El sistema internacional de 2026 presenta analogías inquietantes con la década de 1930, la combinación de crisis económicas latentes, el ascenso de movimientos ultraderechistas y la multiplicación de focos de conflicto armado configuran un escenario de «riesgo sistémico» comparable al periodo previo a la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, el factor nuclear y la interdependencia económica global introducen variables que, si bien no eliminan el peligro, modifican la mecánica del «ciclo hegemónico» descrito por la teoría de las relaciones internacionales.
Enfrentamos una variante del fascismo en el siglo XXI, que se manifiesta con algoritmos, redes sociales y una administración permanente del miedo, es una ofensiva planificada contra la libertad, que combina el ultraliberalismo económico con el autoritarismo político.
Un estudio de 31 países europeos revela que los partidos de extrema derecha obtienen más del 23 % del apoyo electoral, frente al 10 % de hace una década y el 5 % en 1995.
La novedad respecto a los años 30 radica en la «sicología de masas 2.0»: el control de los algoritmos y la saturación de desinformación que sustituyen a la propaganda clásica, aunque el aparato represivo tradicional permanece como opción si el control digital falla.
Mientras, el gasto en defensa de la Unión Europea (UE) alcanzará los 454 000 millones de euros en 2026, un 8,6 % más que el año anterior y un 75,3 % más que en 2021, equivalente al 2,4 % del PIB comunitario.
En ese orden de cosas, Estados Unidos estableció un gasto militar récord de 975 600 millones de dólares en 2026 (3,4 % del PIB), con una solicitud presidencial de 1,5 billones para 2027, el mayor incremento desde la Segunda Guerra Mundial.
Mantiene, además, una postura bélica activa: intervención directa en el conflicto con Irán, apoyo total a Israel en Gaza, agresión a Venezuela, amenaza de intervención a Cuba y tensión con sus aliados.
Rusia continúa su Operación Militar Especial y avanza hacia los objetivos fijados en 2022, con el peligro real de una intervención directa de la OTAN en el conflicto, lo que equivaldría a la entrada de Europa en la guerra.
Por su parte, China desafía la hegemonía occidental con su gran poder industrial, comercial, tecnológico y financiero. No necesita destruir el orden que facilitó su ascenso, pero reclama autoridad para modificar equilibrios y reglas.
Sin capacidad equivalente a la de EE. UU., Irán utiliza su posición regional y las vulnerabilidades estratégicas de Washington para elevar el costo de la confrontación, en una guerra asimétrica en la que el hegemón pierde, cada día que pasa, el control sobre la misma.
El bloque de los Brics impulsa la desdolarización como mecanismo de blindaje frente a las sanciones occidentales, nueve miembros ya disponen de monedas digitales de banco central (CBDC) y se promueven sistemas de pago alternativos al Swift.
Aun así, el mundo de 2026 no es el de 1936, aunque comparte con aquel periodo una «crisis de legitimidad del orden? que, si no se gestiona, puede derivar en una conflagración de consecuencias incalculables.
Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
17 de septiembre de 2026 18:09:33
Fuentes: Granma, el Diario.es, France24, La Nación, Vietnam.vn, RT.

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