y mayor desempleo. Sin ir más lejos, mientras Milei sostiene que con la dolarización “los salarios van a volar”, lo mismo que prometía la experiencia de la convertibilidad de Cavallo que terminó con niveles de desocupación del 12% y un avance como nunca antes la flexibilización de los derechos laborales y el crecimiento del trabajo precario. 
 Estas declaraciones, dan cuenta que las listas supuestamente libertarias están plagadas de todo tipo de viejos funcionarios reciclados: macristas, menemistas y hasta defensores de la última dictadura militar. El único frente político que puede ser considerado “rebelde” es aquel que enfrenta el fascismo y sus derivaciones de manera consecuente, defendiendo la salud y la educación pública, los derechos laborales y la vida de los trabajadores, y desenmascarando a este tipo de candidatos, como lo hace el Frente de Izquierda. 

 Camila García

24 de Marzo de lucha, no de la rosca ajustadora


El 24 de Marzo marchamos contra el ajuste. 

 El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia va a la Plaza contra el FMI, mientras el gobierno dirime su crisis interna. 

 Este 24 de Marzo, en el 46° aniversario del golpe cívico-militar, el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia marcha a Plaza de Mayo contra el acuerdo con el FMI y el ajuste, conmemorando la lucha de los/as 30.000 desparecidos/as. El gobierno, en cambio, dirime en la calle la interna entre el albertismo y La Cámpora: dos versiones de la misma política entreguista y ajustadora. 
 Es que el espacio oficialista se encuentra surcado internamente por el “despegue” del kirchnerismo de la votación formal del acuerdo con el FMI, aunque esto no implicará un cuestionamiento al pago de la deuda con dicho organismo. 
 La Cámpora utilizará la jornada para medir fuerzas con el presidente con un claro componente de especulación electoral y de realineamiento, con vistas a disimular su responsabilidad en las consecuencias que el acuerdo fondomonetarista traerá a la población trabajadora: tarifazos, aumentos, ajuste, pobreza, etc.
 El albertismo, por su parte, se cuestiona entre quedar de rehén de la convocatoria camporista, movilizar a la Plaza de Mayo apoyado en sectores como el Movimiento Evita –exponiendo aún más las tensiones- o improvisar algún acto oficial en alguna provincia, ensanchando la brecha con la vicepresidenta. 
 Albertistas y camporistas pretenden utilizar el 24 de Marzo para dirimir la interna oficialista, de un gobierno que se resquebraja y debilita, en las vísperas de un año electoral, ninguneando el carácter de lucha de la jornada, de rechazo a un golpe de Estado que vino a desenvolver la política rapaz del imperialismo norteamericano y concluyó multiplicando el endeudamiento externo de 7.000 a 45.000 millones de dólares. 
 El kirchnerismo plantea hacer demagogia con la jornada, alimentando la confusión, con el antecedente de su reciente posición parlamentaria. Sin embargo, son el exponente de una versión “matizada” –y poco probable- de un acuerdo con el FMI, con default mediante, algo que no borra las consecuencias ruinosas de cualquier tipo de acuerdo con el imperialismo. 
 Un claro ejemplo de esto es que la fuerza que conduce la vicepresidenta no solo no se plegó a las movilizaciones en rechazo al acuerdo con el FMI, sino que es artífice de una antojadiza teoría de que los incidentes en el Congreso fueron orientados contra Cristina Kirchner, alentando una casa de brujas contra parte de las organizaciones piqueteras y la persecución judicial de parte de los manifestantes y sus dirigentes. 

 30.000 razones para rechazar el ajuste fondomonetarista 

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, espacio que reúne a las organizaciones de DD.HH., sociales, sindicales y políticas, independientes de Estado, y al Frente de Izquierda Unidad, entre ellas, convoca a movilizar desde las 11 horas con un programa claro: “30.000 detenidas y detenidos desaparecidos Presentes. No al acuerdo gobierno – FMI”. 
 Se trata del espacio que más representa, consecuentemente, la pelea contra la política ajustadora de un gobierno que, desde su comienzo, avanzó hacia el actual pacto con el FMI y el saqueo de los recursos nacionales al servicio de la usurera e ilegítima deuda externa.
 La convocatoria del EMVyJ será en el marco de una jornada de lucha que frustrará el propósito del oficialismo de usurpar la Plaza y evitar una manifestación independiente, con las consignas de lucha contra el ajuste; contra la impunidad de ayer y de hoy; basta de represión, por la apertura de los archivos de inteligencia de la última dictadura; contra la criminalización de la protesta social; abajo el acuerdo del gobierno con el FMI.

 Marcelo Mache

Zelenski, un amigo de la Otan y la extrema derecha


El presidente ucraniano Volodímir Zelenski prohibió este fin de semana once formaciones políticas durante todo lo que reste de la ley marcial, acusándolas de vínculos con Rusia. Entre los proscriptos figura la Plataforma de Oposición por la Vida, uno de los principales partidos del país, que cuenta con 43 diputados. También fueron ilegalizados la Oposición de Izquierda, la Unión de Fuerzas de Izquierda y el Partido Socialista de Ucrania, entre otros. 
 Repasando la trayectoria de Zelenski y los últimos años de la historia ucraniana, veremos que no estamos ante una decisión excepcional forzada por la invasión de Vladimir Putin. Solo digamos, a modo de anticipo, que en 2015 ya había sido prohibido el Partido Comunista de Ucrania. 

 La llegada al poder 

Zelenski, un productor televisivo, accedió al poder en 2019 con la formación Servidor del Pueblo, cuyo nombre reproduce el de una serie televisiva en la que el actual mandatario interpreta a un profesor de historia que se convierte en presidente, tras denunciar la corrupción reinante en el país.
 Al igual que su personaje, Zelenski hizo campaña con las banderas de la transparencia, pero también denunciando las bajas jubilaciones, el empobrecimiento acelerado del país en las últimas décadas y una serie de fracasos del entonces presidente Petro Porochenko (un oligarca conocido como el “magnate del chocolate”) en la guerra contra los rebeldes del Donbas, que habían proclamado su independencia en las regiones de Donetsk y Lugansk. 
 Otro de sus ejes programáticos fue el de acelerar la carrera para la incorporación del país a la Otan y a la Unión Europea, con la que ya se había puesto en marcha un tratado de asociación económica a partir de 2016. Ese tratado estuvo en el centro de la crisis abierta dos años antes, cuando el entonces presidente Viktor Yanukóvich, afín a Moscú, se negó a suscribirlo y en su lugar se dispuso a firmar un acuerdo alternativo con Rusia, lo que desató masivas manifestaciones que coparon la Plaza Maidan de Kiev. 
 Esas manifestaciones, reivindicadas por Zelenski, fueron bien heterogéneas. Había desde sectores populares justamente indignados con los oligarcas en el poder y con el crecimiento de la pobreza, hasta grupos de choque de la extrema derecha. Zelenski ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2019 y venció a Porochenko en el ballotage con más del 70% de los votos. Pero recién consolidó su poder en las elecciones parlamentarias de ese mismo año, cuando una amplia victoria le permitió quedarse con una mayoría absoluta de 254 escaños -sobre un total de 424- en la llamada Rada Suprema. 
 Inicialmente, se especuló con que Zelenski pudiera llegar a un acuerdo con los rebeldes del Donbas (para entonces la guerra ya había dejado miles de muertos), por medio de negociaciones directas con Rusia, de ascendente sobre los líderes del Donetsk y Lugansk. Pero conforme avanzó su gestión, esta perspectiva se fue diluyendo. 

 Con el Fondo y la Unión Europea

 Zelenski continuó las políticas de sometimiento al FMI de su predecesor en el cargo y de apertura al gran capital extranjero. En junio de 2020, firmó un acuerdo stand-by con el organismo financiero por 5 mil millones de dólares, a otorgar en sucesivos tramos, condicionado al cumplimiento de ciertas metas. Para destrabar el envío de noviembre pasado, Kiev debió presentar un memorándum con metas de déficit fiscal (no más de 3,5% del PBI en 2022) y el compromiso de privatización de dos bancos. Un poco antes, el parlamento aprobó una ley para facilitar la venta de tierras en una mayor escala, un codiciado botín para el gran capital debido a la amplia extensión geográfica de Ucrania.
 Como parte de las reformas reclamadas por la UE y el Fondo, Zelenski asumió también el compromiso de una política de “desoligarquización” del país, tendiente a barrer -en favor del capital imperialista- con los empresarios que se enriquecieron con el remate del patrimonio público de la época soviética. Sin embargo, hay quienes apuntan a que la campaña presidencial de Zelenski fue financiada por Igor Kolomoisky, una de las diez mayores fortunas del país -en Ucrania es inconcebible la política patronal sin el financiamiento de esos popes.

 La extrema derecha 

A medida que fue creciendo su confrontación con Moscú, Zelenski fue tejiendo lazos con las formaciones de extrema derecha, de impronta rusófoba. Estos grupos, acusados de crímenes de guerra en el Donbas, se referencian en Stepan Bandera, un líder nacionalista que colaboró con los nazis en los tiempos de la segunda guerra mundial, y cuyo grupo está acusado de crímenes masivos contra polacos y judíos. 
 Tienen en su haber hechos tremendos como el ataque a la Casa de los Sindicatos en Odesa, en el que 42 civiles murieron quemados vivos en 2014. El presidente ucraniano, devenido héroe occidental, fue blanqueando a algunos de los líderes fascistas en el último tiempo. En diciembre de 2021, le entregó la orden de Héroe de Ucrania a Dmytro Kotsyubaylo, comandante de Sector Derecho (Telesur, 10/3). Ya con la invasión en marcha, designó como gobernador de Odesa a Maksym Marchenko, un excomandante del Batallón Aidar (The Grayzone, 6/3). En el caso del Batallón Azov y el Batallón Donbas, están directamente integrados a las fuerzas regulares (Télam, ídem).
 En favor de Zelenski, se puede decir que no es un iniciador. El Batallón Azov, que pelea actualmente contra Rusia, fue impulsado en forma directa por el Ministerio del Interior en mayo de 2014 como un servicio de patrulla policial. Su edificio de reclutamiento fue cedido por el Ministerio de Defensa (ídem). El ascenso de estas agrupaciones fue a la par de una campaña estatal contra la cultura rusa, cuyo idioma es hablado por el 30% de la población. 
 Los lazos de los grupos fascistas con el aparato estatal explican que en diciembre de 2021, Ucrania fuera (junto a Estados Unidos) el único país del mundo que votó en contra de una moción rusa en una asamblea general de Naciones Unidas que condenaba la “glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que promuevan el racismo, la xenofobia y la intolerancia” (ídem).
 El régimen ucraniano, financiado militarmente por la Otan, tiene estas características reaccionarias. La invasión de Ucrania por parte de Putin, en tanto, acentúa los sufrimientos del pueblo ucraniano y la división de los explotados.
 Abajo la guerra. Fuera la Otan del este europeo, fuera Putin de Ucrania. Por una Ucrania unida, independiente y socialista.

Gustavo Montenegro
   

miércoles, 23 de marzo de 2022

Las protestas en el mundo ante el aumento en los combustibles y los alimentos


Protesta en Albania. 

 La guerra en Ucrania es un factor de agravamiento de la crisis económica mundial. Lo ha reconocido en un reciente informe el Fondo Monetario Internacional (FMI), al alertar que “toda la economía mundial sufrirá los efectos de un crecimiento más lento y una inflación más rápida”. Rusia y Ucrania son grandes productores de trigo (representan el 25% de las exportaciones internacionales) y de fertilizantes, por lo que el conflicto armado empuja al alza los precios internacionales de los mismos. Rusia es, además, un importante productor de gas y de petróleo, y por Ucrania pasan algunos de los gasoductos que lo transportan al resto de Europa. 
 Las consecuencias sociales del salto inflacionario global ya empiezan a saltar a la vista. La semana pasada, hubo manifestaciones en Sudán, cuna de la segunda primavera árabe, en rechazo al aumento de los precios del pan, el transporte y la electricidad. En Jartum, la capital, las fuerzas de seguridad reprimieron las protestas. En la ciudad de Atbara, los ferroviarios iniciaron una huelga por tiempo indefinido por el cobro de sueldos adeudados. Está bloqueada una ruta que une el país con Egipto. Desde la llegada al poder de al Burhan, en octubre pasado, se duplicó el precio de la gasolina, en el marco de un recorte creciente de los subsidios (SwissInfo, 20/3). La carestía se transforma en un nuevo elemento movilizador contra la junta militar.
 A su vez, en Nasiriyah, en el sur de Irak, cientos de personas marcharon contra el aumento del pan y el aceite para cocinar. Es una de las ciudades que más se movilizó durante la rebelión de 2019.
 Varios países de Medio Oriente y el norte de Africa dependen directamente del trigo de los países en conflicto, como el Lïbano -sumido ya en una profunda crisis económica- y Egipto. En el informe que ya señalamos del FMI, se advierte sobre un crecimiento de la “inseguridad alimentaria” en la región y la posibilidad de nuevos “disturbios” sociales, a poco más de una década de la primera primavera que sacudió a Túnez, Egipto y otros países. 
 El 16 de marzo, hubo una movilización en Colombo, la capital de Sri Lanka, reclamando la salida del primer ministro Gotabaya Rajapaksa. Fue convocada por uno de los principales partidos de oposición. El conflicto armado en Ucrania profundiza la crisis económica local. Con sus reservas internacionales exánimes, la isla del Indico afronta dificultades para el pago de la deuda y la importación de combustibles. Se ha cerrado el ingreso de algunos productos desde el extranjero (autos, ciertas frutas) y escasean la leche en polvo, el gas para cocinar y algunos medicamentos. El gobierno devaluó la moneda a mediados de mes y subió la tasa de interés, mientras intenta llegar a un acuerdo con el FMI. También explora la asistencia económica de China e India. 
 En Albania, este fin de semana se cumplieron ocho días de protestas contra el gobierno del primer ministro Edi Rama, en medio de un aumento imparable de la nafta, la harina y el aceite de cocina. Los manifestantes reclaman la suspensión temporal del IVA y otros impuestos, una actualización mensual de los salarios y una mayor asistencia social para los sectores más perjudicados por la crisis. El gobierno, alineado con la Otan, acusó a los manifestantes de ser funcionales al líder ruso Vladimir Putin. En Albania, la alianza atlántica está construyendo su primera base aérea en los Balcanes occidentales.
 Las movilizaciones en curso son heterogéneas y se cuelan reclamos de todas las clases sociales. En España, bajo la consigna “Juntos por el campo”, más de 150 mil personas de los sectores rurales protestaron este fin de semana en Madrid, debido al impacto del aumento de los fertilizantes y los combustibles. Entre los convocantes estaba Asaja (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores), afiliada a la CEOE, la cámara de la burguesía española. Hubo presencia de dirigentes del PP y de Vox, incluyendo su líder, el fascista Santiago Abascal. Además de reclamar algún tipo de bonificación o auxilio ante el aumento de los insumos (como se anunciara recientemente en Francia), hubo planteos abiertamente reaccionarios, como una reforma laboral flexibilizadora que reconozca la temporalidad “intrínseca del sector agrario” (El Periódico, 20/3). La Real Federación de Caza rechazó el “animalismo y el ecologismo”, insistiendo en la derogación de las leyes que protegen a los animales. 
 En tanto, los transportistas españoles iniciaron un paro que lleva ocho días, ante el aumento de los combustibles. Quieren que se prohíban los contratos de transporte de mercancías “por debajo de los costes de explotación”, al igual que la carga y descarga por parte de conductores y autónomos (El País, 21/3). En otros países del continente también hubo cortes y protestas de choferes y sectores rurales (Portugal, Italia, Alemania, Grecia). 
 En Estados Unidos, donde la inflación está en el nivel más alto de los últimos 40 años, las maestras de Minneapolis llevan diez días de huelga por aumento salarial y por un límite de alumnos por clase. Los conflictos salariales en la principal potencia capitalista del mundo se han vuelto recurrentes en los últimos meses. En Hungría, los docentes se concentraron el sábado frente al parlamento, en el marco de una huelga por tiempo indefinido por mejoras salariales.
 Los gobiernos, por el momento, se limitan a anunciar parches que no resuelven la crisis. La capacidad de intervención de éstos se ve condicionada por el elevado endeudamiento de los Estados, que vienen de hacer grandes desembolsos para rescatar al capital durante la pandemia y la crisis financiera anterior. La guerra, de hecho, es una de las consecuencias de la crisis capitalista y los métodos bárbaros de la clase dominante para enfrentarla.
 La clase trabajadora debe salir a luchar por sus reclamos. 

 Gustavo Montenegro

Milei insta a los ruralistas a cortar rutas


La doble moral de una fuerza patronal y fascista. 

 El diputado nacional y dirigente del espacio La Libertad Avanza, Javier Milei, participó de un encuentro de productores agropecuarios, donde los instó a darle “batalla” al gobierno, quienes resolvieron ir a cortes de ruta, marchas y bloqueos portuarios, como propuesta. El ataque de los “libertarios” a los cortes de ruta y piquetes solo va dirigido contra los trabajadores, desnudando su contenido de clase y fascista.
 Entre las primeras cosas que deberá resolver el proclamado Movimiento Antipiquetero Argentino es si procederá a atacar los “piquetes” de las patronales rurales, que perfilan medidas de acción directa contra las políticas del gobierno que afecten parcialmente sus intereses.
 Milei, que suele posar de “defensor de las libertades individuales”, participó y adhirió al planteo de los 200 productores agrarios reunidos en la localidad bonaerense de San Pedro el pasado viernes. 
 El referente “libertario” se comprometió a “acompañarlos en esta batalla porque no es solo una batalla por los derechos de propiedad sino también por la libertad, sino, vamos a terminar en un sistema totalitario”, lo que podría encontrarlo directamente a él protagonizando un corte de ruta o un bloqueo patronal.

 Existen piquetes y… “piquetes” 

Desenmascarando el carácter de clase de sus planteos políticos, Milei señaló que “Si Argentina está al borde del abismo, no puede ser que el ajuste lo tenga que pagar el sector privado, la gente de bien, la que produce, la que genera riqueza…”. 
 Para los “libertarios” existe la “gente de bien”, con derecho a manifestarse con cortes y medidas y, suponemos, la “gente de mal”, la que debe ser privada de ese derecho, sancionada, judicializada y reprimida. Los primeros son las patronales y los segundos los trabajadores: nada nuevo por aquí. 
 El ataque de los “libertarios” contra los piqueteros es parte de la ofensiva patronal para hacer pasar el ajuste que viene con el pacto con el FMI: un favor de Milei y compañía para la “casta política”. Se trata de una fuerza comprometida con la defensa de los intereses capitalistas, incluso al precio de quedar expuestas sus contradicciones. 

 Marcelo Mache

Crisis en el gobierno: un intercambio de cartas para discutir el “relato”


El gobierno del ajuste en crisis 

 El kirchnerismo oculta su carencia de programa alternativo al de Alberto Fernández y su complicidad con el ajuste fondomonetarista. 

 La crisis del binomio presidencial se ha vuelto a manifestar públicamente, esta vez por medio de un intercambio epistolar público entre personalidades afines al presidente Alberto Fernández, y personalidades identificadas con la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner. Las misivas dan cuenta de un debate por el relato, más que una divergencia en la política de ajuste, sin ninguna referencia clara respecto a qué hacer con el FMI: el kirchnerismo carece de una alternativa programática a este gobierno. 
 Primero fueron los albertistas, quienes convocaron a defender la “unidad” del Frente de Todos, reivindicando el valor de la “moderación” en tiempos difíciles: una proposición antojadiza, que parte de ningunear las rebeliones populares en Latinoamérica y subestimar la capacidad de acción de los trabajadores. 
 Ahora, los kirchneristas tomaron la palabra en una carta que se extiende en consideraciones reiterativas y retóricas sobre la “unidad” y que solo le reclama a Alberto Fernández haber abandonado el relato kirchnerista: “Los términos “Macri”, “macrismo”, “Juntos por el Cambio”, “sistema financiero”, “precarización”, “concentración”, “desigualdad” no son utilizados en el documento citado”, señalan en una de las tantas oraciones similares de la réplica.
 Toda la “carga emocional” y el reproche kirchnerista va orientado a elevar el tono del debate, pero no para polemizar sobre la orientación emprendida por Alberto Fernández, sino, justamente, para ocultar la ausencia de un planteo independiente y la complicidad con el ajuste. Un reflejo de la impotencia para realizar un planteo político de salida para los trabajadores. 

 Unidos y moderados 

En las 2.539 palabras del texto kirchnerista la palabra “unidad” se repite en 31 ocasiones, al igual que “moderación”, y sus derivados, lo hace unas 15 veces. Macri es mencionado en 9 oportunidades: más de 4 veces que “FMI”, cuya mención es ilustrativa y atenuada. 
 Un documento que pretende discutir la base programática del agrietamiento del gobierno y que a la vez ignora las supuestas razones que dieron origen a la incipiente ruptura –el plantón del kirchnerismo en la votación del acuerdo con el FMI- resulta llamativo. 
 En otro párrafo, las personalidades del kirchnerismo atinan a orientar las razones del desplazamiento de la vicepresidenta, cuando afirman que “la “Unidad” del Frente de Todos se rompió en noviembre de 2021 cuando más de cuatro millones de electores que lo acompañaron en el 2019, ya no lo hicieron en las elecciones de medio mandato”, es decir un mero cálculo electoral. 
 Lo que no termina por dilucidarse es ¿qué esperaba que sucediera el kirchnerismo?. Distinto a lo que ahora opinan, el resultado de las elecciones de medio término es la consecuencia directa del pacto fundacional de este gobierno, cuando a un mes de asumido obtuvo el apoyo de todos los partidos patronales para iniciar las tratativas con los acreedores privados de la deuda, como preludio para la entregada ante el FMI. 
 Ha existido una clara unidad de gobierno y “moderación”, por no decir ajuste liso y llano, en las políticas del binomio presidencial, el cual, vale recordar, nació a propuesta de la propia vicepresidenta. 

 ¿Y el FMI?

 La carta kirchnerista tiene un momento de sinceramiento cuando afirma que a los efectos de la pandemia “hay que sumarle las políticas de ajuste implementadas por nuestro propio gobierno. La clase trabajadora, por ejemplo, perdió en la puja distributiva y se produjo una nítida transferencia de recursos del trabajo hacia el capital, con especial énfasis desde finales de 2020. Si comparamos el salario real promedio de los trabajadores registrados del bienio 2018-2019 con el mismo valor promedio del período 2020-2021, la caída fue del 8%”. Lo dice el propio oficialismo, no solo Prensa Obrera. 
 El quid de la cuestión está en la ausencia de un posicionamiento concreto ante el FMI ¿Qué Hacer? ¿Default y negociación? ¿Propuesta alternativa? ¿Retiro espiritual? No hay nada en concreto. El kirchnerismo cubre su retirada, al tiempo que especula sobre la conveniencia o no de profundizar una ruptura, sin un planteo alternativo al de Fernández: son socios en el ajuste. 
 La salida es clara: ruptura inmediata con el FMI, no al pago de la deuda externa, nacionalización de la banca y el comercio exterior, recomposición general de los salarios, todo un programa de salida en defensa de los intereses de los trabajadores. Solo la izquierda revolucionaria, en el Frente de Izquierda Unidad, coloca este planteo, contra la charlatanería kirchnerista que busca medrar entre el oficialismo descontento y bloquear el crecimiento de la acción independiente de los trabajadores. 

 Marcelo Mache

Retenciones y “tractorazos”: suba de alimentos con un gobierno postrado ante el campo


El Fideicomiso de Trigo no revertirá los aumentos en las góndolas. 

 La suba del 2% de las retenciones a la harina de soja y al aceite por decreto -a los fines de fondear el Fideicomiso de Trigo que buscará morigerar los precios de sus derivados- suscitó algunas medidas de fuerza por parte de los productores agrícolas bajo la forma de “tractorazos”. Estos tuvieron lugar en las provincias de Entre Ríos y en Córdoba y contaron con el apoyo de Juntos por el Cambio. 
 Por otra parte, la Mesa de Enlace se reunirá el próximo miércoles con los presidentes de cada bloque en Diputados y en el Senado para reclamar la derogación del reciente decreto presidencial y retrotraer las retenciones a dichos productos. Argumentando que únicamente el Congreso está facultado para modificar lo relativo a los derechos de exportación tras no haberse aprobado el Presupuesto 2022. 
 Si bien la protestas del “campo” no tienen asidero, tratándose de un sector que viene embolsando rentas extraordinarias en el último tiempo a partir de los altos precios de las commodities, podemos afirmar que en esta oportunidad ha reaccionado de manera relativamente atemperada. Sucede que la determinación del gobierno se reduce a eliminar la quita de 2 puntos en las retenciones a la harina y el aceite de soja que había otorgado en octubre 2020, reponiendo la alícuota del 33%. 
 La medida en sí no afecta a los productores de granos que ya tributaban un 33% al exportar, sin embargo, se atajan ante la posibilidad de que los pulpos agroindustriales le trasladen esos mayores costos. Los protagonistas del “tractorazo” omiten que en los últimos 14 años la reducción de retenciones a los granos ha sido sideral: -10% en el caso del maíz, -16% en los granos de trigo y -25% en el girasol. 
 Por su parte, los subproductos involucrados representan el 90% de las exportaciones del complejo sojero, cuyas ventas al exterior en 2021 sumaron USD 23.800 millones. Su fabricación recae en apenas 11 empresas, de las cuales 8 concentran el 95% de la facturación total. Como vemos, más allá de las quejas, la variación de dos puntos en las retenciones no modifica sustancialmente la magnitud de las ganancias que reportan estos monopolios.
 Es evidente que el gobierno no tiene ninguna intención de confrontar con el capital agrario, ya que necesita de los dólares que provee el sector para incrementar las reservas y utilizarlas en el pago de la deuda, tal como exige el FMI. Solo atinó a subir tímidamente las retenciones a los productos mencionados para subsidiar a los productores de trigo y a las molineras, con la intención de amortiguar el encarecimiento de la harina, el pan y los fideos, el cual pegó un salto tras el estallido bélico entre Rusia y Ucrania. Lo hizo para ahorrarse la aplicación de medidas de otro tenor que efectivamente sirvan para desacoplar los precios internos de los internacionales, como aumentar las retenciones de dicho cereal por ejemplo, ocultando que el problema de fondo reside en el control privado del comercio exterior de Argentina, algo que Alberto Fernández de ningún modo se propone alterar.
 Menos aún tiene en agenda encarar un conflicto con el campo en momentos donde el debilitamiento del oficialismo crece fruto de la crisis política que anida en su seno. En esa línea, busca evitar entrar en colisión con Juntos por el Cambio dado que necesitará de sus votos en el Congreso de aquí en más, luego de haber sido desairado por los parlamentarios kirchneristas. 
 Lógicamente, como hemos señalado en estas páginas, la cuestión impositiva estará condicionada por las exigencias del FMI en materia de recaudación, con lo que no se descarta que puedan surgir nuevos choques con sectores de la propia clase capitalista, incluido el agro. En definitiva, lo anterior forma parte de las contradicciones que comprende la hoja de ruta fondomonetarista en la gestión de un Estado quebrado, donde prevalece el principio de la “sábana corta”. 
 Estamos frente a un escenario donde los pulpos que acaparan la producción de alimentos acrecientan su fortuna, mientras se extiende el hambre sobre capas enteras de la población como resultado de la carestía. La única forma de terminar con semejante desigualdad es sometiendo los libros contables de estas empresas al control obrero, lo cual confirmaría, entre otras cosas, el abismo que existe entre los costos locales de producción y los precios de exportación. Luego, avanzar en la nacionalización de la tierra, la industria alimenticia y el comercio exterior, bajo la dirección de los trabajadores en pos de orientar esos recursos a la satisfacción de las necesidades sociales. 
 Mientras tanto, ganemos las calles para defender nuestros ingresos, reclamando un salario mínimo de $130 mil, aumentos salariales indexados a la inflación, trabajo bajo convenio para todos y la eliminación de impuestos al consumo como IVA. Se trata de un programa integral contra un régimen de saqueo capitalista, primarización económica y atraso nacional, que el cogobierno con el FMI se encargará de agudizar.

 Sofía Hart

martes, 22 de marzo de 2022

24 de Marzo: necesitamos un congreso de trabajadores


Frente a la catástrofe social, el colapso político y la guerra imperialista. 

 Para los luchadores obreros y populares, el 24 de marzo nunca ha sido una fecha ritual. 
 Siempre fue la oportunidad de un señalamiento político y de una acción.
 La guerra imperialista de la OTAN y Putin ha desatado una nueva masacre de trabajadores y una crisis humanitaria, y también una colosal catástrofe internacional. No se descarta una ampliación del territorio de la guerra, mientras acecha una crisis alimentaria y una hambruna, desabastecimiento e hiperinflación. El derrumbe no lo pagarán los capitalistas sino los trabajadores. 
 En la Argentina, la guerra ha acelerado el desplome político de la coalición oficialista, mientras el conjunto del régimen político patronal se muestra incapaz de ofrecer una alternativa. 
 El kirchnerismo acaba de legalizar la hipoteca que dejó el macrismo, a sabiendas de que ha recontratado una deuda impagable –con el FMI, los acreedores externos y en especial con los buitres locales, que son la mayoría de los acreedores de esta usura. 
 La guerra ha destruido todas las “previsiones” del acuerdo con el FMI. La inflación de marzo apunta al 6% mensual, un ciento por ciento anualizado. La oligarquía exportadora e importadora pretende que toda esta carga la pague el pueblo. El compromiso de los tarifazos ha colapsado –cualquier tentativa por este lado lleva a la hiperinflación o a la quiebra industrial. 
 Para que esta catástrofe no la paguen los trabajadores, es necesario un gobierno de trabajadores –no de patronales que lucran con la quiebra financiera del Estado y con la miseria del pueblo. Es necesario que se abran las cuentas de las grandes empresas y que se establezca un control obrero de los bancos, la industria, el comercio y el agro.
 En función de esta salida, llamamos a colmar las calles el 24 de Marzo. Hace 46 años, un gobierno peronista de la Triple A capitulaba sin resistencia ante una Junta Militar. Ahora, otro gobierno peronista capitula ante el directorio del FMI –el brazo financiero de la OTAN.
 Necesitamos un Congreso de Trabajadores para imponer una salida obrera y socialista. Un Congreso que presente a la sociedad el programa de la clase obrera. Un Congreso de delegados de las empresas, las casas de estudio, los barrios. 
 El 24 de Marzo llenaremos las calles de todo el país, sin la participación de la burocracia sindical, totalmente jugada al acuerdo agotado con el FMI. Esto demuestra, sencillamente, que tenemos los recursos políticos para impulsar un Congreso de Trabajadores, por medio de un plan de lucha –de esclarecimiento, de movilizaciones, de luchas y huelgas, y de organización. 
 Un Congreso que llame a todos los trabajadores del mundo a poner fin a los gobiernos de Putin, de Biden y de tantos otros; para acabar con las guerras imperialistas, la destrucción física del planeta, la violación de los derechos humanos, la hambruna y la miseria social. 
 Es necesario que resolvamos, primero en asambleas y plenarios locales, y luego en un gran congreso obrero, una lucha de carácter decisivo, es decir, la preparación de la huelga general y la lucha por un gobierno de trabajadores. 
 En memoria de nuestros 30 mil desaparecidos, decimos que la Tierra puede y debe ser el paraíso de la humanidad. 

 Política Obrera