domingo, 10 de marzo de 2024

“Zona de Interés”: ¿se puede cotidianizar el exterminio fascista?


Estrenada el pasado jueves 15 de febrero, el nuevo film de Jonathan Glazer, “Zona de Interés”, involucra al espectador en un escenario donde vida y muerte se entrecruzan conste y diariamente. Narrando la vida cotidiana de uno de los jerarcas nazis más aberrantes de la historia, y su familia, pegados a al campo de concentración más atroz que ha visto la humanidad. 
 De este modo, el realizador de largometrajes como La Bestia Salvaje (2000), Reencarnación (2004) y Bajo la Piel (2013) trae a pantalla grande la vida de Rudolf Hoss (personificado por Christian Friedel), y lo que es convivir a escasos metros de Auschwitz, junto a su grupo familiar, integrado por su esposa (representada por Sandra Huller) y dos hijas. 
 Basado en la homónima novela de Martin Amis, el film coproducido por Gran Bretaña, Polonia y Estados Unidos, ganadora de premios en festivales internacional como Cannes, y nominada a cinco estatuillas para los Oscar, hace referencia a la amenaza de normalizar, y tomar como algo más del cotidiano, del paisaje, el avance del fascismo, y todo lo que conlleva en la vida y la proximidad con la tortura y la muerte. El largometraje de 105 minutos pone en debate la pregunta ¿se puede vivir como si nada ante la existencia del holocausto?
 Un hermoso hogar, jardín perfectamente cuidado, pileta, mayordomos y sirvientas (presos del propio centro de concentración), auto de lujo y último modelo. Su única separación un muro con alambres de púas. Del otro lado, edificaciones grises del continuo brotar de las chimeneas que queman los vestigios de la masacre. Sin mostrar un solo cuerpo, un solo asesinato, ni una gota de sangre, la excelente labor de fotografía, jugando con el color y el negro, gris y blanco, crean un escenario que involucra a los espectadores.
 Entrevistado por diario The Guardian, el director relata que “…no es una película sobre el pasado. Intenta hablar del presente, de nosotros y de nuestra similitud con los perpetradores, no de nuestra similitud con la víctimas. Es necesario llegar a un punto de comprensión de la ideología para poder escribir, pero me interesa hacer una película que fuera más allá de eso, hasta el fondo. Creo que hay algo en nosotros que lo impulsa todo, la capacidad para la violencia que tenemos. Por esa razón era importante construir un relato que el espectador complete, involucrándose, haciéndole preguntas”.
 Rodolf Franz Ferdinand Hoss integró las SS y comandó el campo de concentración de Auschwitz, donde fueron asesinadas más de tres millones de personas. Posterior a los juicios de Nuremberg (1945-1946) fue ahorcado el 16 de abril de 1947 en un patio próximo a los crematorios de dicho centro de exterminio nazi. “Los niños muy pequeños, incapaces de trabajar, fueron asesinados por principio” declaraba el jerarca nazi en su juicio.
 La nueva realización de Glazer, por el modo en que fue filmada (cámaras fijas, con amplios planos, alejados, jugando con la paleta de colores, el sepia y el negativo) llama al público a involucrarse, a meterse, a ser parte de esa escenografía “natural”. A no normalizar el genocidio, disfrazado de bienestar y confort para la familia del mandamás próximo al fhurer. 
 Obra de arte que hace llamar la atención, en tiempos de avanzada de nuevas figuras ultraderechistas en el mundo, como es por ejemplo el Partido por la Libertad (PVV) victoriosa de las elecciones legislativas de los Países Bajos, Vox en España, Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en la Argentina. Haciendo la necesaria salvedad de montar un movimiento con características fachistoides, pero con la ausencia de lo primordial, un fuerte y decidido apoyo popular, movilizado en las calles. 
 Un largometraje que, durante toda la obra provoca esa sensación de incomodidad y hasta asco, con el juego de los opuestos, de cada lado del muro y la reja. Y que al terminarlo de ver reafirma la necesidad de construir una alternativa obrera y socialista, que le haga frente a cualquier variante de ese estilo. 

 Maxi Robes

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