jueves, 12 de agosto de 2010

Conviene no endiosar a periodistas como Cox ni a jueces como Garzón


Esa noche, después que Boca apenas sacó un punto en Mendoza, arrancó el programa que conduce Luciano Galende y participan Sandra Russo, Orlando Barone y otros periodistas.
Los invitados tuvieron cruces muy interesantes, difiriendo en sus valoraciones sobre el gobierno cubano y el de Venezuela.
El británico pegó duro contra Cuba. Dijo: “cuando estuve en Cuba me siguieron todo el tiempo. Cuba es una dictadura terrible. Democracia es libertad”. Aliverti expresó su desacuerdo con esa valoración tan negativa de la isla.
Luego Cox disparó contra Hugo Chávez: “la democracia es tan importante. Hay que cuidarla. Lo que está pasando en Venezuela no es democracia”. Aliverti hizo sonar la otra campana: “¿no son democráticas 22 elecciones y plebiscitos?”. Forster, de Carta Abierta, también intervino a favor de los gobiernos populares, sin poder convencer a Cox, cerrado en su tesis de que puede haber dictadores con votos. Eso habrían sido los primeros gobiernos de Perón…
En otros pasajes de la conversación las opiniones fueron coincidentes. Galende pudo reivindicar así el pluralismo del ciclo y la libertad de prensa que se respira en el país. Cox comentó que sus amigos de Buenos Aires le habían aconsejado no ir a 678, como si éste fuera casi un paredón de fusilamiento para con los periodistas no kirchneristas.
A favor del inglés, hay que dejar constancia que al día siguiente, reporteado por Ernesto Tenembaum en radio Mitre, destacó el clima de democracia que tuvo en Canal 7.
Esos elogios del ex director del Buenos Aires Herald hicieron que durante varios días se reiteraran en 678 elogios demasiado generosos para él. Como la reiteración es uno de los rasgos del programa, los dichos de Galende, Barone, Russo, etc, sumados a los que llevaban los nuevos invitados –caso del escritor Mempo Giardinelli- terminaron por endiosar al personaje. El chaqueño se declaró admirador de Cox, un liberal “que expresa a lo mejor de lo anglo-sajón”, según piropeó.
Ese es un error común en la política y los medios locales: endiosar a un periodista, juez o político. A veces también se incurre en la desviación opuesta, al demonizarlos.
Cox es merecedor de respeto porque el diario que dirigió en la dictadura publicó noticias sobre violaciones a los derechos humanos que el grueso de los medios silenció. Lo suyo fue digno de elogio.
Pero a su vez el británico tuvo en esa época sus bajezas y nadie se las recordó el domingo. En Buenos Aires Herald del 04/12/76 escribió sobre la supuesta muerte de una militante montonera: “Arrostito parecía un personaje sacado de una galería de horrores. Es imposible lamentar su muerte. En su caso no era necesario un juicio. Hacía dos años que había confesado todo (se refiere a la muerte de Aramburu). Lo único que continúa siendo un misterio es cómo es posible que tanta gente se haya agrupado bajo una bandera izada por un grupo de asesinos particularmente nauseabundos” (Citado por Gabriela Saidón, “La montonera”, Pág. 138). Ese también es Cox. ¿Lo habría olvidado Giardinelli?

En el fondo, coinciden

Cuando hay elogios tan desmedidos puede ocurrir que el opinante priorice los aspectos del personaje con los que coincide. Podría ser el caso del escritor chaqueño, que el 26 de mayo pasado publicó en Página/12 una nota de opinión cuestionando la falta de cambios democráticos en Cuba. Sin llegar los brulotes de Cox, no hace falta ver bajo el agua para detectar que en ese punto tienen una coincidencia básica.
Lo bueno es que cada quien baje del pedestal, y en debates abiertos los lectores o televidentes puedan dar su opinión. Por ejemplo, otra desafortunada incursión mediática de Giardinelli se produjo ayer, en otra columna en el diario mencionado. Firmó una Carta Abierta a Gustavo Grobocopatel, donde le expresa al final: “no todo es soja sí o soja no, de acuerdo. Pero tampoco la declaración de idealismo e inocencia que se lee en tu artículo. Si querés lo seguimos discutiendo. Vos sos un experto. Yo apenas un intelectual. Capaz que enhebramos buenas ideas para el país que amamos”.
Si la misiva hubiera sido de algunos de los miles de productores pequeños y de economías familiares arruinados por la soja, es seguro que no terminaba en esos términos tan armoniosos. No lo hubieran invitado al rey de la soja, de Los Grobo, “a enhebrar buenas ideas para el país que amamos”.
Ese tono amistoso suena desubicado para con Grobocopatel, cuya empresa explota 150.000 hectáreas, básicamente con soja. No es todo. El empresario declaró que incrementará su rango productivo. “En Uruguay –dijo- estamos creciendo un 15%, de 70.000 a 80.000 hectáreas. La firma explota, además, 54.000 hectáreas en Brasil (09/03, IProfesional.com).

El juez Garzón

Otra figura que sirve para graficar esas tendencias a embellecer sin ver los aspectos contradictorios, es el juez español Baltasar Garzón. Hace unos meses hubo una campaña en nuestro país para reunir firmas en solidaridad con él. Pese a ello, en mayo lo terminaron sancionando en Madrid con una suspensión por querer investigar los crímenes del franquismo.
En estos días Garzón está de visita en Argentina. Asistió a una sesión del juicio contra los genocidas Jorge R. Videla y Luciano B. Menéndez en Córdoba (causa de los presos fusilados en 1976 en la UP 1). Llegó a los tribunales federales de esa ciudad acompañado por el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. Y concitó adhesión de los organismos de derechos humanos y elogios del presidente del tribunal, doctor Jaime Díaz Gavier.
Esos apoyos fueron merecidos, porque años atrás Garzón ordenó detenciones de golpistas como Augusto Pinochet, de paso por Londres, y procesó a militares argentinos cuando estaban blindados por las leyes de impunidad y los indultos menemistas.
Garzón recibirá más mimos en 678, adonde irá como invitado. Y el 12 de agosto hablará en La Plata, en el marco de la presentación del Informe 2010 del Comité contra la Tortura, elaborado por la Comisión Provincial por la Memoria.
Que los franquistas lo acosaran con denuncias por su intención de revolver la historia de los crímenes falangistas de 1936-1939, a cualquier persona democrática le provoca una actitud de solidaridad con la víctima.
Es lo que sucedió en Córdoba, luego que Garzón y el Duhalde bueno fueron insultados por familiares de militares agrupados por Cecilia Pando.
Frente a esas agresiones, es muy razonable apoyar al juez y elogiar su conducta anterior por sus procesamientos y pedidos de extradición de responsables del terrorismo de Estado en Argentina.

¿Pero el juez Garzón es un campeón de los derechos humanos?

Este cronista cree que no lo es, teniendo en cuenta su actuación en España, donde ha condenado a durísimas penas a luchadores del nacionalismo vasco, los ha enviado a una distancia promedio de 600 km de sus lugares de residencia y no ha investigado las denuncias de brutales torturas que esos detenidos le formularon.
Garzón ha ilegalizado movimientos vascos meramente políticos, no armados, como Herri Batasuna y otros, mandando a la cárcel a sus voceros, como Arnaldo Otegi.
Para poner un ejemplo, se lee en este cable de ANSA del 25/02/2007: “por lo menos 15 personas resultaron heridas ayer en Bilbao (País Vasco) cuando la policía reprimió una manifestación convocada por la Asociación de Familiares de Presos de ETA para pedir una amnistía para los detenidos vascos, prohibida por el juez Baltasar Garzón, en la que fue detenido el vocero de la ilegalizada Batasuna (brazo político de la banda), Joseba Permach. La manifestación había sido prohibida por Garzón porque había sido convocada por Askatasuna, organización ilegal que apoya a los detenidos de ETA”.
El juez también tuvo sus incursiones en política latinoamericana contra el gobierno de Venezuela. Cuando Chávez no renovó la licencia al canal golpista RCTV, Garzón llegó a Caracas de la mano de la oposición. El entonces vicepresidente bolivariano, Jorge Rodríguez, dijo que era “un payaso que vino a nuestro país a tratar de darnos lecciones de democracia. Ese juez pro-imperialista vino para acá pagado y tarifado a decir lo que quiere escuchar la oposición venezolana”.
Casi con seguridad, en 678 ningún panelista pondrá sobre el tapete ese costado oscuro del juez estrella.

Emilio Marín

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