Aunque la confrontación pareciera ser completamente ajena a eventos como la conversión de Venezuela en un protectorado de Estados Unidos, el propósito de anexar Groenlandia y Canadá o una ‘venezualización’ de Irán y Cuba, tiene todo que ver con esa política de asalto colonial. Trump exige que la Reserva Federal lleve, en un cierto plazo, la tasa de interés bancaria oficial al 1 %, un mínimo histórico, en oposición a la política vigente que regula esa tasa y los agregados monetarios en función de dos parámetros: la tasa de inflación anual, que no debe superar el 2 %, y la tasa de desempleo, que goza de mayor flexibilidad, en torno al 4 %. Como la tasa anual de crecimiento de precios supera, en la actualidad, el 3 %, la Reserva se opone a reducir la tasa de interés vigente, del 4 %, por temor a avivar la inflación. A ese temor se añade la elevación extraordinaria de los aranceles a la importación impuestos por Trump, que debería desatar una tendencia inflacionaria. La Reserva Federal guarda la reducción excepcional de las tasas de interés para los períodos de grandes crisis, como en 2008 o al comienzo de la pandemia, cuando el sistema financiero en su totalidad se vio enfrentado a una bancarrota. Gastar la pólvora por adelantado expone al régimen financiero a una vulnerabilidad sistémica.
Trump maneja, claro, sus propios números. Con una deuda pública de 38 billones de dólares, requiere una tasa de interés a la baja para disminuir el déficit fiscal. El anuncio de una reducción de esas tasas atraería capitales al mercado de títulos públicos para ganar con el aumento de su cotización, que se mueve en forma inversa a la tasa de interés. El colchón financiero resultante podría ser aplicado a los subsidios estatales para las empresas de alta tecnología y la Inteligencia Artificial, frente a la cruda pelea internacional para capturar ese mercado. La inversión en la producción de semiconductores más pequeños y potentes ha aumentado en forma sideral mucho antes de que aparezcan los rendimientos de ella. El endeudamiento de las tecnológicas se ha elevado a tal extremo que han excluido las pérdidas operativas y puramente contables de sus balances, para alojarlas en “vehículos alternativos de inversión” que son financiados por los grandes bancos y fondos de inversión contra el respaldo de garantías tangibles y un mecanismo flexible de pagos de los vencimientos; el Financial Times ha identificado unos 120.000 millones de dólares en estas operaciones extrabalances. China ha salido recientemente a competir por estos financiamientos, en particular en cuanto se refiere al establecimiento de centros de datos. Trump pretende convertir a los subsidios, financiamientos y tasas de interés en armas de guerra contra sus rivales, llevándolos al límite de la quiebra. Otra forma de esta guerra es la capitalización de los intereses por parte de los fondos de inversión, en lugar de su cobro regular, tal como ocurre con la deuda pública en pesos de Argentina y, de otro modo, con la deuda en dólares por medio de préstamos bancarios “repo”. Trump y su secretario de Tesoro, Scott Bessent, son perfectamente conscientes de que esta política puede llevar el dólar al fondo del pozo, como ya está ocurriendo con la suba extraordinaria que ha registrado la cotización del oro (4.600 dólares la onza). Pero se preparan para el caso con una acentuación de todas las formas de guerra -comercial, financiera y militar- contra quienes saboteen el dólar mediante la venta de deuda pública norteamericana u otra forma de fuga de capitales. La economía política forma parte de la guerra imperialista que es producto de la bancarrota capitalista..
La oligarquía financiera, mientras tanto, no hace más que fortalecerse. Black Rock acaba de informar que tuvo inyecciones de fondos, durante 2025, de 700.000 millones de dólares. Más la valorización de sus activos, reconoció haber alcanzado un balance de 14 billones de dólares, la mayor capitalización internacional. El director de Pimco, otro fondo de inversión, se puso del lado de enfrente, asumiendo la defensa de Powell y de la ‘independencia’ de la Reserva. Los asesores de Trump aseguran que una baja de la tasa de interés sería, contra lo que se sostiene convencionalmente, “antiinflacionaria”, porque contrapesaría el aumento de costos que generan los aranceles de insumos importados. Los intereses, sin embargo, no son un costo de producción, sino una detracción del beneficio industrial para cumplir con los prestamistas de fondos. Los aranceles sí ha servido para recaudar alrededor de 250.000 millones de dólares para el fisco, cargando a la industria con un impuesto ‘de facto’ en beneficio del Estado. El ‘trumpismo’ recurre a la improvisación para encarar las contradicciones de su política de guerra, como acaba de ocurrir con la prohibición de la compra de viviendas de alquiler por parte de las grandes corporaciones, para hacer frente al agravamiento de la crisis habitacional. Trump se adelanta a las intenciones del recién electo alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, que ha prometido reducir los alquileres de las viviendas reglamentadas.
La guerra financiera en la que Trump quiere involucrar a la Reserva Federal está particularmente dirigida contra Europa, que está endeudada con el Banco Central norteamericano por una serie de ‘swaps’ de monedas, que cubren el déficit monetario europeo de la divisa norteamericana. La Comisión Europea y el Banco Central Europeo han puesto esta dependencia financiera en el primer lugar de la agenda. Trump los amenaza con un retiro de esta red de seguridad, si no ceden en la disputa por pago de impuestos de las tecnológicas norteamericanas que operan en Europa o por la anexión de Groenlandia; Trump ha retirado de la ayuda financiera a Ucrania, que quiere que corra a cargo de la UE, para convertirla en financiamiento a interés de la guerra.
La guerra por la Reserva Federal es uno de los canales por los cuales la guerra mundial ha penetrado en Estados Unidos y dividido a la burguesía norteamericana en los más altos niveles. El temor a que se reproduzca una crisis como la del 2 de abril de 2025, declarado por Trump como día de “la liberación’ (y no por el aniversario de la ocupación de Malvinas), cuando desató un aumento extraordinario de aranceles que hundió a la Bolsa y estuvo a punto de quebrar el mercado de deuda pública, históricamente señalado como “un refugio” del capital.
El choque con la Reserva Federal se añade a los choques con el Congreso, con gran parte del Poder Judicial, con el sistema electoral y con los estados de la Unión, tal como está ocurriendo en estos momentos en Minessota, antes con California e Illinois y próximamente con el estado de Nueva York. El asalto de Trump al sistema mundial va mano a mano con el desmoronamiento de las instituciones de Estados Unidos. Y la guerra. Y la dictadura en ciernes.
Jorge Altamira
15/01/2026

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