Durante muchos meses, los comentaristas económicos afines al gobierno se prodigaron en afirmar que los resultados de la llamada “macroeconomía” -precios, tipo de cambio, cuentas fiscales- no habían llegado aún a la “microeconomía”, es decir, a la situación de los ingresos personales, salarios o el consumo personal, y que no tardarían en hacerlo.
Pero la marcha del régimen económico ha dejado a estas promesas pata para arriba: después del desplome industrial, del derrumbe del empleo y los salarios, asistimos ahora a un desbarajuste del castillo de naipes financiero armado por Caputo y Milei en estos casi tres años. La señal más evidente de ello es el crecimiento del “riesgo país”, es decir, de la sobretasa que debería pagar Argentina para acceder al mercado internacional de deuda, y que ha vuelto a superar los 500 puntos. Otros movimientos apuntan en el mismo sentido: en los últimos días, el Banco Central redujo las operaciones de compra de divisas “recomendadas” por el FMI para acumular reservas, llegando incluso a vender dólares para evitar que se dispare el tipo de cambio. La contención de la potencial corrida se completa con el crecimiento de las operaciones de dólar futuro, una apuesta contra la devaluación que Milei-Caputo podrían pagar muy caro.
La renovada demanda por los verdes ha venido acompañada por la salida de las colocaciones en deuda argentina, en pesos y en dólares. La reciente oferta de renovación de bonos atados al dólar sólo tuvo un 34 % de aceptación entre quienes disponían de estos valores con vencimiento en agosto, obligando al gobierno a desembolsar divisas. Por el lado de la deuda en pesos, los analistas atribuyen el menor interés de los especuladores al crecimiento exponencial de las colocaciones: el informe “1816” revela que el stock de deuda en el mercado primario se cuadruplicó, nada menos, en el curso de 2026.
Todo este escenario de zozobra viene acicateado por otro vendaval: el de la crisis financiera internacional. El costo del endeudamiento del Tesoro norteamericano ha pegado un nuevo salto, mientras se conocía que la deuda total de la economía del país del norte supera los 40 billones de dólares y el impasse de la guerra internacional augura un mayor hipotecamiento. La tendencia a la salida de capitales de Argentina, en este cuadro, viene acicateada desde adentro (explosión de las contradicciones del régimen libertario) y desde afuera (crisis financiera internacional).
La respuesta de Caputo y Bausili a esta crisis ha sido una nueva suba de la tasa de interés: un bidón de nafta sobre el fuego de un país con seis millones de endeudados en situación crítica. Las supuestas medidas “reactivantes” han sido rápidamente archivadas. Los libertarios temen que un aflojón monetario redunde en un reforzamiento de la corrida cambiaria.
Milei, en este cuadro, ha celebrado un 0,8 por ciento de recuperación de la actividad económica en junio, respecto del mes anterior. No ha mencionado, en cambio, que la expectativa de crecimiento del producto en todo el 2026 no superaría el dos y medio por ciento; con ese valor, el “trienio” de Milei arrojaría una tasa anual del 1,7 %, muy cerca de la tasa vegetativa y después de varios años de desplome económico. El empleo registrado acumula doce meses de caída, y lo mismo ocurre con el salario. Todo este escenario explica que las groserías de Milei en el Council of Américas hubieran sido recibidas fríamente por parte del círculo rojo. La gran burguesía no encuentra la salida a un impasse económico y financiero que puede conducir a un desenlace explosivo, y que es el telón de fondo de una transición política en desarrollo. Los “términos y condiciones” de la elección de 2027 se han alterado; sólo falta que los trabajadores digan su palabra.
Marcelo Ramal
22/08/2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario