La semana pasada, los banqueros de turno bocharon el plan financiero de Luis Caputo, el ministro de Economía de Milei, para pagar los vencimientos de deuda de 2027, del orden de los 25.000 millones de dólares entre capital e intereses. Lo tacharon de un ‘dibujo’; sin dinero en la mano, se trata de una especulación acerca del aporte de eventuales fuentes financieras imprecisas. El escenario internacional tampoco es propicio para abrigar expectativas positivas, cuando domina el pronóstico de un encarecimiento de la tasa de interés de la deuda del Tesoro de Estados Unidos y de una valorización del dólar. El gobierno se ha quedado sin red de seguridad; la recesión en que ha entrado Argentina se mostrará muy fuerte en los datos del tercer trimestre y peor en el cuarto. El proyecto de Presupuesto 2026 ha dejado al gobierno en offside.
Los efectos del bochazo no han demorado. De acuerdo a Clarín, el gobierno “frenó la emisión de Bonares (por 5.000 millones de dólares)” y analiza contraer nuevos “repos” o “swaps’ que son préstamos de cortísimo plazo sujetos a “colaterales” (títulos o activos públicos), que pueden repercutir negativamente en el valor del préstamo si caen sus cotizaciones. Mientras la prima de riesgo de la deuda de Argentina ha saltado a 630 puntos básicos sobre la tasa norteamericana, conformando 11.30% de interés anual, los contratos de seguro de esa deuda contra un evento de default cotizan entre 1.600 y 1.900 p.b a un año de plazo, o sea 16 y 19 por ciento. Aunque se desconoce el monto de transacciones diarias de estos instrumentos, la disposición a pagar tasas elevadas de seguros muestra el riesgo en juego. Si las condiciones financieras empeoran se formaría un mercado de seguros contra default de protagonistas que no tienen deuda argentina, para lucrar contra una cesación de pagos.
Nada de esto debe sorprender a Caputo, un entrenado timbero de las finanzas, porque fue el núcleo de sus discusiones con el FMI. Gita Gopinath, la ex número dos del Fondo, lo ha repetido más de una vez: ‘paguen los vencimientos comprando dólares del comercio exterior y no por medio de nuevos créditos bancarios, privados o de los Tesoros extranjeros’. El ‘Toto” les dijo que no, para evitar la emisión de moneda y una desvalorización internacional del peso. Hacer esto afectaría el ‘ajuste’ social y las ‘reformas’ destinadas a reforzar la explotación de la fuerza de trabajo. Esa compra de divisas incrementaría la oferta de moneda y reforzaría a los bancos locales. Pero el dólar sobrevalorado y el ajuste monetario han derribado la actividad económica, provocado un cierre fenomenal de industrias, incluso de capital extranjero, y reducido la recaudación impositiva y la solvencia fiscal. De acuerdo a Jorge Liotti, de La Nación, los banqueros neoyorquinos le dijeron al dúo criollo que el mismo superávit fiscal que reivindica Milei, es un dibujo. En Buenos Aires, al tanto de todo esto, ya ha comenzado una fronda política que tiene como cabeza a Patricia Bullrich, con el patrocinio de Paolo Rocca.
Caputo, sin embargo, redobla el viejo relato y atribuye las culpas de su eyección, a cierto plazo, del cargo, al Anti-Cristo Kicillof y a la kuka Cristina. La realidad es la contraria, el gobernador de la Provincia es, probablemente, el mayor responsable de la supervivencia del gobierno nacional, por el enorme trabajo que ha hecho para contener la explosión social y política en el conurbano bonaerense; lo mismo vale para la burocracia de la CGT y el cristinismo (que ahora vota incluso por jueces del oficialismo en cámaras de alzada decisivas). Caputo ha recurrido al lenguaje del bajo fondo de Milei para denunciar a quienes propiciarían una devaluación, incluso bajo la forma de un mercado de cambios menos encepado. Dice que sería un subsidio a industriales prebendados y de altos costos, en perjuicio de los más productivos. Pero esta transferencia tiene lugar ahora mismo, de la industria local a los acreedores internacionales, a través de un dólar ‘barato’, y de la clase obrera a la industria nacional, a través de la sobre explotación de la fuerza de trabajo.
El JP Morgan, dueño del índice de calificación financiera de los estados, se dio vuelta como un guante. Pasó, como ocurre con el proyecto de Presupuesto, de pronosticar un aumento de la actividad económica a vaticinar una hecatombe. Si Caputo quiere un préstamo “repo’ del Morgan, se deberá esmerar. El rescate del presente derrumbe ya ha convocado a un cabildeo del FMI, el Tesoro estadounidense y la gran banca, incluso la de China. Se ha formado una Junta Médica.
Los fundamentos económicos de una gran crisis política están plenamente desplegados.
Jorge Altamira
29/09/2026

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