sábado, 9 de abril de 2016

Tras el tarifazo: SUBE la bronca



Aumentos del 100 % en el transporte. Crecen la bronca y el descontento en el pueblo trabajador. El gobierno nacional y su falso federalismo.

Este viernes empezaron a regir los nuevos valores para el transporte urbano de colectivos y trenes en la Ciudad de Buenos Aires y en el Conurbano. Se trata del área más poblada del país, por lo que la suba de la tarifa afecta a millones de personas.
Desde el gobierno y el Ministerio de Transporte, a cargo de Guillermo Dietrich, se justifica la suba por la necesidad de realizar un “sinceramiento” de la economía. La postura oficial afirma que los montos que se cobran por esos servicios se hallan “relegados” en función de las necesarias inversiones que no se realizaron.
El argumento desnuda, por un lado, el carácter abiertamente pro-empresarial de la gestión Cambiemos que, como no podía ser de otra forma, decide acrecentar las ganancias del capital. Por otro, pone al desnudo la realidad de una década donde los subsidios millonarios entregados desde el Estado nacional estuvieron puestos en función de garantizar las ganancias de las empresas que controlaban el servicio, a pesar de la casi absoluta falta de inversión. La explicación de la Masacre de Once, como quedó en evidencia en el juicio, se encuentra en esa connivencia entre funcionarios gubernamentales y empresariado.
Frente al brutal mazazo que implican las subas, el gobierno presenta la tarifa social como salida para amplias capas de la población. Precisamente por eso, cuando empezaron a regir las subas, se multiplicaron las largas colas en los lugares destinados tanto a la carga de la tarjeta SUBE como aquellas destinadas a la gestión de la tarifa social. La posibilidad de acceder a la misma está limitada a titulares de la AUH, la Asignación por embarazo, jubilados y pensionados, titulares del Plan Progresar, personal de servicio doméstico y veteranos de la Guerra de Malvinas.
Es preciso señalar que millones de trabajadores que perciben un salario muy por debajo de la Canasta Familiar -e incluso por debajo del salario mínimo, vital y móvil- quedarán por fuera de la misma.

SUBE la bronca

Hace pocos días, el mismo ministro Dietrich afirmó que los aumentos del transporte “no eran tanta plata”. La frase desnuda la impunidad de la casta política-empresarial que dirige hoy el Estado nacional. Muy lejos de eso está el sentir de millones de “personas de a pie” que ven las subas como un golpe brutal a su nivel de vida.
Ale es trabajador metalúrgico y vive en la zona Oeste del Gran Buenos Aires. Le dice a La Izquierda Diario que “antes gastaba 220 mangos por mes y ahora voy a empezar a gastar más de $440, lo que equivale entre el 15 y el 20 % de mi sueldo. Encima que es poco no va a rendir para nada”.
Como le ocurrirá a millones de trabajadores, Ale va a tener que “empezar a comprar menos cosas, hacer que a los chicos les duren más las zapatillas o comprarles de menor valor. Lo mismo con la comida”. Acorde con la suba de los precios de la carne, agrega que “el ‘gustito’ del asado ya está quedando en el olvido”.
Maira vive en Florencio Varela y es estudiante en la Universidad de Lomas de Zamora. Trabaja por horas en la Ciudad de Buenos Aires. “Hago trabajo de limpieza en diferentes lugares de la ciudad y me pagan en negro” la dice a La Izquierda Diario. “En el día me tomo tren, colectivo y a veces hasta subte” agrega. No gana más de $4000 al mes y, además, por ser estudiante, tiene gastos en sus apuntes.
Carolina es estudiante secundaria y vive en Guernica. “Obviamente lo considero una medida injusta, que principalmente afectara a la clase trabajadora y a los estudiantes. Es una locura” dice.
Hasta el momento del aumento, como máximo pagaba $200 en transporte por mes, pero ahora no bajará de los $600. “Yo en lo personal, doy las gracias por no tener que viajar todos los días en tren y al colectivo lo evito. Pero mi hermano usa el colectivo los 5 días de semana”.
Walter es docente en el partido de La Matanza, tiene a su madre y 2 hijos a cargo. “Gano $18mil al mes, pero hoy me di cuenta que tendría que sumar más horas de trabajo porque la combinación entre aumento de la canasta, combustible, transporte de mis hijos y los impuestos equivale a un 70% más de lo que gastaba antes. Eso en el marco de que el aumento a los docentes no llega ni a la cuarta parte de eso”.
Celeste es estudiante y vive en el sur del Conurbano. También estudia. “Son más de $800 solo de boleto para ir a la Universidad de Lomas donde estudio. El único ingreso que tengo $3000 de una pensión”. Dice que espera poder seguir yendo a cursar cuando le toque aunque aclara que ya decidió dejar de tomarse el colectivo desde Glew. “Espero un poco más el tren hasta Guernica y me ahorro ese pasaje” relata.
Myriam es ama de casa y también trabaja de empleada doméstica. Dicen que, con los aumentos, el gasto en transporte va a pasar a ser el 20% de sus ingresos totales. “Voy a tener que caminar para llevar los chicos al colegio y también los sábados que trabajo por la zona, iré caminando”.
Solange trabaja en La Matanza, en una fábrica plástica. “Antes pagaba $3.50 en uno y $3 en otro. Hoy me encontré que ir y venir del trabajo me sale $28 el día, o sea que en una quincena gastaría casi 400 pesos solo en ir y venir”. Como la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras tiene que decidir donde ajustar. “Me cuido más, trato de sobrevivir como puedo. No me doy lujos, solo gasto en lo necesario. Tengo que cuidarme más, porque no llego a fin de la quincena. Nuestro salario sigue igual. Me imagino la gente que gana menos que yo. Es muy injusto todo”.
Cecilia, que estudia Nutrición en la UNLaM, sufre una situación similar. Con las nuevas subas, casi el 15% de su sueldo se va a ir en transporte.
Gladys es enfermera y vive la situación de manera similar. Trabaja en González Catán, en el Hospital Simplemente Evita. “Antes gastaba $600 por mes y ahora voy a gastar $900” informa. Agrega que “en vez de tomar dos colectivos voy a tener que tomar uno solo y caminar más de 15 cuadras para llegar al trabajo”.
Victoria es empleada administrativa. Antes del aumento gastaba $27 pesos al día. Ahora son $35 “porque todavía no subió el subte”. Como le pasará a millones de usuarios, tendrá que reajustarse. “Ya sé que la hora extra que hacía antes era para no llegar tan apretada a fin de mes. Ahora va a ser para bancar el colectivo”.
Myriam es docente en la zona norte del conurbano. “Por suerte trabajo cerca de mi casa, por lo tanto puedo caminar. La verdad que el aumento impactó muchísimo”. Además, enmarca el aumento: “si fuera únicamente el aumento del transporte el impacto sería menor, pero hay que sumarle otros aumentos que también van a impactar fuertemente y en forma agresiva”.
Pamela tiene 29 años y trabaja en la industria plástica. “Yo gasto $40 en boleto todos los días. Sacando cuenta voy a tener que caminar esas cuadras”.
Joni, trabaja en el CEAMCE y cuenta que “gastaba $300 por mes en el colectivo. Ahora gastaré $600. Saqué la cuenta y es el 5 % de mi sueldo. Me voy a tener que privar de una salida con mis hijos por mes, por ejemplo”.
Nahuel es docente. Nos cuenta que antes gastaba $16 por día. Pero ahora, con la suba “tuve que dejar de usar el colectivo e implementé la bicicleta”.
Stella tiene 40 años y nos dice que “ahora gasto $480. Antes gastaba $240”. Ahora que este gasto se duplica, entre otras cosas, seguramente “va a tener que comprar menos ropa”.
La realidad del tarifazo para el pueblo trabajador y la juventud está muy lejos de la percepción del ministro Dietrich. No es para menos. Él cuando no viaja en bicicleta tiene el helicóptero presidencial que lo acerca a su country.

Un falso federalismo

El gobierno nacional apela, en defensa del ajuste, a las desigualdades en las tarifas existentes entre el Área Metropolitana y el resto del país.
El argumento tiene un sustrato en la realidad. En el interior del país los montos de los pasajes fueron y siguen siendo claramente superiores a los de CABA y el Conurbano. Así, Córdoba abona actualmente $9.15; en Rosario se paga $6.30 y $7 con monedas desde fines de 2015; $6.95 es el valor en San Miguel de Tucumán y $6 en Mendoza, por solo citar algunos ejemplos.
Pero el argumento “reparador” del gobierno nacional se hace a costa de golpear sobre el bolsillo del pueblo trabajador. Es un “federalismo del ajuste” sobre el pueblo trabajador.
Las subas apuntan a la reducción del déficit fiscal por la vía de la baja de los subsidios. La paradoja –por emplear algún término- es que mientras deja de entregar subsidios, deja de percibir millones de pesos que ingresaban a las arcas nacionales como resultado de la eliminación –casi total- de las retenciones a la producción agraria, las mineras y las exportaciones industriales. Con esas medidas, las patronales del campo recibieron del resto de la sociedad -sumando fin de las retenciones y devaluación- una cifra cercana a los $120.000 millones.
Este viernes desde la banca del PTS-Frente de Izquierda, la diputada nacional Myriam Bregman, difundió un comunicado para anunciar la presentación de un proyecto para que toda la comunidad educativa pueda viajar gratis. En el comunicado se afirma además que “este proyecto es complementario a otro, que presentamos la semana pasada y que cuenta con las firmas de diputados de otros bloques, donde se plantea la anulación de los tarifazos a todos los servicios públicos hasta tanto no se haga una profunda auditoría sobre qué es lo que hicieron las empresas con los subsidios que recibieron del Estado desde al año 2002 hasta la fecha. No nos parece correcto que ahora esos subsidios salgan directamente del bolsillo del trabajador para solventar a empresas que prestan pésimos servicios porque no hicieron ninguna inversión”.
La “solución” del macrismo a lo que se llama la crisis del transporte no es más que profundizar el ajuste hacia el pueblo trabajador. Precisamente por eso, la bronca va creciendo.

LID

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