viernes, 24 de junio de 2022

Corte de EEUU: armas y oscurantismo


La mayoría de la Corte Suprema norteamericana, paso a paso, va armando una arquitectura jurídica fascistizante en sintonía con el bloque republicano que responde a Donald Trump. Este viernes directamente anuló el fallo Roe vs Wade, que impedía a los Estados prohibir el derecho a interrumpir el embarazo. Es un ataque decisivo a los derechos democráticos de alcance internacional. 
 La Corte también había considerado legítimo que el gobierno de Trump permitiera a los patrones con objeciones religiosas negar la cobertura de anticonceptivos a las trabajadoras, la discriminación laboral a los docentes laicos de escuelas confesionales -o sea, que puedan echar a proabortista, gays o lesbianas- Legitimó también que una agencia católica de servicios sociales en Filadelfia desacate las leyes y se niegue a atender parejas homosexuales que pretenden adoptar. 
 Recientemente, bloqueó el derecho a enseñar sobre el peso que tuvieron los intereses esclavistas en la emancipación norteamericana y sobre los orígenes materialistas del racismo. Sus fallos legitiman leyes locales que imponen graves sanciones a docentes y escuelas que impartan una educación sexual que no demonice la disidencia sexual y escuche las dudas del alumnado respecto de las identidades genéricas.
 En los últimos quince días, el bloque que encabeza Clarence Thomas dio dos nuevos zarpazos sobre los derechos democráticos y el laicismo. 

 Subsidios a la derecha religiosas 

Un fallo obliga al Estado a subsidiar a las escuelas religiosas al punto que hasta el derechista Washington Post opina que “la Corte crecientemente relaja la línea constitucional entre la Iglesia y el Estado”. Hasta ahora, el gobierno pagaba la matrícula en escuelas privadas a estudiantes secundarios de zonas rurales del Maine, donde existen pocas escuelas públicas. Son unos 5.000 chicos. El requisito era que tuvieran una currícula similar a las públicas y eso excluye a las confesionales o cuya enseñanza partiera de principios religiosos. 
 El quinteto de jueces ultraconservadores de la Corte Suprema calificó la semana pasada esa restricción como discriminatoria y lesiva para la libertad religiosa, y ordenó extenderles el subsidio. “Un estado no necesita subsidiar la educación privada -dice el fallo- pero una vez que decide hacerlo, no puede descalificar a algunas escuelas únicamente porque son religiosas.” 
 Así las cosas, los chicos estudiarán a costa del Estado en instituciones que enseñan que los homosexuales son inmorales, que dios “ha ordenado funciones espirituales distintas y separadas para hombres y mujeres, y el esposo debe dirigir el hogar” y cuyo plan de estudios busca "determinar un marco cristiano para ejecutar la política exterior". 
 Es un tributo más. En Ohio, desde los años 90, las familias podían solicitar subsidios para que sus hijos estudiaran en escuelas privadas -las “escuelas voucher” que impuso el pinochetismo en Chile y propone aquí Javier MIlei. Por motivos curriculares y en nombre de la separación de la Iglesia y el Estado, las confesionales no eran una opción. Con argumentos como los de Maine, los jueces las incluyeron tanto en Ohio como en Montana. 
 Los jueces Stephen Breyer y Sonia Sotomayor, que votaron en minoría, acusaron a la mayoría de desmantelar “el muro de separación entre la iglesia y el Estado que los padres fundadores lucharon para construir”.
 Mientras las ONG laicistas acusaron a “la mayoría ultraconservadora de la Corte Suprema de obligar a los contribuyentes a financiar la educación religiosa”, la derecha religiosa celebró el carácter estratégico del fallo y prometió avanzar sobre lugares clave como Nueva York, Nueva Jersey, Florida, Pensilvania y otros.

 Licencia para matar

 Esta semana, la Corte dictaminó que los ciudadanos tienen el derecho fundamental de portar armas de fuego en la calle. El fallo de 6 votos contra 3 anula una ley de Nueva York que databa de 1913 y requería que una persona demostrara que tenía necesidades legítimas de defensa personal para recibir un permiso de porte de armas. Es una decisión histórica que impide que los estados restrinjan con normativas propias el derecho a andar armado. 
 El fallo no afecta solo a Nueva York sino a otros ocho estados que tienen legislaciones similares. 
 En el contexto de sucesivas masacres en la calle, supermercados y escuelas, la decisión de la Corte es especialmente provocadora. En 2020, 45.000 estadounidenses fueron asesinados por individuos que portaban armas de fuego. 
 El patético papel de Joe Biden y los demócratas y liberales, que se limitan a manifestar su tristeza, enojo o decepción, es una prueba inapelable de que el único camino para defender los derechos de cualquier tipo pasa por un enfrentamiento de clase, independiente de cualquier bloque patronal.

Olga Cristóbal
24/06/2022

EEUU: la Corte derogó el derecho constitucional al aborto


El 24 de junio va a ser un día inolvidable para las mujeres: la Corte Suprema anuló el fallo Roe v. Wade, que elimina el derecho constitucional al aborto después de medio siglo. El dictamen deroga un fallo que prohibía que los estados bloquearan los abortos antes de la viabilidad fetal (actualmente alrededor de 23 semanas). 
 El embate contra las mujeres, por supuesto, se propone ir más lejos. Los cavernícolas tienen muchos otros proyectos en carpeta. Por ejemplo, limitar el derecho a la anticoncepción: varios estados ya permiten que los médicos y farmacéuticos se nieguen a recetar o dispensar anticonceptivos, según el Instituto Guttmacher, que está a favor del derecho al aborto. 
 En lo sucesivo, los Estados antiabortistas tendrán la vía expedita. Al menos 21 estados tienen ya leyes o enmiendas constitucionales contra la interrupción del embarazo e irán a la prohibición total, según el Instituto Guttmacher. Es probable que se suman otros cuatro (NYT 24-6). 
 El dictamen de la Corte avala una ley que prohíbe los abortos después de la semana 15, aprobada por la Legislatura de Mississippi, dominada por los republicanos. Es el modus operandi de las legislaturas republicanas del cinturón bíblico, que hoy se llevan un gran triunfo. 
 Otro tanto vale para Donald Trump, que cumplió su promesa de que los jueces que él eligió barrerían con Roe vs Wade. Por lo pronto, el fallo muestra la impotencia de demócratas y liberales para impedir que los republicanos fueran armando una corte de jueces ultraconservadores a su gusto, mascarón de proa de un andamiaje legal que intenta arrasar con los derechos democráticos. 
 En opinión del New York Times, es “una decisión que transformará la vida estadounidense, remodelará la política de la nación y conducirá a prohibiciones casi totales del procedimiento en aproximadamente la mitad de los estados”. 
 Aunque la anulación de Roe v. Wade no indica que la Corte vaya a revisar el derecho a controlar la natalidad, el juez Clarence Thomas escribió que los jueces deberían reconsiderar “todos los precedentes sustantivos del debido proceso de este Tribunal”, incluido el caso de Griswold v. Connecticut, que declaró inconstitucional la prohibición de los anticonceptivos. Distintas presentaciones judiciales de los grupos provida equiparan los anticonceptivos de emergencia y los DIU con el aborto. 
 Diversos economistas afirman que la expansión del acceso al aborto iniciada por Roe vs. Wade redujo la maternidad adolescente en un 34 % y el matrimonio adolescente en un 20 %. 
 El fallo de la Corte prueba que no hay derecho consagrado ad aeternum. En el declive del régimen capitalista la tendencia, por el contrario, es a derogar las conquistas que arrancaron los oprimidos en otras etapas. Algunos estados, como Texas, han instituido el 24 de junio como feriado. 
 El movimiento de mujeres de Estados Unidos fue el pilar de la llamada segunda ola del movimiento feminista, que arrancó no solo el aborto sino varios centenares de leyes que permitieron un acceso más igualitario de las mujeres a la educación y al trabajo, jardines de infancia, licencias maternales, etc. La derecha religiosa ha logrado que las jóvenes norteamericanas tengan hoy menos derechos que sus madres y sus abuelas. 
 Sin embargo, las mujeres norteamericanas fueron la columna vertebral de la oposición a Trump desde antes de que asumiera, y protagonistas de la lucha contra el racismo y la violencia policial después del asesinato de George Floyd. Las obreras jóvenes son parte de la lucha por la sindicalización que arrinconó a Amazon, Starbucks y otras empresas. Es indispensable que el movimiento de mujeres rompa el corsé del partido demócrata para pulverizar a los fascistas.
 Agarrate Catalina, que vamos a cabalgar. 

Olga Cristóbal
24/06/2022

El ‘lawfare’ contra organizaciones sociales


No fue necesario que transcurrieran muchos días desde que Cristina Fernández denunciara la “tercerización” de la asistencia social y los acampes en el espacio público, para que un fiscal federal abriera un proceso judicial contra dirigentes o allegados de las organizaciones sociales. El Poder Judicial ha decidido valerse de una herramienta que atribuye a sus adversarios destituyentes para emprender un ataque contra organizaciones que reivindican para sí una larga trayectoria. La inquina del kirchnerismo contra “los piqueteros” es de larga data – en 2003, el fallecido presidente Néstor Kirchner había anunciado en la Rosada la intención de organizar una “brigada anti-piquetera”. La invocación de la Vicepresidenta a Evita nunca fue más pertinente, pues Eva Perón, la indudable “capitana de los descamisados” se caracterizó por combinar una inédita preocupación social por la población humilde, con una implacable hostilidad hacia el menor movimiento políticamente independiente de la clase obrera. En su discurso del 20 de junio pasado, la condena de CFK también cayó sobre dirigentes rivales dentro de su coalición política, como es el caso ‘del Evita’, convertido en un agente del estado, de una parte, y del clero vaticano, de la otra. 
 La iniciativa del fiscal Marijuan contra Belliboni y Solano está fuera de lugar, porque es claramente una persecución política. Reviste la misma categoría que la judialización de los cortes de ruta o acampes, a los que se les imputan cercenamiento de la circulación de las personas. Los fiscales y los jueces, en estos casos, deberían declararse simplemente “incompetentes”, porque hacen a un estado de necesidad, que debe resolverse por medio de la confrontación política. La Vicepresidenta reconoce ese estado de necesidad cuando propone una suerte de IFE permanente de 14 mil pesos, una suma que se encuentra por debajo de la canasta de indigencia y representa el 20% de una canasta de pobreza. Si se incluye a esta población necesitada en la categoría de desempleados, algo que el INDEC no hace, el índice oficial de desocupación salta al 20% de la población activa. En el contexto actual del país, el fiscal no podrá demostrar que su acción no es una judicialización política.
 En este orden de ideas, el cuestionamiento a los métodos que son propios o impropios de cada organización deben ser objeto de una confrontación política. Viene al caso señalar que quienes hoy son objeto de una persecución judicial, aplicaron los métodos que aquí repudiamos en la crisis política que tuvo lugar en el Partido Obrero, violando en forma descarada el estatuto partidario.
 Más allá del efecto inmediato, la acción del fiscal sienta un precedente antidemocrático, de alcances indeterminados. Como Argentina atraviesa una crisis política de alcances terminales, acciones como la que estamos denunciando ponen de manifiesto las tendencias anti-populares y autoritarias que están presentes. Las denuncias de espionaje a la sociedad civil por parte de los servicios de inteligencia nacionales e internacionales, o llamados a gobernar ‘con la lapicera’, o sea por decreto, son una pequeña prueba de ello. Llamamos a pronunciamientos contra la arbitrariedad del fiscal Marijuán, y a oponer a esta arbitrariedad la completa vigencia de la democracia en las organizaciones de trabajadores.

 Comité Editorial 
 Política Obrera 
 24/06/2022

Entrevistas a 20 años de la Masacre de Avellaneda // Néstor Pitrola, del Partido Obrero

Jorge Altamira sobre el lenguaje inclusivo - Entrevista en Radio Capital La Plata

jueves, 23 de junio de 2022

Juicio La Pastoril -día 29- Jueves 23 de junio 9:00 horas

Marx y Engels | David Riazanov con Xabier Arrizabalo

 

En 1922 David Riazanov dio una serie de conferencias sobre Karl Marx y Friedrich Engels en la Academia Socialista (Moscú), aplicando el método materialista de la historia para examinar su vida y legado político. Estudiamos estas maravillosas conferencias con Xabier Arrizabalo.

Nueva rebelión popular en Ecuador


Los últimos diez días Ecuador ha sido protagonista de una rebelión popular que se ha extendido como una reguera de pólvora por las provincias. Encabezada por la población indígena del interior del país ha llegado a Quito para recrear escenarios similares a los vistos durante la rebelión popular del 2019, en ese entonces contra el acuerdo de Lenin Moreno con el Fondo Monetario Internacional (FMI). 
 Ahora, las protestas se desarrollan contra Guillermo Lasso, electo hace menos de un año. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) es quien formalmente se encuentra al frente de las movilizaciones y su brazo parlamentario Pachacutik apoya desde el recinto. Las reivindicaciones levantadas por la Conaie están destinadas a medidas que permitan morigerar el shock que ha significado la disparada de precios internacionales y del costo de vida para la población. 
 El golpe fundamental ha sido el alza de los precios de los combustibles como resultado de las sanciones de la OTAN contra Rusia. Esto ha derivado en un aumento exponencial del costo de vida de todo un sector de la población indígena que sobrevive gracias a la agricultura y la venta ambulante –lo que demanda un gran consumo de combustibles y otros químicos. 
 Leonidas Iza -presidente de la Conaie es quién se expresa como la voz dirigente del conflicto- ha expresado reiteradas veces su intención de llegar al diálogo con el gobierno y frenar las protestas y movilizaciones que han paralizado la actividad económica de todo el país prácticamente. 
 El gobierno de Lasso ha ofrecido una serie de propuestas que no atienden las demandas fundamentales de los manifestantes, el referido al precio de los combustibles y a la reversión de las concesiones mineras. A esto debe agregarse que el propio presidente ha firmado el decreto 455 que “incluye la movilización de varias instituciones, el despliegue de operaciones coordinadas entre la Policía y las Fuerzas Armadas, limitación de las aglomeraciones, toque de queda que restringe la libertad de tránsito desde las 22:00 a las 05:00 en el Distrito Metropolitano de Quito, para preservar la seguridad ciudadana y el orden público.” (CNN, 22/06)
 Lasso ha justificado esta decisión señalando el carácter violento de las movilizaciones y que el fin de estas protestas es acabar con su gobierno. Lo cierto es que hay dos manifestantes muertos en situaciones donde la responsabilidad apunta hacia las propias fuerzas represivas enviadas por el presidente. Iza ha declarado a su turno que la Conaie promueve movilizaciones pacíficas y que respetan a las autoridades electas democráticamente. 
 Esta benevolencia con el gobierno no se observa al consultar a los manifestantes. El diario El Comercio (23/6), afin a Lasso, ha buscado obtener las expresiones de los indígenas de base que participan de las protestas en Quito: “Puede ser un mes, puede ser dos meses (...) La guerra vendrá, pero aquí vamos a luchar hasta sacar al presidente", brama María Vega (47 años), quien sobrevive haciendo varios oficios. Otra manifestante ha señalado: “Ellos tienen armas. ¿Cómo se va a comparar un arma con un palo o con una piedra? No nos pueden poner en condiciones de igualdad”, dice a la AFP Luzmila Zamora (51). A lo que agrega: “Queremos un gobierno que trabaje para el pueblo, para el Ecuador entero, no solo para la clase alta”. En otro punto de la manifestación, Marco Vinicio Morales, un pastor evangélico de 40 años, no entiende cómo un país “con producción de petróleo a gran escala, oro y plata” esté sufriendo por “el alto costo de la vida”. Así que “si no hay respuesta, el mismo Lasso va a cavar la tumba y debe ser destituido”. 
 Estas declaraciones chocan con la política conciliadora de la Conaie. En 2019, la Conaie dio por finalizada las protestas tras un acuerdo precario con Lenin Moreno en el momento más alto de la rebelión popular.

 Joaquín Antúnez
 23/06/2022

El fallo de la Corte contra CFK


La Corte Suprema se tomó tres años, nada menos, para rechazar los recursos presentados por Cristina Fernández en la llamada causa de “Vialidad”, donde es investigada por el presunto direccionamiento de la obra pública de Santa Cruz a la constructora de Lázaro Báez y el cobro de sobreprecios, incluso sobre rutas nunca terminadas. La causa se formó en 2016, a instancias del gobierno Macri. A pocas horas del comienzo de las audiencias del juicio oral contra la ex presidenta, en mayo de 2019, la Corte solicitó que se le remitiera todo el expediente, lo que fue interpretado como una maniobra para paralizar el juicio. Apenas 24 horas después, devolvió la causa al juzgado. Lorenzetti adujo que los cortesanos ya se habían hecho copia de la misma. Sin embargo, esta resolución que llega tres años después se remite a la tradicional doctrina de la Corte argentina, a saber, que ésta no interviene en cuestiones procesales, sino ante sentencia definitiva. El juicio se encuentra en la recta final: el 11 de julio próximo está previsto el inicio de los alegatos.
 Los fundamentos del fallo constituyen un alegato político, en particular, al rechazar la acusación de lawfare (guerra judicial) por parte de CFK. En sus propias palabras, la Corte negó que el caso entrañara “gravedad institucional” o que no se hubieran respetado las garantías constitucionales de los acusados. “La Corte envió un poderoso mensaje a todo el Poder Judicial”, tituló Clarín (21/6), y recordó que el tribunal es “cabeza de uno de los tres poderes de la República”. 
 El fallo se produce en el marco de un acentuado declive del gobierno de los Fernández. Apenas 48 horas antes, en su discurso en la CTA de Avellaneda, CFK delineó un programa de gobierno propio. Asimismo, está pronto a iniciarse el debate legislativo sobre los proyectos de reforma del Consejo de la Magistratura, donde los K pretenden desplazar a la Corte, que se reservó la presidencia. Se barajan alternativas incluso extravagantes, como la que propone conformar una Corte asamblearia de 24 ministros, a razón de uno por provincia.
 Con este fallo, la Corte ha dejado en claro nuevamente su condición de árbitro, aunque tendencioso. Del otro lado de la grieta, otro ex presidente, Mauricio Macri, tiene pendientes sus propias cuitas judiciales. La Corte ha rechazado que la causa contra CFK revista “gravedad institucional” -sólo están en juego sus intereses personales, dijeron los cortesanos-, pero el hecho de que dos de las principales cabezas de las coaliciones políticas que disputarán en 2023, ambos ex presidentes, se encuentren en apremios judiciales muy serios, exhibe directamente un derrumbe institucional –o sea, una crisis de régimen sin atenuantes, producto del socavamiento de la crisis capitalista, sus vaivenes políticos y la lucha de clases, durante 40 años de ´democracia´.
 La corrupción en las altas esferas del poder del Estado se ha revelado un instrumento poderoso de lucha política entre facciones de la burguesía, incluso el imperialismo, en Argentina y en todo el continente. Ha sido instrumentada judicialmente para la cobertura de golpes de Estado, llevó a varios ex presidentes a la cárcel e incluso indujo al suicidio a alguno. En este caso, las denuncias contra la ex presidenta han caído “en una suerte de fuero de atracción” (Zaffaroni dixit), porque se concentraron en su mayoría en los juzgados de los jueces Julián Ercolini y del fallecido Claudio Bonadio. La Sala IV de la Cámara de Casación -el máximo tribunal en materia penal antes de la Corte-, que antes también había rechazado los planteos de CFK, está integrada por dos jueces, Gustavo Hornos y Mariano Borinsky, de asiduo trato personal con Macri. Como la Corte validó sus argumentos, esto fue interpretado por el campamento cristinista como un espaldarazo (Página/12, 22/6). El fallo de la Corte se produce, además, poco después de que la “causa de los cuadernos” -cuya veracidad ha sido objetada-, estructurada a partir de un sistema de delación entre los mismos implicados, iniciara el último tramo para su debate en juicio oral y de la investigación sobre el avión venezolano-iraní retenido en Ezeiza, patrocinada por el FBI.
 Pero, más importante aún, se conoce en vísperas de lo que podría ser un estallido financiero que precipite el final adelantado del gobierno Fernández. 

 Jacyn 
 22/06/2022

Renta agraria | ¿Quiénes son los "traficantes de granos"? Entrevista a Mario Santucho y Diego Kofman


¿Quién controla el comercio exterior? ¿Por qué no aumentan las reservas si hay exportaciones récord? A propósito de la investigación sobre la fuga de divisas y la evasión mediante el comercio exterior de granos realizada por EDIPO-MATE, entrevistamos a Mario Santucho, sociólogo e integrante de EDIPO y a Diego Kofman, economista y miembro de MATE, autores del artículo "La madre de todas las rentas" publicado en Revista Crisis.

Presentación “Una historia del movimiento piquetero”

La nueva rebelión ecuatoriana


Ya van más de diez días de movilizaciones 

A partir del lunes, miles de manifestantes empezaron a arribar a Quito, la capital ecuatoriana, como parte del plan de lucha impulsado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), Fenocin (Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras), Feine (Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicas de Ecuador) y otras organizaciones. Las universidades abrieron sus puertas solidariamente para albergar a los movilizados, que el lunes 13 dieron el puntapié inicial al “paro nacional” con piquetes y protestas a lo largo y ancho del país. El pliego de reclamos incluye una reducción del precio de los combustibles, la condonación de deudas de pequeños campesinos, un control de precios y una moratoria en la extensión de la frontera petrolero-minera, que hace estragos en las comunidades del interior. 
 La irrupción popular es la consecuencia de las políticas de hambre y ajuste del gobierno del banquero Guillermo Lasso, cuya orientación pasa por el cumplimiento del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) suscripto por su predecesor en el cargo, Lenín Moreno. 
 Ante las movilizaciones, Lasso dictó el estado de excepción por 30 días en seis provincias, incluyendo el Distrito Metropolitano quiteño. Esto implica la movilización de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas y un toque de queda nocturno en la capital, entre otras medidas. La represión ya ha dejado por lo menos dos manifestantes muertos y cientos de heridos. 
 El ministro de Defensa brindó una conferencia de prensa junto a los jefes de las Fuerzas Armadas para intimidar las manifestaciones. El gobierno sigue el libreto represivo de Lenín Moreno contra el levantamiento popular de 2019, en cuyo transcurso las masas indígenas también ganaron la ciudad capital ante la supresión de los subsidios en los combustibles. En aquella ocasión, el gobierno debió mudarse por unos días a Guayaquil.
 El miércoles se desarrollaba en Quito una movilización del Frente Unitario de Trabajadores, en el que revisten organizaciones como el sindicato docente. Hay una convergencia en las calles de los sectores golpeados por la política económica oficial.

 Lasso, en el ojo de la tormenta 

La gravedad de la situación se revela en el debate de la Asamblea Nacional de esta semana, donde abiertamente se discutió una posible salida de Lasso -cuyo bloque parlamentario es minoritario- del poder por el mecanismo de la “muerte cruzada”. De acuerdo con el artículo 130 de la Constitución, el presidente puede ser destituido en casos de “grave crisis política y conmoción interna”. Se requieren para ello dos tercios de los votos de la Asamblea. En tal caso, es el vicepresidente quien asume transitoriamente el cargo y debe convocar a elecciones, tanto legislativas como ejecutivas. Algunos legisladores del Unes, partido del exmandatario Rafael Correa, dejaron abierta esa posibilidad, que exigiría el acuerdo de otras formaciones políticas como Pachakutik (brazo político de la Conaie) y los socialcristianos para prosperar. 
 Esta variante sería un recurso extremo para estabilizar la situación, en caso de que la situación se radicalice. Vale apuntar que, según el diario El Universo (20/6), miles de los indígenas que ingresaron a la capital el lunes lo hicieron al grito de “Fuera Lasso”. El gobierno se ha ganado el odio de los más explotados. 

 Represión y “diálogo” 

Por lo pronto, lo que prevalece es la combinación de la represión con pérfidos llamados al “diálogo”, que tienen el único propósito de sacar a la población movilizada de las calles. Lasso se hizo eco de uno de esos llamados, promovido por el colectivo Diálogos Nacionales, que nuclea diversas ONG’s. 
 Con la convocatoria al “paro nacional”, la Conaie rompió un largo período de tregua con el gobierno. Lasso supo valerse de ese tiempo de gracia para avanzar en sus políticas.
 El dirigente de la Conaie, Leónidas Iza, no descarta la posibilidad de un diálogo con el gobierno, pero exige que sea sin intermediarios y que previamente cese la represión -él mismo estuvo detenido durante alrededor de 24 horas la semana pasada.
 La enorme movilización en curso deja abierta la posibilidad no solo de conquistar los reclamos parciales sino también de terminar con el gobierno ajustador y represivo de Lasso, como reclaman sectores de las bases. 

 Gustavo Montenegro

Cristina vuelve a sus orígenes


Su reclamo expresa el anhelo del aparato pejotista para retomar el control social sobre la población más empobrecida. 

 Cristina Fernández de Kirchner decidió volver a sus orígenes. El ataque furibundo contra el movimiento piquetero y las organizaciones sociales que desató en un acto que protagonizó en el Día de la Bandera podrá sorprender solo a aquellos que no conocen su pasado santacruceño, cuando gobernaba la provincia patagónica el ya fallecido Néstor Kirchner. Corrían los ‘90 y el matrimonio, que brindaba testimonio de su apoyo cerrado al menemismo y festejaba la venta de YPF, reprimía duramente cualquier manifestación o piquete que realizaran en su provincia las víctimas de esa privatización petrolera. Para esos menesteres represivos solía recurrir a los servicios de las patotas de la Uocra, sin importarle que se tratara de una tercerización de las tareas de seguridad que recién ahora parece criticar. Más tarde, cuando el matrimonio buscó reconvertirse, presentándose como defensor de los derechos humanos, nunca renunció a los servicios de esas patotas. El asesinato de Mariano Ferreyra, por la patota del cristinista Pedraza en el año 2010, elimina toda controversia al respecto. 
 La nueva embestida de Cristina Fernández de Kirchner muestra que pretende encarar el futuro con los métodos del pasado. Su reclamo de que el “Estado recupere el control de los planes sociales” expresa el anhelo del aparato pejotista de los barones del conurbano y de la liga de gobernadores para retomar un control social sobre la población más empobrecida, que está resquebrajado como resultado del crecimiento del movimiento piquetero y el marcado protagonismo que en él juega la izquierda. Otra vez, Cristina Fernández de Kirchner ha sacado chapa de “estadista” haciendo un planteo que va mucho más allá de los choques faccionales de la interna del Frente de Todos, levantando una demanda que es de interés para toda la clase capitalista. Por eso no es casual que quien picara en punta con un planteo similar haya sido el protofascista Javier Milei, quien también reclamó que los planes sean administrados por los intendentes peronistas. Es que para un “libertario” nada mejor que un Espinoza o un Mario Ishii. 
 Pero Cristina Fernández de Kirchner no se contentó con pedir que los planes sean administrados por el aparato pejotista. También reclamó, inspirándose no ya en Javier Milei sino en Patricia Bullrich, una reducción significativa de los mismos. Para la expresidenta el crecimiento de la cantidad de planes no tendría justificación, dado que el desempleo sería solo de un 7%. Sin embargo, omitió lo más importante: que los 1,2 millones del Potenciar Trabajo están registrados como “ocupados”, y que una parte significativa de las personas que son registradas como ocupadas tienen trabajos precarizados con salarios que no llegan a la línea de pobreza y, en muchas ocasiones, ni a la de indigencia. En estas condiciones el plan social sirve como un complemento del salario de miseria que pagan las patronales. ¿O es que nuestra vicepresidenta millonaria piensa realmente que una familia vive con $18.000? 

 “La única verdad es la realidad” 

 Llamativamente las invocaciones acerca de que los planes sociales no serían peronismo violan la máxima peronista de que la “única verdad es la realidad”. ¿O acaso el peronismo no ha gobernado la Argentina 16 de los últimos 20 años dejando como legado más precarización, pobreza, indigencia y más planes sociales? La invocación de que el peronismo equivale a trabajo genuino y bien remunerado no se condice con la realidad que vive el pueblo argentino. Al revés, el peronismo ha sido en sus distintas variantes una expresión de las tendencias de fondo del capital a acentuar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo y a avanzar sobre los derechos conquistados por los trabajadores con décadas y décadas de lucha. Algo que no podría haber sucedido sin la colaboración activa de la burocracia sindical que reporta también al peronismo. 
 Aunque al kirchnerismo le gusta inaugurar museos de la “memoria” parece que sufre de amnesia cuando se trata de recordar su propio pasado. Bajo sus mandatos como primera mandataria, Cristina Fernández de Kirchner se jactaba de haber transformado al movimiento piquetero en organizaciones sociales. El cambio era muy significativo: mientras el movimiento piquetero era un movimiento de lucha contra el Estado, las organizaciones sociales se incorporaban a este prestando servicios bajo la forma de cooperativas u otros tipos de trabajo descalificado. Esa transmutación le fue encargada a Alicia Kirchner, para mostrar que llevaba el sello familiar. De esta estatización de un movimiento de lucha surgieron los Pérsico, Chino Navarro y compañía. Sin embargo, el crecimiento de la pobreza y, por sobre todas cosas, la lucha consecuente librada por varias agrupaciones, entre las que se destaca el Partido Obrero y el Polo Obrero, abrió una crisis en esa cooptación permitiendo que vuelva a emerger un movimiento de lucha independiente. Ante esta situación, Cristina Fernández de Kirchner quiere prescindir también de los servicios prestados por esta burocracia cooptada y apoyarse otra vez en el aparato justicialista. Es lo que a su modo hizo Néstor Kirchner cuando fue derrotado en el 2009: para salvar el pellejo del gobierno de su esposa enterró todo intento de conformar un nuevo movimiento político y se abrazó al aparato justicialista. 

 Con los gobernadores e intendentes que pactan con el FMI 

 Este movimiento político de Cristina Fernández de Kirchner hacia el pejotismo sepulta sus críticas al acuerdo con el FMI, toda vez que el aparato de los gobernadores e intendentes fue el que permitió su aprobación parlamentaria. Con su reclamo de reducción de los planes da un paso más y se coloca a la cabeza del ajuste exigido por Kristalina Georgieva a la dupla Fernández-Guzmán. 
 Para el conjunto de la clase trabajadora y para el movimiento popular en general el ataque de la líder del kirchnerismo a las organizaciones piqueteras y sociales debe llevar a una conclusión de fondo: el peronismo en todas sus variantes es una fuerza que responde a los intereses del capital contra la clase obrera. En momentos de una crisis de fondo, tanto nacional como internacional, eso se expresa con manifestaciones reaccionarias directas, como las que expresó la propia Cristina Fernández de Kirchner en persona. La superación de esta situación reclama una política opuesta. Fue lo que debatió el XXVIII Congreso del Partido Obrero cuando llamó a acelerar las iniciativas para poner en pie un nuevo movimiento popular con banderas socialistas para luchar por una salida de los trabajadores. Colocamos a debate esta propuesta estratégica ante todo el movimiento obrero y popular de la Argentina. 

 Gabriel Solano

miércoles, 22 de junio de 2022

Colombia ante un nuevo escenario


Gustavo Petro fue electo presidente 

La victoria en las urnas de la fórmula Gustavo Petro y Francia Márquez representa un golpe al régimen colombiano y, por elevación, a las aspiraciones de la derecha y el imperialismo en el continente. Petro crece diez puntos porcentuales y obtiene el 50,4%, una diferencia de más de tres puntos sobre su contendiente Rodolfo Hernández. Incide, en esto, la ampliación de la participación en más de un millón de nuevos electores con respecto a la primera vuelta y un descenso del voto en blanco. También, una campaña militante que limitó el peso del fraude y de los aparatos tradicionales.

 Polarización 

El resultado de la elección no puede disociarse de la tendencia a la polarización social y política que impera en Colombia. Un ejemplo: la distribución geográfica del voto, que repitió la de la primera vuelta. Petro ganó con holgura en las regiones pobres del Cauca, de Suroccidente, del Caribe y de la Amazonia, además de la capital Bogotá y las grandes ciudades. Mientras que Hernández tuvo su mejor desempeño en las zonas norte y centro del país, más conservadoras y de mayor poder adquisitivo. También en Antioquia, bastión del uribismo. 
 Otra expresión de esta polarización es el traslado de los votos de aquellos candidatos que quedaron fuera de la segunda vuelta. Los de “Fico” Gutiérrez –respaldado por el uribismo-, fueron casi íntegramente a Hernández. Mientras que los del centro político, a contramano de las encuestas, optaron mayoritariamente por Petro. 
 La polarización en Colombia se cristaliza tras la rebelión popular de 2021, con meses de paros, movilizaciones, bloqueos y luchas callejeras. Un dato relevante es que la coalición que lidera Petro, el Pacto Histórico, está integrado por –prácticamente- la totalidad de las expresiones políticas que intervinieron en esas jornadas. Esto incluye tanto a los sectores que eran partidarios de una salida acordada con el gobierno de Iván Duque (el llamado Comité del Paro) como quienes luchaban por abrir paso a una dirección alternativa (coreando “el Comité del Paro no nos representa”). 
 La candidatura a la vicepresidencia de Francia Márquez –en detrimento del histórico Partido Liberal- y su actual postulación para encabezar el naciente ministerio de la Mujer y la Igualdad, responden a este descontento. Francia, una destacada líder ambiental y social, actuó durante la campaña como la representación de los sectores más postergados, y también del activismo juvenil que protagonizó los bloqueos durante la rebelión. Esto colaboró a que muchos de quienes impugnaban por izquierda la trayectoria de Petro y su rol de sostén del gobierno de Iván Duque al momento de las protestas, aceptaran el liderazgo del ex guerrillero.
 Junto a esta figura, también se operó una modificación en la contienda de la segunda vuelta. El Pacto Histórico pasó de lanzar actos públicos que pretendían masividad a focalizarse en el voto a voto, las campañas de nicho y las recorridas en todos los rincones del país, con Petro y los principales referentes a la cabeza. En el sostén de esta iniciativa quedó de manifiesto la estructura militante de las fuerzas que integran el Pacto Histórico. Todo esto colaboró en despertar el apoyo de nuevos sectores de la población explotada que estaban al margen de los procesos electorales. 
 Las grandes mayorías del país viven el triunfo del Pacto Histórico como una victoria propia, aunque el significado de esa victoria no es el mismo entre sus sostenedores. Petro aglutina todas las variantes con ascendencia popular, sin desmedro de que cada una sostenga una plataforma divergente o hasta contrapuesta a la de otra fracción de la coalición. 

 “Gobierno de izquierda” 

El futuro gobierno de Petro es señalado como el primero “de izquierda” en Colombia. Pero esta afirmación debe ser precisada. 
 El ala “izquierda” del nacionalismo colombiano fue privada de esta oportunidad por recursos extremos: el magnicidio de sus líderes políticos y el exterminio de miles de militantes de todas las tendencias, es decir, la apelación al fascismo, ejecutado por los gobiernos “civiles” colombianos, en concurso con la “democracia” estadounidense. Lo mismo vale para la experiencia de otra “izquierda”, la guerrilla, que estuvo a la cabeza de un movimiento popular con base social campesina durante largas décadas, derrotada por la ofensiva política y militar del ex presidente Álvaro Uribe. 
 La asunción de Petro plantea una alteración de régimen. Pero este cambio no consiste en una ruptura con el entramado actual, sino en un reciclaje del orden político y social vigente, que buscará ser llevado adelante mediante una transición ordenada. Es una variante que ya fue ensayada por el ex presidente Juan Manuel Santos. 
 En 2016, Santos firmó los acuerdos de paz con la guerrilla en Oslo y La Habana. Este compromiso fue avalado por un sector de la burguesía colombiana y del entonces presidente estadounidense Barack Obama. Los acuerdos ofrecían una serie de garantías democráticas para los excombatientes derrotados. Como contrapartida, permitían al imperialismo cerrar un frente en su patio trasero y proceder a un apaciguamiento continental que incluyera tanto a los gobiernos latinoamericanos de “izquierda” como de “derecha”. 
 El acuerdo fue el factor determinante en el distanciamiento entre Santos y Uribe. Este último lo rechazaba y planteaba ir a una ofensiva final. Expresaban estrategias divergentes en la burguesía y el imperialismo. La victoria de Donald Trump en Estados Unidos y de Iván Duque –delfín de Uribe- en Colombia, truncaron esta transición. 
 Petro gana con el mandato de una fracción de la burguesía colombiana para retomar la transición explicitada en la letra de los acuerdos de paz. Es decir, restablecer las condiciones elementales de desarrollo capitalista en Colombia. No sorprende, entonces, su propuesta de un “acuerdo nacional”, ni que su campaña haya integrado a sectores que responden a Santos, o que para su ministerio de Hacienda proponga a economistas de la derecha liberal, responsables de la crisis económica de los 90.
 Su victoria electoral golpea, indefectiblemente, las variantes más reaccionarias y fascistizantes del régimen, que ahora no solo tendrán que aceptar una transición, sino una encabezada por Petro, un personaje totalmente ajeno a su riñón político. 

 El gobierno electo 

El programa de gobierno de Petro, aunque moderado en las transformaciones propuestas, no puede avanzar en sus puntos más elementales sin un choque con el capital. Petro no cuenta con mayoría en el Congreso ni en las filas del aparato judicial. Tampoco en los organismos de control, empezando por la Procuraduría, cuyos principales cargos fueron puestos por su predecesor. 
 El presidente electo expresó durante la campaña electoral su intención de declarar una “emergencia económica” que le conferiría poderes excepcionales. Pero no podría declararla sin la aprobación de la Corte Constitucional, que está copada por representantes de la derecha. La gestión entrante deberá negociar su paquete de reformas con las bancadas opositoras, de modo que terminarán recortadas o directamente bloqueadas. Petro ya tropezó con ese obstáculo cuando fue alcalde de Bogotá entre 2012 y 2015: muchas de sus iniciativas fueron frenadas por la legislatura de la Capital, la Junta de la Ciudad. A esto habría que agregar las fuerzas armadas, que ve con recelo y desconfianza la llegada del ex guerrillero a la casa de gobierno. 
 Un plan de reformas requeriría desmontar el aparato del régimen uribista, que abarca, como señalamos, mucho más que la jefatura del Estado. Petro formuló, en la campaña de 2017, la iniciativa de una asamblea constituyente para alterar el régimen político. Ahora, esa perspectiva está explícitamente descartada. Su lugar lo ocupa un acuerdo nacional con los mismos que es necesario combatir para lograr cualquier reforma. 
 Petro plantea terminar con la minería a cielo abierto y limitar la explotación petrolera. Aún más, levanta la necesidad de avanzar en una reconversión energética y la generación de energías limpias y renovables. Importa aclarar que su perspectiva es frenar la exploración de nuevos yacimientos, no acabar con la explotación del petróleo. Los permisos y concesiones ya otorgadas continúan vigentes, lo que habilita a sus beneficiarios a mantener, al menos por los próximos 4 años, los niveles actuales de extracción. Toda la estructura presente, usufructuada por el capital privado, seguirá operando como hasta ahora. Al excluir deliberadamente de su agenda las expropiaciones, cualquier reconversión energética no contaría con los recursos imprescindibles para una transición de esta envergadura. 
 Pero, aun los modestos límites que el presidente electo pretende imponer, muy probablemente, tampoco prosperen. La industria petrolera y minera representan el 50% de las exportaciones colombianas, y sus ingresos reportan varios puntos del PBI. La burguesía no se puede privar de esos recursos, con más razón cuando Colombia tendrá que aplicar sus propias recetas de austeridad para capear el déficit fiscal del 7,1% del PBI “heredado” de la gestión anterior. 
 En el marco de la crisis mundial, los condicionamientos y presiones del FMI y del capital internacional se potencian. En la agenda de Petro figura seguir pagando puntualmente los compromisos de la deuda externa y dar continuidad a las relaciones amigables con Washington. 
 Por lo pronto, el establishment pide anuncios concretos para llevar calma al capital privado. Aunque Petro, en su discurso al cierre de los comicios, dio señales contemporizadoras -aseguró que va a “desarrollar el capitalismo”-, esto no es suficiente. El mundo de los negocios reclama más precisiones, entre otras cosas, sobre la composición del gabinete. En la transición que se abre, la clase capitalista no se privará de apelar a golpes de mercado si hiciera falta, de modo de condicionar al gobierno entrante.
 Al considerar otro elemento central de su programa, la reforma agraria, también se decantó por evitar expropiaciones, y recurrir, en su lugar, a la compra pública de tierras ociosas. Se manifestó por un desincentivo fiscal al latifundio, promoviendo un impuesto a las tierras que pemanezcan improductivas. En Colombia, el 1,5% más rico de la población concentra la mitad de la tierra cultivable. 
 El Pacto Histórico incluye también en su agenda una reforma previsional. En Colombia existe un sistema privado que está en crisis, condenando a los jubilados a retribuciones miserables. Pero, en lugar de poner fin al negocio de las administradoras privadas y expropiarlas, se pretende consagrar un sistema mixto, donde la cifra que garantizaría el sistema público sería de indigencia. Es una salida parecida a la planteada por Boric en Chile. El Estado sale en rescate del capital privado, no de los jubilados.
 Los voceros del Pacto Histórico aducen que estas transformaciones generarán una nueva matriz de desarrollo productivo. Para conseguir el financiamiento requerido, hablan de una reforma tributaria que incluye un impuesto a la riqueza y el gravamen indicado a las tierras ociosas. Pero esto tendrá que pasar por el filtro del parlamento, donde quedará mutilado, como ya viene ocurriendo con iniciativas similares de Boric en Chile.
 ¿De dónde saldrán, entonces, los fondos necesarios para la compra de tierras o para una asignación mínima a quienes no han logrado jubilarse, o los subsidios al parado? Está a la vista que todo este armado tiene una base de sustentación absolutamente precaria e incierta. 
 En un país con un déficit gigante, y sin atacar las relaciones de propiedad y la ganancia del capital, más que en presencia del prometido programa de ampliación de derechos sociales (ayuda social, jubilaciones, salud, educación), estaríamos en presencia de su contrario: un recorte del gasto público, con su consabido impacto en el bolsillo del trabajador. 

 Tareas 

Para los luchadores, el fenómeno popular abierto por la victoria de Petro merece la máxima atención. Lo cual no puede confundirse ni con un apoyo “crítico” a Petro ni con la idea de que sería un gobierno “en disputa”, es decir, susceptible de ser “izquierdizado”. 
 La tarea es acompañar la experiencia de trabajadores y campesinos con un gobierno que sienten propio, pero cuyos trazos fundamentales están dictados por los capitalistas. Defender, así, la independencia política y ayudar a que madure la construcción de una dirección alternativa –obrera y socialista. En esa línea se orientó el llamado militante desde las páginas de Prensa Obrera ante la segunda vuelta electoral: votar contra Hernández y el uribismo. 
 Es indispensable levantar una agenda propia, que coloque en primer plano las reivindicaciones obreras y populares, las cuales necesariamente chocarán con los intereses del capital y con los compromisos que Petro busca establecer. Esta es la pelea que tenemos por delante.

Luciano Arienti
Pablo Heller

Tandanor y Astillero Río Santiago: una política privatizadora


Sobre el convenio del Ministerio de Defensa con una empresa finlandesa para la construcción de un buque polar antártico. 
 Privatismo peronista. 

El Ministerio de Defensa nacional acordó con la empresa finlandesa Aker Arctic Techonologies la construcción de un buque polar antártico que se realizará en el astillero Tandanor S.A. en un plazo estimado de cinco a seis años. El monto de la inversión ascendería a 220 millones de dólares para “fortalecer la presencia argentina en las puertas del Atlántico Sur”, teniendo en cuenta la base naval proyectada en Ushuaia, un centro logístico en la mira de los EEUU, China y Rusia.
 Que Tandanor sea beneficiado por esta obra mientras el Astillero Río Santiago sigue virtualmente paralizado y sin trabajo es presentado como un éxito de la reconversión de la empresa estatal en una sociedad anónima, con participación mayoritaria del Estado. En realidad como cotiza en bolsa está habilitado a endeudarse, y por esta vía queda bajo el control del capital privado. Tandanor se quedó con la enorme mayoría de los contratos de construcción y reparación de buques en los últimos años del gobierno macrista y durante toda la gestión de Alberto Fernández. 
 A poco de asumir, el actual presidente del Astillero Río Santiago (ARS ) Pedro Waseijko, dirigente de la CTA que preside Hugo Yasky, declaró su intención de modificar el status jurídico de la planta naval de Ensenada para “favorecer inversiones”. Wasiejko y todo el kirchnerismo político y sindical -en primer lugar la burocracia sindical de ATE- pasaron a defender la llamada “sociedad de Estado” para encubrir una ofensiva privatizadora. La sociedad de Estado responde a los mismos criterios que la sociedad anónima, se rige por su ley y apunta a deslindar la responsabilidad del Estado provincial en el financiamiento de la empresa estatal. 
 Lejos de jerarquizar y reactivar el ARS, la “sociedad de Estado” apunta al desguace y a la reconversión de la planta en un taller de reparaciones con menor personal. Es una forma de eliminar competidores para los capitales navieros constructores privados o asociados con el Estado. Cada trabajo derivado a Tandanor agudiza las presiones de Kicillof, Wasiejko y la burocracia de ATE para intentar imponer lo que los trabajadores del Astillero Río Santiago rechazan. 
 De hecho, el ARS viene siendo marginado de los contratos principales del ministerio de Defensa para beneficiar a la sociedad anónima Tandanor, donde la asociación del Estado con los privados está muy avanzada. En esto se fundaba el gobierno de Macri para querer “dinamitar” al ARS. Con la llegada de Alberto Fernández a la presidencia y de Kicillof a la gobernación bonaerense, esta tendencia a vaciar el Astillero estatal tomó un nuevo impulso. 

 ¿En veremos? 

La deriva que tenga la guerra en Ucrania que enfrenta a la OTAN y al gobierno títere de Zelenski contra el gobierno ruso de Putin será determinante para el futuro del buque Polar y para el destino de los acuerdos comerciales que vinculan a Tandanor con la empresa finlandesa. Está por verse como afecta la restricción de dólares impuesta por el pacto con el FMI, que exige “cuidar las reservas” para pagar la deuda externa. 
 Tanto la fabricación del barco como el Polo Logístico Antártico anunciado por el ministro de Defensa Jorge Taiana en marzo pasado, colisionan con la posible participación de capitales rusos y chinos, que Biden se propone bloquear como parte de su guerra comercial contra el resto de los jugadores. Abriendo el paraguas, fuentes “en off” del propio gobierno nacional siembran dudas sobre las posibilidades reales de construir el buque polar en los plazos anunciados, equivalentes a un tercio de los tiempos reales de fabricación que se manejan en otros astilleros del mundo. 
 Finlandia, recordemos, pidió el ingreso al tratado militar del Atlántico Norte, que comandan los EEUU, no sin choques con las potencias capitalistas europeas. El acuerdo de construcción de Tandanor se hará con un pulpo naviero que maneja el 85% de las embarcaciones de este tipo. A la fecha, el proyecto se encuentra en la fase de desarrollo de ingeniería básica que se estiraría hasta el segundo trimestre del 2023 y debería financiarse con el Fondo Nacional de la Defensa, sujeto a revisiones presupuestarias plurianuales. 
 Además, el futuro del “proyecto” está condicionado al resultado electoral del año que viene y al propio ajuste fondomonetarista, que oficia como auditoría permanente del capital financiero. Las sociedades anónimas o de estado son una vía para la privatización de las empresas estatales, una suerte de neomenemismo del Frente de Todos. La complicidad de la burocracia es evidente en su apoyo al gobierno y al proyecto de la patronal de Astillero Río Santiago, pero también en la negativa a convocar una asamblea general en la fábrica para no lidiar con la respuesta y el rechazo obrero. 
 Las elecciones de delegados en el ARS y de la CTA Autónoma serán parte de una campaña de movilización en defensa de un Astillero estatal bajo control obrero. Así las encarará Tribuna del Astillero (CSC del Partido Obrero). 

 Daniel Rapanelli

martes, 21 de junio de 2022

El desempleo "normal" de Cristina Kirchner y su llamado a estatizar la oferta de trabajo


La vicepresidenta se rodeó de las banderas y pancartas de un aparato sindical para desgranar una frase que debe ser cuidadosamente analizada. “Con esta desocupación -dijo- hay demasiados planes sociales”.
 La interpretación es clara: los planes de empleo se justificarían ante un desempleo propio de las catástrofes económicas; en cambio, hoy estaríamos ante un desempleo, digamos, “normal”: un 7% de desocupación ´abierta´ y otro 12% de subocupación, en conjunto, unos 2 millones y medio de personas. La cifra no incorpora, sin embargo, a aquellos que ya dejaron de buscar trabajo.
 Si, optimistamente, ubicamos en 3 millones de personas a toda esta legión de desocupados o subocupados, los ´planes´ actuales cubren solamente a la tercera parte de ellos – con el agravante de que no ‘cubren’ casi nada; no son el 80 o 60% del salario, como debiera ocurrir con un seguro al parado. Los planes exigen una contraprestación, aun cuando sólo cubren la cuarta parte de una canasta de pobreza. Pero para la vicepresidenta, es demasiada ´cobertura´: delante de los popes de la CTA, abogó por una legión de no menos de 2 millones de desocupados “puros”, expuestos al mercado laboral sin ingreso alguno. 
 Desde la tribuna de la proletaria Avellaneda, Cristina expuso la doctrina del máximo exponente de la Universidad de Chicago, el ultra reaccionario economista Milton Friedman. En los años 50, el catedrático reboleó la teoría de la tasa “natural” de desempleo, o sea, un número “inevitable” de desocupados, siempre disponibles para evitar un ‘estrangulamiento’ de la oferta y una presión a la suba de los salarios, que conduciría a “presiones “inflacionarias”. Friedman es una suerte de tío abuelo adoptivo de Javier Milei. 
 Un siglo antes de los neoliberales y de Cristina, la existencia de una desocupación ´sistémica´ había sido ampliamente desarrollada por Marx. Marx demostró que el capitalismo necesita de una legión permanente de desocupados, como reserva de fuerza laboral disponible y como coacción sobre la fuerza laboral ya ocupada – “si no aceptas el salario que ofrezco, tengo una legión de personas sin trabajo haciendo cola para ingresar”. De todos modos, ese desempleo ‘friccional’ no ha sido obstáculo para que los trabajadores, por medio de la lucha, arrancaran mejoras del salario real y sociales. Para que funcione la “ley de hierro” del salario -que confina a éste al mínimo de subsistencia- es necesaria la colaboración de los sindicatos con la patronal y el estado, y en el extremo, una derrota sustancial de la clase obrera. Quienes estaban sentados al lado de la Vice, Yasky, Moyano y otros, han puesto de sí todo lo que han podido para que el nivel de pobreza de las masas sea hoy el más alto de la historia. 
 Cristina Fernández de Kirchner se hizo eco ayer de los reclamos que suelen enarbolar las patronales del agronegocio, la construcción civil y otras que pagan salarios bajos. Estas patronales aducen que los “planes de empleo” frenan la oferta de mano de obra a los salarios que ellas están dispuestas a pagar. La ´amiga´ del Consejo Agroindustrial colocó en la agenda política al ‘empalme’, aunque con una salvedad – que para ello hay que sacar del medio a las organizaciones sociales, incluso a las que trabajan para el estado. Ocurre que estas últimas, además, han roto con el kirchnerismo. En el caso de un reciente amigo de Eduardo Belliboni, Juan Grabois, opera en banda con Gustavo Grobocopatel, el mayor negociante agrícola de la burguesía nacional. 
 Al igual que esas patronales, u otras como Toyota, Cristina ha salido a perorar sobre la “irracionalidad” de los planes de empleo sin detenerse en el carácter irracional y anárquico del régimen social capitalista que crea esas situaciones. En Argentina, tres millones de trabajadores son condenados al desempleo, por la sencilla razón de que el capital no quiere ocuparlos a una tasa de ganancia determinada, o como consecuencia de las quiebras capitalistas y la guerra. Un régimen social fundado, no en el lucro, sino en la regulación consciente y colectiva del proceso de producción social, uniría esos brazos ociosos a las necesidades -también fabulosas- de vivienda y obra pública, por ejemplo.
 La escalada verbal de Cristina vuela muy por debajo de estos problemas – su interés es colocar al padrón de planes sociales bajo la égida de punteros y gobernadores. Espera reconstruir, tardíamente, una alianza que contribuya a su supervivencia política y judicial. Con su llamado a controlar las importaciones, mediante la coordinación entre el Banco Central, la Aduana, la Afip y el ministerio de Producción, mostró el escaso arsenal del nacionalismo kirchnerista para combatir una crisis que se le ha ido de las manos. 
 El estatismo de Cristina Kirchner, cuando se trata de reemplazar a las organizaciones sociales por medio de planes administrados por Anses, muestra una limitación de los planteos de esas organizaciones. La consigna de la Bolsa de Trabajo, independiente por supuesto del Estado, una institución histórica de la clase obrera internacional, debería ser el instrumento para negociar con las patronales el contrato de nuevos trabajadores. La organización de esa Bolsa debería ser determinada por la libre elección de su dirección y el establecimiento de un control desde abajo. La Bolsa de Trabajo debería relevar las necesidades laborales de la industria, en condiciones de ocho horas estrictas de trabajo y cinco días a la semana. Dejaría al desnudo la superexplotación que significan las horas extras obligatorias, y la necesidad de que su supresión vaya acompañada de un aumento salarial compensatorio. La Bolsa de Trabajo debería contar con un presupuesto del estado para asegurar una alimentación adecuada de las familias sin empleo. Sería, de este modo, una forma de poder obrero en el campo de la lucha contra la desocupación. Funcionaría como un organismo político de la clase obrera en su conjunto. Dejaría al desnudo la complicidad de la burocracia sindical con los despidos, y pondría en la agenda sindical la participación en una Bolsa de Trabajo. La refutación del pseudo nacionalismo tardío de la Vice, es un programa socialista de transición de parte de los trabajadores. 

Marcelo Ramal 
 21/06/2022

Reino Unido: la mayor huelga ferroviaria en 30 años


Los trabajadores frente a la guerra imperialista. 

 Hoy comenzó la huelga ferroviaria más grande en tres décadas en Gran Bretaña. Esta previsto que continúe el jueves 23 y sábado 25. Se calcula que la interrupción se prolongará en los días siguientes hasta el domingo. La huelga fue votada por el 89% de los afiliados al sindicato Rail, Maritime and Transport (RMT). La misma pondrá a 50.000 obreros ferroviarios en pie de lucha. 
 Los trabajadores del metro de Londres también se declararon en huelga, el martes, lo que sumará otros 10.000 obreros a la protesta. Médicos y maestros también están discutiendo ir a la huelga. Los medios ya hablan de la posibilidad de una huelga general, aunque la burocracia de la TUC (la CGT) no tiene la menor intención de hacerlo. El plan del gobierno Johnson es que los salarios de los empleados públicos aumenten por debajo de la inflación. Cuida los gastos del Tesoro. 
 Los ferroviarios reclaman la recuperación del salario real destruido por la inflación y por las condiciones de trabajo. El costo de vida seguirá subiendo, como consecuencia de las sanciones impuestas por la OTAN a Rusia y por los tarifazos al gas Los sindicatos estiman que los empleados británicos han perdido cerca de un tercio de su poder adquisitivo desde 2008, y que el congelamiento salarial vigente desde 2020, configura el mayor retroceso del salario real desde 1830. También reclaman en contra de los 2.500 despidos que pretende concretar el gobierno de Boris Johnson, la reducción de las pensiones y el recorte de dos millones de libras esterlinas en gastos. Sin embargo, el RMT pide un aumento salarial de solamente el 7%, por debajo de la inflación, argumentando que esa era la inflación en diciembre, cuando empezó la discusión salarial. La patronal solo ha ofrecido un 2%, con la posibilidad de un 1% más, bajo la condición de que los trabajadores acepten los recortes de empleo propuestos y los cambios en las prácticas laborales. Como se aprecia en la propuesta, la “modernización tecnológica” viene con una reforma laboral debajo del brazo. 
 Por su parte, Boris Johnson ha respondido con la intención de dar un golpe contra la ola de huelgas. El secretario de Negocios, Kwasi Kwarteng, ha presentado una ley que permitirá contratar rompehuelgas para reemplazar a los trabajadores en lucha, violando así la ley internacional. Además, el gobierno quiere promulgar una legislación que prohíba las huelgas si no se asegura la cobertura del servicio mínimo. Por su lado, la burocracia sindical y el Partido Laborista no esconde el temor de que una ola de huelgas las sobrepase, por eso le piden al gobierno que solucione el conflicto con los ferroviarios. 

 “Verano de huelgas”

 "Gobierno desconcertado por la inminente ola de acción industrial en el Reino Unido", tituló el Financial Times el domingo. Allí se advierte que el gobierno estaba caminando en una 'cuerda floja' para mantener bajos los salarios y que esta política impulsa a múltiples sectores a la huelga, incluso a una "huelga general de facto que podría paralizar toda la economía”. Entre los trabajadores que se pueden sumar a la lucha de los ferroviarios están los trabajadores de la salud, docentes y abogados. La lucha de los ferroviarios marca las pulsaciones de la clase obrera británica y podría convertirse en una lucha bisagra para toda la clase europea, en el marco de la guerra imperialista. El gobierno conservador tiene centrados todos sus esfuerzos en ella guerra, ha aumentado el gasto militar y, por primera vez desde la Segunda Guerra, ha convocado a sus soldados a prepararse para pelear en Europa. 

 Mauri Colón
 21/06/2022

¿A dónde va América Latina? // Con Olivia Campos (Chile), César Zelada (Perú) y Pablo Heller

La guerra revolucionaria es una ciencia (también) de la comunicación


Descarrilarles el tren semiótico 

 Bien pudiéramos aprovechar la fuerza simbólica que nos hereda el descarrilamiento del tren en Santa Clara, ordenado por la comandancia revolucionaria del Ché, y hacer lo mismo con el ferrocarril mediático imperial infestado con municiones semióticas oligarcas. Usar las “topadoras”, “excavadoras” o “bulldozers” que las luchas emancipadoras de los pueblos han producido en la batalla contra la concentración monopólica de medios y de mensajes alienantes. Bien pudiéramos seguir el ejemplo táctico y estratégico de la Revolución Cubana para, entre otras cosas, impedir que lleguen, como llegan, las armas de guerra ideológica del capitalismo, para instalarnos sus misiles tóxicos y sus campos minados con fake news. Vivimos una guerra híbrida e irrestricta que se desplaza sobre rieles tecnológicos, también. 
 Vivimos bajo el fuego de una guerra desplegada en tres frentes simultáneos: un frente económico; un frente terrestre; y un frente mediático, este último especializado en anestesiarnos y en criminalizar las luchas sociales y sus líderes. Tres fuegos que operan de manera combinada, desde las mafias financieras globales, la industria bélica y el re-editado “plan cóndor comunicacional” empecinados en silenciar a los pueblos. Todo con la complicidad de no pocos gobiernos serviles especialistas en gerenciar los peores designios contra la humanidad. Guerras desatadas contra el pueblo trabajador, de todo el planeta, sin clemencia, guerras que no se contentan con imponer su bota explotadora porque quiere, además, que lo agradezcamos; que reconozcamos que eso está “bien”, que nos hace “bien”; que les aplaudamos y que heredemos a nuestra prole los valores de la explotación y la humillación como si se tratara de un triunfo moral de toda la humanidad. Guerra oligarca contra los pueblos que nos sólo es material y concreta… que es también ideológica y subjetiva. Nada de esto es nuevo. 
 Según los dueños de esa guerra, nosotros debemos ser pacifistas, entender sus intereses supra, trans e intra-nacionales; su poder económico-político y su necesidad de dominio. Ellos nos quieren sedados y apaludidores, disfrutando una escalada múltiple de articulaciones alienantes. Que respetemos sus leyes e identidades de clase mientras se inclina la balanza del capital contra el trabajo. Quieren que luchemos por la Paz en un sistema de negocios militares, estratégicos y transnacionales operados desde las centrales imperiales con ayudas vernáculas. Nos quieren pacifistas, ignorantes y desmoralizados, nada de esto es nuevo, lo supimos y lo sabemos. 
 Su industria militar ha desplegado armas bancario-financieras de endeudamiento, inflación y dependencia monetaria, inspirados en la retracción del papel del Estado para reducir y suspender derechos históricos adquiridos. Multiplican sus bases militares con objetivos represores enmascarados bajo todo tipo de disfraces. Sus fábricas de guerra también producen alianzas con los “medios de comunicación” que conforman un plan de discurso único para camuflar incluso las guerras judiciales, las guerras económicas y los muchos episodios de represión, táctica y tecnológicamente, actualizados. 
 Nuestro presente está teñido por una mafia industrial militar que se fortalece disfrazada de democracia, reinan por su estulticia y por los peores ejemplos criminales en todas sus definiciones… despliegan, desnudas, mil y una tropelías de jueces y tribunales que, a contra pelo de toda justicia, desatan persecuciones, encarcelamientos y condenas basadas en la nada misma, o dicho de otro modo, basada en cuidar los intereses y poderes diseñadas minuciosamente para la ofensiva triple que aquí se describe. La guerra irrestricta es ensalada de todo tipo de canalladas para atacar a los pueblos. Su guerra es un gran negocio. 
 Su guerra contiene un plan específico para acostumbrarnos a lo macabro de todas las formas posibles… incluso las del entretenimiento. No son diversiones a-sexuadas o inmaculadas, quien los consume es sometido a una esquizofrenia placentera que nos hiere con ironía intencional e in-entendible. Nos quieren anestesiados hablando, actuando como ellos quieren incluso sin darnos cuenta, imitando sus referentes mercantiles de los “mass media”, con el pretexto de que “eso si es divertido”, de que “así la gente entiende”, de que “esto vende”… nos enseñan a repetir una trampa lógica en la que corremos riesgos de todo tipo, comenzando por legitimar el modo dominante para la producción de formas expresivas. No quiere decir esto que no se pueda descarrilar (consciente y críticamente) el tren de los medios para ponerlos al servicio de una transformación cultural y comunicacional, pero es indispensable definir qué realmente es útil. Hay que estudiar cada caso minuciosamente y eso es algo que muy poco se hace. 
 Transferimos al aparato empresarial bélico, bancario y mediático -sin frenos y sin auditorías- sumas de dinero incalculables. Hicimos leyes que no cumplimos; adquirimos tecnología sin soberanía; no consolidamos nuestras escuelas de cuadros; no creamos una corriente internacionalista para una comunicación emancipadora organizada y apoyada con lo indispensable; no creamos los motores semióticos para la emancipación y el ascenso de las conciencias hacia la praxis transformadora; no creamos un bastión ético y moral para el control político del discurso mediático y el desarrollo del pensamiento crítico… o, al menos, lo que hicimos es realmente insuficiente. Y no es que falten talentos o expertos, no es que falte dinero ni que falten las necesidades con sus escenarios. Hizo estragos, nuevamente, la crisis de dirección política transformadora. Hablamos mucho, hicimos poco. Ni el “Informe MacBride” (1980) supimos escuchar y usar, como se debe. 
 Para colmo, la clase dominante desarrolla permanentemente, medios y modos para anestesiarnos, desorganizarnos y humillarnos sin clemencia. Inventa falsedades alevosas que transitan con impunidad, y sin respuesta, a lo largo y ancho del planeta, siempre con un poder de ubicuidad y de velocidad que nosotros no podemos siquiera medir ni tipificar en tiempo real. Y la inmensa mayoría de las veces lo miramos desde nuestras casas (dormitorios incluso) en forma de “noticieros”, “entretenimiento” o “reality show”. Consumimos sus productos, engordamos sus “rating” y rumiamos nuestra impotencia, hacemos catarsis indignados y enredados en frases hechas mayormente inútiles e intrascendentes. Es urgente descarrilarles el tren semántico y ponernos a construir (es decir avanzar) el sentido emancipador que nos urge. Eso es parte de la guerra. 

 Dr. Fernando Buen Abad Domínguez. 
Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride - Universidad Nacional de Lanús
Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad 
Miembro de la Internacional Progresista 
Rector Internacional de la UICOM
Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

¿Qué está en juego en la lucha de los trabajadores de ARCOR/Bagley Córdoba?