El impasse electoral significa que la coalición de Netanyahu ha ganado un tiempo adicional de gobierno y el poder para acompañar a Trump en la reanudación de una guerra de aniquilamiento contra Irán. Aunque la prensa internacional coincide en que la guerra será desatada apenas concluyan las elecciones norteamericanas, mañana, Trump insiste en sus redes en que todavía no tomó la decisión de hacerlo. Una mediación de Qatar para evitar la guerra no parece prosperar ante la exigencia de Trump de que el stock atómico guardado por Irán sea sacado del país bajo la tutela de la ONU o Estados Unidos. Irán ha concedido la posibilidad de que la Agencia de Energía Internacional retome las inspecciones del material de uranio enriquecido que guardaría su país, a cambio del levantamiento del bloqueo a los puertos iraníes por parte de Estados Unidos y de las sanciones económicas contra Irán, además de la devolución de 25.000 millones de dólares secuestrados de las reservas internacionales del país en el extranjero.
Netanyahu se ha comunicado con Trump para que no aplace la decisión de ir a la guerra, sin considerar el impacto que podría tener sobre la economía mundial y la financiación de las fenomenales deudas de los Estados y de las empresas de Inteligencia Artificial. Las grandes refinerías, por el contrario, han tenido ganancias extraordinarias como consecuencia de la subida de precios a consumidores industriales y personales. Como ocurriera cuando lanzó la guerra en febrero de este año, Trump y Netanyahu fantasean con que será breve, cuando Irán ha anunciado que levantó todas las restricciones para atacar activos norteamericanos, incluidos los centros de datos que construyen las IA. Nada indica que el levantamiento de sanciones al diésel de Rusia signifique que Trump haya puesto a Putin de su lado en un nuevo asalto contra Irán, y que el sistema de radares de Rusia no colabore con Teherán.
El electorado israelí, sin embargo, ha votado por una nueva guerra y por mayores desplazamientos forzados de palestinos e incluso el genocidio, al que denuncian como un invento antisemita. El partido Demócrata de Israel, que encabeza un exgeneral, Yair Golan, y sus seguidores liberales, aferrado a la fórmula de los “dos Estados”, enterrada por las masacres, ha obtenido el 8 % de los sufragios. El electorado israelí parece confiar en los interceptores de misiles y en las cúpulas doradas, y en una victoria estratégica del imperialismo norteamericano en la presente guerra. La lucha de calles y las huelgas contra la guerra deben involucrar a millones y decenas de millones de trabajadores.
Redacción Política Obrera
02/11/2026

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