domingo, 7 de abril de 2013

Las aguas bajan turbias. Crisis social y crisis de representación




Las horas corren, las aguas bajan y lo que queda a la vista no es sólo la destrucción de sus casas que sufren cientos de miles de familias, sino la podredumbre de un régimen de políticos al servicio de los grandes capitalistas y el creciente descontento de los sectores afectados con esa podrida casta.
Emergen, al mismo tiempo, los enormes límites del Estado burgués para intervenir sobre una crisis social de magnitud. Si el discurso de los intelectuales K durante la década pasada fue la reivindicación de la “vuelta del Estado”, el crimen social en curso está demostrando que el Estado sólo volvió para subsidiar a las grandes patronales, que hicieron negocios millonarios mientras hundían los servicios públicos; para garantizar negocios y prebendas a los capitalistas amigos del poder como Cristóbal López; para garantizar los pagos de la Deuda Externa. Pero en esta crisis que estamos viviendo, el “Estado que volvió” es incapaz de llegar hasta Villa Elvira o Villa Montoro en La Plata, donde las cámaras registran todo destruido y emergen múltiples piquetes con una consigna unánime: “que vengan los bomberos”. ¿Esos son los “agitadores” que salió a denunciar Alicia Kirchner?
El Estado en la era K, que es la misma era de Scioli y Macri, está ausente para las masas pobres y trabajadoras, y sólo se hace presente en su versión represiva. Una vez más, como dijo Marx hace más de un siglo y medio, sigue siendo el comité de los negocios comunes de la burguesía.

¿A las puertas de una nueva crisis de representación?

Ayer mismo veíamos a Alicia Kirchner y Scioli siendo abucheados al aparecer en uno de los centros de recolección de ayuda en La Plata. Silbidos e insultos. “¿Cuánto cobran ustedes?”, se escuchaba el grito de la gente. A la salida, la gente golpea con puños y patadas los autos oficiales. “¿Dónde está la ayuda?” “Nos dejaron solos”. El impresentable intendente platense Bruera, que emitiera tweets falsos que decían que estaba ayudando a la gente mientras estaba vacacionando, también fue increpado por los vecinos furiosos ante su cinismo sin límites. Cada nueva noticia que vemos muestra a otros políticos de vacaciones en el exterior, mientras las inundaciones arrastraban todo.
Como respuesta ante estas acciones de bronca, Alicia Kirchner lanzó la “teoría” de los agitadores y violentos, y llamó a los argentinos a que “renazca el espíritu solidario que nos caracteriza”. Otro cinismo sin límites: ahora resulta que violentos son los vecinos que perdieron todo, hasta sus seres queridos, y no el crimen social masivo orquestado por la desidia del Estado capitalista. Ahora resulta que “los argentinos” tienen que mostrar su solidaridad, cuando la Argentina profunda, obrera y humilde, la demostró desde el primer momento, aún con el agua hasta el cuello, mientras la Argentina de los políticos burgueses y capitalistas es incapaz hasta de la más elemental valoración de la vida de millones.
Para evitar que se haga visible ante millones la existencia de esas “dos Argentinas” inconciliables están buscando recrear un discurso de “unidad nacional”, acorde a la unidad burguesa que vienen mostrando por arriba con los permanentes intentos de aparecer juntos y sin fisuras entre Scioli y CFK. Buscan cerrar las brechas que puedan surgir para evitar que la bronca desde abajo emerja más abierta y masivamente. Seguramente ayer Scioli y Alicia Kirchner sintieron “olor a 2001″, cuando la gente enfurecida les gritaba “que se vayan”, y es ese estado de ánimo, y su posible conversión en tendencias a la acción más generalizadas, el que intentan contener con el discurso de la unidad nacional. Pero el estado de ánimo está, y es difícil que se cierre cuando el Estado es incapaz de dar resolución a los padecimientos de todos los afectados sin tocar los intereses capitalistas.
La situación abierta en La Plata, el centro político de la provincia políticamente más importante del país, puede estar gestando la emergencia lo que Gramsci llamaría una ruptura entre “representantes y representados”, una crisis de autoridad del Estado, donde para millones se haga visible la completa impericia de los políticos patronales que gestionan los distintos niveles del Estado burgués, a la vez que sus condiciones de vida completamente ajenas a las del pueblo trabajador. Si la masacre de Once chocó con los aires ajustadores de Cristina y la obligó a retroceder de su política de tarifazos, este nuevo crimen social choca y pone en cuestión el clima político reaccionario de “unidad nacional” abierto con la designación del “Papa argentino”. Al mismo tiempo, implica un golpe importante a las figuras políticas de Scioli y CFK. Para el primero es un balde de agua fría para sus aspiraciones a separarse del kirchnerismo. Para CFK constituye una importante contra-tendencia a la relativa recuperación que parecía estar logrando con su alineamiento con Francisco, alias Bergoglio.

Solidaridad obrera y popular

La herida social que parece estarse abriendo requiere de una salida que vaya en el camino de profundizar la ruptura del orden social que defienden todos los gobiernos, tanto el de Cristina, como Macri o Scioli.
Si un crimen social es la resultante de la persistencia de determinadas condiciones en la sociedad que dañarán a miles, entonces lo que se impone es impedir que esas condiciones se mantengan.
La enorme solidaridad que se está manifestando desde abajo, es decir, desde el mismo pueblo trabajador, pone a la vista que es posible una solución verdaderamente colectiva a los grandes problemas nacionales. Contra el individualismo reinante durante los noventa y que en parte hemos vivido en los últimos años, al calor del crecimiento económico, los trabajadores y el pueblo son los que recuperan y reconstruyen los lazos de unidad y solidaridad. En esa acción de unirse y ayudarse mutuamente están los gérmenes de todo proyecto de emancipación social y de transformación revolucionaria del orden existente.
Son las grandes catástrofes como éstas las que ponen, en el imaginario de millones, blanco sobre negro, la distancia sideral entre la casta política y el pueblo trabajador. Son estas catástrofes además las que van permitiendo que millones tomen conciencia de los padecimientos a los que los somete el capitalismo. Frente a las enormes penurias que sufren cientos de miles en este momento, la única salida posible para solucionarlos de manera urgente, pasa por atacar los intereses de los grandes capitalistas que son el verdadero poder detrás del poder político.
En ese camino las acciones de solidaridad que vienen desarrollando trabajadores de distintas organizaciones obreras combativas y clasistas es un paso adelante en hacer concreta esa perspectiva.

Paula Schaller y Eduardo Castilla

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