Los acontecimientos han desencadenado diferentes crisis en el espacio económico, que para los diarios financieros se encuentran “contenidos”. El precio del barril de petróleo ha subido y los mercados de valores han caído, pero dentro de un abanico de precios. Algunos columnistas han hecho notar, sin embargo, que no ha habido una corrida hacia los bonos del Tesoro norteamericano, considerado hasta ahora un mercado “refugio” por parte de los inversores; todo lo contrario. Para el Financial Times, sin embargo, un derrumbe de mayor consideración podría llevar a Trump a ralentizar la guerra o intentar la reanudación de una negociación, como ha ocurrido en el pasado en circunstancias de crisis graves; esta variante podría fracturar el frente militar y político con el sionismo. La inflación, de todos modos, se ha disparado en Estados Unidos, con repercusión en la política monetaria. Las autoridades de la Reserva Federal entienden que habría que elevar la tasa de interés de referencia, cuando Trump ha venido exigiendo lo contrario, para reforzar la guerra comercial contra sus competidores internacionales.
En una concesión significativa en cuanto a la caracterización de la crisis política en su conjunto, el WSJ opina que ella se ha agravado internamente en los Estados Unidos, en primer lugar, por el impacto económico de la guerra y, en segundo lugar, por el nulo apoyo con que cuenta entre la población (apenas un 25 por ciento). Esto impacta en un año electoral y en la decisión que pudiera tomar Trump de alterar las condiciones del comicio por medio de decretos de necesidad y urgencia (órdenes ejecutivas). Un desarrollo de este tipo pondría al imperialismo norteamericano en un impasse muy superior al que produjo la guerra de Vietnam, que se llevó puesto al presidente Richard Nixon.
En definitiva, Trump ha ido a la guerra preocupado por su supervivencia. Lo mismo que le ocurrió a Margaret Thatcher cuando desató la guerra contra Argentina, por Malvinas. Pero el envío de la flota inglesa al Atlántico Sur contó con el apoyo entusiasta de su población, de los sindicatos y de gran parte de la izquierda ‘trotskista’ y no trotskista.
Una derrota de la alianza Trump-Netanyahu representaría mucho más que una ‘disuasión’ al imperialismo: sería una crisis revolucionaria. La naturaleza reaccionaria del régimen de los ayatollahs es una cuestión enteramente secundaria en la presente guerra, porque ella tiene que ver con la supervivencia del propio imperialismo.
Movilicémonos por su derrota y por el desarrollo de una consciencia y una acción internacionalista de parte de la clase obrera de todos los países.
Jorge Altamira
02/03/2026

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