sábado, 1 de agosto de 2026

La última ofensiva de Javier Milei


Javier Milei utilizó el pretexto de una reforma a la Carta Orgánica del Banco Central para anunciar un paquete de medidas legislativas que va más allá de esa pretensión y que ha cerrado con un moño golpista. Como lo hemos advertido ayer, establece que las autoridades del Banco Central, que han sido designadas por decreto, requieran para su remoción el voto de los dos tercios de ambas cámaras del Congreso. Aunque la Constitución establece que las autoridades de la institución bancaria necesitan del acuerdo del Senado, desde hace varias décadas vienen siendo nombradas por decreto del Poder Ejecutivo. Lo que busca el Presidente es que el Banco Central siga dirigido por el personal libertario, más allá de los resultados de las elecciones del año próximo. Se trata de una tramoya golpista que todavía necesita que sea votada por el Congreso. Si esto llegara a ocurrir, el Congreso podría cerrar sus puertas o celebrar una o dos sesiones al año, para dar el sí a paquetes de leyes del Ejecutivo. Milei no ha dicho ayer si piensa regularizar la situación de los interventores que instaló en el Banco Central, llevando los pliegos al Senado. Le exige a éste, sin embargo, que vote a favor de leyes que dificulten en extremo su remoción, sin que hubiera dado su acuerdo para nombrarlos. Milei no se ha habituado a la injuria personal contra sus adversarios, sino que la utiliza contra las instituciones. 
 En cuanto a la prohibición de que el Banco Central financie al Tesoro, la iniciativa es solamente una patraña. La mayoría de los periodistas coincide, en las ediciones de hoy, 31 de julio, en que eso se puede burlar de distintas maneras, como Domingo Cavallo lo ha hecho bajo Menem. Nicolás Cachanovsky, un economista argentino que reivindica la ‘destrucción’ del Banco Central, lo señala desde Estados Unidos en un ‘substack’ que dio a conocer hace un par de horas. El Banco Central puede tener prohibido participar de las licitaciones del Tesoro para comprar bonos del Estado, pero no para comprar esos mismos títulos a los que participaron en esas licitaciones. Conocidas como “operaciones de mercado abierto”, habrán de cobrar un volumen muy superior al actual a partir de la intención, también anunciada ayer, de ‘fomentar’ el desarrollo de un mercado local de capitales y la instalación de compañías de seguros autorizadas a promover los contratos de retiro personal, o sea la privatización de las jubilaciones. Los bancos centrales de la mayoría de los países tienen una abultada cartera de títulos públicos comprados en operaciones de mercado abierto. El Banco de Japón tiene una cartera varias veces superior al valor del PBI nipón. Lo mismo ocurre, en menor medida relativa, con la Reserva Federal de Estados Unidos. La diferencia con Argentina, sin embargo, es que la Reserva Federal tiene el monopolio de la emisión de dólares y el yen japonés es una divisa que se transa en el mercado mundial. No obstante, todo esto, las finanzas internacionales son una pirámide de deudas que se ‘pagan’ con mayor endeudamiento, amenazando con el derrumbe del sistema monetario internacional. 
 Un cruce de Milei con economistas que reclaman una reducción de los encajes que los bancos están obligados a mantener en el Central, para posibilitar una baja en la tasa de interés, dejó, sin embargo, a la vista a un Milei “peronista de Perón”. Milei les respondió que desearía llevar esos encajes al ciento por ciento, como hizo Perón en 1946, anulando toda capacidad de préstamo de los bancos. A diferencia del “general’, sin embargo, pretende que esos encajes se constituyan con títulos de deuda del Tesoro, encarcelando a todo el sistema bancario en las celdas de la deuda del Estado. El ‘libertario’ es un estatista fanático. Milei se enfrenta a un choque con los banqueros, por este asunto, y con el FMI por otro. Milei no quiere que el Banco Central compre dólares con el propósito de reforzar la tendencia deflacionaria que está llevando las inversiones industriales por debajo de cero, y los salarios por debajo del nivel de subsistencia. Para Milei la inversión debe ser extranjera o con financiamiento extranjero. Pero el FMI quiere recibir el pago del próximo vencimiento de la deuda con el Fondo por un monto superior a los 5 mil millones de dólares –y no renovar esa deuda como ha hecho hasta ahora-. El paquete anunciado ayer se propone reforzar la posición oficial frente al FMI, o sea que renueve la deuda una vez más. 
 Milei anunció ayer el propósito de establecer el régimen norteamericano del “shutdown”, que consiste en fijar un tope al endeudamiento del Estado. Es una propuesta curiosa, porque en Estados Unidos se encuentra en crisis y se lo considera agotado. Es que la imposibilidad de tomar deuda nueva cuando se llega al tope paraliza la actividad del estado, salvo en cuanto a los gastos de seguridad nacional y de salud. Es por eso, probablemente, que ha lanzado la iniciativa de cortar los gastos presupuestarios en los rubros que incurran en un déficit en relación a lo previsto en el Presupuesto. Los afectados serán los servicios destinados a la población. Es claro, de todos modos, que pone en evidencia una quiebra del aparato del estado, que no puede funcionar sin dinero. El Estados Unidos, el “shutdown” da paso a una serie de negociaciones que, si tienen éxito, llevan a un aumento del tope de endeudamiento. Pero como los intervalos entre los “shutdown” son cada vez más cortos, el sistema se torna insostenible. 
 Estamos ante la última ofensiva de Milei. Si el Congreso se pliega a los proyectos liquidadores de los ‘libertarios’, el Ejecutivo irá a las elecciones como la única fuerza efectivamente actuante; si rechaza, al menos los principales de esos proyectos, la crisis del oficialismo adquirirá nuevas proporciones, incluida la incapacidad para cubrir los vencimientos de deuda del año y medio que falta hasta las elecciones. El fascismo ajustador, que se distingue del fascismo ‘keynesiano’ de un Mussolini y hasta cierto punto de un Hitler, enfrenta contratiempos insuperables. Con el desarrollo de la guerra imperialista mundial, el gasto público adquirirá proporciones enormes, que no podrá ser cubierto con ‘ajustes’, y llevará, como ya ocurre, a un brutal nacionalismo económico, o sea a la fractura de la economía mundial.

 Jorge Altamira 
 31/07/2026

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