lunes, 27 de mayo de 2019

Una transición tutelada por el FMI



El kirchnerismo ha festejado con un entusiasmo digno de mejores causas la llamada ‘calma de los mercados’ de los primeros días de esta semana. Deducen de ello que la renuncia a la candidatura presidencial de Cristina Kirchner y la nominación de Alberto Fernández habría logrado la aceptación de los verdaderos destinatarios de la movida: el gran capital internacional y nacional, que hasta ahora se mostraba remiso a aceptar una vuelta de la ex presidenta a la Casa Rosada. El entusiasmo también se extendió por el apoyo recogido en un amplio espectro de los gobernadores peronistas, que hasta hace poco parecían integrar el Peronismo Federal. Se trata de un sector clave que cogobernó con Mauricio Macri en sus tres años y medio de gobierno, apoyando su política de endeudamiento voraz y ataque a las conquistas populares de los trabajadores.
La respuesta de los destinatarios estuvo determinada por el contenido del mensaje enviado desde el comando kirchnerista, que presenta la decisión de su jefa como un ‘renunciamiento histórico’ en favor de la Nación. La analogía con Evita, aunque forzada, tiene puntos en común. En el caso de Evita el ‘renunciamiento’ fue impuesto por el alto mando militar. Ahora, con Cristina Kirchner, por la banca acreedora. La historia de la década del ’50 la conocemos: las mismas Fuerzas Armadas que impusieron ese veto, terminaron volteando a Perón en 1955. La historia de este ‘renunciamiento’ de Cristina Kirchner está aún por escribirse, pero podemos suponer sus rasgos generales. Alcanza para ello con ver el equipo económico que asesora a Alberto Fernández. Guillermo Nielsen, el más destacado de ellos, ha fatigado los medios de comunicación en estos años para cuestionarle al macrismo su “gradualismo”. En nombre, claro, de un shock ajustador.
Percatados del currículum de Alberto Fernández, muchos kirchneristas se consuelan señalando que en caso de un triunfo de esta fórmula, Cristina Kirchner tendrá el poder real y podrá controlar sus acciones desde la vicepresidencia. Sería, así, una réplica del “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Pero estamos ante un consuelo de tontos. Héctor Cámpora fue puesto por Juan Perón para eludir la proscripción de la dictadura y para contener el apoyo de la izquierda peronista y de la clase obrera y la juventud. En cambio, Alberto Fernández fue nominado por presión del gran capital. En eventuales choques entre la eventual fórmula presidencial, el Fernández Alberto tendrá el respaldo del gran capital y también del peronismo. Quien corre el riesgo de ser Cámpora es Cristina, no Alberto. La diferencia aquí radica en que los votos los tiene la Fernández Cristina y no Alberto, mientras en el ’73 los votos eran de Perón y no de Cámpora. Pero este hecho refuerza el tamaño de la concesión del kirchnerismo, que le ha entregado la cabeza de la fórmula presidencial a quien no medía en las encuestas ni el 1% de los votos.
La mayoría de los gobernadores peronistas que estaban apoyando la llamada ‘variante intermedia’ entre Macri y el kirchnerismo han encontrado ahora que ésta la encarna el propio Alberto Fernández. Su respaldo a esta candidatura fortalece su carácter derechista. Entusiasmados por lo logrado, ahora van por más. Ya hay fuertes presiones de los intendentes peronistas para que sean ellos quienes nominen al candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires y bloquearlo a Kicillof. Incluso en la Ciudad de Buenos Aires, la nominación de Alberto Fernández recibió el apoyo de Matías Lammens, presidente de San Lorenzo y lavagnista de la primera hora. Lammens pide ahora un gesto porteño: que Mariano Recalde, de La Cámpora, baje su candidatura y lo nombren a él en su lugar. El operativo copamiento puede ser masivo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el kirchnerismo colaboró con la reelección del pejotismo en las provincias, Juan Schiaretti incluido.

Macri en la cuerda floja

La bajada de Cristina Kirchner ha impactado en todas las fuerzas políticas ubicadas a su derecha del tablero político. Roberto Lavagna debió salir del letargo y confirmar su candidatura ante el temor de quedarse solo. El Peronismo Federal se debilitó con la pérdida de varios gobernadores y está más dividido que nunca. Sergio Massa amenaza con irse a unas Paso contra la fórmula Fernández-Fernández, aunque duda porque tiene una derrota cantada. Según las versiones, creería que el giro a la derecha de Cristina Kirchner aún no ha concluido y que podría derivar en la renuncia también a la vicepresidencia. Sin embargo, algunos de los financistas del ex intendente de Tigre, como ser la dupla mediática dueña del grupo América Vila-Manzano, ya se han pasado del lado de los Fernández, especialmente de Alberto. Por su lado, los progresistas, que habían aceptado sumarse al armado del Peronismo Federal, comiéndose el sapo de los Pichetto y compañía en nombre “construir poder”, corren el riesgo de quedar relegados otra vez a posiciones marginales.
El golpe más importante, sin embargo, es a la candidatura presidencial de Macri. Dentro de Cambiemos crece el reclamo de que la bajada de Cristina Kirchner debe ser replicada por Macri, con una indeterminada ampliación de Cambiemos, habilitando unas Paso e incluso con una renuncia al intento reeleccionista. Las encuestas lo colocan por debajo del 30%, pudiendo perder en primera vuelta. Las posibilidades de retener la provincia de Buenos Aires son cada vez menores. Incluso hasta la Ciudad de Buenos Aires podría estar en riesgo, si Alberto Fernández termina nominando un candidato como Lammens. El reclamo de la renuncia de la candidatura de Macri estará incluido en el menú de reclamos de la Convención Radical del 27 de mayo. Incluso los que quieren quedarse en Cambiemos piden su relevo por María Eugenia Vidal y sumar a la alianza, que podría ser rebautizada, la incorporación de peronistas como Juan Manuel Urtubey.
Aunque muchos presenten un escenario así como una polarización reforzada, en realidad, asistiríamos a una disputa entre bloques capitalistas con propósitos y programas similares. El recule de Cristina Kirchner y la nominación de Alberto Fernández coloca el proceso electoral bajo el tutelaje del FMI. Todos los bloques y listas en cuestión se orientan en la misma dirección. Para el macrismo, representa una crisis, porque pretendía explotar de modo excluyente el respaldo del capital financiero.

Disputa estratégica

De más está decir que la llamada calma de los mercados de estos días está lejos de modificar el cuadro de bancarrota general de la economía argentina. El peso de la deuda representa ya el 90% del PBI. La caída de los índices de producción y consumo conviven con una inflación que sigue a niveles muy altos. La mayorista de abril, por ejemplo, se ubicó otra vez por encima del 4%. El Banco Central está virtualmente quebrado, con pasivos que superan largamente sus activos. Sólo en los próximos meses deberá enfrentar vencimientos de Leliq superiores a los 700.000 millones de pesos. La necesidad de recurrir a una emisión masiva para cubrirlos pondría a la Argentina al borde de una hiperinflación. La presión sobre el dólar continúa, como lo prueba la pérdida de reservas que adquiere un ritmo dramático. En menos de un mes se consumirá el 80% del último préstamo del FMI. Lo peor, por lo tanto, está por venir.
La burocracia sindical aborda esta crisis defendiendo los intereses de los bloques capitalistas. El paro del 29 de mayo, convocado por la CGT y el moyanismo, se inscribe en el proceso de recambio político tutelado por el FMI. Mientras va al paro, esta burocracia acaba de firmar paritarias a la baja en muchos sindicatos clave. En oposición a esta política, el Partido Obrero llama a parar masivamente contra el régimen del FMI, su gobierno y las fuerzas políticas que pilotean esta transición para hacerle pagar a los trabajadores la factura de la crisis capitalista.
Para el Frente de Izquierda, así como para el conjunto de la izquierda y los sectores combativos de los trabajadores y los demás sectores populares, la disputa política adquiere un sentido estratégico: el eje de la etapa es separar a los trabajadores del nacionalismo burgués y de las fuerzas que se postulan para pilotear este recambio patronal, planteando una salida de los trabajadores y la izquierda, la ruptura con el FMI y el repudio al pago de la deuda, como parte de un programa de transición para que la crisis la paguen los capitalistas. Es, en ese sentido, que insistimos con nuestro llamado a firmar de inmediato un acuerdo integral del FIT e integrar a la izquierda a listas únicas, y convocar un Congreso para que la vanguardia obrera y popular se movilice políticamente y sea protagonista de la campaña, con un método de lucha de clases. A 50 años del Cordobazo, sería nuestra mejor reivindicación y homenaje.

Gabriel Solano

Brasil: "El inicio de una gran crisis política y de una fuerte recomposición del movimiento de los trabajadores"



Entrevista a Osvaldo Coggiola, docente de la Universidad de San Pablo, dirigente del sindicato docente y militante de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional realizada en el programa de radio “Pateando el tablero” del Partido de los Trabajadores de Uruguay y extraído de su página www.pt.org.uy

PT: ¿Cuál es la situación política en Brasil luego de las intensas movilizaciones de las últimas semanas?
Coggiola: Bueno, la huelga fue una sorpresa para el gobierno porque hubo manifestaciones que reunieron más o menos un millón y medio de personas en todo el país, en las ciudades más importantes. Entonces ha cambiado la situación política, que se caracteriza por una recomposición principalmente del movimiento estudiantil y de los sectores de empleados públicos. Todavía la clase obrera industrial, salvo algunas huelgas, no se ha incorporado aún al movimiento. El gobierno ha reaccionado organizando manifestaciones a su favor, en el día de hoy en Brasilia, y la situación que enfrenta es que la base electoral que le dio la victoria a Bolsonaro el año pasado ha realizado una manifestación mucho menor de la que hubo cuando Bolsonaro fue elegido. Ahora el 30 de mayo, tendremos una nueva huelga nacional de la educación, una paralización nacional de toda la educación. Todo esto en preparación de la gran huelga contra la reforma del sistema de jubilaciones que va a tener lugar el 14 de Junio que va a ser el gran momento para medir fuerzas entre el movimiento obrero y popular y el gobierno.
Esto ocurre en medio de una crisis donde prácticamente en Brasil, por lo menos en materia de política externa, nosotros tenemos en este momento dos gobiernos. Porque en las cuestiones principales desde el inicio del gobierno de Bolsonaro, como por ejemplo, en las relaciones con China o la situación en Venezuela, el vicepresidente interviene sin importar lo que dice el presidente. O sea que tenemos esta situación, y la propia base en el parlamento de Bolsonaro, se le dio vuelta en las votaciones importantes. Es decir, que tenemos el inicio de una gran crisis política y el inicio también de una fuerte recomposición del movimiento de los trabajadores, y principalmente del movimiento de la juventud que es el que está en este momento en las calles.
PT: ¿Cuál es la perspectiva para la izquierda en este cuadro?
Coggiola: La izquierda no ha sufrido grandes cambios desde las elecciones pasadas. Sucede lo siguiente: tenemos el Partido de los Trabajadores, con su principal líder Lula que está preso. Lula se juega como carta de recambio frente a una crisis de este gobierno. En una entrevista muy importante que le fue solicitada, y publicada por el diario El País de Madrid que expresa las posiciones de la Unión Europea. Y debo mencionar aquí que sobre la cuestión brasilera hay una gran división del imperialismo, la Unión Europea está tomando su distancia del gobierno de Bolsonaro por ese le conceden esta entrevista. Lula declaró que el gobierno es un gobierno de locos y, al mismo tiempo, sin embargo llamó a una autocrítica generalizada. Eso significa tender una mano a la oposición, a los sectores que lo pusieron en cana. Él está preso desde el año pasado por esa gente, la vieja base de su propio gobierno. Hasta aquí la situación del partido más importante de lo que se llama de izquierda. ¿Qué se puede decir del resto de la izquierda? El resto de la izquierda, por ejemplo el PSOL, intenta diferenciarse, pero en el momento de las elecciones pasadas presentó un candidato que era un satélite del propio PT. Fuera de eso, nosotros tenemos otra izquierda que es bastante más fuerte en los movimientos de lucha, pero que no existe todavía como alternativa política general, porque no consigue encontrar una política, de un lado, que no sea una política de satélite del Partido de los Trabajadores o situándose dentro de la propuesta que entiende el PT que son propuestas de buscar una salida institucional de acuerdo a la crisis actual, política del gobierno y, de otro lado, defienden políticas que son principalmente movimientistas que no se plantean estructurarse como alternativa política. Por lo tanto el gran problema que tenemos es que no existe la izquierda organizada de tal modo que se pueda plantear una salida obrera y de izquierda a la crisis política del gobierno. Ésta es la gran tarea que está puesta en el orden del día de los militantes marxistas en Brasil.
PT: Una última pregunta. Leyendo los diarios aquí en Uruguay, algún medio coloca la posibilidad de una caída del gobierno de Bolsonaro ¿Coincidís con esta perspectiva?
Coggiola: Mirá, esta crisis hay que seguirla paso a paso, porque no está en absoluto claro lo que va a pasar. Te voy a decir lo siguiente, en el boletín clasista que nosotros publicamos señala, por ejemplo, que el humorista más conocido, leído y seguido del país hizo un chiste sobre Tite – el técnico de la selección brasileña- que decía que Mourâo (el vicepresidente) tenía que empezar a calentar para entrar en campo, lo que hizo reír a mucha gente. Porque efectivamente está abierta la posibilidad de una caída del gobierno. Sin embargo, una caída del gobierno suscitaría una crisis espantosa porque a Mourâo antes de las elecciones no lo conocía nadie, por lo tanto, sería un gobierno absolutamente ilegítimo a los ojos populares. Y plantearía la necesidad de una convocatoria a nuevas elecciones y, eventualmente, frente a la crisis institucional del país inclusive plantearía la cuestión de una Asamblea Constituyente. A esta salida la burguesía le huye como la peste, por lo tanto, en la última semana hemos visto que se han atenuado por parte del sector parlamentario que había que tomado distancia del gobierno, que son la base de los candidatos derrotados en la última elección. Y por otra parte, los grandes medios de comunicación como la O Globo, estaba en una posición claramente hostil a Bolsonaro y deschabando todos los chanchullos que son espantosos de los hijos de Bolsonaro, que no son sólo ladrones y chorros, sino que también están ligados a la milicia que asesinó a Marielle Franco. Un asesinato que conmovió al país y el mundo. Entonces, la propia red O Globo resolvió quitar un poco el pie del acelerador a la confrontación muy fuerte con Bolsonaro, porque éste se apoya en las Iglesias Evangélicas y Pentecostales están avanzando sobre los medios de comunicación y la O Globo pretende continuar siendo una especie de gran monopolio de la comunicación en Brasil.
Es decir, que la crisis al interior de la burguesía es muy fuerte, pero te puedo decir que el movimiento de la última semana ha sido de soltar un poco el pie del acelerador porque bajar al Bolsonaro, hacer un impeachment a Bolsonaro en este momento plantearía una crisis política que podría transformarse literalmente en crisis revolucionaria. O sea que hay un impasse política muy grave y la cuestión es que el movimiento obrero y el movimiento sindical tome la iniciativa. Yo estoy en este momento en una reunión de la dirección nacional del sindicato de profesores universitarios, yo estoy en la dirección, y estamos discutiendo las medidas de lucha en esta situación política para que los trabajadores no sean convidados de piedra en esta crisis sino que planteen su propio programa y lo planteen a través del único medio por el cual pueden intervenir en esta crisis que es a través de la movilización en la calle, de la movilización de masas.

domingo, 26 de mayo de 2019

Néstor Pitrola debate con el peronismo // C5N

"La fórmula anunciada es una concesión al FMI y a los mercados" // Gabriel Solano en c5N

"La deuda es un fraude y es impagable" // Gabriel Solano en Crónica TV

Nora Cortiñas presente en San Miguel del Monte

Alberto Fernández y la economía que viene: ocho años de esclavitud



“Tenemos FMI para ocho años más”, dijo Guillermo Nielsen, del equipo económico de Alberto Fernández. Salir del ajuste después de Macri, una promesa que se esfuma.

Cada vez se escucha menos el planteo de que el ajuste se acaba el 10 de diciembre si pierde Cambiemos en octubre. Eso mismo es lo que sectores del kirchnerismo no paraban de afirmar, apelando a los más implausibles antecedentes de negociaciones con el FMI en las que este habría sido concesivo. Ahora, de a poco, van dando lugar a un discurso sobre la "pesada herencia".
En el video donde anunció su candidatura a vicepresidenta, Cristina Fernández afirmó que estamos peor que en 2001, y que el pueblo no puede permitirse "nuevas frustraciones". Con esta retórica prepara el terreno para invitar a cualquiera que abrigara expectativas en que su Gobierno pudiera marcar el final del ajuste, a hacerse a la idea de que deberá esperar, sencillamente, "menos" que antes. Y eso que ya en los últimos tiempos de su Gobierno había estado bastante raleado por los inicios del ajuste (sobre todo en 2014 con la importante devaluación, los techos salariales y recesión).
Los economistas más cercanos de su candidato a presidente, Alberto Fernández, salieron esta semana a reforzar esa perspectiva. Guillermo Nielsen nos anticipó nada menos que ocho años de esclavitud. Ese sería el plazo por el que, el staff del organismo presidido por Christine Lagarde, vendría a quedarse controlando la economía argentina. Es decir, mucho más que lo previsto por el Acuerdo Stand-by firmado por el gobierno actual.
Continuando con el discurso de honrar las deudas, que ya desde hace varios meses vienen realizando referentes kirchneristas, Nielsen dejó en claro que "Argentina no puede defaultear porque tiene una historia muy siniestra. Me refiero a los fondos buitre. Además defaulteó no hace mucho tiempo atrás". Si "heterodoxos" como Kicillof y Álvarez Agis advirtieron sobre las siete plagas que se nos vendrían encima en un escenario semejante, este experto de las Finanzas, negociador de la deuda en 2005, las descarta de forma aún más tajante.

Nielsen, también contra el "gradualismo"

Cual si fuera Javier Milei o José Luis Espert, Nielsen repite el relato de que el "error" de Macri fue "no bajar el gasto público y aumentarlo". Esto explicaría el déficit fiscal, el endeudamiento y la crisis. Lo mismo que dicen los Milei, Espert, Broda, Melconian.
¿Y los regalos impositivos al agro por las retenciones, para las empresas (por reducción de la alícuota de Ganancias para las que no distribuyen utilidades y de Contribuciones Patronales) y para los ricos (por la reducción de Bienes Personales)? Se ve que le parecen bien porque ni las menciona, a pesar de que contribuyeron de forma notable al aumento del déficit, junto con el peso de los intereses de la deuda que sí critica.
Nielsen solo deja ver una veta "gradualista" al hablar de las tarifas. ¿Rechaza los aumentos que golpearon el bolsillo del pueblo trabajador? Para nada. Al igual que Cambiemos habla de "un retraso tarifario" y reconoce la necesidad del ajuste. Solo cuestiona que "lo quisieron liquidar en tres años". En esta cuestión de ritmos, que no cuestiona el "derecho" de las empresas a lucrar descaradamente con la prestación de servicios públicos esenciales, perdemos igual los trabajadores.
Las explicaciones ortodoxas de la crisis preparan el terreno para continuar, con nuevo ropaje, el Gobierno del FMI y su ajuste. Todo lo contrario de poner en cuestión la deuda impagable, para cuyo pago Lagarde y su staff imponen ajustes que están hundiendo la economía y destruyen el empleo.

Sin "grieta"... para atacar el salario

Como destaca la investigadora Noemí Brenta en Historia de las relaciones entre Argentina y el FMI, bajar el salario en dólares (y el poder de compra del salario), es una pieza estándar en los programas de estabilización del FMI. Esto es clave para bajar la demanda de dólares de la economía (menos poder adquisitivo se traduce en menos consumo, y eso contribuye a disminuir las importaciones). En esto, no hay grieta. Bajo las banderas de la "competitividad" y la "producción nacional", algunos integrantes del "albertismo" han expuesto abiertamente su inclinación por un tipo de cambio alto (peso devaluado).
En su libro Los tres kirchnerismos, Matías Kulfas, otro economista del entorno de Alberto Fernández, señala los efectos "virtuosos" que tuvo el abandono de la convertibilidad en 2002: "La fuerte devaluación en un contexto recesivo y de alto desempleo había generado una nueva paridad cambiaria real muy elevada. El resultado inicial fue un verdadero shock positivo en la actividad productiva: los márgenes de ganancia crecieron muchísimo debido a los salarios bajos…". Esto permitió, cosa que Kulfas admite un poco al pasar, una formidable transferencia de ingresos, golpeando sobre los ingresos de la clase trabajadora para mejorar los márgenes del empresariado. El salario perdió un 30 % de poder de compra. El que compraba un kilo de pan en 2001 pasó a comprar 700 gramos en 2002. Para los patrones, el salario como "costo" cayó mucho más, medido en dólares (55 %).
El "albertismo" habla hoy también de una moneda devaluada. "Recuperar el crecimiento" tiene como precondición ajustar todavía más sobre nuestro poder adquisitivo.

¿"Renegociar" el ajuste con el FMI o rechazar su chantaje?

La argentina afrontará en los próximos 4 años vencimientos por al menos USD 160.000 millones en capital e intereses de la deuda. Es decir, que cada año tendría que pagar USD 40.000 millones, lo que equivale al 10 % del tamaño de la economía (PBI). La mayor parte de estos vencimientos son en dólares, que el país no genera sino que pierde crónicamente gracias a la sangría de los pagos de deuda, fuga de capitales y giros de las firmas imperialistas al exterior, a lo que se suman las importaciones. Y el gobierno de Macri, con aval del FMI, empezó a gastarse todos los dólares que tiene (del BCRA pero también del Tesoro) para generar una sensación de que lo tiene relativamente controlado de acá a las elecciones.
El ajuste para llegar al déficit cero (y superávit en los años próximos), conseguido al precio de recortes en salud, educación, jubilaciones, AUH, y todo lo que no sea pago de deuda y subsidios a las grandes empresas, no asegura evitar el default. Aun si se consigue el equilibrio fiscal, lo que está cada vez más en duda porque con el hundimiento de la economía cae la recaudación, no permitirá que la economía tenga dólares suficientes, que es lo que necesita para cumplir los vencimientos en esa moneda.
Como ni las exportaciones ni la plata que va a aportar el FMI son suficientes para levantar la hipoteca, los “mercados” (es decir los bancos y fondos de inversión internacionales que le prestaron con furor a Macri hasta abril del año pasado ganando mucha plata) hacen cuentas y comprueban lo evidente: la bancarrota de la economía argentina. La deuda, además de ser una expoliación que se lleva a las plazas financieras imperialistas una gran tajada de la riqueza, es virtualmente impagable.
La receta del FMI para cumplir con los acreedores es que se recorten los salarios públicos -que es lo que significa el vergonzoso acuerdo firmado por UPCN esta semana-, bajar las jubilaciones cuando hoy nuestros abuelos no llegan ni a poder pagar los remedios y la comida!, de recortar la educación, la salud, el transporte, etc. Todo para pagar un crédito del que no vimos ni un peso. Quiere decir que si hoy la mitad de los pibes viven en la pobreza con la profundización del ajuste esto va a empeorar, que si los jubilados se tiran a las vías porque no pueden sobrevivir, más todavía van a hacerlo en los meses y años venideros si no ponemos fin a este plan; que si a las familias le están cortando la luz y el gas por impago, más lo van a sufrir todavía en el futuro. Este es el infierno del FMI. Así y todo, numerosos analistas coinciden es que igual vamos a un default. El camino de la "renegociación" de la deuda privada y de los términos del programa del Fondo como alternativa, es un espejismo que es esfumará el 10 de diciembre en caso de que ganara la fórmula Fernández-Fernández propuesta el sábado.
Por eso nosotros decimos: se impone de manera urgente invertir las prioridades: primero el pueblo trabajador, que la crisis la paguen los especuladores y los grandes empresarios.

Esteban Mercatante
@EMercatante
Jueves 23 de mayo | 23:17

Irán y Estados Unidos: ¿al borde de la guerra?



Aunque en este momento parece poco probable, algunos analistas consideran que la escalada conduce a un conflicto armado.

Con el crecimiento del tono beligerante de la administración Trump, endurecimiento de las sanciones económicas y despliegue de un buque de guerra en el Medio Oriente, la tensión está en su apogeo entre los Estados Unidos e Irán.
Recientemente, el presidente de EE. UU., Donald Trump amenazó con "destruir" la República Islámica de Irán en caso de conflicto militar, reviviendo el espectro de la guerra en el Medio Oriente. Un enfoque propuesto por el ala más dura de la administración Trump, los llamados "halcones", que incluye a John Bolton y Mike Pompeo (el asesor de seguridad nacional y secretario de Estado, respectivamente), que luchan arduamente por un cambio de régimen en Teherán. Si bien, la posibilidad de un conflicto directo sigue siendo poco probable por ahora, a pesar de las tensiones (y buques de guerra) de Estados Unidos que se acumulan con el ascenso de Irán como potencia regional, las sanciones económicas impuestas por Washington amenazan con precipitar una crisis en Irán que podría desestabilizar todo Oriente Medio.

El odio hacia Teherán

Un año después de la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán, las sanciones e intimidaciones contra Teherán tienen como objetivo, en parte, contener la influencia de Irán en la región, cuya radiación se ha extendido en los últimos años.
Desde la revolución iraní de 1979 y la humillación de la toma de rehenes en la embajada estadounidense, Washington juró acabar con la República Islámica de Irán. En la administración Trump, la línea Bolton-Pompeo adopta la postura más agresiva a favor de un cambio de régimen. Sin embargo, aunque oficialmente niegan tal inclinación, y afirman que sólo trabajan para lograr una inflexión de la línea política iraní, es difícil creerles, ya que Bolton se ha dedicado a defender la intervención estadounidense en Irak como señala el Financial Times: " Algunos expertos en política exterior se muestran escépticos, en parte porque el Sr. Bolton fue acusado, bajo la administración de Bush, de falsificar información para justificar la guerra contra Irak. Poco antes de unirse a la Casa Blanca, él [John Bolton] también pidió un cambio de régimen en Irán. Con motivo del 40 aniversario de la revolución iraní en febrero, el Sr. Bolton transmitió un mensaje por video a los dirigentes de Irán diciendo: "No creo que tengan más aniversarios para celebrar".
En realidad, la línea adoptada por el ala dura está arraigada en un profundo odio hacia Teherán: "Bolton y los neoconservadores, nunca han digerido la legitimidad política que el acuerdo firmado con los europeos confirió al régimen de Teherán, recuerda en las columnas de Mediapart de Hussein Banai, historiador estadounidense especialista en relaciones entre los Estados Unidos e Irán. Su objetivo final es que Irán sea excluido por la comunidad internacional. Desde la crisis de los rehenes de 1979, la revolución iraní, la guerra Irán-Irak, han detenido su juicio sobre Irán. Piensan que es un régimen revolucionario radical, dirigido por la Guardia Revolucionaria, que, en esencia, nunca puede cambiar y debe ser derrocado".

El fortalecimiento de Irán a Medio Oriente

En efecto, con la retirada de las tropas estadounidenses en el Medio Oriente, que han desestabilizado masivamente la región, sin lograr ninguno de sus objetivos políticos o militares, y la recuperación de Siria de la mano de Al-Assad, Irán se ha ido fortaleciendo como jugador regional, a través de una red de influencia y milicias en el Medio Oriente, particularmente en Irak o el Líbano. Según el sitio web Geopolitical Futures: “La influencia de Irán se ha extendido por todo Oriente Medio y los Estados Unidos se oponen a ello. (…) Desde la administración Obama, la estrategia de Washington ha sido reconocer que la intervención masiva de Estados Unidos en Oriente Medio no ha logrado sus objetivos políticos, pero impusieron costos considerables al ejército estadounidense y desequilibró la posición mundial de los Estados Unidos. Esto ha creado una oportunidad histórica y mucho mayor para Irán. La estrategia de Irán era explotar la división suní-chiíta del mundo árabe, utilizando sus puntos en común con los chiítas para desafiar a las potencias árabes sunitas - incluida Arabia Saudita. En el Líbano, Irán ya había establecido una posición de fuerza a través de Hezbolá, una fuerza árabe chiíta, y vio otra oportunidad en Siria. Mientras que el régimen alauí del presidente Bashar Assad era laico, los alauitas son una secta chiíta con vínculos históricos con Irán. Durante la guerra civil siria, Irán intensificó su apoyo al régimen de Assad y se sumó a la intervención rusa. Teherán y Moscú tenían un interés común en debilitar el poder norteamericano en la región y una estrategia común de utilizar la retirada de los Estados Unidos para hacerlo".
Los "halcones" de la administración Trump, que buscan a toda costa contener a Irán, recurren a todo un arsenal diplomático y económico para presionar, aislar y obligar a Irán a un cambio de régimen. A costa de agudizar las tensiones internas en Irán y precipitar un conflicto en Oriente Medio.
Esta política responde al hecho de que en Siria, fue el bando de Al-Assad el que, en gran medida, salió victorioso, sobre todo Rusia, pero también Irán. Esta nueva configuración preocupa a los Estados Unidos, pero también a sus aliados y pilares del orden imperialista en la región: Arabia Saudita e Israel. Para estos países se trata de impedir que Irán obtenga los beneficios de su «victoria» en Siria, lo que podría permitir alejar a Assad de Teherán y debilitar a los aliados iraníes en la región como Hezbolá libanés, una amenaza directa para Israel.

Sanciones económicas y tensiones geopolíticas en Oriente Medio

Desde la debacle estadounidense en Vietnam hasta Irak, es un hecho que la hegemonía estadounidense, aunque conserva la supremacía, ha sufrido una lenta erosión. Además, a pesar de las repetidas bravuconadas de la administración Trump, tanto en términos electorales como estratégicos, no redunda en interés de los Estados Unidos recurrir directamente a la fuerza armada por el momento, aunque un error podría llevar a los Estados a un conflicto que va más allá de sus voluntades. El experto en geopolítica estadounidense Georges Friedman señala al respecto las limitaciones que pesan sobre Estados Unidos: Dada la multiplicidad de posibles situaciones de combate y de la gran dispersión de las fuerzas, es esencial evitar el combate. Un estallido de guerra en un teatro reduciría la capacidad estadounidense en otro, lo que aumentaría la probabilidad de que una potencia se aproveche de esta debilidad.
Sin embargo, y sin excluir una escalada que pueda degenerar en un conflicto abierto, por el momento, la "doctrina Trump" se basa principalmente en una mezcla de presión diplomática y económica para vencer a sus oponentes y obligarlos a adoptar una política coherente a los intereses del imperialismo norteamericano. El despliegue de buques de guerra en las afueras de la región es una advertencia política más que pura preparación militar. Como señala el Geopolitical Futures una vez más: "En realidad, las sanciones son parte de la estrategia de EE. UU para reducir la exposición militar mientras se usan los medios diplomáticos y económicos para ejercer presión. Irán, cuya economía se había debilitado por sí misma, se ha visto duramente afectado por las medidas económicas de los Estados Unidos. (…) El despliegue de los Estados Unidos es una prueba de dos cosas. En primer lugar, la fuerza aérea constituye una amenaza lo suficientemente grande como para obligar a los iraníes a abstenerse de toda acción agresiva en la región. En segundo lugar, si es suficiente revertir la expansión iraní”.
En este sentido, las sanciones económicas impuestas al régimen iraní han alcanzado sus objetivos principales. La economía iraní sufre las consecuencias de la restricción de la venta de petróleo y sus socios comerciales prefieren retirarse antes que sufrir también los efectos de las sanciones estadounidenses: " Las sanciones de Donald Trump contra Irán provocaron un colapso en el crecimiento económico, señala el Financial Times, empujando a la república islámica a una profunda recesión y llevando la inflación al 40 por ciento, según el FMI. El lunes, el fondo ha vinculado su previsión de una contracción del 6 por ciento en Irán este año con los esfuerzos del Sr. Trump para reducir la presión económica sobre el país”.
Más concretamente, las sanciones contra Irán tienen por objeto socavar la capacidad de proyección de Teherán privando al régimen de sus recursos económicos y restringiendo su influencia regional: “Desde que el presidente Trump introdujera nuevas restricciones comerciales contra Irán el año pasado, aumentando las tensiones con Teherán, al aumentar las tensiones con Teherán que llegaron a un paroxismo en los últimos días, la capacidad de Irán para financiar a sus aliados como Hezbolá se ha reducido", informa Liz Sly del Washington Post. «Las medidas de austeridad adoptadas por Hezbolá son un indicio de la magnitud del impacto de las sanciones de los Estados Unidos, no sólo en la economía iraní, sino también en su capacidad para apoyar sus satélites regionales”.

Las tensiones en el régimen islámico

Sin embargo, debido a que la población sufre los efectos de una alta inflación y una economía lenta, las contradicciones internas en el régimen aumentan y amenazan con desestabilizar una región altamente inflamable.
En efecto, con Irán a la altura de su poder regional, la línea más dura del régimen de Teherán parece estar lista para llegar al final del conflicto, como preocupa al Financial Times: "el cálculo de Teherán tendrá en cuenta que, aunque la administración de Trump y sus aliados intentan aislar a la república islámica y rechazar su influencia, su alcance parece más grande que nunca. Irán se encuentra hoy en el apogeo de su influencia en la región, con mandatarios y aliados profundamente arraigados en Siria, Irak, Líbano y Yemen (...) Este es probablemente el punto culminante de la irradiación iraní".
Como informa el Financial Times, las sanciones de Estados Unidos agudizan la lucha de facciones internas del régimen: "Para el gobierno liderado por Rouhani, era crucial asegurar esta inversión no sólo para mejorar la economía iraní, sino también para limitar el poder y la influencia del IRGC, que ahora controla entre el 20 y el 60% de la economía iraní. Cuatro años después, la economía iraní está destrozada y los opositores de Rouhani tienen todas las municiones políticas que necesitan para actuar contra él (...) Por lo tanto, Irán está contra una pared, y el argumento del IRGC, -según la cual la disuasión nuclear es necesaria para la seguridad nacional de Irán- parece cada vez más válida».
En este sentido, la salida unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear y la imposición de sanciones brutales podrían fortalecer la legitimidad del ala más dura de Teherán, en favor de la reanudación del programa nuclear: "Para Irán, el mayor problema es que no tiene otras tácticas que probar. Los Estados Unidos han incumplido acuerdos y aplicado nuevas sanciones, y ahora han desplegado un grupo de ataque portaaviones y una fuerza de bombarderos operativa en la región». Irán debe inclinar la balanza de una manera u otra, y la amenaza de reanudar su programa de armas nucleares es todo lo que le queda.
Un problema que amenaza con desestabilizar aún más una región marcada por la erosión de la hegemonía estadounidense, el ascenso de Irán, la consolidación de Al-Assad y su aliados, mientras se avecina en el horizonte la rivalidad entre los antiguos aliados iraníes y rusos.
Dada la gran dispersión de las fuerzas estadounidenses en el globo, un conflicto abierto podría precipitar dificultades para el poder estadounidense, que hasta ahora ha privilegiado las restricciones económicas y diplomáticas. Sin embargo, de comerciante, pocos se convierten en militares para la guerra, ya sea por milicias interpuestas o despliegues de tropas, sobre todo en una región tan explosiva con una multiplicidad de actores comprometidos en alianzas contradictorias: de Turquía a Israel, pasando por Arabia Saudí, una región con muchas zonas de conflicto potenciales o actuales: Yemen o Siria.
Diplomático, económico, militar, se trata de no olvidar, según la fórmula de Clausewitz, que la guerra no consiste más que en “una continuación de la política por otros medios”.

Max Demian
Jueves 23 de mayo | 10:28

sábado, 25 de mayo de 2019

Alcances y límites de la Revolución de Mayo



A 209 años del aniversario de la Revolución de Mayo. Apuntes a propósito de los límites y alcances de un proceso que excedió al Rio de la Plata.

El año 1810 y su derrotero fueron producto de un complejo proceso, el cual es difícil de entender si no partimos de más atrás y con la participación de otros actores que colaboraron en el desarrollo tanto del proceso rioplatense como del americano de conjunto. Debemos retrotraernos a fines del siglo XVIII, donde nos encontraremos con una Inglaterra convertida en una potencia naval y comercial desafiante, en plena industrialización. La Corona española era consciente de este enemigo de peso.
La casa de los Borbones decidió implementar a mediados del mismo siglo, una serie de reformas en sus posesiones americanas. Entre las más destacadas se encontraban la creación del Virreinato del Rio de La Plata y su división en provincias en 1776, convirtiéndose Buenos Aires en capital virreinal; el desplazamiento de los criollos de la administración y en particular de cargos de mayor responsabilidad, en favor de funcionarios españoles y en detrimento de la autonomía política criolla; y la creación de un aparato militar unificado tanto para España como para sus posesiones americanas, amenazadas por Inglaterra y su avidez de mercados, materias primas y fuerza de trabajo. A este escenario, se sumó la presión imperialista de la Francia napoleónica. Los sectores dominantes de la oligarquía terrateniente y comercial, de Buenos Aires y el Litoral, fueron los grandes beneficiarios de estas nuevas medidas. El puerto de Buenos Aires se volvió eje de la economía y se acrecentó la posibilidad de vender y comprar mercancías de ultramar, aunque con la intermediación de España.

Los hechos previos a 1810

Andando el tiempo y reformas en marcha, se suceden las Primeras Invasiones Inglesas en 1806, la cual fue repelida, no por ese ejército imperial peninsular sino por los sectores subalternos de Buenos Aires organizados en milicias, mientras el virrey Sobremonte optó por “cuidar” las Cajas Reales llevándoselas a Córdoba. Un Cabildo Abierto lo destituye y surge la figura de Santiago de Liniers como nuevo virrey. Para el año 1807, 9000 corsarios ingleses volvieron a la carga más decididos, las “milicias urbanas” vuelven a evitar la invasión. De este modo, las incursiones británicas desnudaron la debilidad del dominio español en el Río de la Plata y, contrariamente, expusieron el fortalecimiento de los grupos locales criollos, detentores ahora de un poder en armas.
La conmoción seguía en el aire y llegaron las nuevas noticias. España había sido invadida por Francia y la familia real se encontraba presa, mientras Napoleón nombraba rey de España a su hermano José. En respuesta a semejante avanzada, comienzan a erigirse Juntas Insurreccionales, en España y en América. La fragilidad del orden colonial era evidente, hasta que el golpe de gracia llegó a mediados de mayo de 1810: España fue totalmente derrotada ante el asedio de las tropas francesas. Ante la crisis imperial, el 25 de mayo de 1810, en la capital del espacio rioplatense se conforma un nuevo gobierno.

Límites y alcances del proceso revolucionario

Hasta aquí los hechos. Ahora, ¿qué significado tuvieron estos sucesos? ¿Qué tan revolucionario fue el proceso abierto en mayo de 1810? ¿Trajo aparejado reales cambios para los sectores subalternos y oprimidos? Intentaremos responder estas preguntas.
Hay dos debates a destacar sobre este proceso. El primero fue/es una respuesta de la historiografía liberal (léase Bartolomé Mitre), respecto al “carácter patrio” de la Primera Junta instaurada el 25 de mayo de 1810. Es más un mito que una realidad, por un lado porque lo que hoy denominamos “República Argentina”, política y geográficamente, no existió hasta fines del siglo XIX. Fue necesario que corra mucha agua bajo el puente y sobre todo sangre, para hablar de una “nación” o “estado” argentinos, téngase como ejemplo las guerras civiles intestinas entre federales y unitarios (ya que no había siquiera unidad de propósitos en cuanto a un proyecto económico común), la matanza de pueblos originarios y esa gran infamia que se conoce como guerra de la Triple Alianza.
Por otro lado, la famosa “Primera Junta” rendía fidelidad a Fernando VII, es decir, el primer gobierno patrio se declaraba heredero de la legalidad colonial, por tanto no cuestionaba hasta el final la dependencia de la otrora poderosa corona española.
El segundo gran debate o interrogante ¿fue una revolución social o política? A priori, diremos que ni tanto ni tan poco.
Los sectores dominantes económicamente eran por un lado, la oligarquía criolla y comercial de Buenos Aires que fue la gran ganadora con la creación del Virreinato del Rio de la Plata; y por otro la oligarquía del Interior. Si pensamos de conjunto el proceso revolucionario de 1810 hasta la declaración de la Independencia en 1816, no se afectó la estructura de la sociedad. Y si bien hubo participación de esclavos que huían de sus amos para enrolarse en las milicias urbanas o en el “ejército revolucionario” por la libertad, y emergen aspectos radicales (necesarios para una real emancipación) como la política de Castelli en 1811 sobre la liberación de los indios y su igualdad como ciudadanos o la supresión de títulos y signos de nobleza, la estructura de la sociedad no se transformó en absoluto. Los que detentaban el poder económico, lo siguieron conservando.
Al comienzo dijimos que la oligarquía bonaerense y del Litoral tuvo grandes beneficios por el comercio, tanto para comprar como para vender, aunque con la intermediación de España. Si bien la Corona en algún momento tuvo que flexibilizar el comercio del Virreinato con Inglaterra, fue un intento de ganar tiempo a retrasar su propia crisis. La oligarquía porteña quería liberarse del yugo peninsular para hacerse del control del Estado y tener absoluta autonomía política, su objetivo fue derribar a esa capa de “mandones” de alto rango (virreyes, gobernadores, etc.) que protegían los intereses materiales de España y así poder establecer contactos comerciales directos con Europa. Para la oligarquía del Interior la revolución era un modo de escapar del centralismo virreinal que la dejó sin posibilidad de formar parte de la casta de funcionarios. La dependencia de España era una traba para los negocios con Inglaterra.
A pesar de estos límites y los alcances que tuvo, la Revolución de Mayo, es parte de un proceso político-social de luchas independentistas contra España, expresadas a lo largo y ancho del continente americano, entre sus precedentes se encuentra la rebelión de Túpac Amaru y la revolución de los esclavos insurrectos de Haití.

Nadia Dubienski
Estudiante del ISFD 41 de Adrogué, agrupación En Clave Roja

¿Qué rol jugó la Iglesia católica el 25 de Mayo?



La lucha por el derecho al aborto ha puesto en discusión una vez más la relación de la Iglesia católica con el Estado argentino. Los primeros capítulos de esta alianza ya se escribían en aquellas jornadas de Mayo.

El papel político de la Iglesia católica y su presencia en estas tierras es historia conocida. La conquista y colonización española del territorio americano, la expoliación de los territorios de los pueblos originarios y su usurpación contó con el aval de la Iglesia católica durante los siglos que se extendió. Lejos de una nación cuya esencia religiosa se fundó en el catolicismo, América “se convirtió” al cristianismo colonial luego del genocidio indígena y la destrucción de las creencias autóctonas y de origen africano y en algunos casos, en una especie de sincretismo, los ídolos autóctonos terminaron absorbidos al imaginario católico del régimen de dominación colonial.
Desde el inicio de la conquista, el Papa como vicario del mundo, concedió el derecho de soberanía sobre los territorios conquistados y luego el derecho de patronazgo a una de las monarquías europeas más confesionales de la época, la española. El trato era el siguiente: a cambio de consagrar el catolicismo como única religión permitida en los territorios encontrados y el compromiso de evangelizar a su población, el rey quedaba habilitado a intervenir en asuntos religiosos, como la designación de los cargos eclesiásticos (obispos, canónigos y párrocos), en consulta y aprobación de la autoridad religiosa, incluyendo la habilitación de parroquias, misiones, la recaudación del diezmo y la gestión de sus recursos económicos. Lo que se dice, un buen negocio para todos.
Repasemos. Los sucesos de Mayo por el cual las elites criollas se hicieron del poder político fue el inicio de un proceso más amplio de carácter continental cuyos objetivos independentistas respecto de España no se definieron en forma inmediata, ya que la Primera Junta actuaba como heredera de la legalidad colonial frente a la capitulación de la monarquía española ante Napoleón y se había constituido en nombre del monarca prisionero Fernando VII. En ese sentido, la Revolución de Mayo no fue una revolución social sino un recambio político de la élite gobernante que, limitando el español, daría mayor relevancia al comercio inglés. Fue el comienzo del proceso de construcción de una élite criolla vinculada a la dominación del capital británico, proceso que se profundizará durante la segunda mitad del siglo XIX.
La ruptura con la España colonialista que se inició el 25 de mayo de 1810 no abolió aquel derecho regio sino que lo mantuvo en manos criollas. Tampoco fue anticlerical - se dice que el mismo Mariano Moreno suprimió de la traducción del texto El contrato social de Rousseau todas las referencias críticas hacia la religión. Por el contrario, como veremos, el nuevo gobierno apeló al poder de la Iglesia católica como una institución privilegiada para asegurar la contención social del nuevo orden en construcción. Si durante los siglos previos la Iglesia católica había contribuido con la dominación colonial, se ponía ahora al servicio de las nuevas elites. Se alineó con los nuevos “mandones” protegiendo algo más que la continuidad del mundo espiritual… más bien la fuente de su poder y recursos.
Su papel fue fundamental para los grupos dominantes. Garantizó, en un contexto de perspectivas políticas inciertas, los lazos de integración y disciplinamiento durante la primera etapa de la formación nacional. Como señala María Elena Barral, “En el proceso de cambio político que se abrió en 1810, los curas se encontraron disponibles y con un conjunto de recursos en sus manos, de gran valor para las tareas que el flamante contexto político necesitaba; liderazgo, conocimientos y vínculos.” (Curas con los pies en la tierra. p. 70).
La presencia del clero en las jornadas de Mayo fue indiscutible. Muchos de sus integrantes provenían de las familias criollas, ilustradas, que limitados para ocupar cargos políticos encontraron en las milicias, después de las invasiones inglesas de 1806-1807, y la Iglesia una vía de ascenso social.
El apoyo del clero criollo se inspiró en diferentes movimientos ideológicos de la Ilustración europea, entre los que se destacaba el del jesuita Francisco Suárez, quien sostenía que el poder temporal no emanaba en forma inmediata de Dios sino radicaba en el pueblo. Como señala Fortunato Mallimaci, el cristianismo colonial ibérico se continuó en los catolicismos latinoamericanos proindependentistas pero debía presentarse como distinto para seguir legitimando y legitimándose en el largo plazo. Claro que hubo voces disonantes, como la del obispo de Buenos Aires, el español Benito Lué y Riega defensor de la sujeción colonial a toda costa - incluso británica como había declarado durante las invasiones inglesas - quien en el Cabildo del 22 de mayo había sostenido que: “El mando sólo podrá a venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un solo español en América”.

Fiel servidora de la “patria”

Su respaldo se expresó en los diferentes espacios a los que el proceso de 1810 dio lugar. Fueron parte del elenco gobernante, incluyendo representantes en los gabinetes de los años inmediatos a la ruptura colonial. No debería sorprendernos que casi treinta sacerdotes, entre los “vecinos decentes”, hayan accedido al Cabildo abierto del 22 mayo y la Primera Junta contara con la presencia del sacerdote Manuel Alberti como uno de sus vocales.
O que la Junta Grande a finales del mismo año, reuniera a un importante grupo de clérigos como Gregorio Funes de la provincia Córdoba, Juan Ignacio Gorriti de Jujuy, Francisco Uriarte de Santiago del Estero, Juan Paz de Mendoza o Manuel de Molina de Tucumán, entre otros. Unos años más tarde, en el Congreso constituyente de 1816, en Tucumán, que declaró la independencia, después de los letrados en leyes, la delegación que le seguía en número fue la de los sacerdotes.
El clero urbano y rural politizó abiertamente sus prácticas y los discursos religiosos según las necesidades políticas de los poderosos. A pocos días del 25 de Mayo de 1810 en la catedral de Buenos Aires se realizó una celebración de gracias, el llamado Tedéum (en latín: "A ti, Dios"). Desde el púlpito el deán del cabildo eclesiástico, Diego Estanislao de Zabaleta dirigió a los presentes una “exhortación cristiana”: “debéis tranquilizaros, después de haber instalado vuestro gobierno (...) Debéis estrecharos con los fuertes vínculos de la paz y la caridad para disfrutar, bajo el nuevo gobierno, las ventajas de una amable sociedad”, apelando a la obediencia en momentos de incertidumbre.
Esta ceremonia, que recuerda el 25 de Mayo, es casi la única que se conserva con suficiente fidelidad desde 1811. Un rito medieval en pleno siglo XXI cuya vigencia se explica por su poder simbólico e instrumental en manos de la retrógrada curia argentina: reforzar la creencia de una esencia católica inalterable desde los primeros días de la patria y mantenerla como una formidable tribuna política. Si quedaran dudas, basta un repaso de su uso y abuso del por entonces cardenal Bergoglio en sus cruzadas políticas antes de ser elegido como Papa Francisco.
La Iglesia católica prolongó su influencia como grupo de poder. Producida la Revolución de mayo, la Junta emitió un oficio en el que señalaba que los días festivos, luego de las misas, los sacerdotes debían propiciar la lectura de la Gaceta de Buenos Aires, el periódico impulsado por Mariano Moreno, secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta. Así decía: “todo ciudadano, después de instruido de los dogmas de la religión que profesa, debe también estarlo del origen y forma del gobierno que se ha constituido y a quien ha de prestar obediencia; (...) se sirva expedir circulares a los curas de la diócesis, para que en los días festivos, después de misa, convoquen la feligresía y les lean la Gaceta de Buenos Aires”.
No era una medida más. Las celebraciones religiosas y la prédica desde el púlpito llegaban a todos los grupos de la sociedad, especialmente analfabeta, expresaban el punto de vista de la nueva elite. Tuvo un propósito estratégico, pacificador: el de limitar y controlar la movilización popular generada por la ruptura con los realistas para someterla política y socialmente, pues el gobierno recién constituido debía consolidar su posición en el poder, ganar el apoyo de lo que quedaba del antiguo virreinato y asegurarse la adhesión de los plebeyos, empezando por la ciudad capital.
Las parroquias eran una bisagra que comunicaba la ciudad con la campaña. Contaban con un capital invalorable: no solo la posibilidad de control de los llamados "vagos" y pobres de la sociedad sino el conocimiento exhaustivo de los habitantes pues, en ausencia de registros civiles, las confesiones y bautismos mediante, funcionaron como censos de población y de parentesco. Aprovechando la confluencia de los pobladores, las elecciones aún restringidas durante las primeras décadas posteriores a la revolución se realizaban los días domingos o festivos convocadas en conmemoración de algún santo. En ellas no fueron pocos los curas y sacerdotes candidatos al servicio de la elite.
Como señala la historiadora Marcela Ternavasio, la ruptura política de Mayo iniciaba el abandono del principio monárquico sobre el que se fundaban las relaciones de obediencia y mando. Por eso, el poder eclesiástico fue una pieza esencial para crear una liturgia de legitimidad de los nuevos grupos de poder y en los años siguientes, se ocuparon de darle un carácter sagrado al proyecto que emprendieron las elites dominantes.
Desde los “primeros días de la patria” hasta la actualidad la Iglesia católica ha trazado un firme recorrido: el de representar una milenaria y oscurantista institución al servicio de los poderosos, predicando la resignación para asegurar el sometimiento de los oprimidos en épocas de paz pero especialmente en épocas de crisis.

Liliana O. Caló

Merlo: ¿cómo es el distrito que gobierna Menéndez y donde se presentó la dupla Fernández-Fernández?

La dupla Fernández-Fernández se presentó en Merlo, con motivo del acto de inauguración del Parque Néstor Kirchner en los terrenos de la quinta municipal “La Colonial”, que pasará a ser un lugar público. La "épica nestorista" en uno de los distritos más castigados y con una enorme precarización.

Si hay algo característico del intendente de Merlo es su gran versatilidad política. Luego de coquetear con Massa y Felipe Solá, tras algunos roces con sectores del kirchnerismo que lo acusaban de estar cercano al macrismo, Gustavo Menéndez, el mayor defensor del aborto clandestino entre los intendentes, quien hace unas semanas puso en pie el Frente Justicialista Cristiano, fue anfitrión de Alberto y Cristina Fernández, en su primer aparición en público luego de lanzar la fórmula.
Tanto Menéndez que se vuelve a postular como intendente, como el flamante binomio Fernández, aprovecharon esta oportunidad para sus objetivos de campaña.
La quinta municipal, que era utilizada de forma privada por el anterior intendente el “Vasco” Raúl Othaché, en este acto fue abierta al público por Menéndez intentando así una vez más diferenciarse de la anterior gestión.
Lo que busca esconder es la continuidad en cuestiones esenciales tras 28 años de gobierno del peronismo, donde lo que abundan son las penurias para el pueblo trabajador.
Tan sólo con ver las condiciones de trabajo de los municipales de Merlo nos damos una idea. La precarización laboral, que afecta principalmente a la juventud y que se extiende por todo el distrito, se puede contar por miles entre los municipales.
Consultados por La Izquierda Diario nos informaron que el sueldo que perciben en blanco es de $ 8000 y con suerte llegan a $ 12.000 por un adicional en negro que no siempre les es remunerado. Un gran sector trabaja como contraprestación de planes sociales, como por ejemplo los “Argentina Trabaja”, con jornadas que van entre las 6 y las 8 horas cuando legalmente deberían ser de 4 horas diarias.
Pero no sólo la precarización es laboral. La precarización de la vida de conjunto está presente en diferentes aspectos de los merlenses. Lo podemos ver en el lamentable estado de los hospitales, donde faltan insumos y profesionales a pesar de los pomposos anuncios del intendente. En la escasa infraestructura que existe en las populosas barriadas del distrito, donde a pesar de las fuertes subas en los impuestos locales, que se suman a los tarifazos impagables, la mayoría de los hogares no cuentan con cloacas, ni asfalto, ni agua potable, ni conexión de gas.
La continuidad en las condiciones de vida de las amplias mayorías en el municipio, después de tantos años de gobiernos peronistas, plantea que por más que logren ganarle a Macri poco tienen para ofrecer más que resignación y un claro compromiso con el FMI. Compromiso que cada vez que puede Alberto Fernández se encarga de ratificar, en vez de invertir las prioridades y poner por delante las enormes necesidades que tiene el pueblo trabajador, como propone el Frente de Izquierda.

Matías Pore
@pore_69
Sábado 25 de mayo | 17:35

La fórmula Fernández-Fernández haciendo buena letra en Wall Street



La declinación de CFK a postularse como candidata presidencial y la designación de Alberto Fernández para que encabece la lista es en sí mismo, como ya lo hemos caracterizado, un intento por vencer la reticencia del gran capital a un eventual regreso del kirchnerismo al poder. Es indicativo, en ese sentido, el proseguir del operativo en marcha con el que la fórmula anunciada por la ex presidente busca recoger un apoyo entre el capital financiero internacional.
Si Kiciloff ya había dado garantías ante el FMI de la voluntad de pago de la deuda contraída por el acuerdo stand-by que suscribió Macri, reforzó ahora ese compromiso en una reciente reunión con altos ejecutivos de importantes fondos de inversión en Estados Unidos, organizada por el Citibank. Allí, acompañado por otros economistas de su palo, insistió en descartar la posibilidad de implementar un default, “y se mostraron mucho más moderados de lo que creían los fondos que iban a encontrar” (El Cronista, 24/5).
Este operativo seducción ante el capital imperialista parece ser una tarea prioritaria del ex ministro de Economía, quien dos semanas atrás había revelado en una conferencia en Washington que "cuando en 2015 nosotros intentábamos una negociación con los fondos buitres, representantes de nuestra oposición viajaban a prometerles pagos superiores, así complicaron cualquier posibilidad de acuerdo” (LPO, 11/5).
A aquella conferencia de Kiciloff asistió el empresario José Luis Manzano, del Grupo América, quien se encontraría trabajando ahora en el armado de una gira por Estados Unidos para que el flamante candidato Alberto Fernández tenga sus primeros contactos con fondos de inversión y sectores empresarios. Manzano y su socio Daniel Vila (que posó en primera fila en la presentación del libro de Cristina Kirchner en la Rural) ejemplifican al empresariado que se aleja del macrismo fracasado, veía con expectativa el armado de Argentina Federal, y ahora toma como propia la candidatura de Fernández.
Estos gestos para mostrar una impronta “promercados” de la fórmula Alberto-Cristina son más que un simple guiño: son la hoja de ruta que se trazan como recambio patronal al gobierno en ruinas de Mauricio Macri. Es lo que confirmó Guillermo Nielsen, vocero económico del ahora candidato presidencial, en una entrevista a Ámbito (23/5) donde aseguró que en Argentina “hay FMI para 8 años más”. Si ello fuera poco, criticó al macrismo por no haber disminuido el gasto público en la medida que el capital reclamaba, es decir que adelantó una política de ajuste frontal en caso de triunfar en las elecciones.
Este intento por seducir al capital financiero internacional –objetivo primordial de la renuncia de CFK a su candidatura presidencial- muestra el contenido de fondo de un armado que poco tiene de “nacional y popular”. Sólo el Partido Obrero y el Frente de Izquierda defienden un programa de defensa de los intereses nacionales y de las mayorías populares contra los planes del FMI y el gran capital, sobre la base del repudio a la deuda externa usuraria.

Iván Hirsch

Alberto Fernández, el default y los socialistas



El candidato designado por Cristina declaró “Rechazamos el default, no somos socialistas” (Cronista Comercial, 20/5). La definición es astuta, sólo que los socialistas del Partido Obrero y el Frente de Izquierda no proponemos el default.

El default es la declaración de quiebra o insolvencia de un gobierno capitalista que quiere pagar la deuda, pero ha fundido sus finanzas y/o reservas en divisas y no puede afrontarla. La investigación y no pago de la deuda que proponemos los socialistas es la decisión soberana de un Estado de los trabajadores que ordena su economía a partir del no pago de la deuda, a excepción de aquellas acreencias que estén en manos de los jubilados o pequeños ahorristas, y no en manos de la banca acreedora, los fondos de inversión, los organismos multilaterales de crédito o los créditos de potencias imperialistas (caso Club de París, por ejemplo).
Un gobierno capitalista que defaultea, ordena su economía para el repago de la deuda, sin tocar los fundamentos económicos que llevaron a la cesación de pagos y, por lo tanto, ajustando contra los trabajadores para encontrar los recursos que no reunió en las anteriores condiciones económicas. Es lo que ocurrió en 2002 tras el default, en el marco de una megadevaluación, una desocupación de más del 20% y una caída del poder adquisitivo gigantesca.
Fue el gobierno capitalista de Adolfo Rodríguez Saá el que declaró el default de 2001/2002, y luego el ministerio de Remes Lenicov con Eduardo Duhalde el que aplicó una devaluación del 200% tras el corralito y el corralón, medidas que dejaron a millones de desocupados en la calle, licuando las tenencias de los ahorristas y desvalorizando en masa salarios y jubilaciones.
La “competitividad” provisional de esa etapa se basó en los salarios “recontra bajos”, mientras el dólar “recontra alto” hacía las delicias exportadoras. Los superávit gemelos, fiscal y comercial explotaron una reactivación mundial que ayudó a la “salida sojera”. Esta situación se prolongará hasta el canje de deuda de Roberto Lavagna, ya en tiempos de Néstor Kirchner en 2005, cuando se retoma el pago de la deuda.
Más tarde, vendrá el canje II de la mano de Amado Boudou en 2010, del que sólo quedarán afuera los fondos buitre por voluntad de ellos mismos. Luego, Kicillof pagó al contado la famosa deuda con el Club de París. Néstor Kirchner cancelaría al contado la deuda con el FMI con reservas del Banco Central a cambio de un bono de deuda del Tesoro que sigue allí, como pasivo del Banco Central.
Los fondos buitre terminarán cobrando 10.000 millones de dólares por una deuda diez veces menor, ya en tiempos de Macri, pero con aprobación peronista en el Congreso por parte de los diputados y de los gobernadores que hoy aportan a la tan pregonada “unidad del peronismo para enfrentar a Macri”. Kicillof se opuso a este pago a los buitres que el macrismo defendió para “volver al mercado internacional de deuda”. Pero la propuesta del keynesiano ex ministro cristinista no fue el no pago a los buitres, sino pagarles en los mismos términos que el canje I y II.
A esta altura importa clarificar que el canje I y II fueron un enorme negocio para el capital financiero, porque rescataron bonos basura que cotizaban centavos en el mercado internacional y habían provocado quebrantos importantes en las finanzas mundiales. Esos canjes incluyeron los famosos “cupones PBI” que resultaron un jugoso negocio. Digamos, por fin, que tanto Duhalde como Néstor Kirchner nunca dejaron de pagar al FMI, al Banco Mundial y al BID, y que esos organismos multilaterales de crédito no tuvieron quita alguna.
El resultado de la “salida” kirchnerista del default fue el “pago serial” de casi 200 mil millones de dólares del que se jactó Cristina cuando llegó la etapa crítica del agotamiento del endeudamiento “intraestatal” con el que se fue pagando la montaña de deuda ilegítima y usuraria heredada de la dictadura: el blindaje, el megacanje y todos los negociados de los últimos 40 años. Sin embargo, el pago serial no ahorró el enorme déficit fiscal, la inflación, el endeudamiento del Banco Central, el cepo y el desesperado intento de volver al mercado privado internacional de deuda de los últimos años de Cristina. En ese altar llegó el impuesto al salario, la desvalorización de jubilaciones y salarios, el ajuste contra los docentes y la salud, y se agravaron la precarización laboral, el trabajo en negro y la pobreza.
El no pago de la deuda que proponemos los socialistas, al contrario del default, es parte de un plan económico integral de los trabajadores: una banca pública única que termine con la fuga de capitales y destine el ahorro a la industrialización del país, el monopolio del Estado del comercio exterior para administrar las divisas, la nacionalización bajo gestión obrera de los recursos energéticos y estratégicos de todo orden, el reparto de las horas de trabajo disponibles entre todos los trabajadores y la recomposición de salarios y jubilaciones, así como la gestión de la moneda en función de este plan económico decidido y dirigido por los trabajadores.
Alberto Fernández, que fuera gerenciador menemista de las AFJP, legislador de Cavallo y jefe de Gabinete del canje de Lavagna, ya está eligiendo para su equipo a tipos como Guillermo Nielsen, funcionario estrella de Lavagna en el canje I, que tendrán por misión “renegociar” el pago de una deuda impagable. Tal vez, transformar el stand by del FMI en un crédito de facilidades extendidas, lo cual tendrá como contrapartida nuevos sacrificios y ajustes. Y convocar a los acreedores privados para una reestructuración, nombre elegante de un país que se presenta a decir “no puedo pagar”. Es decir que, bien mirada, es la política continuista de repago de deuda de Alberto Fernández la que nos llevará al default y no los socialistas del Partido Obrero y el FIT.
Un gobierno de trabajadores comerciaría con quien fuera necesario en un escenario mundial de guerras comerciales. Macri paradójicamente aisló a Argentina del mercado de deuda, que hoy cobra tasas imposibles (riesgo país 900 puntos), y por ello terminamos en las garras del FMI. “Pagar deuda con crecimiento” no depende sólo de sacrificios inenarrables para las masas, sino también de una economía mundial que hoy está en camino a la recesión.
El PO-FIT hará docencia política y programática sobre la importancia de romper con el FMI y repudiar la deuda, así como sobre las consecuencias nefastas de la política de quienes se presentan como recambio de los planes fondomonetaristas. Prepararemos a los trabajadores para las seguras luchas que vendrán, cualquiera sea el gobierno capitalista que surja en octubre. Para mejor llevar la palabra de clase y socialista a todos los luchadores insistimos en un Congreso del FIT.

Néstor Pitrola

jueves, 23 de mayo de 2019

Alberto Fernández contra la legalización del aborto



Entrevistado en Tiempo Sur, durante su visita a Santa Cruz, Alberto Fernández, entre otras definiciones, se refirió al tema del aborto y dijo que considera que “no hay que avanzar tan rápido hacia la legalización del aborto” porque “divide a los Argentinos”.

Lo que Alberto Fernández considera “demasiado rápido” son 100 años de lucha del movimiento de mujeres en Argentina por este derecho y un movimiento de lucha que en 2018 conquistó el apoyo y la opinión favorable de la población, inundó las calles y logró la aprobación en la Cámara de Diputados y llevar el debate a Senadores. Si el aborto no se aprobó fue por los bloques mayoritarios del Congreso, peronistas, radicales y macristas, que priorizaron sus vínculos con el clero al reclamo popular por la legalización del aborto para terminar con las muertes de mujeres por aborto clandestino. Esa alianza es la que envalentonó a las iglesias contra el aborto legal, el aborto no punible y los derechos de las mujeres. La división en el tema del aborto es entre los derechos de las mujeres y la Iglesia.
No podía ser de otra manera. La fórmula que cuenta con el aval del Papa ya había anticipado esta posición, cuando CFK llamo a unir “pañuelos verdes y celestes”. Esa “unidad” impone la renuncia al aborto legal: es en detrimento de “los pañuelos verdes” y en favor de un reforzamiento del control social sobre las mujeres y los trabajadores que opera la Iglesia en función de evitar un levantamiento popular contra todo el régimen del FMI. Alberto Fernández y Cristina Fernández se ofrecen como candidatos "de Estado", no del movimiento popular ni de los trabajadores: contra el aborto y a favor de pagar la deuda al FMI.
Son declaraciones que deben ser destacadas y debatidas en el movimiento de mujeres, en las vísperas de una nueva presentación en el Congreso del proyecto de ley de aborto. Sectores del movimiento de mujeres, ya en 2018 llamaron a “continuar la lucha en las urnas” y sostuvieron que había que encaminar al movimiento de mujeres hacia un recambio electoral al peronismo que garantizaría el aborto. Solo 4 días después de presentarse la fórmula de ese espacio político, dan por tierra con estas ilusiones.
Con estas conclusiones debemos movilizar masivamente el 28 de mayo. Queda claro que solamente la fuerza de la ola verde y volver a ganar las calles podrá conquistar al aborto legal y terminar con las muertes por aborto clandestino. El Frente de Izquierda defiende y promueve de manera irrestricta esta lucha, por el aborto legal y la separación de la Iglesia y el Estado.

Prensa Obrera

En la UBA no hay grieta: macristas y kirchneristas con la precarización y privatización

La sesión Consejo Superior de ayer (miércoles 22 de mayo) fue una escuela política. Por un lado, se puso crudamente de manifiesto la sintonía entre los decanos kirchneristas y macristas tanto en la privatización científica y educativa, como en la defensa férrea de la burocracia sindical. Del otro, la movilización estudiantil mostró un camino contra el ajuste, arrancando el pronunciamiento de la UBA por el boleto educativo y por el aborto legal. En el marco del Congreso Extraordinario de la FUBA, compartimos algunas reflexiones para que sean debatidas por todo el movimiento estudiantil.

Becas de investigación al servicio de las empresas

En medio de un ajuste criminal en ciencia y tecnología, y mientras los Jóvenes Científicos Precarizados protagonizaban un cabildo abierto por la ciencia y los derechos de los investigadores, el Consejo Superior de la UBA votó la creación de un programa de becas de maestría y doctorado co-financiadas con “instituciones externas”. El mecanismo es el siguiente: la UBA le paga el investigador el 50% de una beca doctoral y la otra mitad ($15000 hoy) la debe aportar la empresa, vía monotributo o alguna otra forma de contrato precario. Durante 5 años, el “becario” investiga en el tema que se haya acordado con la empresa y, concluida la beca, no tiene derecho a reclamar continuidad laboral ni indemnización alguna. La propiedad intelectual y las patentes que puedan surgir de la investigación se reparten en partes iguales entre el capitalista y la UBA.
Por si quedaba alguna duda de la orientación privatista de la iniciativa, el Secretario de CyT, Coffone, aclaro que “todos sabemos que timbres tocar; si quiero hacer algo en metalurgia, llamo a Techint”. Blanco sobre negro, Coffone pretende que la UBA subsidie a Paolo Rocca la mitad del salario de un investigador durante 5 años y encima regalarle los frutos de su investigación. Pero además, Coffone puso al desnudo el aspecto perverso de esta política, en la medida en que presiona a los grupos de investigación a dirigirse a las grandes corporaciones si pretenden alguna chance de sobrevivir en el vaciado sistema científico argentino.
Este engendro privatista y precarizador contó con el voto favorable del decano K de Exactas, cuya única delimitación fue que no le pidieran su opinión. La crisitinsita Morgade (Filo) se abstuvo porque juzgo que reconocerle el 50% de la propiedad intelectual a la empresa era demasiado. O sea que su diferencia con la privatización macrista es de carácter “porcentual”. El único consejero que votó en contra fue el de la UJS-PO que, además de denunciar la orientación rabiosamente capitalista del proyecto, advirtió su probable inviabilidad. Es que en un país con una capacidad ociosa cercana al 50% y un derrumbe industrial que no toca fondo, ¿qué capitalista va invertir en investigación científica? Una iniciativa similar de Barañao ya fracaso hace algunos años, en un cuadro más favorable. Cómo nunca, hoy la defensa del desarrollo científico nacional requiere la ruptura con el FMI y un plan de industrialización dirigido por los trabajadores.

Todos y todas con la burocracia sindical

El segundo tema intenso de la sesión fue la entrega de $65 y $50 millones a las burocracias sindicales de ADUBA y APUBA respectivamente. Una vez más quedó de manifiesto que Daniel Ricci (ADUBA) y Jorge Anró (APUBA) trabajan para el rectorado y para el gobierno -y que cotizan alto su entrega de las paritarias docentes y no docentes. No se trata solo de una metáfora, recordemos que Jorge Anró además de ser Secretario General de APUBA es empleado de Barbieri en la “Secretaría del Bienestar de los Trabajadores Universitarios”, una incompatibilidad manifiesta.
En el caso de ADUBA, entre lo que se aprobó ayer y lo votado en la sesión anterior, recibió la friolera de $97 millones de la Universidad de Buenos Aires en una evidente retribución a la firma de la rebaja salarial, las sumas en negro y la violación del Convenio Colectivo de Trabajo. Para dimensionar el número, bastaría para rentar más de 600 docentes ad honorem como ayudantes de primera. Si comparamos con los gastos de funcionamiento, habría alcanzado para DUPLICAR el aumento que recibieron las facultades este año. Y sin embargo, todos los decanos votaron sin chistar a favor de este regalo millonario a Ricci. De parte de los decanos kirchneristas, su compromiso con el sostenimiento material de la burocracia sindical más rancia es una poderosa señal política, incluso teniendo en cuenta que el kirchnerismo universitario tiene su propio emprendimiento sindical (FEDUBA).

Barbieri con Fernández-Fernández

En su informe final, el rector Alberto Barbieri no se privó de manifestar su entusiasmo con el planteo de Cristina de un “nuevo contrato social”. Para quienes conocemos su trayectoria, no fue ninguna sorpresa, recordemos tan solo que nuestro Alberto iba a ser el Ministro de Educación de Scioli. No deja de ser, sin embargo, un golpe de realidad para quienes ordenaban su discurso en torno al “rectorado de Cambiemos”. Habrá que esperar para ver cómo se reordenan las camarillas universitarias en la perspectiva del recambio presidencial y no sería raro que la Franja Morada pacte un cogobierno de la UBA con el kirchnerismo, como ocurrió durante 12 años. Lo que está claro, es que una lucha en serio contra el rectorado privatista y ajustador solo es posible desde la independencia política.

Profundicemos la movilización independiente

En una sesión marcada por la privatización de la investigación y los pactos millonarios contra los docentes, el contrapunto fueron los dos proyectos presentados por la minoría estudiantil que encabeza la UJS-PO: el pronunciamiento de la UBA por el Boleto Educativo y para que no computen faltas a quienes nos movilicemos el 28 por el Aborto Legal. La FUBA se movilizó a las puertas del rectorado por estos reclamos. La asamblea general de hoy debatirá si se profundiza este camino de lucha por nuestras reivindicaciones o si nos subordinamos a los socios de la burocracia entreguista y de la privatización educativa. No será, en cualquier caso, el último capítulo de esta pelea.

Juan Winograd
Consejero Superior por la minoría estudiantil

La masacre de San Miguel del Monte la parió el Estado

Vamos con todo a la movilización de familiares por justicia para los pibes, el viernes 24 de Congreso a Plaza de Mayo.

Luego de que el fiscal Héctor Bogliolo confirmase que los cuatro chicos accidentados y muertos en San Miguel del Monte huían de una balacera policial sin justificación, el ministro de Seguridad Cristian Ritondo salió rápidamente a anunciar la detención de los tres agentes de la Bonaerense que participaron de la persecución, así como la separación de otros nueve miembros vinculados a la acción represiva y su ocultamiento, entre ellos el superintendente de La Plata y el jefe de la Departamental de San Vicente.
Los hechos volvieron a mostrarle a la población la completa descomposición de las fuerzas represivas. Los familiares denunciaron que a uno de los fallecidos, el conductor Carlos Aníbal Suárez, la policía le había sacado una coima semanas atrás para no retenerle el auto por falta de papeles, y que podía estar evitando una nueva extorsión de la policía cuando esta inició la balacera. Tras el choque fatal, el auto y los cuerpos habrían sido retirados rápidamente, en un claro intento de encubrimiento denunciado por el padre de Danilo (otra de las víctimas). Las primeras pericias sobre los hechos las hizo la propia Policía Bonaerense comprometida, que lanzó luego una versión completamente falsa, según la cual se había recibido una denuncia del auto al 911, no hubo disparos y se dio solo una señal de alto a los jóvenes, que “escaparon a toda velocidad y embistieron contra un camión”; falsificación que fue replicada por el Ministerio de Seguridad provincial y por la intendenta massista, Sandra Mayol. Luego, los familiares que reclamaban justicia fueron reprimidos.
A la luz de toda esta inmundicia, las medidas de Ritondo se revelan como un claro intento de cortar en los represores separados una cadena de responsabilidades que alcanza al poder político.
Ritondo señaló que los desafectados “no solamente han manchado el honor de la Policía, el uniforme, sino que han deshonrado a muchos de sus compañeros”, pero el inicio de una balacera sin justificación alguna es justamente lo que promovió el gobierno nacional en diciembre, con un protocolo que daba libre vía a las fuerzas federales para el uso de armas de fuego, bajo la doctrina Chocobar de que “la Policía no es culpable en un enfrentamiento”. Como se dice en las manifestaciones populares antirrepresivas, “no hubo errores ni excesos”: la muerte de cuatro jóvenes que tenían toda la vida por delante es la consecuencia directa de una política de Estado.
El patovica a cargo de la Seguridad bonaerense aseguró que la separación de los asesinos y encubridores vendría acompañada del diseño con Mayol de un “nuevo formato de policía en Monte” (cuyos agentes cuentan con múltiples denuncias de los vecinos, entre ellas por el atropello semanas atrás de un chico que andaba en moto). Pero las “purgas” que ya llevaron adelante Ritondo y Vidal no redujeron un ápice el carácter mafioso de la Bonaerense, como volvió a mostrar el tiroteo con agentes de la Federal, que mostró un entramado común de los agentes con el narcotráfico.
En San Miguel del Monte se ha producido una nueva masacre de una mafia de enemigos del pueblo, entreverada con el crimen organizado y represora de las manifestaciones populares. Se plantea una lucha a fondo por el completo esclarecimiento del crimen y por justicia para los pibes, que implica que paguen por sus responsabilidades desde los gatilleros hasta sus promotores en el poder político.
Mañana, vamos a una movilización masiva junto a los familiares de Danilo, Gonzalo, Camila y Carlos Aníbal, por justicia, contra el gatillo fácil, a las 17 horas de Congreso a Plaza de Mayo.
Por una transformación social de raíz, que lleve al desmantelamiento de las fuerzas represivas y al fin de sus atropellos criminales.

Tomás Eps

Qué significa el paso al costado de Cristina Fernández

Quedó consumada la decisión del gran capital de que Cristina Fernández y su equipo no puedan acceder al gobierno.
Fue sorprendente la decisión de la expresidenta de postularse como candidata a la vicepresidencia y poner como aspirante al cargo máximo a Alberto Fernández, sobre quien más abajo se darán algunos detalles elocuentes. Pero en modo alguno podía caber duda sobre el hecho de que la “abogada exitosa”, dos veces Presidenta, debía buscar un atajo para evitar otra derrota electoral después de las tres extremadamente gravosas que sufrió desde 2013.
Resta todavía despejar dos incógnitas esenciales: 1. ¿Es el último movimiento de la expresidenta o faltan algunos capítulos de la telenovela? 2. Esa gran burguesía que bloqueó el camino a los remanentes del llamado kirchnerismo ¿está dispuesta a permitir el retorno del Partido Justicialista (PJ) al poder, o sostendrá la continuidad de Mauricio Macri?
Por el momento es otra victoria del oficialismo, aunque todavía está irresuelto si el Frente amplio burgués (Fae) se recompone y decide quién ocupa la Casa Rosada a partir de diciembre próximo o consolida su fractura y a las elecciones de octubre próximo van dos o tres candidatos, con el mismo programa pero con diferente base de sustentación directa, con las clases dominantes formal y explícitamente divididas.
El próximo martes 21, comienza el juicio oral a la expresidenta, además de su exministro Julio de Vido (también a cargo de Planificación durante los cuatro años de mandato de Néstor Kirchner), el socio comercial Lázaro Báez, el vituperado operador José López (célebre por llevar bolsos colmados de dólares a un convento) y otros tantos que acudirán al tribunal desde la cárcel donde cumplen prisión preventiva.
Una exitosa operación de prensa impuso la idea de que Alberto Fernández (AF) fue informado por su jefa Cristina Fernández (CF) el miércoles 15 de que su nombre sería anunciado como candidato a Presidente el sábado 18 por CF, que en un gesto de extraordinaria generosidad se contentaría con la candidatura a vice.
Es una patraña. En realidad esta candidatura resulta del estridente fracaso en la maniobra de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para postergar sin fecha el juicio a CF. La insólita decisión de este cuerpo que salvaba a CF del oprobio durante la campaña electoral, fue anunciada el martes, fracasó en menos de 48 horas y obligó a un apresurado cambio de planes.
La prensa tradicional se mostró escandalizada por la connivencia de cuatro miembros de la CSJ para “elegir a Cristina Presidenta”, tal como dijo en un crudo editorial un probado defensor del statu quo, que sin embargo mostró singular arrojo e influyó en gran medida para que los supuestos defensores de la justicia debieran retroceder de inmediato e ignominiosamente. Gestora de esta operación fulminante es la misma prensa que protegió a AF y su musa repitiendo que el arreglo entre jefa y subordinado ocurrió el miércoles 15.
No hay sino una explicación para todos estos pasos en falso y su evidente manipulación periodística: la perplejidad del gran capital frente a la reaparición agravada de la crisis política y las sanguinarias peleas internas por hallar una salida e imponerse, cada fracción, como fuerza hegemónica. Dicho de otro modo: las dificultades extremas para sostener la reelección de Macri.
En un texto fechado a fines de abril (Adónde va la burguesía en Argentina) reiteré la afirmación de que aun en sus disputas internas, el gran capital local y extranjero excluía la posibilidad de un retorno al poder de una protoburguesía asociada a sectores menores del capital, con CF a la cabeza. En la imposibilidad de obtener ese visto bueno radica el paso desesperado de la ahora candidata a vice. Si el paso al costado es o no una carta de negociación para obtener impunidad, se verá con el tiempo. Pero está claro que AF es el frágil parapeto con el que se pretende afirmar una perspectiva de eventual negociación con Washington, con el FMI y el gran capital local, en primer lugar con ciertos medios de prensa.
AF fue un mentor inicial de Kirchner. Fue su jefe de gabinete durante cuatro años y durante un primer período de CF. Su único cargo electivo fue el de legislador (concejal) en la Capital Federal. Lo logró en el año 2000 en la lista de Domingo Cavallo. Iba detrás de la Sra. Elena Cruz, quien por defender ardorosamente al dictador Jorge Videla terminó separada de su banca y dejó paso al ahora candidato a Presidente. AF tuvo además estrechos lazos con el exdiputado Eduardo Varela Cid, personaje más que oscuro radicado en Miami, denunciado como agente de la CIA entre otros por Carlos Andrés Pérez, ex presidente socialdemócrata de Venezuela, a su vez conocido como hombre de la agencia estadounidense en su país. También administró la campaña presidencial de Eduardo Duhalde y Palito Ortega, motivo por el cual se lo vinculó a fondos provenientes del cártel de Juárez y a la penetración de esta organización narcotraficante en la provincia de Buenos Aires.
AF es, además, pero acaso en primer lugar, también un enemigo pertinaz de la Revolución Bolivariana y del presidente Nicolás Maduro.
Hasta ahora los ataques al flamante candidato se redujeron a reproducir sus tremendas acusaciones contra CF mientras estaba asociado al Sergio Massa, antes de salir de ese partido nonato para dirigir la fallida campaña de Florencio Randazzo y, finalmente, recalar otra vez junto a CF como asesor principal de la campaña que ahora lo tendrá como figura principal.
Como queda dicho, resta saber si el peronismo autodenominado republicano se reúne en torno a Roberto Lavagna –lo cual significaría que al menos un sector importante del Fae decide llegar a segunda vuelta para luego competir con Macri- o deja paso a la continuidad del actual Presidente. También queda pendiente el destino de la ahora candidata a vicepresidenta. Por estas horas hay nerviosas negociaciones en el cenáculo más exclusivo de las clases dominantes.

Luis Bilbao
@BilbaoL

miércoles, 22 de mayo de 2019

Los desafíos de la izquierda en el nuevo escenario político



La fórmula Alberto-Cristina: un giro para conformar un futuro Gobierno de “pacto social” con factores de poder de cara a la crisis. Los economistas del nuevo candidato a presidente ya anuncian más recortes fiscales y devaluación. Los desafíos de la izquierda en la campaña electoral y hacia el año que viene.

El anuncio de Cristina Kirchner postulando a Alberto Fernández como candidato a presidente, con ella de vice, pateó el tablero electoral 2019.
Cuando la mayor parte de los análisis y estrategias políticas se basaban en un escenario de intensa polarización entre Macri y la ex presidenta, surge un nuevo panorama que, en parte, obliga a recalibrar las armas de la crítica y la lucha política.
En este marco, nos referiremos en este artículo a analizar qué se puede esperar de la fórmula Alberto-Cristina, y a la ubicación de la izquierda en el nuevo marco político.

Una gran batalla política, una perspectiva estratégica

Durante los meses que dure la campaña electoral, la izquierda tiene un desafío de primer orden: llegar a millones de personas con una voz clara para advertir que frente al desprestigio del macrismo, la fórmula Alberto-Cristina se basará para su campaña en la ilusión que tienen millones de sacarse de encima a Cambiemos, pero que, en caso de que ganen, esas expectativas serán defraudadas. Como analizaremos más adelante, esto puede ser adelantado desde hoy, dado que ya se han comprometido a cumplir con los pagos de la deuda y con el FMI, por lo cual no tendrán más alternativa que continuar con planes de ajuste.
A la par de esa campaña, es necesario sembrar las ideas fundamentales de un programa alternativo para que la crisis no la paguen otra vez las grandes mayorías, y organizarnos con miles para esa pelea, fortaleciendo la perspectiva de construcción de un partido revolucionario y preparándonos para ser una fuerza decisiva en los próximos acontecimientos agudos de la crisis y la lucha de clases que, si logran conducir la situación durante el 2019, se darán bajo el próximo Gobierno. En este camino, el Frente de Izquierda (que a su vez llama a una mayor unidad para estas elecciones bajo un programa de independencia de clase) se propone también ser expresión de los cientos de miles de trabajadores, mujeres y jóvenes que apoyan un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y se preparan para enfrentar los ataques, gane quien gane.
Por último, pero no por eso menos importante, adelantemos que en los próximos años, si gana el macrismo, enfrentaremos desde el comienzo a un Gobierno muy debilitado, pero si gana el peronismo se abre la posibilidad histórica de una experiencia con esa fuerza en el poder, lo cual dará lugar al surgimiento de nuevos fenómenos políticos y de la lucha de clases.
Arranquemos entonces por afilar la crítica contra el proyecto político de la nueva fórmula presidencial.

El significado del armado electoral que impulsa Cristina Kirchner

Primero discutiremos los gestos y las alianzas, para luego ir al programa y los números.
Por un lado, desde ya que dice mucho en sí mismo el hecho de que el elegido como candidato a presidente haya sido un hombre con pasado de funcionario menemista, legislador electo en las listas de Domingo Cavallo, amigo de las corporaciones que renunció al Gobierno de Cristina tras el enfrentamiento con las patronales del campo y con Clarín, para deambular luego por el massismo y el randazzismo, hasta volver con CFK tras toda una pirueta.
Sobre esto, no puede haber dudas: la elección del candidato apunta a convencer a todos los factores del poder económico y político de que no hay ningún riesgo de “giro chavista”, sino que el rumbo elegido es el de proponerse garantizar el orden necesario para continuar con los pagos de la deuda y los acuerdos con el FMI durante la crisis en curso.
Esta interpretación, lejos de ser forzada, no es más que la coronación y máxima expresión de un curso político que ya se venía desarrollando con importantes gestos.
Hacia el capital financiero internacional, esa orientación se venía sugiriendo con Axel Kicillof mostrando desde hace meses un tono conciliador, con reuniones con el FMI y promesas de pagar la deuda hasta el último centavo. Hacia los grandes capitalistas nacionales, con un discurso que ya desde el año pasado viene sosteniendo que bajo los gobiernos K los balances de empresas como Arcor eran mejores que ahora, y sobre todo a los bancos garantizándoles que seguirá la especulación financiera. Y hacia el peronismo, con el apoyo a candidatos de derecha en las provincias (Perotti, Schiaretti, etc,) y reencuentros con referentes de la burocracia sindical, como la resonante reconciliación de Cristina Kirchner con Hugo Moyano.
Complementa esta orientación el discurso de la ex presidenta hacia sus bases, “avisando” que por la gravedad de la crisis actual la situación va a ser “muy difícil de revertir”, según expresó en el video con el cual comunicó su decisión de ir de candidata a vice.
Incluso antes de lanzar la campaña electoral, ya están acusando la “herencia recibida”. Imagine el lector lo que vendrá después.
El objetivo de esta advertencia no es otro que intentar moderar las aspiraciones de quienes voten la fórmula Alberto-Cristina, ya que, como señaló la ex presidenta, lo difícil no será tanto ganar las elecciones, sino gobernar. Vamos entonces al nudo de la cuestión.

Un “contrato social” para hacer pasar los planes del FMI

El principal problema estratégico que tienen las clases dominantes en Argentina es cómo abordar los ajustes y pagos que exigirá el FMI durante los próximos años en cualquier “renegociación” de una deuda impagable, sin que la resistencia del pueblo trabajador haga fracasar sus planes de ataque y ponga en cuestión la llamada “gobernabilidad”.
En este marco se debe entender la política de “contrato social de ciudadanía responsable” que está promoviendo la ex presidenta, y que se propone como un intento de hacer un Gobierno más fuerte del que sería un hipotético segundo mandato de Mauricio Macri, que después de años de desgaste y con una gran oposición social, correría el riesgo de ser muy débil desde el comienzo. Por su parte, la variante de Alternativa Federal comienza a perder fuerza con este último giro conciliador del kirchnerismo, aunque para ver su perspectiva electoral definitiva resta saber cómo actuará el “factor” Sergio Massa.
El intento de postular a Alberto Fernández como articulador de un frente más amplio del peronismo (cuyos resultados concretos se terminarán de conocer el 12 y 22 de junio con la presentación de alianzas electorales y candidatos), y por esta vía del conjunto de la burocracia sindical, busca conformar entonces una coalición de Gobierno con mayor volumen de fuerza para imponerle a la clase trabajadora los planes de ajuste.
Recordemos que el Pacto Social del 73-74, tomado como modelo por la ex presidenta durante su discurso en la Feria del Libro, buscó limitar las reivindicaciones de una clase trabajadora que estaba a la ofensiva después del Cordobazo del ´ 69 y el retorno de Perón, por medio del congelamiento de paritarias por dos años. La burocracia sindical jugó entonces el rol de aceptar este acuerdo (que terminó en una gran crisis en el ‘75) y de integrar las bandas paraestatales de la Triple A para reprimir a aquellos que quisieran sacar los pies del plato, como se mostró en numerosas huelgas y ocupaciones de fábrica que cuestionaban el acuerdo.
La analogía histórica, como siempre limitada, tiene sin embargo otro punto de comparación esencial: un eventual triunfo de una fórmula peronista puede alentar en gran medida las expectativas de las masas que, desplazado Macri, quieran recuperar el salario y los puestos de trabajo perdidos en estos años, así como anular los tarifazos.
Es por eso que, en caso de ganar una fórmula peronista la presidencia, durante el próximo Gobierno es probable que veamos mayores niveles de lucha de clases, motivadas por la expectativa de recomponer las condiciones de vida.
Contra esas aspiraciones que no puede cumplir, el bloque político y social que busca conformar la fórmula Alberto-Cristina pretende un “contrato social” para imponerle a las grandes mayorías la aceptación de los planes que dicte el FMI.
En las garras del FMI: los economistas de Alberto Fernández ya anuncian más ajustes
Dentro del equipo económico de Alberto Fernández, sobresalen algunas figuras. Nos referiremos a dos de las centrales y al pensamiento económico que han expresado en los últimos días.
Si bien la nueva fórmula de candidatos no ha enunciado un programa de Gobierno, es importante seguir los indicios que dan sus principales referentes económicos para previsualizar el rumbo que tomarían en caso de llegar al Gobierno.
Uno de ellos es Guillermo Nielsen. Antes de ser candidato por el massismo en 2015 en la Ciudad de Buenos Aires, lo que más resalta en su trayectoria es haber sido parte de los negociadores con el FMI en los años posteriores al 2001.
En una entrevista publicada el pasado domingo, al economista le preguntaron “Qué le espera a la Argentina para después del 2019”.
Su respuesta, cruda, fue sencilla: un brutal ajuste fiscal. Cuentan también que hace poco le dijo a Cristina Kirchner que “tenemos diez años más con el FMI”.
Sobre el ajuste que se viene en caso de que lleguen al Gobierno, lo explicó así concretamente: “El Gobierno que venga necesita no déficit cero, sino superávit de tres puntos del PBI. Es decir, se necesita un ajuste de cuatro puntos del PBI y el punto de partida inicial es de un exceso y récord absoluto de presión tributaria”.
Para decirlo de otro modo: esos 4 puntos implican recortar el equivalente a dos veces el presupuesto sumado de toda la salud y la educación públicas! Como si Macri no hubiera hecho un gran ajuste, vienen aún por más, para poder destinar una gran masa de recursos al pago de deuda a los especuladores.
Estas declaraciones de Nielsen tienen el “mérito” de confirmar lo que viene denunciando el Frente de Izquierda: que el próximo Gobierno deberá pagar 160.000 millones de dólares de deuda, y que una “renegociación” con el FMI solo puede ser a costa de aceptar las recetas drásticas del organismo internacional.
Por su parte, otro referente importante vinculado al equipo de Alberto Fernández, Matías Kulfas, se viene mostrando partidario de una devaluación (que traería más tarifazos e inflación) y alertando que una recuperación económica no puede ser traccionada ni por el gasto, ni por el consumo. Es decir que para solucionar la falta de dólares de la economía nacional el que deberìa esperar es el salario, ya que las divisas serían para pagar la deuda.

Las tareas de la izquierda

El PTS-Frente de Izquierda se propone en el momento actual una gran campaña de agitación, propaganda y organización para organizar a miles y llegar a millones con denuncias claras y un programa de salida a la crisis. Al mismo tiempo, apoyamos con todas nuestras fuerzas cada lucha contra el ajuste, y exigimos que la burocracia sindical no haga medidas de fuerza aisladas (como este 29 de mayo), sino que convoque a un plan de lucha con continuidad hasta derrotar los planes de ajuste.
Entendemos el deseo de millones de sacarse de encima al odiado Gobierno de Mauricio Macri, pero advertimos al mismo tiempo que nada bueno puede venir de ninguna de las variantes del peronismo que, como demostramos, se proponen seguir adelante con los acuerdos con el FMI y aplicando ajustes que recaerán sobre las espaldas de las grandes mayorías.
Para tomar uno de los problemas más sentidos por millones, los tarifazos, los mismos no harían más que continuar con cualquier plan económico que priorice pagar la deuda, el ajuste fiscal y la devaluación. Lo mismo puede decirse respecto del retroceso de los presupuestos destinados a salarios, salud o educación. Si queremos revertir la “herencia recibida” del macrismo, el camino no es precisamente con el peronismo.
Menos aun podrán revertirse, con un país absolutamente condicionado por el FMI, problemas estructurales como la pobreza o la precarización laboral que no vienen de ahora, sino que también son parte de la herencia de la dictadura y el neoliberalismo que tanto el kirchnerismo como el macrismo dejaron intactas.
Al revés que el macrismo y el peronismo, para la izquierda primero están las necesidades del pueblo trabajador. Rechazamos cualquier “renegociación” con el FMI que implique más tarifazos, el aumento de la pobreza, la caída del salario, la pérdida de millones de puestos de trabajo, la condena al hundimiento de la salud y la educación públicas, y todo para que unos parásitos especuladores del capital financiero sigan saqueando al país e hipotecando el futuro de las próximas generaciones por una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.
También decimos bien claro que ningún “pacto social” puede ser con los empresarios, que ya dijeron que su programa es el de reforma laboral, reforma jubilatoria, ajuste fiscal y pago de la deuda a los especuladores hasta el último centavo. Sus intereses son opuestos a los nuestros. Toda conciliación con ellos será para seguir garantizando sus ganancias a costa de mantener a las y los jubilados con hambre, ver caer nuestro salario, salud y educación.
Bajo estas banderas, desde el Frente de Izquierda insistimos asimismo en el llamado a Luis Zamora y otras fuerzas de izquierda para potenciar también en las elecciones una unidad que en el marco de la crisis le dé más fuerza a los planteos de la izquierda anticapitalista.
La actual campaña electoral, cobra entonces un carácter preparatorio para las próximas etapas de la crisis. Si por alguna circunstancia el macrismo ganara las elecciones, iremos a un Gobierno débil que rápidamente dará lugar a una gran crisis resistencia a sus planes. Pero también el probable escenario del peronismo en el poder atacando a las grandes mayorías abrirá a una nueva experiencia histórica, y al calor de ella agudos acontecimientos de la lucha de clases y la posibilidad de construcción de un gran partido revolucionario que pelee por un Gobierno de los trabajadores, por una sociedad organizada no en función de las ganancias capitalistas, sino al servicio de las necesidades de las grandes mayorías.

Fernando Scolnik
@FernandoScolnik
Martes 21 de mayo | 23:45